Cinemanía

“Resident Evil: Noche Cero”, un festín de terror para felicidad de los fanáticos

Bienvenidos a Raccoon City en su versión más brutal, cruel y retorcida hasta la fecha. Zach Creeger toma la conocida saga de terror y la reconstruye a gran escala en un espectáculo siniestro, llamativo y bien construido. La mejor adaptación del clásico juego de Capcom hasta la fecha

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“Resident Evil: Noche Cero” tiene muchas cosas a su favor. Pero la más evidente (y quizás, la más importante para los fanáticos del videojuego de Capcom), es una sola: es una brutal, impredecible e imparable experiencia de terror a mayor gloria del original. Eso, a pesar de que el director y coguionista no utiliza personajes clásicos ni tampoco hace alarde de todos los huevos de Pascua que puede dejar a su paso la amplia mitología del original. En lugar de eso, toma una decisión que ya antes del estreno de la cinta fue muy criticada, pero que resulta ser su mayor fortaleza: crear una historia original.

Y lo hace a través de Bryan (Austin Abrams), un mensajero médico que termina atrapado en Raccoon City en lo que parece el día más espeluznante imaginable. Pero por sencilla que parezca la premisa (lo es, en cierta forma), “Resident Evil: Noche Cero” encuentra como crear un dilema terrorífico a partir de lo que parece una mala decisión. Lo que comienza con un encuentro fortuito con una criatura depravada y perversa, pronto será el inicio de algo más abrumador y oscuro. En especial, porque la película, que sabe a dónde va y concentra toda su energía en analizar el miedo de forma orgánica, barroca e imparable, no pierde tiempo en explicaciones.

Antes que eso, hace que la huida interminable de Bryan sea un largo declive hacia un infierno biológico. Mucho más, convierte a esta survival movie en una combinación de horror puro y una premisa única. La de un hombre cualquiera en una situación que probablemente terminará en horrores sin cuento, sin que pueda evitarlo. Pero mientras eso ocurre, el esforzado protagonista va a demostrar que, a fuerza de ingenio, habilidad y suerte, podría tener una posibilidad entre muchas de salir con vida. No es que la película asegure que así será, pero al menos toma el riesgo de dejar claro que este flacucho, torpe y aterrorizado personaje hará el buen intento de sobrevivir.

La batalla por la vida en “Resident Evil: NocheCero”

Claro está, planteado de esta forma, “Resident Evil: Noche Cero” depende de qué tan creíble sea su protagonista en medio de la labor de batallar contra bestias brutales, monstruos, contagios, nieve y hasta su propia ignorancia. Austin Abrams sostiene buena parte de la película porque entiende que Bryan necesita resultar reconocible antes de convertirse en superviviente. Su actuación evita convertirlo en una figura de género demasiado pulida. Por lo que, desde la primera escena (en la que deja claro que solo quiere irse a casa después de una jornada muy larga de trabajo), es evidente que este héroe circunstancial es una rareza.

En especial, porque siendo el avatar del público en medio del festival malsano de muertes y excesos, hay una tendencia muy humana a intentar explicar racionalmente aquello que está delante de sus ojos. Bryan pasa de ser un simple espectador a un esforzado testigo de la degradación de un mundo que se vuelve cada vez más hostil y que lo matará al más mínimo error. Por lo que esa evolución de un sujeto que solo está ahí por accidente a otro que encuentra la fórmula de lograr evitar ser decapitado es uno de los elementos más atractivos del filme.

De modo que al principio, una herida pequeña puede alterar su compostura y lo hace. Después, cuando los infectados comienzan a aparecer en lugares imposibles y las amenazas aumentan, su reacción se vuelve brutal. No desarrolla mágicamente habilidades extraordinarias. Aprende a funcionar dentro del caos. Gracias a eso, Zach Cregger brinda a “Resident Evil: Noche Cero” la sensación constante que es un universo en expansión. Y de la misma manera en que podría hacerlo la experiencia para videojuegos, la cinta se nutre en la capacidad de la trama para resultar cada vez más frenética, brutal y misteriosa.

Al contrario de otras adaptaciones del juego, “Resident Evil: Noche Cero” se concentra en ser terrorífica antes que una colección de guiños y referencias exclusivas para fanáticos. En lugar de eso, se convierte en una mezcla de horror puro, survival horror y algo más cercano a una macabra versión sobre un espacio liminal en la que cualquier atrocidad es posible. Paso a paso, la cinta deja de ser solo una excusa para mostrar monstruos de toda índole y tamaño, para indagar en la capacidad de la historia para ser repulsiva, exigente y siniestra. Mucho más, en volverse cada vez más pendenciera a medida que Raccoon City se hace un territorio destinado a sumar todos los horrores imaginables.

Una gran película de terror para fanáticos, incluso para los que no han disfrutado deljuego

Gracias a ese interés en usar los recursos de la saga en lugar de solo mostrarlos como caramelos para fanáticos, “Resident Evil: Noche Cero” encuentra su identidad más clara durante la primera mitad. Cregger y el director de fotografía Dariusz Wolski aprovechan la noche invernal para construir un espacio donde la visibilidad siempre parece limitada. La nieve, la oscuridad y las luces aisladas de los vehículos crean una geografía incómoda. Una luna distante puede iluminar un tramo de carretera; una sirena policial puede convertir durante unos segundos un rostro en una máscara; el resto pertenece a la oscuridad.

Esa economía visual funciona especialmente bien porque la película no necesita mostrarlo todo. El peligro puede estar detrás de una puerta, al borde de una carretera o fuera del encuadre. Hay algo muy cercano a la experiencia de jugar cuando el escenario ofrece información incompleta y obliga a avanzar con cautela. También aparece una sensibilidad casi táctil en la manera de filmar los pequeños obstáculos.

De hecho, en una decisión interesante, “Resident Evil: Noche Cero” es mucho más física y complicada que solo un relato de ciencia ficción distópica, como varias de sus antecesoras. Por lo que el frío importa. La humedad importa. La munición limitada importa. Una valla eléctrica adquiere la misma relevancia narrativa que una criatura porque ambos elementos pueden detener al protagonista. 

Esa es una de las virtudes de la propuesta: entiende el horror como un problema práctico. Bryan necesita llegar a un sitio, encontrar algo, atravesar un espacio o sobrevivir unos minutos más. Y si eres jugador, vas a reconocer esa urgencia de tener que tomar decisiones concretas para salvar la vida. Pero si eres fanático del terror, eso peso de lo inmediato evita que la película sea solo efectos prácticos y digitales, rociando sangre para diversión de cierto morbo en masa.

Para su hora final, “Resident Evil: Noche Cero” cambia de registro y da un giro de argumento que podría incomodar a los puristas. Pero en realidad, la cinta solo hace lo que anunció desde sus primeras escenas: tomar las expectativas de un mundo enorme, elaborado y raro, para sostener una aventura que cualquier amante del horror puede disfrutar. Un logro que hace de esta adaptación no solo un triunfo resonante de puesta en escena y concepto. También, una de las grandes experiencias cinematográficas del año que vale la pena disfrutar.

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