Exportación de la franquicia chavista

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Dos décadas al frente del poder hizo del gobierno de Hugo Chávez no solo una administración, sino un movimiento que buscó eternizarse en el mando y en las conciencias nacionales y globales.

Con motivo de su 13° aniversario, Clímax presenta la serie Deconstruyendo a Hugo Chávez

La exportación de la franquicia chavista solo se entiende cuando miramos el recorrido de un plan político elaborado meticulosamente y llevado hacia adelante a muy largo plazo. Muchos fueron los pasos que se iban dando mientras la sociedad veía para otro lado –por ofuscación o por distracción de dólares baratos– y los líderes políticos antagonistas al gobierno fracasaron, se exilaron, se agotaron o se vendieron.

Las fases se pueden dar en concurrencia, pero la mayor parte de las veces se daban una tras otra. El desguace de un Estado –como si fuese un auto desvalijado- no solo pasa por la remoción de leyes y prácticas institucionales, sino por la total alteración de la base humana, demográfica, y en especial, de las conexiones emocionales entre ciudadanos.

Todo comenzó cuando desbarataron los programas sociales educativos y de salud –con los hogares de cuidado diario fueron especialmente crueles– para generar nuevas dependencias del Estado Central. En pocas palabras, más clientelismo y menos libertad.

Desde el punto de vista económico se generó una total ruptura en las cadenas de producción, cambiando el orden de los procesos para integrar a nuevos responsables desde el mercado negro. Así se mataba con un mismo disparo a dos pájaros: el espíritu empresarial, por un lado; y asimismo, se podía reformatear más fácilmente los patrones de consumo del venezolano.

Desde el poder central se dieron a la tarea de reducir y debilitar presupuestos; de la mano de creación de organismos sombra en clave de protectorados. Así ampliaban funciones en unos –los nuevos- cercenando funciones y atribuciones en los viejos. La tesis del Perú de Fujimori se impuso un rato y los cuarteles tendrían más importancia que gobernaciones y alcaldías. El infame Vladimiro Montesinos fue mejor organizador de lo que muchos pensaban

Se dedicaron con tino a perseguir, cerrar, comprar y estrangular a la libertad de expresión arruinando, cerrando y reemplazando medios de comunicación: confiscación de equipos, multas impagables, no renovación de concesiones, etc.

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¿Cómo funciona?

La franquicia es un aparato comunicacional de total hegemonía que produce contenidos, manuales de operatividad y directrices internas y externas.

Una línea editorial con entrenamiento para sus anclas y reporteros, desde el punto de vista ideologizante, pero con un look and feel de estilo POP. Los acentos y las maneras de canales privados se copian, pero siendo el contenido fundamentalmente alterglobalizador o comunista para la globalización.

Toda la matriz política al final de cada emisión bajará la línea regionalmente. Así como La Hojilla o Con el Mazo Dando le dicen al resto de los canales del sistema de medios del gobierno qué decir, asimismo lo hacían canales como Telesur o VTV. Cada programa es un referente para grupos, públicos internacionales afines, ideológicamente hablando.

Se crea un ministerio de comunicaciones con el fin de ir centralizando y controlando todos los presupuestos de relaciones públicas y prensa a nivel nacional. Los éxitos más esplendorosos en la tarea encomendada se darían durante las administraciones de Wlliam Izarra y Jesse Chacón; mientras tanto y en paralelo -como si diseñáramos una infografía- se crean organismos como Petrocaribe para comprar voluntades por medio del dinero del oro negro.

Una patria grande, una chequera para todos

La revolución con chequera es increíblemente eficiente y atractiva para potenciar a los grupos internacionales de izquierda, y va apuntalando una serie de órganos que no por ser nacionales, dejan de actuar en clave de lógica multilateral.

Se transforman en difusores de propaganda Telesur, AVN, editoriales e imprentas. El modelo de la Rusia de Putin y Medvedev tipo RT enseña algo: compadres y testaferros del entorno presidencial se deben hacer con las principales radios y televisoras.

La principal de todas ordenes en lograr en Prime Time y en extensas cadenas de TV y radio que todos los órganos del Estado ejerzan como brazos ejecutores de la contratación y difusión de los supuestos logros del show chavista: con bombos y platillos veremos cientos de piedras de obras públicas inexistentes o que nunca se concluirían. Todo este modelo de programación servía también para presentarle al público venezolano a los próceres comunistas internacionales.

A dos bandas se planteaban supuestos avancen en construcciones, pero por debajo en cada noticia se exasperaba al televidente moviendo los hilos de la desinformación y la reescritura de la historia patria: todo discurso violento que despertaba el primitivismo del colectivo, se proponía en momentos y fechas útiles para que el ciudadano no pudiera enterarse de la venta de empresas estratégicas al capital internacional.

Cosas de plata

La franquicia se exporta como todo negocio con plata. Las cabezas visibles y los presupuestos vienen de Pdvsa, Minci, Bandes, Conatel.

Todo ese dinero servía para patrocinar a la izquierda en cada país: la construcción de televisoras en Ecuador, tendidos eléctricos en Bolivia, Perú o Nicaragua. Un gran tejido comunicante fue la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar. Se introdujo el tema de las bondades del país por medio de la “marca Dudamel”.

La izquierda caviar, los influencers, Le Monde Diplomatique, círculos de burguesía parasitaria y becados eternos mostraban los supuestos avances de la revolución en salud, educación, computación o control fronterizo. Esos nodos repetirían el mantra: “Venezuela está chévere”.

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Obras son amores

Venezuela parecía un San Nicolás moderno: mientras el país languidecía en obras y seguridad, el gobierno regalaba electricidad a Nicaragua y Bolivia, viviendas a Uruguay y Paraguay, construían la naviera y el astillero argentino, se pagaba la deuda externa Argentina comprando sus bonos.

Al menos media docena de barrios Hugo Chávez con casas, calles y alumbrado en Suramérica y Centro América financiadas por Bandes, petróleo regalado desde Petrocaribe, dan fe de la locura y el sueño perverso extendido. Eventos cinematográficos de presupuestos hollywoodenses como Bolívar, The Liberator que nunca lograron ni taquilla ni reconocimiento de la crítica especializada.

Venezuela en su actividad propagandística invitó al palacio de Miraflores a estrellas de cine internacional a fotografiarse con el presidente Chávez: Benicio del Toro, Danny Glover, Kevin Spacey, Sean Penn, Naomi Campbell fueron la distracción farandulera por ratos. La Fórmula 1 con Pastor Maldonado, a pesar de los 45 millones de libras esterlinas al año y de sus constantes fracasos se mantuvo como política de una empresa energética –Pdvsa– que invertía más en un deporte que en su propia infraestructura nacional.

Se cambiaron barriles de petróleo por caraotas con Nicaragua y Argentina. Pdvsa pagaba barcos y navieras del sur para recibir archivos de imágenes para Telesur y VTV a precios de autos de lujo. Afuera, en el mundo, prácticamente todos se comían el cuento.

Mientras tanto, nadie reparaba en que de 140 mil empleados en la industria petrolera, solo uno de cada cien trabajaba directamente en temas relacionados con el petróleo. El resto medraba, hacía proselitismo, traficaba con comida o marchaba en época electoral.

Sobraba dinero para supuestos deportistas, pero no habían casas para los trabajadores, además las pensiones se retrasaban o se incumplían pagos de ley. Mientras tanto, todo el mundo por radio y TV internacional repetía: Venezuela está chévere.

Politólogo de la Universidad Central de Venezuela. Se ha desempeñado como libretista, locutor y productor de radio y televisión. Ensayista, articulista y conferencista en temas relacionados con la creatividad, la teoría política y el cruce cultural entre el arte y las ciencias sociales. Profesor en la Escuela de Estudios Políticos y Administrativos de la UCV.