La tragedia petrolera venezolana

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Durante dos décadas, lo que se vivió en la industria petrolera venezolana fue una debacle. Decisiones políticas, enfocadas en el populismo y el control del poder, cambiaron elementos clave del negocio del crudo nacional quebrando la principal fuente de ingresos del país. El período 1999-2018 pudiera ser considerado el más oscuro en la historia de la industria petrolera en Venezuela.

Con motivo de su 13° aniversario, Clímax presenta la serie Deconstruyendo a Hugo Chávez

En 1998 Venezuela producía cerca de 3.500.000 bd de crudo. Solo Arabia Saudita (con 9.500.000 bd) e Irak (con casi 3.900.000 bd) producían más petróleo dentro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Venezuela significaba el 11,5% del total en ese año, hoy apenas llega al 3%.

Veinte años más tarde, es el único país (exceptuando a Libia por la guerra civil que sufrió) dentro de la OPEP que disminuyó su producción. Pero no solo debemos compararnos con los países de la organización. Según datos de bp.com, en ese período (1998-2018) Brasil casi triplicó su producción petrolera, desde 2008 Colombia y Canadá la aumentaron en casi un 50% y los Estados Unidos la duplicaron.

La debacle en la industria petrolera venezolana no solo es en los niveles de producción. De promedios cercanos al 70% de utilización en las refinerías, Venezuela ha pasado a menos de 30%, esto sin contar con el aumento importante en la cantidad de accidentes que ocurren (cada vez con más frecuencia y gravedad).

Hugo Chávez primero y luego Nicolás Maduro con sus erradas políticas petroleras han generado una situación sin precedentes en nuestra industria petrolera y con una tendencia clara a empeorar. En las siguientes líneas repasaremos algunos de esos errores que propiciaron el colapso actual.

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Destrucción institucional, exacerbación del PetroEstado

A pesar que ya antes de la llegada de Chávez Venezuela era considerada un PetroEstado, con él en el poder es que se exacerban todos los males que implica serlo.

Desde un primer momento, el mandatario buscó cambiar el arreglo institucional alrededor de la industria petrolera, transformando esas instituciones para extraer el ingreso petrolero, controlarlo y beneficiar a la élite cercana a él. El resultado fue un Estado benefactor y poderoso en plena bonanza, pero muy débil y limitado para manejar la economía cuando los precios del petróleo disminuían o al menos no crecían al mismo ritmo de años anteriores.

Un ejemplo de baja calidad institucional lo representa la creación y el manejo del Fondo Nacional para el Desarrollo (Fonden) en el año 2005, que se convierte rápidamente en la más importante partida extrapresupuestaria, alimentada con ingresos petroleros para supuestamente impulsar “proyectos estratégicos”.

Por la reforma previa de la Ley del Banco Central de Venezuela (BCV), se eliminó la obligación de Pdvsa de vender al BCV todas las divisas producto de la exportación de crudo (para que la estatal tuviera suficientes recursos para alimentar los fondos parafiscales creados por el gobierno como el Fonden). Entre 2005 y 2015 el Fonden recibió de Pdvsa unos 84.793 millones de dólares, dinero que fue utilizado por el Ejecutivo Nacional sin ninguna rendición de cuentas.

Debemos tener muy presente, que los cambios institucionales llevados a cabo por Hugo Chávez y avalados por Nicolas Maduro, generaron una transformación que desembocó en una concentración de poder sin precedentes en la historia democrática del país. El entramado burocrático y financiero ideado por el gobierno de Chávez fue pensado para un uso discrecional de los recursos, con el objetivo final evidente de mantener a la figura hegemónica en el poder.

Debilidad financiera

La extracción de recursos por parte del gobierno a Pdvsa se volvió en práctica común una vez controlada la empresa y debilitada la institucionalidad.

Chávez convirtió a la empresa en la financista de las políticas económicas y sociales de su gobierno. Pdvsa no solamente se encargaba de la política petrolera, también pasó a financiar un conjunto de actividades muy alejadas de su negocio medular.

Debemos agregar que, durante el periodo de la bonanza, Pdvsa se endeudó sin aumentar la inversión en exploración y producción, destinando la mayor parte de los recursos recibidos a saciar la voracidad fiscal del gobierno. Solo a modo de ejemplo, entre 2006 y 2016 la deuda financiera de Pdvsa pasó de 2.900 millones de dólares a poco más de 45.000 millones (la deuda externa de Venezuela pasó de $28.000 millones en 1998 a $120.000 millones para el tercer trimestre de 2015).

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Colapso operativo

Hugo Chávez y luego Nicolas Maduro quisieron una industria petrolera politizada, dependiente de la renta y muy poco propicia a una orientación productiva. La caída en la producción petrolera venezolana inicia apenas Chávez toma posesión. Para 1999 nuestro país produce en promedio 3.127.000 bd, unos 322.000 bd menos en comparación a lo registrado el año previo, acorde a registros de Pdvsa.

Llama poderosamente la atención cómo la producción petrolera venezolana de 2018 sería similar a la de 1948, mientras que en términos per cápita la producción estimada para 2018 sería comparable solo a la de 1927 (menos de 14 barriles).

Si la defensa de los precios por sobre lo productivo fue obsesión en la mente de Hugo Chávez, también lo fue cambiar las áreas a desarrollar. La faja petrolífera del Orinoco fue la prioridad, por encima de las áreas tradicionales. La razón de tal decisión no fue técnica ni económica, simplemente ir en contra de la Pdvsa de la “cuarta república”.

Las consecuencias de esa decisión generarán importantes cambios en el tipo de crudo que se pasa a producir (priorizando los pesados y extrapesados por sobre medianos y livianos) y en las cuencas geográficas (gana peso la cuenca oriental y lo pierde la Maracaibo-Falcón).

Hoy la industria petrolera padece una escasez importante de crudos livianos y medianos, a tal punto que se ha tenido que importar para suplir la demanda interna (refinerías y mejoradores para hacer comercialmente atractivos los crudos pesados y extrapesados).

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Diversificación de exportaciones

Desde que llegó al poder, Hugo Chávez sostenía que depender en demasía del mercado norteamericano como destino para las exportaciones petroleras venezolanas no era positivo para el país.

Después del golpe de Estado y del paro petrolero (años 2002-2003) es que el gobierno emprende seriamente la tarea de iniciar un proceso de diversificación de los mercados destino de las exportaciones petroleras venezolanas.

Es importante tener presente que ese cambio en la estructura de las exportaciones petroleras venezolanas no se basó en una verdadera estrategia de diversificación para reducir la exposición en un solo mercado, sino en una decisión política-ideológica, explicada simplemente en el capricho de Hugo Chávez utilizando al petróleo como un recurso estratégico, buscando protagonismo internacional y para consolidar su proyecto político interno.

Paradójicamente, esas acciones llevaron a que Venezuela aumentara su dependencia en el mercado norteamericano, ya que los otros mercados que se buscaron para sustituirlo no generaban su rentabilidad. Hoy, de los barriles generadores de caja en las exportaciones petroleras venezolanas, el 90% proviene de ventas a los Estados Unidos. Al final, fue un mito la diversificación, nunca en nuestra historia dependimos tanto de un socio comercial.

Los acuerdos energéticos

En la misma línea de diversificar los destinos de las exportaciones petroleras, Hugo Chávez emprendió la creación de un conjunto de acuerdos energéticos con varios países de la región.

Es así como nacen los convenios con Cuba, Nicaragua, países suramericanos y luego el Acuerdo de Cooperación Energética Petrocaribe (Petrocaribe) en el año 2004.

El argumento para explicar estos acuerdos fue el de “promover la integración regional y la distribución justa de la energía entre las naciones de América Latina”. No obstante, las intenciones reales eran utilizar el petróleo para comprar aliados, aumentando la influencia del gobierno venezolano en la región para ayudar a países ideológicamente amigos. Nuevamente, con dichos acuerdos, se evidencia una enorme falta de transparencia y a la larga no fue más que venta de petróleo a descuento (generándole pérdidas económicas a Venezuela) a costa de apoyo político.

Para entender el terrible negocio que para los venezolanos han sido estos acuerdos, pongamos como ejemplo las operaciones que Venezuela hizo con República Dominicana en enero de 2015 y con Jamaica en agosto de 2015, en el marco de Petrocaribe.

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Con República Dominicana se llegó a un acuerdo para cambiar una cuenta por cobrar de 4.027 millones de dólares por un pago en efectivo 1.933 millones (dejando la cuenta por cobrar en 96,5 millones). En total la reducción de la deuda fue del 49%. Entre 2006 y 2014 se enviaron en promedio a ese país 26.678 barriles diarios (b/d), el monto total de la factura estuvo en el orden de los 7.085 millones de dólares y Venezuela (a través de Petrocaribe) les financió el 58% de ese total (estamos asumiendo que el 42% restante de la factura fue cancelado en un plazo de 90 días, en efectivo, algo de lo cual no hay certeza).

Con Jamaica la reducción en la cuenta por cobrar fue del 50%, de 3.000 millones de dólares a 1.500 millones. En ambos casos, el país tuvo una pérdida financiera importante, de unos 3.451 millones de dólares, dinero que se pudo recibir completo y en el corto plazo.

También está la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), donde la cuenta por cobrar a Nicaragua asciende a casi 3.000 millones de verdes. Es necesario destacar los casos de Haití (cuenta por pagar a Venezuela de casi $1.000 millones) y Cuba (esta última cuenta con un Convenio Integral de Cooperación particular y quien le debería el país cerca de $17.000 millones).

En total, sumando las deudas de todos los países participantes de los acuerdos “energéticos” con Venezuela, estaríamos hablando de cuentas por cobrar por el orden de los 28.000 millones de dólares, dinero que se pudo recibir en el corto plazo y que hoy hace mucha falta.

Ideas finales

El período 1999-2018 pudiera ser considerado el más ocurso en la historia de la industria petrolera en Venezuela.

La obsesión por controlar la renta petrolera por parte de Hugo Chávez lo llevó a causarle un daño irreparable a la industria. El entramado financiero-institucional utilizado para tal fin ha generado consecuencias muy negativas para el presente y futuro del país.

Hacen falta reformas profundas para enderezar el rumbo, así como fuentes importantes de financiamiento. Es complicado pensar en una recuperación de la economía venezolana sin que primero ocurra una recuperación en la industria petrolera.

Economista egresado de la Universidad Central de Venezuela, con estudios de cuarto nivel en política y comercio petrolero, así como en finanzas internacionales. Profesor en la Universidad Central de Venezuela y en la Universidad Metropolitana, en Caracas.