Venezuela

En Petare el agua llega pocas horas a la semana y por una manguera para todo el barrio

A través de un sistema de mangueras comunitarias y de reciclar el agua, los habitantes de Papelón en el barrio El Carpintero en Petare sobreviven a un servicio que llega una o dos veces por semana, y por muy poco tiempo | Por Alejandra Gomes y Daniel Hernández

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Parece una ironía, pero Carmen Elena Pérez*, residente desde hace más de 50 años en el sector Papelón en el barrio El Carpintero de Petare, sonríe con resignación al mostrar la tubería frente a su casa por la que no ha visto salir una gota de agua en más de cinco años.

“Ese tubo se rompió por no usarlo. Ahí agarraba agua antes, ahora lo hago en pipotes”, explicó.

Ese día, Carmen Elena no tenía reservas y le pidió agua a su vecina. “Ella me presta”, contó. Su caso no es el único. Los vecinos de esa comunidad se ayudan entre sí y todos tienen tobos, pipotes, tanques y ollas donde guardan el agua. Como es tan escasa, la reúsan.

La crisis del agua en Petare es un problema crónico que solo ha recibido soluciones paliativas. Son como los pañitos de agua tibia para calmar la fiebre, pero de una población saturada que exige un servicio reconocido como derecho fundamental por la ONU.

En la parte baja del barrio José Félix Ribas, el suministro se fragmenta por sectores: el agua llega a unas zonas de lunes a miércoles y a otras de jueves a sábado, por unas horas. Casi siempre, el servicio se activa durante la noche o la madrugada, una práctica que se lleva aplicando desde hace algunos años.

Para los petareños, la normalidad implica madrugar para lavar ropa, asear sus hogares o llenar reservas. Incluso el aseo personal puede ser complicado.

Y mientras más arriba esté el barrio, la cosa se pone peor. Así lo aseguraron los vecinos y, por eso el equipo de El Estímulo subió hasta el sector de Papelón, donde vive Carmen Elena. En esta zona reciben agua apenas una o dos veces por semana, durante intervalos de tan solo una hora.

La supervivencia a través de una manguera

Teresa Gómez* comenta que en su niñez el agua llegaba tres días a la semana pero, con el paso del tiempo “las tuberías se dañaron… y no han hecho hincapié en arreglarlas”.

Desde hace dos años, el barrio implementó un sistema de distribución del servicio: a través de un grupo de WhatsApp se anuncia la llegada del agua y se organiza una lista. Luego, la surten jueves y/o sábados en las viviendas con una manguera y llenan los tanques de cada vecino durante 30 minutos o una hora.

El agua se suministra “los jueves media hora si hay agua y los sábados una hora”, comenta Zulay López*, vecina de la comunidad. “Puede ser que el jueves la pongan a la calle de abajo y a nosotros los sábados, o viceversa, pero siempre nos dan una hora o media hora”, explicó Isidora Jiménez*, quien vive con su pareja y su hija de tres años.

Aún así, Isidora considera que la situación actual es mejor que la de años anteriores, cuando debía cargar envases desde las zonas bajas o pagar $3 por el traslado de un botellón de agua, un monto que muchas veces no podía costear.

“Claro, no es que nos hayamos acostumbrado a este estilo de vida. Nosotros aspiramos a que algún día llegue por las tuberías, así sea tres días, porque ahorita, por ejemplo, yo no puedo lavar», dijo Teresa.

Teresa vive con sus dos hijas y juntas dividen los tobos: algunos para la cocina, otros para las demás áreas y para el aseo personal. Para lavar la ropa, Teresa busca opciones fuera de la zona, ya que con la cantidad de agua que recibe semanalmente no le es posible.

Estas dos mujeres hacen malabares para darle mejor uso al recurso. El día que llega no salen de sus casas para poder llenar sus tanques y si no llega, empiezan a temer porque es una zona en la que se torna difícil cargar agua y el aseo de sus hijos es una prioridad.

Zulay dice que el periodo más largo que han pasado sin suministro en el sector fue de 15 días, aunque siempre intentan solucionar las contingencias de forma colectiva.

Su hija Yajaira* tiene una condición especial, por lo que la comunidad permite que se le suministre agua por 30 minutos más. El baño de Zulay es un depósito de botellones y tanques. Al bañar a su hija, debe desalojar el espacio y, al terminar, vuelve a poner todos los pipotes dentro del baño.

“Yo gasto agua aquí como usted no se lo imagina”, dice. “Gasto tres pipotes de agua semanales… A mí me dicen ‘tú sí gastas agua’, pero mi situación amerita esa cantidad”.

Así solucionan estos venezolanos la falta de agua

Pedro Elías García*, quien vive con su esposa e hijo, utiliza pastillas potabilizadoras para eliminar bacterias y hacer el agua apta para el consumo. Además, muchas veces, el agua residual de la lavadora se reutiliza para fregar platos o limpiar los pisos. “Nada se pierde”, afirma.

Isidora Jiménez también aprovecha los recursos naturales: mantiene un pipote destapado fuera de su casa para recolectar agua de lluvia, la cual destina exclusivamente a la limpieza de los baños.

También se bañan con dos tobos, con el agua de uno se asean mientras que el otro se queda bajo sus pies, para que caiga el agua usada y, con eso, hacen otras cosas como la limpieza de los pisos.

Para Teresa Gomez, esta situación sólo mejorará cuando la comunidad se una “para arreglar las tuberías. Sería bueno porque no nos damos abasto, a veces no viene el agua y pasamos trabajo”, comenta Teresa.

*Nota de los autores: todos los nombres son ficticios para proteger la identidad de los ciudadanos.

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