“Mortal Kombat 2” es idéntica al juego: ¿eso es un problema o no?
“Mortal Kombat 2” es una adaptación fiel al juego original, que intenta replicar su rito frenético con el problema de perder solidez cinematográfica en el trayecto

“Mortal Kombat 2” es una adaptación fiel al juego original, que intenta replicar su rito frenético con el problema de perder solidez cinematográfica en el trayecto

“Mortal Kombat 2”, de Simon McQuoid, “olvida”de manera poco disimulada todo lo planteado en la cinta de 2022 (incluyendo la importancia de sus protagonistas) y vuelve atrás para tratar de replicar la atmósfera del clásico de culto de 1995, dirigida por Paul W. S. Anderson.
Así que asume su condición de heredera del juego de 1992 en todo su espíritu de espectáculo crudo, exagerado y casi grotesco. Se trata de una buena decisión, que le permite ser un homenaje para fanáticos en estado puro. Y uno que, además, se regocija en ser caótico, desordenado y hasta sin el menor sentido de la lógica cinematográfica.
De modo que si algún problema tiene la cinta, es que el guion de Jeremy Slater se regodea sin vergüenza en el hecho de recrear el universo del videojuego en toda su extensión absurda. Hay peleas imposibles, misiones de alto riesgo que terminan de forma absurda y súbita, personajes carismáticos que, para la segunda mitad, parecen poblar el mundo en forma excesiva.
Lo que lleva a la película a su mayor inconveniente. Es una recreación tanto del querido e icónico videojuego, como de la versión cinematográfica de 1995, por lo que es una rareza entrañable. También, una producción que se tambalea con demasiada frecuencia entre lo excesivo y la autoparodia.
Pero en lugar de cometer el error de asumir un tono épico, “Mortal Kombat 2” se toma a chiste su premisa de un torneo mítico con contendientes dispares y monstruos, algo que brinda a la cinta un tono esencialmente de gran aventura a través de un universo en pleno crecimiento. No es perfecta ni aspira a serlo; tiene pulso, identidad y un tono que entiende el material sin tomarse demasiado en serio.
La historia comienza un poco después de lo narrado en la película de 2022, ahora sí con el torneo en marcha. El conflicto central es sencillo: el control de Earthrealm está en juego y cada combate cuenta. Por lo que la cinta se toma uno de sus poquísimos minutos de pausa para establecer su argumento, que incluye decir qué está haciendo quién y dónde para cuando comienza la acción. Como se recordará, la interferencia previa de Shang Tsung (Chin Han) debilitó de manera sensible al equipo defensor de Earthrealm.
Algo que obliga a Lord Raiden (Tadanobu Asano) a buscar refuerzos poco convencionales. Que es donde entra el icónico Johnny Cage (Karl Urban), una estrella de acción en decadencia que necesita redimirse tanto dentro como fuera de la pantalla. Sorprende que el actor no solo logre tomar lo mejor del personaje, sino darle tridimensionalidad y en realidad, una de las mejores partes de la primera mitad de la cinta es esta figura provocadora, altanera y un tanto ridícula.
En paralelo, en Outworld, Kitana (Adeline Rudolph) intenta liberar a su pueblo del dominio de Shao Khan (Martyn Ford), una figura que parece diseñada para ocupar todo el encuadre incluso cuando está quieto. Las dos líneas narrativas avanzan en paralelo, conectadas por el inevitable choque, y logra que haya interés tanto en una como en la otra.
Por supuesto, “Mortal Kombat 2” no tiene grandes ambiciones para su historia y todo se resume en llevar a sus personajes del punto A al punto B, para finalmente lograr el gran tan esperado combate estelar. Pero con toda su sencillez, tiene la gracia suficiente para hacer el proceso divertido. Eso, a pesar de los incontables baches de guion y el desorden general para plantear su historia.
También hay que agradecer que, por lo visto, el equipo de producción aceptó críticas y cambios notorios sobre la gran aventura épica. Uno de los movimientos más inteligentes de esta secuela es redistribuir el peso narrativo. La entrega anterior apostó por un personaje nuevo, Cole Young (Lewis Tan), con resultados discutibles, en especial porque muy pocos fanáticos entendieron en realidad el motivo para incluir a una figura nueva, con un reparto de luchadores múltiple.
Y aunque aquí sigue presente, ya no ocupa el centro. La atención se desplaza hacia figuras más icónicas del universo original, lo cual no solo responde al fan service, sino que también mejora la dinámica dramática. Johnny Cage y Kitana funcionan mejor como ejes porque tienen conflictos más definidos y una conexión más directa con el mundo que habitan.

Karl Urban consigue darle matices a medida que avanza la historia. Su interpretación encuentra un punto medio entre ironía y vulnerabilidad, evitando que el personaje se convierta en una caricatura, lo cual sería muy fácil, siendo que este actor convertido es luchador intergaláctico es la suma de sus errores. El verdadero termómetro de su evolución aparece cuando comparte escena con Kano (Josh Lawson), que regresa con una energía caótica que roba atención sin esfuerzo. Cada intercambio entre ambos tiene ritmo, intención y un sentido del humor que la película necesitaba desesperadamente.
Mientras tanto, Kitana sigue un recorrido más clásico, pero efectivo. Su conflicto con Shao Khan no es solo político, también es profundamente personal. La relación con Jade (Tati Gabrielle) añade una capa emocional que evita que su arco se sienta mecánico. No hay grandes sorpresas, pero sí una ejecución sólida que permite que el personaje respire dentro del caos general. En contraste, algunos secundarios no corren la misma suerte.
El reparto es amplio, quizás demasiado, y otros de los problemas que debe enfrentar una película que no busca ser coral, pero que lo es de una manera u otra. Baraka (CJ Bloomfield) destaca por su presencia física y una caracterización que mezcla distintas versiones del personaje con un resultado sorprendentemente entretenido.
Pero otros, como Sindel (Ana Thu Nguyen), quedan relegados a decisiones narrativas que generan más preguntas que interés. Liu Kang (Ludi Lin) logra mantenerse relevante con su propia línea argumental, aunque el espacio que ocupa parece más una concesión que una prioridad. Es el precio de intentar abarcar demasiado en un tiempo limitado.
Donde la película realmente levanta vuelo es en la acción. Aquí hay una mejora clara respecto a la entrega anterior y es que, básicamente, hay una inversión considerable en puesta en escena y los efectos digitales. Las escenas de combate respiran mejor, con planos más largos y una edición menos fragmentada, lo que permite mantener la tensión.
Además, los escenarios dejan de ser simples fondos genéricos para convertirse en espacios con identidad, casi como si el videojuego hubiera cobrado vida sin perder su artificialidad.
Todo lo anterior brinda a su segunda mitad un aire frenético, entretenido y que sube considerablemente el nivel de una primera mitad que flaquea en actuación y tensión. Con todo, es evidente que “Mortal Kombat 2” no quiere reconstruir el mundo al que pertenece, sino corregir errores, potenciar aciertos y ofrecer una experiencia más coherente. En ese sentido, la película lo consigue.
No todo encaja y claro está, no todos los personajes brillan. Pero en este combate a mano desnuda contra el reto de adaptar un juego basado en combates extravagantes, es evidente que “Mortal Kombat 2” tiene éxito. Y uno que (y como deja claro la película), asegura una tercera y posiblemente inevitable, tercera parte.