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“Teodoro, ¿tú por aquí?”

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05/11/2018
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FOTOGRAFÍA: PATRICK DOLANDE

En julio de 2014, la revista Clímax publicó una de sus últimas entrevistas a Teodoro Petkoff. Al final de la conversación, que se había llevado a cabo en las oficinas de TalCual, el redactor le hizo una serie de preguntas de personalidad basadas en el cuestionario de Bernard Pivot, ideado por Marcel Proust en 1890 y popularizado por James Lipton en el programa “Inside Actor’s Studio”. Todo para descubrir si Teodoro era de verdad ateo. “¡Hola, Teodoro!, ¿tú por aquí? “, respondió cuando le preguntamos: “Si creyera en el cielo, ¿qué le gustaría escuchar de Dios al llegar allá?”.
Esta es aquella entrevista, in memoriam:

“Una de las voces más escuchadas por la mitad del país fustiga al autoritarismo oficial. Las elecciones de 2015 son más decisivas que unas presidenciales y la oposición debería enfocarse en ganarlas”, dice.

Las paredes de su oficina cuentan la historia reciente de Teodoro Petkoff —iniciada hace 15 años cuando este político de izquierda se reinventó como director de diarios. En un rincón brilla una foto en blanco y negro de un rozagante presidente Chávez mostrando un ejemplar del vespertino El Mundo con el titular “¿Cómo es la vaina?”. Cerca, cuelga otro clásico del periodismo venezolano, el desafiante primer número de TalCual con la frase: “Hola Hugo”.

Ese titular inauguró —con gran ayuda de sus amigos— a este tabloide que ha sobrevivido 14 años como una mosca en la oreja del poder, pese a su circulación limitada, en un país cuya prensa languidece bajo la censura, la autocensura y los problemas económicos.

Petkoff advierte que Diosdado Cabello es quien ocupa el trono en la Venezuela de hoy, donde la democracia sobrevive debilitada por un “gobierno militar y militarista” y un Estado sin separación de poderes. “Teodoro”, para sus amigos, es tenido por la grey opositora como una voz autorizada, respetada hasta en ciertos bastidores del chavismo. El mismísimo “Chacumbele” evitó atacarlo en aquellas sesiones de metralla verbal contra todo lo que se moviera más allá de las fronteras rojitas.

Su recordado programa dominical Con Teodoro por Globovisión, era hasta principios del año 2013 como una misa líder en sintonía entre sus televidentes. Pero este ex guerrillero, economista, ex ministro y ex candidato presidencial rechaza etiquetas de “chamán” o “consejero”. Ni se cree consultor de la entrampada “oposición”, ese término que agrupa a más de la mitad de los electores, a la variopinta Mesa de la Unidad Democrática y a los irreductibles estudiantes que mantienen viva la llama de la protesta en las calles.

Hoy, Petkoff parece más parco, un tanto golpeado por los avatares de la salud, del cronómetro y del país. Sus respuestas son cortas, su lengua afilada parece tomar un respiro. “Una cosa es aconsejar ideas y otra es creerse consejero de los actores políticos. Puesto que hablo y opino, tiene que haber oídos que escuchen. Ahora, que estén de acuerdo o no, es otra cosa”, dice.

“En general la oposición en sus distintas versiones ha actuado muy sensatamente y ha logrado precisamente contribuir a crear una situación que acentúa los problemas del gobierno y que ayuda a abrir más espacios a los disidentes”, desliza a manera de prólogo.

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El país según Teodoro

“Esta es una situación permanente de conflictividad social y política. Es bueno decir que en las últimas semanas la tensión ha cedido un poco, se nota un cierto alivio. Pero podría cambiar, en un lapso relativamente prolongado para un país como Venezuela en el cual pueden ocurrir muchas cosas”, asegura. Opina que la crisis económica es “light”, todavía no se siente como grave. “Pero ciertamente, cuando uno mira hacia delante pareciera que la situación tiende a deteriorarse”.

Este economista summa cum laude de la UCV y responsable del Ministerio de Planificación del socialcristiano Rafael Caldera antes de la era chavista, cree que con Nicolás Maduro ni siquiera haya una política económica. “Creo que más que aplicando un paquete están dejando que la economía se desenvuelva por su cuenta. Y, por supuesto, la tendencia es a moverse según los criterios del capitalismo liberal”, libera de dudas.

“Este es un gobierno militar y el poder está en Diosdado Cabello”.

—¿Qué medidas tomaría el Petkoff economista?

“Es un rol que no me gusta desempeñar. Me voy a limitar a decir que hay medidas que son de sentido común. Entre ellas la de respetar a la economía. Permitirle que se desenvuelva según su lógica, con la debida participación vigilante del Estado”, sintetiza este promotor de la Agenda Venezuela, el programa de ajustes liberales que permitió al amenazado Gobierno de Rafael Caldera llegar suspendido en alfileres hasta las elecciones de 1998.

Sus detractores lo culpan de haber seguido las inmisericordes recetas del Fondo Monetario Internacional, con un plan que derivó en una inflación del 103% en 1996. El acelerado deterioro económico dejó al país como un pajonal seco, donde acabaría propagándose el discurso incendiario de Hugo Chávez. “Tengo la impresión totalmente contraria. De no haber sido por la Agenda Venezuela, este país no hubiera salido del hoyo. Lo sacó de la profundísima crisis que se vivía en 1996”, rebate.

Hoy, muchos señalan que los supuestos logros sociales del chavismo pudieran haberse alcanzado sin tantos tambores de guerra y heridas en la sociedad. “Es obvio que esta situación de conflictividad es absolutamente artificial, una creación del gobierno, sin que haya razones para que exista. Cualquier gobierno medianamente sensato podría desenvolverse perfectamente bien con los recursos y la capacidad de acción que dota la disponibilidad de tales recursos”, dice en referencia al chorro de ingresos petroleros.

Petkoff ha sido testigo del descontento social que ha catalizado cambios —violentos o pacíficos— en el alto gobierno y en toda la sociedad venezolana en las últimas décadas. “Esa posibilidad siempre está presente en cualquier sociedad donde el deterioro económico se traduce en inquietud social y esta no tiene por qué ser la excepción. El desmedro avanza cada vez más y la inquietud social tiende a acercarse. La gente no actúa a lo loco, cuando apoya o no apoya lo hace a partir de un razonamiento político”, dice.

“Las crisis a veces son impredecibles en sus resultados y en este momento yo siento que este es un gobierno frágil. Cualquier crisis relativamente fuerte se lo puede llevar en los cachos. No hemos llegado al punto en que la gente haya percibido el engaño en la mayoría. Aunque es visible una caída sostenida en la popularidad del gobierno”, agrega.

—Pero hasta en Cuba, por ejemplo, el sistema sobrevive de crisis en crisis.

—Claro, pero pagando el precio de una dictadura férrea. En democracia una crisis fuerte y grave puede tener consecuencias muy negativas para cualquier gobierno.

—¿Ve a Nicolás Maduro prolongándose en el poder como Chávez?

—Lógicamente, no. Siento que la de él es una presidencia frágil y sus principales adversarios están dentro del propio chavismo, donde hay diversas corrientes internas.

—¿Dicen que Cabello es el verdadero hombre fuerte del país?
—Yo tengo esa impresión.

—¿Es el poder detrás del trono?
—Y delante también.

—Entonces, ¿cuál sería el papel de Maduro?
—Le tocó dar la cara para cubrir el cargo, pero el poder real descansa obviamente en Diosdado. Es verdad que este es un gobierno militar. La Fuerza Armada ocupa y desempeña un rol que le es totalmente ajeno y que nunca antes había desempeñado con la intensidad que ahora lo hace. Cuando uno piensa en un gobierno militar evoca las pesadillas de los países de América del Sur, en sus muertos y desaparecidos, en la imposición de armas y uniformes sobre el intelecto civil.

—¿Dónde está “la delgada línea roja” que nos separa de una dictadura?
—La diferencia es que es un gobierno militar, fuertemente autoritario, pero no es una dictadura. Creo que todavía no reúne las características de una dictadura. Hay posibilidades de terminar en una. Depende del propio gobierno por cierto, hasta dónde está dispuesto a llegar. Las fuerzas armadas han asumido un rol predominante, e imponen el ritmo y el rumbo de los acontecimientos. Es un gobierno militar y militarista.

El problema, primero que todo, es que eso no es resultado de la voluntad del pueblo, sino de un componente de las instituciones del Estado. Es decir, no es un gobierno democrático. Una característica de una democracia plena es una división de poderes, ciertamente. Ahora aquí todos los poderes están confiscados por el poder militar.

—¿El chavismo justifica sus fallas aludiendo a líderes supremos y paraísos por construir? 

—Sí. Es un pensamiento siempre muy común y una justificación de todos los gobiernos equivocados y erráticos, eso de que es necesario destruir para construir posteriormente.

—¿Para la oposición no sería mejor apuntar a las elecciones de 2015, en vez de limitarse a “la salida ya”?

—Creo que la oposición si en este momento está pensando en algo debe ser justamente en las elecciones del 2015. De no hacerlo estarían completamente fuera de foco. Lo inmediato siempre mueve, siempre apela a la necesidad de acción. Pero cualquier oposición que se sienta como tal en un país como este tiene que tener en la mira ya su futura actuación en los comicios de 2015 —que son ciertamente decisivos. En todo caso yo no estoy de acuerdo con apresurar los ritmos naturales del proceso político.

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Sobre Petkoff y TalCual orbitan amenazas de cárcel y multas. La directiva del diario tiene prohibido salir del país. Ese caso es una referencia acerca de los ataques contra la prensa en el país. “En Venezuela sobrevive la libertad de expresión pero permanentemente acosada. Creo que el desenlace depende de factores poco predecibles, de cuáles son las intenciones de fondo de gobierno, si su interés es mantener esta tranquilidad engañosa o pretende acentuar su naturaleza implícitamente represiva”, dice y continúa: “puedo suponer que quieren eso —penas de cárcel— o que quieren mantenernos en un estado permanente de inquietud frente al poder militar”, agrega sobre el proceso judicial por “difamación” de Cabello contra el matutino.

El chavismo se parece a una neo-religión, con Bolívar, Chávez —y el pajarito— en lo alto de su panteón. Fomenta un “Estado comunal”, su verbo guerrerista siembra el odio de clases, convive con las consignas de la izquierda romántica de los años 60 y 70 y la empobrecida economía tiene de gerencia a militares, los controles conviven con prácticas liberales, mientras se enfrenta al movimiento obrero y no tolera la disidencia ni manifestaciones.

¿Es posible decir que todo esto es una nueva versión del socialismo? Petkoff responde: “no veo por ahora una intención de ir más allá. Creo que ellos se sienten confortables en una situación de la cual tienen el control sin necesidad de apelar a los extremos. En el gobierno lo que hay es abundancia de palabras, discursos, una acción que muy poco corresponde a esas palabras y a las intenciones de esos discursos. De manera que lo que les resulta mas cómodo es el autoritarismo”.

“Sin duda Maduro no es Chávez. Chávez era capaz de producir movimientos en el país. Movía a la sociedad, la obligaba a actuar. A veces la falta de un discurso puede ser suplida por el uso de la fuerza”, recalca

Petkoff ha mirado la hora insistentemente. Ya son casi las seis y se acerca el cierre de la edición del día de TalCual. Cayó en cuenta de que esta entrevista reúne a dos exdirectores del diario El Mundo, sacados de sus cargos —con 14 años de diferencia— por órdenes de presidentes del chavismo. “Pon eso en alguna parte”, dice y se levanta para salir de su pequeña oficina.

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¡Hola Teodoro! ¿Tú por aquí?

En busca de un anecdotario y hurgar en intimidades, he aquí un “test de personalidad” para conocer más acerca del parco “Teodoro”.

¿Cuál es la palabra o frase que menos le gusta?
“La agresividad inútil e innecesaria”.
¿La que más le gusta?
“El poder del sentido común”.
¿Qué le causa placer?
Un trabajo bien hecho.
¿Lo que más le desagrada?
Lo opuesto, un trabajo mal hecho.
El sonido que más le gusta
La música.
El que menos le gusta
Los chillidos.
Su palabrota favorita
No hay ninguna… preferida. Las palabrotas se aplican de acuerdo con lo que está ocurriendo.
Aparte de sus profesiones ¿Cuál otra le gustaría ejercer?
Me hubiera gustado ejercer medicina, cómo no. Soy hijo de médico.
La profesión que nunca ejercería
Tal vez la de policía.
Si creyera en el cielo, ¿qué le gustaría escuchar de Dios al llegar allá?
¡Hola Teodoro!, ¿tú por aquí?
¿Cuál es el personaje histórico que más admira?
Mandela. Nelson Mandela.
¿Si pudiera salvar un libro del fin del mundo, cuál sería?
Tal vez la Biblia.
¿Cree que puede existir vida inteligente en el espacio?
De creer, creo. Pero no hay ninguna evidencia de que esa creencia tenga sustento en la realidad.
¿Existe algo parecido al alma o al espíritu?
Parecido no. El ser humano es cuerpo y espíritu.
¿Qué pasa con ese espíritu cuando uno físicamente no está?
Pues desaparece, desaparece el cuerpo orgánico y su espíritu.
¿No queda nada?
Si fue alguien que hizo una obra, queda como legado el espíritu de esa obra.
¿Cuál es el mayor miedo de Teodoro Petkoff hoy en día?
Que la situación política coja un rumbo altamente inconveniente, o sea: dictatorial…
¿Qué peor defecto ve en sí mismo?
Cierta tendencia agresiva que no me gusta.
Dicen que García Márquez narró alguna de sus fugas…
No era exactamente ninguna de las fugas, sino que habló en general de que yo me fugaba espectacularmente.
¿Fueron muy amigos?
Era mi amigo, cómo no, lo fue hasta su muerte.
Además lo ayudó a fundar el MAS…
Ayudó en el sentido en que nos hizo la donación del monto del Premio Rómulo Gallegos, que para esa época era bastante dinero. Nos ayudó con su amistad inmarchitable hasta su muerte.
Usted salió del MAS por no estar de acuerdo con el apoyo del partido a Chávez en 1998. Pero García Márquez también era amigo de Chávez y de Fidel Castro. ¿No es paradójico?
Sí, pero Gabo cuenta que el jamás hizo pronunciamientos públicos. Y el único que hizo, en el final de su largo viaje con Chávez en avión, era cuando se preguntaba si estaba ante un revolucionario auténtico o ante uno más de los déspotas que han plagado de miserias a América Latina. Es decir, ya la duda estaba en él.
Por cierto, Chávez nunca atacó directamente a Petkoff en público…
Sí, es verdad. Poca referencia a mí hizo y por lo general nunca agresivas. Tuvimos una relación muy cordial, ciertamente.

(Esta entrevista fue publicada en la revista Clímax en 2014, impresa en papel).