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¿De qué país habla el ministro del Trabajo?

Protesta de trabajadores de Pfizer
04/01/2017
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POR FROILÁN BARRIOS NIEVES  / FOTO: TIBISAY ROMERO

Las recientes declaraciones del ministro del Trabajo, Oswaldo Vera, publicadas el pasado día de inocentes 28/12/2016, no sabemos si en chiste o en ironía para los trabajadores, nos habla de un país donde se recupera el poder adquisitivo y los contratos colectivos están a la flor del día, en el paraíso de la felicidad del socialismo del siglo XXI.

Es evidente el grado de euforia ministerial, tomado del tono de jerga del discurso presidencial en materia de guerra económica, o quizás bajo el efecto de la resaca navideña.

En definitiva el país referido por el ministro Vera, no es Venezuela, donde 35% de la conflictividad social es laboral, con más de 1.500 conflictos de ese género durante el año 2016, cifra que ocupa el segundo rango de protestas, ya que el  primero lo tiene otro indicador muy relacionado con los trabajadores, como lo son las protestas por la falta de alimentos, la escasez y el desabastecimiento que agobia a todos los pobladores de esta nación.

Los desaguisados del Min-Tra continúan cuando se refiere al rescate del poder adquisitivo. Tocar este tema en medio de la inflación más devastadora que hayamos sufrido en toda nuestra historia económica no tiene parangón. Cerramos el 2015 con una inflación cercana al 200%, terminamos 2016 con una tasa próxima al 600%, y ya se pronostica para 2017 según agencias internacionales, indicadores cercanos al 2.000%, producto de la salvaje y errática política económica de la gestión Maduro.

En materia de contratos colectivos el descaro ministerial no puede ser mayor, comenzando por el Contrato Marco de los trabajadores del sector público, rechazado por sindicatos independientes del sector, entre ellos Sunep-Inparques, que han denunciado el carácter ideológico de esa normativa, donde no se contemplan beneficios socio-económicos evidentes, más bien es un documento, donde se privilegian las milicias obreras, el trabajo voluntario, el acceso a la asistencia médica, vivienda vía misiones y por ningún lado establece el rescate del salario y el respeto al tabulador de la función pública.

En lo referente a los contratos colectivos aprobados unilateralmente por el patrono Estado, en el petróleo, magisterio, Sidor, Cantv y Corpoelec, están marcados por el desmantelamiento de las conquistas alcanzadas en décadas anteriores por los trabajadores y sindicatos clasistas. Más grave aún, en el sector público los trabajadores de alcaldías, gobernaciones e institutos autónomos, han quedado por fuera como la guayabera.

La errática y fantasiosa declaración emitida culmina con el anuncio de los consejos productivos de trabajadores como órganos impuestos desde el Estado para sustituir a los sindicatos, los verdaderos representantes laborales. ¿A qué trabajador en Venezuela se le solicitó su aprobación para pertenecer a estos organismos paralaborales del Gobierno? Es evidente en las declaraciones del funcionario de Maduro, el trasnocho y el descaro de difundir una política económica y laboral fracasada, que ha significado la destrucción del salario y del poder adquisitivo de los trabajadores en Venezuela.

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