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Marva Griffin: a la reina universal del diseño

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08/03/2015
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FOTOGRAFÍA: NATALIA BRAND

Negada a conceder entrevistas en Venezuela por asuntos de seguridad personal, la voz más temible y admirada del Salón del Mueble de Milán acaba de recibir el importantísimo Compasso d’Oro alla carriera tras 40 años en la orbe del diseño. Aquí una crónica y conversación de pocas concesiones con quien la conoce muy de cerca, al punto de hacerla decir: “¡Basta!”

Pasaron varias cosas el día que la imponente humanidad de Marva Griffin Wilshire apareció ante este escribano; ella, la periodista venezolana nacida en El Callao que dirige las comunicaciones con la prensa internacional del Salone del Mobile, y curadora en jefe del Salone Satellite —el espacio ferial de la misma cita destinado para los diseñadores menores de 35 años. Era de noche, pasadas las nueve, y un restaurante de Altamira, que acaba de ser remodelado, sugería, puertas adentro, un bululú de ninfas y solteros perseverantes —como si fueran los integrantes de una obra de teatro del improvisto. Flashes. Risas lejanas. Tintineo. Tacones cercanos. Humareda. Altos decibeles. Era la fiestita previa a la cena de gala por el décimo aniversario de la primera revista de estilo de vida que había conocido Caracas, Venezuela entera. Y Marva Griffin, la semidiosa del Orinoco, la madonna de Milán, era una de esas invitadas que prefería marcharse antes: un amigo suyo de entonces, aficionado a la curaduría, cumplía años, y su penthouse ahíto de arte contemporáneo y luces de neón clamaba su presencia.

Le cedí el puesto de copiloto al frente del local. Manos que encajan. Sonrisas y rayos equis. Puertas que se cierran en sincronía. Al volante va un amigo valenciano en común. “Marva, él es Carlos”.

—¿Cómo estás?
—Todo bien. Qué rico perfume. ¿Es Aromatic Elixir de Clinique?
—¿Cómo supiste?
— Ay, Marva, no sabes quién está allí—, dice el conductor.
—Ya veo —responde ella.

El automóvil desciende por la avenida San Juan Bosco, rumbo a El Rosal. Un dedo enjoyado pulsa el intercomunicador. “Es Marva, ¿me abren?” Zumbido electrónico. Las hojas de un ascensor que se abren. Escaleras flotantes. Batalla de egos y de obras. Paredes que claman piedad. Velada de “yo soy” y “tú eres”. Noche cerrada.

Ha pasado un año. Ha habido otros encuentros. Suena el teléfono. “¿Almorzamos?” Y en la comida, el anuncio: “¿quieres venir a Milán en febrero como editor invitado a la conferencia de prensa previa al Salón del Mueble?”. Estupor y temblores. Aplomo aparente. “Sí, claro, yo feliz y honrado, Marva”. “Vete preparando”. Pero no valieron de nada las providencias para evitar el asombro. El hall del Hotel Rosa Grand de Milán, sembrado de conversaciones en distintas lenguas de fuego cual Pentecostés, enmudeció apenas apareció levitando el ébano humano de la Signora Griffin. Renglón seguido, como si le hubieran despulsado el botón de mute, una salva de grititos cundió la sala con una sola palabra suplicante: “¡Marva-Marva-Marva-Marva!”. Dio con mis ojos y sonrió.

Pero así como pronunciaban su nombre, ella en Caracas no deja de repetir los de Patrick Jouin, Fabio Novembre, Nendo, Marcel Wanders, Piero Lissoni, Patricia Urquiola, Claudio Lutti, Marión, Mariahé, Pier Filippo, Jean Paul, Armando, Caresse, Margarita… entre su rosario de asombrosas anécdotas. Pero tampoco a su hijo Gustavo, amigo de otra parte del jet-set europeo, consultor número uno suyo.

Y ahora, hará cosa de unos meses, de celebrar la corona que le impuso el empíreo del diseño por su trayectoria al frente del Salón Satélite —cuya edición 18 será en abril próximo—, que se enlaza con los 40 años y tanto que ha estado tras la búsqueda de las mentes brillantes de la creación industrial: el Compasso d’Oro a la Carriera. Este premio lo instauró el maestro Gio Ponti en 1954. Es considerado la presea más alta del sector, suerte de Nobel, de Oscar, de Pulitzer, de cetro al tesón y al talento; aunque esas dos palabras palidezcan ante la profundidad de todo cuanto ha hecho Marva Griffin Wilshire por decodificar la excelencia a través de sus temibles ojos.

“Marva, ¿y qué te pareció la noticia del premio del Consejo Couture del Museo del Instituto de Tecnología de la Moda que le dieron a Carolina Herrera?”, lanza Gonzalo, el mismo chofer y director de revista que unió nuestras vidas. Y ella responde, mientras prepara laulau ahumado una noche antes de volver a Milán, cerrando un poquito esos mingos que tachonan su rostro, como si de pronto le pesaran los párpados, bajando levemente el rostro para no pasar por muy altiva, en un tono de seriedad que desemboca en risa breve: “Yo no sé, pero a mí ya me dieron el Compasso d’Oro”.

Mientras tus hermanas cocinaban, tú decorabas la casa materna con flores, así que no te dio tiempo de aprender de sazones. Sin embargo, ahora lo haces muy bien. ¿El design puede llevarse de los muebles a la gastronomía? ¿Es eso el diseño: una constante metamorfosis?

El diseño no se lleva de los muebles a la gastronomía: todo se diseña. “Design is the oldest industry in the world”. Sin embargo, te anticipo que EXPO 2015, la exposición universal que se celebrará en Milán del 1 de mayo al 31 de octubre de 2015, llevará por título “Nutrir el planeta, energía para la vida”. El tema de la gastronomía será muy importante.

¿Cuál fue la experiencia más difícil que atravesaste durante tu trabajo en las importantes revistas para las que colaborabas al principio de tu carrera?

Nada fue difícil durante mi trabajo como corresponsal de Maison et Jardin, Vogue Decoration, American House & Garden en los años 80 y 90. Fue toda una gran experiencia viajando a menudo a París y Nueva York.

Mientras estuviste en Venecia manejando la feria textil, ¿qué fue lo más curioso que notaste de la sociedad veneciana?

Venecia ya la conocía bien, al igual que su gente porque una de mis mejores amigas italianas es veneciana “d.o.c.”. Con ella he pasado, y continúo pasando, tiempos agradables con la sociedad veneciana. “Incontri Venezia” era un evento internacional que organicé por nueve años en el Palazzo Grassi, Hotel Excelsior, en el Lido y, como último lugar, en I Giardini della Biennale, visitado por diseñadores de interiores, arquitectos y gente de todo el mundo relacionada con la decoración.

Muchos han sido los famosos diseñadores que han salido de las filas del SaloneSatelite gracias a tu lupa y venia. De los descartados, ¿cuál te arrepientes ahora de no haberlo invitado?

No respondo a tu pregunta. Solo espero que aquellos jóvenes diseñadores que no pudieron participar al SaloneSatellite hayan logrado éxito en su carrera.

¿Qué te gustaría revelar que hasta ahora no hayas descubierto en un diseñador?

Más que descubrir es siempre una enorme sorpresa ver que un joven diseña algo nunca visto.

No pienso pedirte que me digas cuál es el mejor diseñador para no comprometerte, pero ¿cuáles de ellos son tus amigos cercanos?

Son muchos y ¡Basta! A nadie le interesa quiénes son mis amigos.

¿Qué piensas cuando te bajas de un avión, te montas en otro, y estás a solas contigo misma dándole la vuelta al mundo con tanto éxito a cuestas?

En ese preciso momento pienso en no querer perder el próximo avión, y que lleguen mis maletas.

En más de 40 años de carrera has tenido que desarrollar un carácter férreo, y todos asumen actitudes de respeto apenas apareces. ¿Te has cansado alguna vez de eso al punto de que te gustaría pasar desapercibida?

Mentiría si te respondo que no es placentero ser reconocida en mi mundo, pero algunas veces sí me gustaría pasar inadvertida, sobre todo durante el Salón Internacional del Mueble de Milán cuando llegan más de 350.000 visitantes.

Cuando recibiste el Compasso d’Oro, ese Oscar del design, aparte de llorar de la emoción, ¿en qué pensabas muy íntimamente?

Pensé en mis padres, mis hermanos, en personas que fueron clave en mi carrera y en que, además, “me lo merecí”.

¿Cuál será el futuro del diseño? ¿Volveremos a la producción para las elites; se agudizará lo masificado; los chinos ganarán terreno; la línea se superpondrá al color; aparecerán muebles flotantes como los de los Supersónicos?

Surgirán nuevos diseñadores creando objetos útiles para un mejor vivir. La tecnología avanza, y se verán casos interesantes.

BUMERANG:
Desayuno en Milán: en mi apartamento a las 7.30 de la mañana.
Almuerzo en Londres: en Bibendum, Fulham Road, y ceno en Oblix en The Shad, el rascacielos más alto de Europa diseñado por Renzo Piano.
Merienda en Caracas: lo hago con amigas o amigos. La semana pasada en el Hotel Cayena.
Cena en Nueva York: en Amaranth.
Visita en París: Musée des Arts décoratifs.
Estancia en Madrid: en viajes de trabajo, me hospedo en el Hotel Villa Magna, y por placer, en casa de una gran amiga.
Cartera favorita: una de Eduardo Wong Walle, el más “bravo” de todos. Ha diseñado para Tod’s, Loro Piana, Bulgari, etcétera.
Reloj favorito: tengo varios Swatch.
Perfume insustituible: Aromatic Elixir de Clinique.
Joya preferida: mi anillo “tortuga” y mis brazaletes diseñados por Gaetano Pesce.
No hay café como: el de El Beverin-Frau de Brera en Milán, y el de Café Arábica en Los Palos Grandes, Caracas.
La fiesta más bella: una reciente, los 70 años de una gran amiga en el Castillo Ruspoli en Vignanello, provincia de Viterbo, Italia.
Leer: estoy leyendo AMBEDKAR: Towards the englightened India de Gail Omvedt.
La frase que más repites:Incredibile
Marva Griffin Wilshire quiere que sus restos reposen en: “por favor, otra pregunta”.

CAMPANADA:
Es muy probable que, para el año que viene, Caracas acoja un primer fin de semana dedicado completamente al diseño organizado bajo la tutela de Marva Griffin Wilshire.