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Venezolanos en Chile: tren al sur

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17/08/2015
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FOTOGRAFÍA: FABIOLA FERRERO

El punto de partida es el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar. Su piso, el mosaico hecho por Carlos Cruz-Diez hace 36 años, se ha convertido en postal de despedida de cuanta red social existe. El punto de llegada, que también adorna la postal, es otro piso quizás menos artístico y más prometedor

Chile está de moda. Más allá de los encontronazos publicitarios por la Copa América y el comercial de la telefónica WOM que se burla de una de las primeras celebres intervenciones de Nicolás Maduro cuando Chávez se le apareció hecho pajarito. Ciudades como Santiago, Valparaíso y Viña del Mar son las tres favoritas del venezolano en Chile.

En un artículo publicado en El Universal, el pasado 29 de enero, se cita a Johnny Méndez, especialista en Responsabilidad Social Empresarial y residente del país sureño desde 2014 en el que expone que “el crecimiento poblacional en Chile puede llegar a un 20% con respecto a los inmigrantes venezolanos”. Detalle que hasta el momento no había sonado las alarmas de la administración chilena hasta 2014 cuando la economía del país llegó a su nivel más bajo en los últimos cinco años, lo cual aún no se ve reflejado en el mercado laboral –principal atractivo del migrante- pero que ha obligado a la presidenta Michelle Bachelette a sopesar ajustes. “El proceso de migración no es difícil (…) en cualquier momento deberán ponerse un poco más exigentes por lo fácil que es obtener las visas y la cantidad de colombianos, ecuatorianos, peruanos y ahora venezolanos entrando al país”.

No obstante, Abel Fernández de 27 años, viaja al sur. Es licenciado en Idiomas Modernos por la Universidad Metropolitana (Unimet) y es el último de su grupo de amigos del colegio que queda en Venezuela. Desde sus tiempos de estudiante ha sido profesor de inglés particular hasta la creación de su propia empresa y método de enseñanza. Optimista con Venezuela hasta hace año y medio, decidió emprender rumbo a Santiago de Chile a principios de 2016.

¿Cuál fue el detonante para tomar la decisión de irte de Venezuela?

—Es una pregunta interesante, ya que el detonante fue algo que apareció en mí prácticamente hace poco. A pesar de lo inestable de la situación del país, mantuve una posición optimista pensando que trabajando arduamente por el crecimiento de mi empresa, rendiría frutos. Pero los problemas están ahí: inflación, escasez, inseguridad. Todos incrementándose mucho más que el optimismo y los frutos positivos de tanto trabajo. La idea de la imposibilidad de independizarme dentro de Venezuela es algo que no puedo permitirme y fue allí que inicié el proceso exploratorio de opciones en el exterior.

¿Por qué Chile y no otro país?

Cada vez que me planteaba la idea de irme, consideraba que mis mejores opciones estaban en Suramérica. Pienso que en los países vecinos a Venezuela existen características y rasgos con los que podemos sentirnos más fácilmente identificados y hacer clic mucho más rápido que en otras partes del mundo como Estados Unidos y Europa. Además Chile ofrece seguridad y estabilidad económica, dos aspectos que en Venezuela escasean.

Siendo Suramérica el panorama, ¿Chile no es demasiado lejos?

Absolutamente. Pero es una distancia física que puede resolverse con unas horas de vuelo al momento de querer visitar a mi familia y amigos —los pocos que quedan. Mi concepto de distancia es mucho más lejano y no en el sentido físico. Aquí es prácticamente imposible aspirar a una vivienda propia, planificar hacer vida en pareja y mucho menos tener hijos. Todo ello implica contar con un presupuesto al que la gran mayoría del país no tiene acceso. Es decir, la distancia física que me separa de Venezuela es dolorosa, pero el nivel de frustración y ansiedad de no poder obtener lo que se quiere dentro de su propio país, aun cuando el esfuerzo y trabajo que se emplea es inmenso, es mucho más grande.

¿Qué vas a hacer en Santiago?

Volver a dar clases de inglés. Cuando tenga una base económica sólida, pasaré a constituir mi propia empresa de enseñanza In-Company, tal como la tengo constituida en Venezuela.

Sugerencia: reforma migratoria

Víctor Hugo Lagos, abogado de la Clínica de Migrantes y Refugiados e investigador del Programa de Refugio del Centro de Derechos Humanos de la Universidad Diego Portales (UDP), afirma, respaldado en las últimas cifras oficiales, que: “los cerca de 415 mil residentes extranjeros en Chile alcanzaban un porcentaje cercano al 2% de la población total del país. Pero entre los años 2002 y 2014 ha incrementado en un 160%. La cifra pone al donde más ha crecido la migración en comparación a los demás de América Latina”.

Para el historiador caraqueño radicado en Chile, José Miguel Osorio, el venezolano no resulta una carga en este aspecto. “El venezolano llegado a Chile tiene, en general, un alto perfil profesional y académico. Se percibe como un aporte a la sociedad y su forma de ver la vida causa admiración y simpatía genuina en el chileno, por lo general más opaco e introvertido, no por ello menos feliz y gozador”, dice.

Y es que Osorio es uno de ellos. Reside en Chile desde el 8 de agosto de 2003. Doce años después, rememora los porqués de su exilio familiar. “Experiencias dramáticas tempranas como el golpe de Estado del 11 de abril de 2002 y el paro petrolero nos dieron las primeras señales serias de alarma. Mi egreso del colegio Don Bosco en julio de 2003 coincidió con nuestro convencimiento de marcharnos”.

¿Fue un plan familiar irse de Venezuela?

—Sí —responde el historiador.

La experiencia —y sapiencia— de Osorio viene también por parte de su padre, quien huyó de Chile tras el derrocamiento de Salvador Allende. “Él se fue tras el golpe del 11 de septiembre de 1973. A pesar de haber adversado a Pinochet, el toque de queda y diversas dificultades económicas heredadas de Allende, lo hicieron salir a Venezuela”, cuenta desde Pirque, comuna ubicada a 21 kilómetros de Santiago.

Sin embargo, y como historiador, puedes ver que cuando países como Chile o Italia eran gobernados por dictaduras, la migración de estos encontró casa, trabajo y educación en Venezuela. Hoy el fenómeno se revirtió, no por guerras o genocidios, sino por políticas que, pensábamos, habían sido superadas.

—La historia venezolana es engañosa para quienes nacieron a mediados del siglo pasado, como nuestros padres, porque la experiencia, que va desde 1958 hasta 1998, fue una notable y peculiar excepción en el devenir histórico nacional.

Ese período comprende todo el proceso democrático hasta la llegada de Hugo Chávez al poder.

—Exactamente. No quiero ser el renegado pesimista que hace leña del árbol caído, pero el fenómeno del chavismo solo lo vamos a digerir como nación cuando comprendamos bien cuáles son nuestros antecedentes. No hubo una Venezuela “soñada”en el pasado utópico, más que en la cabeza de las élites de la clase media. Los vastos sectores populares nunca tuvieron un pasado “utópico ideal”, solo quizás una pobreza menos aguda que la actual y demasiada violencia.

Irse a punta de pistola

María Eugenia es abogado de la Universidad de Margarita (Unimar) y se tituló de la Maestría de Ciencias Administrativas en Recursos Humanos y Liderazgo en Canadá. Concluidos sus estudios regresó a Venezuela. Nostálgica y optimista, se radicó en Caracas, donde trabajó en el Banco Nacional de Crédito (BNC), hasta que en el estacionamiento de su casa en Macaracuay la bajaron del carro a punta de pistola. Sin carro y con miedos, renunció a su trabajo y emprendió rumbo a Santiago por la “facilidad en los trámites de inmigración y por ser un país económicamente más estable”.

Todavía residenciarse en Chile es un proceso relativamente fácil. María Eugenia explica que basta con legalizar el título universitario en el consulado chileno en Venezuela; tener los antecedentes penales vigentes y legalizados y ya una vez en Chile pasar por extranjería para que validen los sellos del consulado en el título, sacarle copia y llevar el documento a notaría. “Al final no es nada a lo que no estemos acostumbrados en Venezuela. Te tomas unas fotos “matón”, pagas el envío por correo a extranjería, esperas tres meses por el permiso y dos meses después te estampan la visa en el pasaporte; registras la vida en la Policía Nacional y te dan una cédula de identidad. Con eso ya eres legal”.

¿Qué tipo de visa tienes?

—Visa temporaria profesional.

La Venezuela que vendrá, o no

—Solo podemos comparar el presente con el pasado. El futuro a grandes rasgos siempre es una incógnita para todos. El curso de los acontecimientos ha llevado a la nación a un foso tan profundo que revertir la dirección nos puede costar incluso décadas de trabajo duro. Estos fenómenos siempre son pasajeros en la historia de una sociedad, pero nunca es igual la forma en la que se superan. En el caso de Venezuela el problema radica en que estos fenómenos no son esporádicos en nuestro devenir histórico, sino que constituyen la norma de nuestro recorrido por la historia. Son los 40 años, entre 1958 y 1998 los que curiosamente sí constituyen una excepción, un leve pestañeo en nuestro profundo dormitar democrático —concluye Osorio.