Melomanía

La escena musical alternativa de Mérida quiere que la escuchen

Después de media década de pandemia, crisis, y un desmoronamiento de espacios culturales, la música alternativa merideña vive un auge de creatividad con nuevas propuestas | Por: Armando Molina

Mérida
Fotos: Emmanuel Ruiz @barrancoamarillo
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La ciudad de Mérida fue uno de los centros donde surgió la escena alternativa venezolana de la primera década de los 2000. Entre montañas, aparecieron bandas como Charliepapa, Vals Monserrat y Ainhoa. También fue una parada importante para las giras de grupos como Los Mesoneros, Rawayana y La Vida Boheme, que siempre encontraron un público entusiasmado y abierto a nuevas experiencias musicales.

Pero el contexto del país, con sus carencias económicas, la pandemia y la migración, detuvieron la expansión del movimiento que se venía construyendo con la escena alternativa nacional.

En Mérida fue particularmente duro por el doble efecto de la dupla de la paralización de la actividad económica de la ciudad y la falta de espacios culturales. Pero incluso en este contexto, surgieron propuestas interesantes.

Nuevos rostros y viejos conocidos

En Mérida no sobran las tarimas para nuevos proyectos, sin embargo los artistas y amantes de la música siempre encuentran lugares donde presentarse.

En una lluviosa noche andina, el sábado 12 de marzo, decenas de personas se reunieron en el bar restaurante Tía Nicota para escuchar el más reciente sencillo del cantautor local Paulo Sosa, conocido musicalmente como Paulo Páramo. Entre guitarras eléctricas y una voz suave que pronunciaba letras poderosas, el público pudo disfrutar de “Tierra de gracia”, un himno para los escépticos de las fórmulas mágicas repetidas en nuestra política.

Paulo Páramo explicó que su música muchas veces viene de la frustración y la rabia causada por la situación del país. Politólogo de profesión, además de músico fue activista durante su vida universitaria, afirmó que su formación política viene de su infancia, gracias a su padre quien es historiador y profesor de escuela.

Para Paulo, “uno como artista es un agente de cambio” y él expresa la conciencia por la política del país a través de sus canciones: “Sin conciencia no hay nada que decir”, dice. Y explica que se trata de “estar del lado de la gente que la está pasando mal”.

Sobre su canción “Tierra de gracia”, Paulo explicó que trata sobre la percepción del Estado y el petróleo como soluciones para todos los problemas de los venezolanos. Afirma que “el Estado siempre ha tenido una naturaleza autoritaria” y que “con el petróleo se le da una naturaleza mágica al mismo Estado que nos castiga”. Para Paulo, un cambio en el país no puede venir de fórmulas pasadas, sino de construir un nuevo futuro.

Además del sencillo de Paulo Páramo, el público pudo disfrutar de Y Otros Demonios, el nuevo proyecto solista de Óscar Ortiz, cantante y guitarrista de Vals Montserrat y Malasangre Social Club. Armado solo con su voz y la guitarra, fue una propuesta musicalmente más íntima que sus proyectos anteriores. Sin embargo, afirmó en la presentación que próximamente vendrá más rock.

Lo que falta en Mérida

Paulo citó como principal problema de la escena musical merideña la falta de lugares donde tocar: “Faltan condiciones de infraestructura y de la vida laboral del músico” en el contexto merideño, pues consideró que aunque sí hay algunos espacios abiertos a los artistas, no están especializados para conciertos. Para Paulo, actualmente en Mérida resulta imposible vivir de la música.

También afirmó que Mérida no cuenta con un ecosistema mediático que se esfuerce por promover la música de los artistas locales. Para él se necesitan medios culturales que hagan más viable la promoción y que en consecuencia el público se interese más tanto en los medios como en el arte: “La idea es que todos estén felices y todos ganen”.

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Paulo Páramo (Foto: Emmanuel Ruiz)

“Antes había más locales. Incluso me atrevo a decir que había locales con la etiqueta de un género particular como El Hoyo del Queque que era reggae o Birosca que sí era más variado. Estaba EMU, que era un bar exclusivamente de metal. Había una infraestructura, y también había un circuito de locales que permitía eso. También era otro país; otra economía; y había otro tipo de gente en la ciudad. Había otra dinámica social, política y cultural”, explicó.

Paulo afirmó que el sonido merideño ha cambiado con los años, pero en su opinión la música en Mérida siempre se ha decantado por sonidos electrónicos, y da el ejemplo de DJ’s, colectivos y bandas de los noventa hasta el año 2000 como Colectivo Andes Electrónico y Trujillo y grupos nuevos como Charlette y Meruda. “Yo diría que tenemos una característica muy propia desde sonidos muy atmosféricos, muy electrónicos, creo que hasta dado por la misma geografía de Los Andes”.

La movida merideña necesita, según su visión, que “los músicos hagan el trabajo de promocionarse y educarse para el registro de sus canciones”, y así formalizarse y llegar a más gente. Paulo también destacó que Mérida tiene un sinfín de talento, con muchos proyectos nuevos apareciendo en los últimos años y estudios profesionales abiertos a nuevos músicos. Además ve a la Universidad de Los Andes como una escuela de donde salen muchos artistas de todas las áreas ávidos por colaborar y ahí podría estar el futuro de la escena.

Ganas sí hay

En otra perspectiva está Catherine Meneses, cantante de Desraizada, un proyecto solista que inició con género urbano y actualmente se decanta más por un estilo acústico.

Para Catherine realmente no existe una movida musical en Mérida en este momento. “Que hay ganas de que exista, por supuesto”, opinó. Sin embargo, destacó que también hay muchos obstáculos.

Según Catherine, falta “más consideración con los artistas para motivarlos a hacer lo que les gusta hacer”. En su experiencia, el trabajo no es valorado como debería, en Mérida no hay ningún incentivo monetario para presentarse en vivo en este momento y eso dificulta que los artistas se motiven a hacer más por construir una escena musical.

“A pesar de todo lo que vivimos, yo siento que hay una resistencia por parte de los artistas”, destacó refiriéndose al contexto de crisis de la ciudad. “Todos estamos viviendo de la esperanza de poder lograr algo más”.

En la música merideña -según lo ve- todo “depende de cómo se muevan” los grupos para lograr promocionarse. También percibe que en Mérida existe una sensación generalizada de estancamiento en lo que respecta al mundo musical. Pero no todo es negativo: “Sin embargo, siempre se están haciendo cosas”.

Si tuviéramos…

Óscar Ortiz, un veterano de la escena del rock merideño con más de una década involucrado en la música, mantiene opiniones similares a Paulo y Catherine. Para él “se están armando espacios súper importantes pero hace falta más”. Destacó eventos como el Apamate Fest de Mérida como sitios de promoción esenciales, pero en su opinión más premios (como los Pepsi Music Awards o el Festival Nuevas Bandas) traerían mayor visibilidad a nuevos proyectos.

El cantante lamentó que la centralización de la escena en Caracas no ayuda a que los merideños se destaquen, pero «aquí mientras nos reunamos y podamos llegar a más gente, fino”.

Óscar argumentó que Mérida nunca ha tenido una gran cantidad de locales para los músicos: “Siempre ha sido igual, lugares alternativos pequeños que no están diseñados para bandas. Las bandas nunca le han parado a eso y siempre se han montado en un hueco de 4×6 y ahí iba la gente antes. Desde hace mucho existió Garage que fue el venue de Mérida. Todo el mundo en el país quería tocar en Garage y hubo un momento en la movida musical cuando Garage tenía ese sello. Existieron bares que ya desaparecieron, a nosotros nos tocó en Garage, Alter Music Bar; llegamos a tocar en Burger Bar, en Birosca. Pero no se trata solamente de sitios sino de la movida, la gente, la cultura”.

La movida musical merideña sufrió particularmente por la migración, explicó Óscar, que hizo desaparecer los toques en la ciudad por varios años: “Cuando la gente se fue, se perdió esa cultura de ir a un bar a escuchar una banda que nunca habías escuchado, quedarte ahí a escuchar qué tal y sorprenderte”.

“Siempre he pensado cómo se puede cambiar eso y es llevar la música a lugares como centros comerciales, a la calle, ¿sabes? Hacer la música más accesible a la gente y no tener que ir a Garage o a un bar que queda muy lejos. Hacer toques en las tardes. Hacer que sea más cómodo para que sepan que se está haciendo música aquí”, asomó como propuesta.

“¿Cuántos proyectos no hay ahora? Son como unos doce que podrían optar por premios, a vivir de la música comercialmente”, opinó.

Oscar clasificó al sonido de Mérida como muy variado también “es muy introspectivo, creo que es por las montañas”. Destacó la presencia constante del rock: “Está ahí muy presente, no hay que buscarlo mucho”.

Para Óscar las cosas han cambiado mucho: “Hace 10 años la movida musical se estaba consolidando con grupos como Vinilo, La Vida Boheme y Charliepapa acá. Obviamente, de 2016 a 2017 pasó que todo el mundo se fue del país y se quebró esa cultura musical que se estaba armando. Los que nos quedamos estuvimos haciendo música todos esos años, pero no había tiempo para música. Existían los lugares, pero no se sentía igual que esos años”.

“En cuanto a la música, obvio que ha evolucionado bastante, han salido proyectos que he visto formarse y transformarse como Charlatte, Meruda, Nina Romero. Muchas bandas de rock están surgiendo en Mérida. Elegir algo ahorita no sería justo. Creo que la música de hace 10 años no se puede comparar con la de ahora. Sí está pasando algo aquí en Mérida. Te lo digo y lo mantengo, ahora se está haciendo mejor música que en Caracas”.

Óscar ha reconsiderado su posición en la escena y hoy quiere dar un paso atrás y ver cómo todo se forma. “Yo también he tenido hambre de hacer esa movida, de apoyar; pero hubo un momento donde no se podía, y ahora salen todas estas bandas”, dijo mientras afirmaba que en este momento el objetivo se trataba de contagiar con ese amor por el arte y la música y apoyar a la movida con arte propio: “Si tú puedes inspirar a alguien, inspíralo, porque esa persona le va a echar bolas (…) la intención de los que tienen que hacer música, los que tienen que hacer arte, es inspirar”.

Y así la década de los 2020 se ve marcada por el resurgimiento de la escena musical merideña a través de grupos que surfean las redes y logran el reconocimiento como una generación emergente de música alternativa. Músicos con proyectos solistas con algo que decir como Paulo Páramo, Y Otros Demonios y Desraizada; y grupos como Bucle Lunar con su canción viral “Subió el maldito dólar” y Afrochill con sus energéticas presentaciones en vivo, están marcando el camino en una escena musical que está muy lejos de desaparecer. Hay mucho que escuchar. -Por: Armando Molina

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