“No te olvidaré”: Colleen Hoover regresa a la pantalla grande
Luego del escándalo de “Romper el círculo”, las novelas de Colleen Hoover tienen una segunda oportunidad. Pero “Nunca te olvidaré” se aleja de la estridencias y se acerca más a un drama romántico ambientado más sensible, efectivo y mejor narrado. Por lo que evita el espectáculo melodramático. Una sabia decisión
“No te olvidaré” de la directora Vanessa Caswill, es un riesgo. En especial, porque luego del melodrama “Romper el círculo” de Justin Baldoni (y el muy público enfrentamiento de este con Blake Lively), las adaptaciones de la novelista Colleen Hoover, parecen un problema mayor. No solo porque la mayoría de las novelas de la escritora superventas rozan con frecuencia el incómodo límite entre pasión y relación tóxica. También porque el escándalo conocido por todos entre dos estrellas de Hollywood, salpicó sin querer el mundo levemente agrio rosa pastel de la autora.
Quizás por eso, la nueva cinta tiene un tono inesperadamente discreto. Por lo que, en lugar de una avalancha emocional diseñada para arrancar lágrimas en cada escena, la película se inclina por algo más tranquilo, incluso moderado. Eso a pesar de que capta la esencia del libro del mismo nombre publicado en 2023. Una complicada historia que indaga en temas como la maternidad, la redención e incluso el sistema penitenciario estadounidense. Todo, bajo la idea de que el amor puede reivindicar cualquier sufrimiento y angustia.
Para eso, la cinta sigue a Kenna Rowan (Maika Monroe), una joven que regresa a su ciudad natal tras pasar cinco años en prisión por el trágico accidente que le costó la vida a su novio. La película plantea de inmediato que Kenna está herida tanto en lo psicológico como en lo espiritual, por lo que el regreso es también un recorrido de sanación. De modo que indaga en un deseo que poco tiene que ver con el romance clásico de Hoover o su rara visión sobre el deseo. El único propósito del personaje es conocer a su hija de cuatro años.
Pero, como es de suponer, enfrenta el rechazo de todos los que la rodean luego de un incidente semejante. Por un lado, de los abuelos de la niña y al otro, el de una comunidad que no está dispuesta a perdonarla ni a dejarla formar parte de la vida de la pequeña. En medio de este aislamiento, Kenna encuentra un aliado inesperado en Ledger Ward (Tyriq Withers) el dueño de un bar local y mejor amigo del fallecido. Y como es de suponer, este apoyo incondicional, terminará por convertirse en una historia de amor a toda regla que plantea dudas sobre la lealtad, el miedo y el futuro. Pero no es tan sencillo como parece y la película tiene la capacidad de sorprender.
Drama pero con más peso que en otras ocasiones
Por lo que “Nunca te olvidaré” dedica buena parte de su primer tramo a indagar con cuidado y elegancia en la idea acerca de qué es el amor en realidad a una edad madura y poco idealista. Ese enfoque sorprende un poco si se consideran las adaptaciones recientes del trabajo de la autora, que suelen apostar por una combinación entre sensiblería y una romantización de ciertas dinámicas cuestionable. Pero aquí ocurre lo contrario. La historia avanza sin prisas y con una especie de calma resignada. Lo que brinda a la historia la sensación de ser mucho más que una excusa para que dos personajes atractivos terminen por enamorarse.
Otro punto a favor de la cinta, es que Kenna es un personaje complicado. Más allá de la damisela en desgracia o la heroína romántica, la protagonista se plantea dudas acerca de su futuro, la culpabilidad y el dolor. Después de todo, ella conducía la noche fatídica del accidente. También había bebido. Tras el choque, abandonó como pudo el lugar del siniestro. Y es esa decisión la que se convirtió en el centro de un proceso judicial que marcó su destino.
“No te olvidaré” intenta empatizar con la confusión, miedo y angustia de Kenna, sin justificarla y sin enviar mensajes ambiguos sobre su culpabilidad. Antes que eso, indaga en las preocupaciones y el crecimiento del personaje. En especial, al narrar de manera respetuosa un giro de los acontecimientos. Durante su tiempo en la cárcel, Kenna descubrió que estaba embarazada, por lo que el bebé nació mientras ella cumplía la condena. Una situación cada vez más crítica, dura y emotiva, que la cinta no trivializa ni tampoco somete a la ambigüedad de solo ser una excusa para hacer más densa la historia.
Una durísima situación en medio de un romance
De modo que la pequeña Diem (Zoe Kosivic), fue criada por sus abuelos paternos, una capa de complejidad que “No te olvidaré” agrega sin abusar del recurso del niño en medio de una situación complicada. De hecho, uno de los puntos más interesantes de la película es trasladar la idea del crecimiento de la niña como una etapa en paralelo a la madurez que atraviesa su madre en la prisión.
En particular, porque Kenna perdió todos los derechos sobre su hija y apenas sabe de ella en una especie de idea general sobre desear saber qué ocurrió con la niña, durante todo el tiempo en que estuvo ausente. Mucho más porque cuando sale en libertad, Diem tiene cinco años y apenas sabe que su madre existe.
A partir de ese punto, Maika Monroe construye el personaje con una presencia calmada y algo triste. Su actuación recuerda por momentos a la sensibilidad que Helen Hunt aportaba a ciertos papeles en los años noventa. Hay una fragilidad visible en Kenna, aunque también una determinación silenciosa. Esa mezcla provoca una reacción inmediata en el público: resulta fácil ponerse de su lado.
Una extraña forma de dolor
Por lo que “Nunca te olvidaré” no es un thriller de giros bruscos. El interés surge de observar cómo alguien intenta reconstruir una relación que legalmente ya no existe. Mucho más, cuando en una decisión argumental curiosa, el foco de interés se desplaza hacia Ledger. Eso, aunque la historia gira alrededor de Kenna y su complicada maternidad, el arco emocional del relato termina orbitando alrededor del proceso interno de este personaje.
Y aunque paso a paso la película encuentra su foco en el romance más o menos tradicional, lo cierto es que “No te olvidaré” tiene en cuenta que en el centro de su premisa late una tragedia. Por lo que su mayor interés es el crecimiento espiritual de sus personajes. Algo que logra con solidez, buen gusto y discreción. Más de lo que se puede decir de la mayoría de las películas actuales.
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