¿Nuevo diálogo o diálogo nuevo?
El articulista relaciona el esfuerzo del diálogo entre Dinorah Figuera y Jorge Rodríguez con una chanza publicada por El Morrocoy Azul cuando Andrés Eloy Blanco se casó
El articulista relaciona el esfuerzo del diálogo entre Dinorah Figuera y Jorge Rodríguez con una chanza publicada por El Morrocoy Azul cuando Andrés Eloy Blanco se casó

Cuentan que cuando se casaba Andrés Eloy Blanco, que a los 47 años ya era un señor bastante corrido, El Morrocoy Azul, periódico humorístico de la época donde el mismo poeta era colaborador, publicó una nota que tras anunciar la boda, decía más o menos “No lo felicitamos a él, porque no la conocemos a ella, no la felicitamos a ella, porque lo conocemos a él”. No sé por qué no se me aparta del pensamiento ese recuerdo desde que se anunciara el diálogo entre la mayoría de la Asamblea Nacional actual (léase el gobierno interino) y la electa en 2015, con mayoría de dos tercios de diputados partidarios del cambio democrático.
Es natural ese escepticismo, dados los repetidos fracasos precedentes y la escasa confianza derivada de que para la mayoría, hay actores demasiado conocidos y otros casi desconocidos.
Que la mano del gobierno de los Estados Unidos está detrás de este encuentro no es secreto para nadie, por más que con motivos explicables quienes ejercen el poder lo disimulen. Ya afloran predecibles incomodidades internas en su seno. Y en el campo opositor, la iniciativa ha dejado descolocados a varios factores. Paradójicamente, la incidencia de Washington, una anormalidad que va haciéndose “normal” en esta situación inédita, desembocadura contradictoria e irónica de un cuarto de siglo largo de revolución, es el elemento que abre la posibilidad de pensar que esta vez sí puede haber algún avance en la dirección a cambios para la libertad, la prosperidad y la seguridad del país.
Con todas las dudas que la negociación pautada para empezar el primero de agosto y luego pospuesta aunque ratificada, es mejor que exista y que produzca resultados.

Más allá de las tres fases enunciadas, como es lógico, no muestra la Administración estadounidense sus cartas, aunque sus prioridades sean bastante evidentes. Allí el primer reto de los dialogantes que es venezolanizar su tarea, para lo cual tendrán que plantearse un horizonte más allá de los problemas, mirar al fondo de éstos y a los lados, a conciencia de que en la mesa todos los que están son, pero no están todos los que son.
La prudencia del comunicado emitido por María Corina Machado, esta vez acompañada por Edmundo González es positiva pero no basta, porque su responsabilidad es directamente proporcional a la indiscutible fuerza popular de su liderazgo. Se requiere una política por parte de la Plataforma Unitaria, pues los integrantes de la delegación de la AN 2015 militan en partidos de esa coalición. Y lo mismo puede decirse del Grupo Parlamentario Libertad, cuyos integrantes han sido consistentes en buscar una salida política a la crisis nacional. No es hora de cálculos individuales.
La inclusión a las consecuencias de los terremotos, humanas, de infraestructura, sociales y económicas como primer punto es importante y sería doloso asumirla como táctica dilatoria. Por lo demás, no hay desacuerdos en esa prioridad y lo que debe acordarse es la participación profesional adecuada y los mecanismos para garantizar la transparencia en las decisiones y el manejo de los fondos.
Las cuestiones de la institucionalidad y las garantías políticas son la carne de la agenda. Han sido enumeradas repetidamente y debe rodeárselas de un ambiente de libertades que las sustente, con las reformas legales y las seguridades de políticas oficiales que corresponden. Avanzar hacia la convivencia en libertad exige desmontar las amenazas.
No soy amigo de meternos en temas constitucionales en medio de procesos de suyo exigentes, la experiencia internacional así lo aconseja, pero creo oportuno que la agenda incluya ciertos compromisos que evitarían recaídas y serían factor de tranquilidad para todos, como la no reelección presidencial y la limitación de la misma en otros niveles ejecutivos, la recuperación de la proporcionalidad en los cuerpos deliberantes, la doble vuelta o ballotage, la bicameralidad en el parlamento nacional diferenciando las funciones de los cuerpos legislativos, así como las garantías de institucionalidad de la fuerza armada.
Venezuela necesita que este nuevo intento de diálogo se convierta, de verdad, en un diálogo nuevo.