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El Guaire se quedó podrido

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06/06/2017
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TEXTO: CARJUAN CRUZ | FOTOGRAFÍA: AVN

Cuando el río que atraviesa Caracas sirvió para esquivar gases lacrimógenos, el país recordó sin vacilaciones cómo su saneamiento todavía es una fantasía y una estafa más del chavismo

Cientos de venezolanos sumergidos hasta las rodillas, los muslos. Cruzar las riberas, zambullirse de un lado al otro, mover las piernas con fuerza, porque la corriente arrecia. Esa pudo ser la imagen a la que se refirió Hugo Chávez cuando dijo que limpiaría El Guaire, e invitó a ministros y presidentes a bañarse en aquellas aguas. Sin embargo, la escena de caraqueños atravesando el río se hizo real. El 19 de abril de 2017, cuando apenas iniciaban las protestas en contra del gobierno de Nicolás Maduro, manifestantes opositores fueron reprimidos y acorralados con gases lacrimógenos. En medio del desespero, el subterfugio no fue otro más que surcar casi a nado los fétidos afluentes a la altura de El Recreo.

Ver a las personas chapoteando el agua marrón, sucia y contaminada del río, fue una contraloría inmediata; le recordó a Venezuela que El Guaire sigue podrido, más de una década después de aquella orden presidencial. Desde entonces, millones de bolívares y de dólares se desembolsaron en torno a aquella promesa, que ya lleva doce años y sigue siendo un proyecto sin terminar —a pesar de que nació en plena bonanza económica. A manera de recordatorio: el precio del petróleo pasó de 32 dólares el barril en el 2004 a 88 dólares en el 2008. Después de una caída en el 2009, se recuperó en 2011 y llegó a subir a 100$.

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Arrebato o ineficiencia

Cuando Hugo Chávez lanzó aquel anuncio, en agosto de 2005, estipuló un año como fecha de cumplimiento. Una ligereza, sin duda, tomando en cuenta la complejidad. Todo un siglo tiene el río como desagüe de Caracas, desde el gobierno de Antonio Guzmán Blanco, que inició el sistema de alcantarillado y decidió que el río sería la cloaca principal de la ciudad.

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El trabajo era entonces separar las aguas de lluvia y pasar las servidas a plantas de tratamiento, en donde se descontaminarían y volvieran al cauce. Para eso era necesario rehabilitar y construir por lo menos 150 mil metros de colectores de agua a lo largo de los 38,5 kilómetros que atraviesan el valle desde Macarao hasta El Llanito.

Aparte habían de construirse o rehabilitar 32 mil metros de canalizaciones y unos 13 mil metros de drenaje en primera instancia; fabricar 19 presas de retención de sedimentos y mitigación de riesgos; levantar cinco estaciones de bombeo y cinco plantas de tratamiento; según datos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) cuando evaluó el proyecto para su financiamiento. Por consiguiente, era de esperarse que el plazo de culminación se cambiara a 2010. Pero las postergaciones se hicieron costumbre y el ritmo de ejecución fue lento. La fecha prometida se pospuso a 2014, y cuando llegó ese año se fijó para el 2021. 

Factible, en parte

Bañarse en el río está formalmente descartado. Su promoción quedó solo como una propaganda incumplida. “El Guaire tiene un caudal pequeño y no creo que funcione para bañarse”, dijo Jacqueline Farías, en el 2014. En 2005, era la ministra de ambiente y fue designada por el presidente para encabezar y ejecutar el proyecto. Hoy es la jefa de gobierno del Distrito Capital.

Otros expertos no necesitaron tantos años para llegar a esa conclusión: conocían esa realidad desde antes. El ingeniero hidráulico Santos Michelena, miembro honorario de la Academia Venezolana de Ingeniería y del Hábitat, y estudioso de El Guaire antes de la recordada invitación de Chávez, manifestó en distintas ocasiones que no era viable el proyecto en su totalidad. “El destino del arroyo más grande de Caracas es ser un canal de drenaje y jamás podrá rescatarse como río”, afirmó en una entrevista al diario El Universal, en agosto de 2012. Michelena murió en el 2013.

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Sin embargo, el saneamiento, por fines ambientales y no recreacionales, sí era posible. En el mundo hay más de un ejemplo. La revista brasilera Examen publicó una lista de ocho ríos urbanos que lograron restaurarse, algunos en muchos años, otros en menos tiempo, y con una inversión menor a la destinada hasta ahora para la rivera caraqueño.

Encabeza el Sena, en París, que se degradó por contaminación industrial y de aguas residuales domésticas. En 1960 comenzó su saneamiento y hoy tiene plantas de tratamiento que incluso permiten que habiten unas 30 especies de peces. Está el Támesis, en Londres, que llegó a provocar cólera, pero hoy tiene hasta dos barcos navegando. Es un río de casi 350 km de largo, y para su descontaminación se invirtieron 280 millones de dólares, lo que incluyó una planta de tratamiento y la eliminación diaria de 30 toneladas de basura.

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Le sigue el Tajo, en Lisboa, en el que se invirtieron 887 millones de dólares. Es el más largo de Europa occidental y su revitalización se inició en el 2000. Se construyeron obras de saneamiento y se renovó la red de distribución de agua y alcantarillado. En Seúl se sanearon dos corrientes: la primera es Cheonggyecheon, de sólo 5,8 km de largo. Se limpió completo en cuatro años con una inversión de 270 millones de dólares. Se le hicieron cascadas, fuentes y tiene peces. El otro es el Han, mucho más grande, y de sus 514 kilómetros de longitud, 320 hoy son navegables, recibía aguas residuales pero en 1998 comenzó su descontaminación.

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Sigue el Rin, que atraviesa varias ciudades de Europa, tiene una longitud de 1.300 km y en 1970 era conocido como “la cloaca a cielo abierto de Europa”. En 1987 se inició su revitalización para la que se invirtieron 15 mil millones de dólares, que implicaron la construcción de estaciones monitoreadas de tratamiento de agua. El río Cuyahoga, en Cleveland, tiene 160 km de longitud y estaba muy sucio. Desde 1972 esa ciudad invirtió 3.000 millones de dólares en la purificación y en los sistemas de drenaje. Y por último, colocan el caso de los Canales de Copenhague, a donde llegaban directamente los residuos. En 1991 se concretó un plan de saneamiento y se reconstruyeron los drenajes pluviales.

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Lo que le falta al de Caracas

El saneamiento de El Guaire tenía 48% de avance al cierre de 2015, dice la Memoria y Cuenta del Ministerio de Ecosocialismo. Según esa afirmación solo falta la mitad de la obra total, pero lo cierto es que queda mucho por hacer. Por lo menos 32 mil metros de construcción o rehabilitación de conectores, 48 estudios en 16 de las 32 subcuencas que desembocan en el río a lo largo de la ciudad, instalar cuatro estaciones de bombeo y construir cuatro de las cinco plantas de tratamiento que faltan y 13 presas de retención de las 19 estimadas al inicio del proyecto; esto según el documento de rendición de cuentas.

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A pesar de que el Banco Interamericano de Desarrollo aprobó el préstamo de 300 millones de dólares para comenzar a ejecutarse en 2012, hasta julio de 2016 solo pudo desembolsar el 27,8% de ese monto; específicamente 83,6 millones de dólares, según señala un informe del ente.

La parsimonia en la ejecución también se denota en las memorias y cuentas del ministerio de Ecosocialismo de 2014 y 2015, en donde se indica que este programa tenía aprobado por el Banco Interamericano para esos dos años: 1.718,9 millones de bolívares —171,8 millones de dólares a tasa oficial—, pero solo se ejecutó el 21,2%. La única planta de tratamiento que está en funcionamiento es la de El Chorrito, ubicada en los márgenes del río San Pedro, cerca de la urbanización El Tambor, en Los Teques, con una capacidad de 400 litros por segundo de las aguas servidas. Cuenta con la única estación de bombeo.

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En teoría, a partir de este año se emprende la cuarta fase del proyecto, que deberá incluir todo lo que falta por hacer. Para esta etapa restante la coordinación designada para el proyecto, necesitaría 4.705 millones de bolívares, según estimaciones de la coordinación del proyecto en 2014, a cargo en ese momento de Douglas Ramos y José Morales, quienes ese año indicaban que se necesitaría mayor financiamiento al del BID.

Con una planta era suficiente

Para Santos Michelena, solo una planta de tratamiento, instalada en  la zona de La Guairita, podía sanear El Guaire, pues ahí se concentran los drenajes. La sugerencia del experto hidráulico era que se estableciera un sistema de canalización parabólica, que implica construir huecos en las quebradas para debilitar los desechos sólidos y evitar que terminen en el cauce principal.

Su recomendación también era colocar construir la canalización en concreto y acero; específicamente con muros de cuatro metros de altura y 30 metros de ancho que pudieran soportar 1800 metros cúbicos de lluvia por segundo. En una de sus últimas entrevistas dijo a El Universal que se debían empotrar todas las cloacas en cada colector marginal y diseñar el sistema parabólico en todos los drenajes de la ciudad.

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En efecto, todavía cuando llueve el río crece y, en algunas ocasiones, se desborda, perjudicando a comunidades cercanas al cauce y a las subcuencas, incluso al barrio La Línea, un sector en el que ya se han hecho obras de ingeniería correspondientes. Hay que sumar el colapso de las alcantarillas, que se tapan con escombros.

Cuestión de prioridades

En Caracas, aparte de sufrir inundaciones, todavía hay barriadas en donde el agua potable no llega con regularidad, o no llega nunca. Por eso, cuando Hugo Chávez hizo aquella invitación a bañarse en El Guaire no faltó quién se preguntara si realmente esa era la prioridad.

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Si bien el saneamiento del río es necesario para la ecología de la ciudad, el mismo desembolso de dinero hubiese traído agua constante a tantas tuberías secas y, al mismo tiempo, limpieza rápida del alcantarillado y muros altos que evitaran desbordamiento. “Me parece que la primera equivocación estuvo cuando se adoptó un proyecto bandera, que por su naturaleza era muy difícil de realizar”, dijo Arnaldo José Gabaldón, coordinador del Grupo Orinoco de Energía y Ambiente, exministro de Ambiente y expresidente de la Copre —antigua Comisión para la Reforma del Estado. “Primero se tenía que atender a la alta proporción de población que no tiene la incorporación del agua potable, como un servicio continuo y de buena calidad”, aseguró a Clímax.

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El saneamiento de El Guaire podía esperar, insistió Gabladón, pues como es un río canalizado, que pasa a gran velocidad, los hedores no los percibe la gente y la contaminación no afecta directamente. “Cuando desemboca en el Río Tuy, desde ese punto hacia abajo, la naturaleza se encarga de limpiar parte de esa contaminación, después cae en las playas de Barlovento, pero se han oxidado ya varios de los componentes orgánicos”, indicó.

Hoy, más de una década después desde aquella idea de remojarse en El Guaire, no está lista ni una cosa, ni la otra. No hay abluciones y las canalizaciones todavía no aguantan las aguas cuando llueve, la ciudad colapsa, las alcantarillas se tapan. Las distintas comunidades siguen sin servicio regular de agua, y muchas de las que están cerca de las subcuencas siguen en riesgo.

No tiene peces, y al mar de Barlovento, no sigue llegando el agua sucia. No es una exageración que a los cientos de venezolanos que cruzaron el río el pasado 19 de abril, para huir de la represión, se les recomendara colocarse la vacuna toxoide, contra el tétanos, botulismo o difteria.