Una familia venezolana en añicos sufre por las deportaciones de Trump
Los cuatro hijos de una familia marabina partieron a Estados Unidos buscando mejor vida. Al mayor, en marzo lo arrestaron y lo enviaron a El Salvador. Otro vive escondido, uno se autodeportó en un vuelo humanitario y la menor se quedó en México
Texto moisés ávila y margioni bermúdez |Foto Federico parra | agencia AFP
La familia de Mercedes Yamarte está hecha añicos por las deportaciones ordenadas por Donald Trump. Sus tres hijos partieron a Estados Unidos en busca de una mejor vida. Ahora uno está encarcelado en El Salvador, otro se autodeportó a México y el tercero vive con miedo, escondido.
La lluvia arrecia en un barrio de calles de arena de Maracaibo, a nueve horas en automóvil desde Caracas. Allí vive Mercedes, en una pequeña casa de bloques y techo de zinc donde se respira tristeza.
Su hijo mayor, Mervin José Yamarte Fernández, de 30 años, fue arrestado el 13 de marzo en Texas, deportado a El Salvador y encarcelado en una megacárcel para pandilleros.
Una foto de la cárcel para terroristas a donde mandaron a centenares de venezolanos sin las debidas pruebas. Foto EL SALVADOR’S PRESIDENCY PRESS OFFICE / AFP
Mercedes muestra en el teléfono una foto de todos sus hijos, capturada en una videollamada en la última Navidad.
«Quisiera dormir, despertarme y que esto nunca hubiera pasado», dice llorando esta madre de 46 años que reside en Los Pescadores, un barrio a orillas del Lago de Maracaibo adonde nunca llegaron la bonanza petrolera ni las inversiones del gobierno.
Mercedes Yamarte. Foto Federico PARRA / AFP
Mervin, casado y con una hija de seis años, es uno de los 252 migrantes venezolanos deportados el 15 de marzo por la administración Trump a El Salvador en base a una ley de guerra del siglo XVIII, y encarcelados sin el debido proceso con el apoyo del gobierno salvadoreño de Nayib Bukele.
El gobierno estadounidense vincula a los migrantes con el Tren de Aragua, una pandilla declarada como terrorista por Washington.
Pero abogados y activistas denuncian que muchos migrantes fueron deportados solo por tatuajes que no tienen nada que ver con el Tren de Aragua.
Mervin, que en Texas trabajaba en una tortillería y en la construcción, lleva un tatuaje en la mano izquierda con el número 99, el de su camiseta de fútbol. También tiene tatuado el nombre de su madre, el de su hija y la frase «Fuerte como mamá».
Junto a su hermano Jonferson, de 21 años, Mervin llegó a Estados Unidos en 2023 para poder trabajar y enviar dinero a su madre y a su esposa, tras una travesía a pie por la selva del Darién y luego México. Un año después emprendieron viaje su hermano Juan, de 28, y su hermana Francis, de 19, pero la joven dio marcha atrás en México.
«Más solo que nunca»
Con temor y pesadillas de que era arrestado como Mervin, Jonferson se fue a México, donde esperó un mes para abordar un vuelo humanitario del gobierno venezolano que lo retornara a su país.
El día que regresó Jonferson lo recibieron con globos y espuma en su barrio. Federico PARRA / AFP
«Ha sido una pesadilla», dijo a la AFP por teléfono desde el bus que le llevaba al aeropuerto. Pasó muchas carencias y su madre debió mandarle dinero. «Me siento más solo que nunca».
Juan, en tanto, permanece escondido en Estados Unidos y trabaja en la construcción, mudándose de un sitio a otro para evitar ser detenido.
«Me la paso encerrado. Cuando voy a la bodega miro a todos lados, con temor, como si alguien me estuviera persiguiendo», cuenta a la AFP. No quiere mostrar su rostro en cámara y pide que no se revele dónde vive.
Juan Yamarte posa en un lugar indefinido de Estados Unidos. Vive escondido y se muda con frecuencia. Necesita estar allá para enviar dinero a su familia. Foto RONALDO SCHEMIDT / AFP
Se niega a regresar a su país «con las manos vacías». Es el único que ahora puede ayudar a su madre, y a su esposa y su hijo de siete años que le aguardan en Venezuela.
Le atormenta pensar en su hermano preso. Es «un dolor que es difícil (…) tener un familiar querido en una megacárcel, siendo inocente».
Y le apena la tristeza de su madre y su cuñada. «Mi mamá está destrozada, tiene días sin poder dormir» y «mi cuñada todos los días también llora».
Casi ocho millones de venezolanos han salido de Venezuela a raíz de la crisis política y económica, según la agencia de la ONU para los refugiados.
La historia de la familia Yamarte
Al entrar a Estados Unidos, Mervin, Jonferson y Juan solicitaron asilo y podían permanecer legalmente en el país hasta que un juez migratorio decidiera su destino.
Pero el gobierno detuvo y deportó a migrantes incluso con asilo en trámite, denuncian abogados y activistas.
En el amanecer del 13 de marzo, agentes migratorios golpearon la puerta del apartamento en Irving, Texas donde Mervin vivía con Juan, Jonferson y otros amigos del barrio Los Pescadores.
Afirmaron que tenían una orden de arresto contra uno de ellos, pero cuando vieron a Mervin, le dijeron: «Tú también te vas con nosotros, para averiguaciones», cuenta Juan.
Uno de los agentes dijo a Mervin que también tenía una orden de arresto en su contra. El muchacho respondió que debía ser un error y pidió que lo dejaran mostrar sus papeles. «Peroya lo tenían esposado para llevárselo», relata Juan.
En total arrestaron a cuatro venezolanos.
Mervin fue trasladado a un centro de detención en Texas y logró llamar a su hermano menor, Jonferson. No sabía adónde lo iban a deportar, y contó «que lo engañaron, le hicieron firmar unas hojas que él no sabía qué eran«, según su hermano.
Tres días después Jonferson vio las imágenes de la llegada de los migrantes que difundió Bukele. En una foto aparece Mervin hincado en el piso, con la mirada perdida luego de que le raparan el cabello.
Se puso a llorar y avisó a su mamá, que también vio las imágenes.
«Mi hijo estaba arrodillado y miraba como al cielo diciendo ‘¿Dónde estoy, qué he hecho yo para estar aquí?’. (…) Es la mirada más aterradora que he visto yo en los ojos de mi hijo«, recuerda Mercedes.
En México, Jonferson logró finalmente abordar el vuelo humanitario y regresar a Maracaibo.
«Bienvenido», reza un cartel en el portal de la casa de su madre, junto a globos con los colores de la bandera venezolana.
Otra imagen de la llegada de Jonferson a la casa de su familia, en Maracaibo. Foto Federico PARRA / AFP
«Quisiera estar alegre como se debe, pero mi otro hijo está en El Salvador, no sé bajo qué condiciones», confiesa Mercedes.
Jonferson dice sentirse «agradecido» pese al sufrimiento, y el rostro de su madre se ilumina brevemente. Lo abraza como si quisiera guardarlo para siempre con ella.
«Tengo mucho miedo«, dice Mercedes. «Nunca pensé que la ausencia de mis hijos me fuera a pegar tanto, nunca pensé en ese dolor para mí y mi familia».
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