Opinión

Conciertos suspendidos: ajá, ¿y cuándo es que me van a devolver el dinero?

Comprar una entrada para un concierto en Venezuela se convirtió en el verdadero "confía en el proceso". Toca apostar a que no lo cancelen, y si pasa, que al menos te devuelvan tu dinero rápido. Los motivos por los que muchos no pudieron hacerse sobran, y quizás son muy obvios, pero la comprensión y la espera también tiene límites

Cusica Fest
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Hay lugares donde sabes que vas a poder ser tú mismo. Lugares donde puedes caminar de la mano con quien quieras sin que te miren raro. Lugares donde te reencuentras sin pedirlo y si tienes suerte, quizás te enamoras o terminas conectando con alguien en medio de una canción.

A veces, esos lugares son experiencias. Y en ocasiones, esa experiencia es un concierto. Se puede llamar como tú quieras, Cúsica Fest, “Los estadios Tour”, “XOXO Tour”, lo importante aquí es lo que esos espacios generan en un país donde las personas tienen pocas opciones para esparcirse.

Para una generación que se acostumbró a no tener acceso a conciertos y eventos con un mínimo de organización y responsabilidad por el público, tener algo decente y confiable significó un antes y un después.

Yo lo viví con Cúsica. Con ellos no se trataba de un show bien organizado en un bar de El Hatillo o el mejor concierto posible de una banda que tenía años sin tocar en su tierra, sino del trato y la certeza de que estabas en un espacio seguro y que tu dinero, ese que te sudaste por meses, tenía un valor.

Tanto valor tenía que ver a la marca en un cartel significaba apostar desde mucho antes por show o un evento. Puedo confirmarlo y también aquellos que agotaron los boletos early birds para el festival en 2023 y 2024. Se acabaron en pocas horas -y con muchos meses de antelación- porque la confianza, cuando hay hechos, trabaja así: entregas lo que tengas esperando el mejor resultado posible. 

Alimentar ese vínculo con el público en un país con problemas de confianza, es un trabajo de hormiga, de empatía, de reconocimiento y hasta de premiación. 

Eso solo lo logran empresas que entienden el valor de estar presentes y eso era Cúsica. Hablo en pasado porque la intermitencia, luego de la cancelación del festival en 2024 y la gira de Rawayana, quebró algo en aquellos que siempre apostamos por su forma de hacer las cosas.

Probablemente, quien lea esto, dirá: «Pero es que no se trató de ellos». «Algo no se está diciendo sobre lo que ocurrió». “Es injusto señalarlos sin saber”. Y es cierto. No conocemos lo que pasó a profundidad, y dado el contexto, quizás falte mucho para conocer su verdad.

Aun así, el verdadero problema es otro, y mucho más grande. Y es válido plantearlo a partir de lo vivido: la poca responsabilidad de las productoras con el público que decide comprar entradas para conciertos en Venezuela. 

No es un hecho aislado. No es solo Cúsica. En el país se cancelaron al menos 12 conciertos durante 2024: Young Miko, Morat, Miranda, Flor Bertotti (Floricienta), Silvana Estrada, Carlos Sadness, Trueno, C4triel y Paco Amoroso, Rawayana, Love is Love Fest, y el Saca El Pecho Fest. Si sumas todos los artistas de los carteles de festivales, pueden superar los 30 talentos.

Algunos artistas primero reprogramaron, como Carlos Sadness, cuya presentación se incluyó en el Cúsica Fest. Y otros eventos, como el Saca El Pecho Fest, tomaron medidas más oportunas apenas se les cayeron los primeros artistas del line-up: empezar de una vez con el proceso de reembolso. 

A los productores de estos shows no solo los une un concierto cancelado, sino el mensaje de sus comunicados: “Se cancela por razones de fuerza mayor”.

Esa frase, junto a las respectivas disculpas, genera muchas preguntas: «¿Tienen miedo de entrar al país?», «¿No les pagaron lo acordado?», «¿De verdad no se podía cumplir con la logística?», «¿Miente el artista o la productora?», «¿No vendieron suficientes entradas?», «¿Solamente se trató de que la canción que tú sabes, que yo sé, no les gustó a los boomers?», y la más importante… «¿Será que sí me van a devolver el dinero?».  

Cualquier respuesta a los primeros cuestionamientos es válida porque el miedo es libre y rechazar enfrentarse a unas condiciones adversas también, sobre todo si consideramos lo que pasó después de julio. En cambio, la última solo da paso a un limbo de incertidumbres.

Es probable que quien lea esto piense que uno está loco por haber comprado boletos para un concierto en Venezuela, que nos buscamos esta situación, pero la realidad es que no es un delito reclamar por un servicio por el que pagaste, ni interpelar a tu productora de festivales de confianza. 

Comprar una entrada no es un préstamo que le haces a tu amigo mala paga, es una transacción económica por un servicio y el mayor afectado es el público. Por ejemplo, han pasado 10 meses desde que anunciaron la suspensión del concierto de Morat en Caracas, un evento en el que la entrada más cara costaba casi 300 dólares, y la mayoría de los fans todavía no reciben su dinero. 

Al ver la ola de reclamos, la productora del show, AGTE Live Entertainment, dio una opción: canjear esos boletos por entradas al show de Ha*Ash en Caracas. Algunos lo consideraron, pero al momento de hacer el cambio les dijeron que tenían que pagar una diferencia por la devaluación de su dinero. ¿La cereza del pastel? También se canceló ese concierto cinco días antes de la fecha pautada, el 16 de marzo.

Así que no, no basta con una funa colectiva en X y TikTok. Tampoco con dejar comentarios que luego van a borrar o ni siquiera permitirán escribir porque la opción está restringida. 

Existe la Superintendencia Nacional de Defensa de los Derechos Económicos y Sociales (SUNDDE), una institución encargada de gestionar denuncias de abusos al consumidor, pero ese respaldo legal no llega… Todavía.

La realidad es que comprar una entrada para un concierto en Venezuela se convirtió en un “confía en el proceso”, en un salto de fe para que no te estafen, y especialmente una desilusión porque no sabes quién miente sobre lo que ocurrió (o sí).

El 14 de febrero, Cúsica nos regaló por el Día del Amor y la Amistad el estatus de pagos de los reembolsos. 34% de los tickets de sus eventos más grandes (Cúsica Fest y Rawayana) ya habían sido cancelados. Eso sí, no preguntes a qué tasa del dólar hicieron el pago.

Si alguna empresa productora lee esto, tienen que entender algo: la molestia está más que justificada porque no se trata solo del reembolso a la tasa del dólar del Banco Central de Venezuela de enero o junio de 2024.

Esa decepción también incluye cosas como que el formulario para solicitar el reembolso no llegó y te lo tuvo que reenviar un pana random por Instagram. Es la indignación de que en la taquilla física de la empresa que vende los boletos te digan que no saben qué pasará. Es que te responda un bot en Instagram y restrinjas los comentarios de tus posts. 

“¿Y van a seguir comprando entradas para conciertos?”, se preguntarán algunos y la respuesta es un “depende” absoluto. La incertidumbre y las dudas ya se impusieron con eventos de este tipo, pregúntale a tu amigo fan de los conciertos más cercano.

A lo mejor seguiremos viendo a más personas, con posibilidades y ahorros, salir del país para ver a su artista favorito en Colombia o España; o simplemente la cancelación de más conciertos y un bucle de reembolsos inconclusos más amplio.

Hay que esperar a ver qué ocurre con los shows que vayan surgiendo. Por ahí viene un festival que ofrece en su cartel a artistas que antes estuvieron en el Cúsica Fest; el reencuentro de Jowell y Randy con su público veneco; y el que más dudas genera, porque no se ha dicho nada más, la presentación de Viniloversus en la Concha Acústica de Bello Monte el 16 de mayo, producido por Cúsica.

A este punto, en el que unos cumplen 10 meses pidiendo reembolsos y otros cuatro -más que lo que duraron con sus ex- ya no se puede decir que “los afectados somos todos”. Hay una realidad a la vista, y para los fans de proyectos como Cúsica, un luto colectivo por lo que vivimos y lo que pudo haber sido, incluso cuando todavía esperamos por nuestro pago.

Capaz y cuando logremos el reembolso total y no alcance ni para un cigarro detallado, sabremos lo que pasó públicamente y podremos evaluar si somos capaces de restaurar la confianza en un proyecto cultural que nos hizo vivir, por un ratito, el país posible. Mientras tanto, queda pensar que esas experiencias son los amigos y los outfits que hicimos en el camino.

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