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Así funciona la nueva “esquina caliente” de Caracas

Seguidores del Gobierno se concentran desde el 5 de enero en un recodo de la Avenida Universidad para confrontar a los diputados opositores que ahora son mayoría dentro del Parlamento. Insisten en recordar, a punta de improperios, que en las calles manda el pueblo

Así funciona la nueva “esquina caliente” de Caracas

A la 1:22 de la tarde del martes 01 de marzo un camión rojo pretendía entrar, por la esquina de San Francisco, al Palacio Federal Legislativo. Ahí, frente a la Iglesia y la Ceiba del mismo nombre, un grupo de indígenas con pintas rojas sobre su rostro, con guayuco y tapa rabos, también reclamaban su derecho a ingresar a la Asamblea Nacional. Llegaron antes de que arribara la marcha de trabajadores afectos al Gobierno, que ese día salió desde Parque Carabobo para rechazar la Ley de Producción Nacional.

El jingle que salía del camión era conocido. Contagiante y pegajoso, como el calor de ese momento: “Adelante, comandante, ponte al frente con honestidad. Comienza a amanecer en Latinoamérica. Paso firme hacia delante, pisa fuerte con rotundidad. Cuando un pueblo se sabe organizar es un pueblo sabio y libreeeeee. Oh, oh, oh, oh…”

Un viejito, que ya se había subido a la acera frente a la Ceiba, alternaba las consignas sin respirar: “¡Y va a caer, y va a caer, esta Asamblea va a caer!”, “El pueblo arrecho, reclama sus derechos”, “¡Si el pueblo no se arrecha, lo jode la derecha!”, insistía.

El vehículo buscaba acelerar. Los indígenas brincaban y la marcha que venía a pocos metros se acercaba. Un grupo de seguidores del oficialismo empezaron a forcejear hasta que a la 1:25pm se rompió el cordón humano que funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana habían tejido, para evitar el acceso a las instalaciones del Parlamento.

“¿No estamos claros que jugamos pal mismo lado?”, le preguntó uno de los guardias a uno de los manifestantes, en una velada petición de ayuda. Como si con los ojos le rogara contener al grupo, en vez de aupar  la manifestación y la presión contra los militares.

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Foto: Andrea Hernández

De pronto, una voz, que no se sabe de dónde salió, gritó: “¡mangos!” y empezaron a caer mangos contra un diputado opositor que intentaba llegar a la Asamblea subiendo por un costado de la iglesia San Francisco. Un hecho similar ocurrió el 13 de enero de este mismo año, cuando se escuchó: “¡Tomates!” y una lluvia de tomates se precipitó contra algunos legisladores opositores, quienes desde el 5 de enero ostentan la nueva mayoría parlamentaria.

“¿Qué está pasando aquí?”, “¿Por qué las agresiones?”, se le preguntó a Edison Alvarado, presidente del Sindicato de Trabajadores del Metro de Caracas, quien iba de un lado a otro, en medio de la protesta.

“Esto es rebelión popular. Las calles son del pueblo y no de la oligarquía. Acá estamos respaldando a nuestro presidente obrero, Nicolás Maduro, y a los diputados de la Patria. Estamos contra la Ley de Amnistía”, enfatizó Alvarado, quien vestido completamente con una braga roja, apuntaba que durante las protestas de febrero de 2014, el Metro de Caracas registró, según él, más de 100 estaciones dañadas y 80 trabajadores lesionados.

Deydy González es una wayú que también estaba en la protesta. Cree que la Ley de Producción Nacional le quitará las tierras demarcadas que, a su entender, les dejó a los indígenas el presidente fallecido; así como la Ley de Viviendas hará lo mismo con los apartamentos asignados durante su gobierno.

“Quieren erradicar de un plumazo los logros y las nacionalizaciones que hizo Chávez”, apuntó Félix Jaramillo, vocero nacional de la Asamblea Socialista Nacional de Trabajadores del Transporte; quien llegó a San Francisco, junto a 400 trabajadores de todo el país, a la 1:44pm.

El cordón de la GNB se restableció, pero las agresiones continuaron. Al día siguiente el diputado adeco Carlos Michelangeli temió ser linchado en el mismo sitio, según declaró posteriormente el presidente del parlamento, Henry Ramos Allup. Dos días después, a Carlos Paparoni, de Primero Justicia, le dieron un botellazo que le rompió la cabeza en la Plaza Bolívar, tras almorzar cuando se dirigía hacia la Asamblea. Ese mismo día, jueves 3 de marzo, en Anzoátegui, la concejal Beatriz Pérez Blanco, del mismo partido, declaró que la edil del Psuv, María Daniela Carreño, le había arrojado una vaso de vidrio.

Paparoni

¿Qué sigue ahora? ¿Continuarán los ataques contra los legisladores de la  Mesa de la Unidad Democrática? ¿Se mantendrán estas expresiones de apoyo al Gobierno en el ámbito de las verduras y las frutas? ¿Hay razones para preocuparse por una escalada de violencia, o solo se trata del nacimiento de una nueva “esquina caliente”, a pocas cuadras de la instalada en la Plaza Bolívar, aquella que avivaba la dirigente del partido Unidad Popular Venezolana, Lina Ron?

El mercado lo hacen en Coche

“De ahí no pasará a más nada. Somos los menos interesados en que se susciten hechos de violencia en el país”, explica Emilio Ancheta, integrante del grupo 23 de Enero en Vanguardia, el mismo que irrumpió en la rueda de prensa que el 9 de diciembre de 2015 ofrecieron los ex ministros Jorge Giordani y Héctor Navarro en el Hotel El Conde, en el centro de la ciudad. Tras lo cual los ex integrantes del gabinete ejecutivo tuvieron que salir por la puerta de emergencia y atravesar la cocina del lugar para poder escapar de la afrenta.

“Buscábamos contrarrestar el poder mediático que ellos tenían. Se han dado a la tarea de ser quinta columna, cuando el tutor de Hugo Chávez fue Giordani. Ellos visitaron a nuestro comandante en la prisión. Si se perdió un bolívar son responsables. ¿Cómo van a venir a decir ahora que no tienen culpa? Prevén que esto se está cayendo y quieren lavarse las manos como Pilatos”, dice Ancheta, conocido también como el “Comandante Azul”.

Asegura que su grupo busca defender la paz. Justifica las agresiones de la esquina de San Francisco como una reacción a la provocación de los sectores de oposición: “Es lo menos que podemos hacer contra unos dirigentes apátridas. Leopoldo López llamó a la violencia y Capriles pidió descargar la arrechera cuando perdió las elecciones. Nosotros simplemente estamos tirando unos tomates y unos mangos que compramos en Coche. ¿A nosotros sí nos van a juzgar?”

ManifestacionChavismo

Niega recibir dinero de algún organismo del Estado, así como pertenecer a una de sus nóminas, y asegura que la botella que le lanzaron a Paparoni no salió de esa esquina: “No tuvimos que ver con eso. Nosotros tenemos una conciencia visionaria de que el odio no es el arma para resolver los conflictos”.

Jalabolismo puro y duro

“Si se puede poner, escríbelo entre comillas, que lo digo yo. Esos son sectores marginados del Psuv que quieren reactivarse. Detrás de eso debe haber alguien tratando de ganar puntos delante de la autoridad, para hacerle creer que hay gente dispuesta “a frentear” por la defensa de esta revolución. Lo que demuestran es cómo se puede ser más jala bola”, así explica el politólogo con maestría en Psicología Social, Nicmer Evans, el resurgimiento de una nueva “esquina caliente” en la ciudad.

No se va por las ramas, como dicen coloquialmente. Y en pocas palabras expone que estas acciones, en realidad, dejan muy mal parado al Gobierno, pues no se trata ya de un respaldo genuino de las masas sino de acciones vandálicas y delincuenciales, que no son ni siquiera aplaudidas por la mayoría de los seguidores del oficialismo.

“A los que están detrás de esto les auguro un rotundo fracaso. En Venezuela hay un hartazgo social hacia cualquier acto de violencia. Fíjate cómo Leopoldo López no tuvo respaldo con La Salida. Ya el país está menos polarizado hacia la violencia, y todo el mundo repudia este tipo de acciones sea contra quien sea”, añade Evans.

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Una actitud cobarde

Gabriel Puerta Aponte participó en la guerrilla marxista venezolana en las décadas de 1960 y 1970. Fue líder fundador del partido Bandera Roja. Es bastante difícil que le caigan a cuentos. En minutos descifra el enigma, que no es tal: “Esto tiene vieja historia. Cuando comenzó el chavismo a mí siempre me respetaron, pero al diputado Rafael Marín le dieron un cabillazo (el 3 de junio de 2004, al salir de la Asamblea Nacional, este parlamentario fue agredido y, según un informe que se encuentra en internet, tuvo una fractura del hueso craneal parietal derecho con hundimiento. Registró ruptura de la meninge de la duramadre, y severa laceración de la masa encefálica). Es una forma de amedrentar para generar un conflicto que logre distraer la atención”.

Puerta Aponte aclara que las agresiones contra los parlamentarios deben ser denunciadas pero sin que esto implique olvidar el verdadero objetivo de la oposición: lograr un cambio de gobierno.

Los tomatazos, para Puerta Aponte, llevarían dos direcciones: tratar de desviar la atención de los problemas reales como la escasez de alimentos, la inseguridad y los racionamientos de agua y luz; por lo artificial, lo construido. “Quieren hacer creer que hay sectores enfrentados y buscan equipararlos, cuando en realidad los contenidos de la lucha y los problemas son otros”, explica el dirigente político, para luego añadir que estas acciones ayudarían a distraer a sus grupos violentos: “Les hacen creer que están haciendo algo heroico cuando, en realidad, atacar a unos parlamentarios desarmados es una ruindad. La actitud de esas bandas es muy cobarde”.

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El punto del desespero

Antes de preguntarse hacia dónde vamos, hay que entender en dónde estamos, cree el psicólogo social Leoncio Barrios: “La confrontación pasó de palabras a hechos, que todavía se circunscriben a tomates y frutas y no a balas. Es una manifestación de guerra tibia, donde se expresa que los ánimos están caldeados porque la derrota del chavismo del 6 de diciembre los colocó a la defensiva. Por primera vez están en posición de debilidad, por ser minoría. Y es algo muy humano que al sentirte atacado reacciones agresivamente. No piensas, te vas de bruces”.

Al ser consultado sobre el peligro de difundir mensajes de odio, como sucedió en Ruanda en 1994, cuando el gobierno hegemónico hutu intentó exterminar a la población tutsi y profería discursos en su contra a través de la Radio Televisión Libre de las Mil Colinas, RTML; Barrios descartó de plano que esto ocurra en el país: “Aquí no ha habido emisora de radio, televisión y periódico que mande esos mensajes”.

Para el especialista, la realidad venezolana es muy compleja y tiene inagotables lecturas, por eso se confiesa escéptico cuando algunos analistas aseguran que a Maduro “le queda poco”.

“¿Sobre la base de qué dicen que el Gobierno está viviendo sus últimos días? Cuba lleva 60 años en lo mismo, yo no me lo estoy inventando. Aclaro que esto no significa que acá pase igual, pero solo quiero decir que no es imposible”, añade, para luego explicar que todas las agresiones contra los parlamentarios y el saboteo que se da puertas adentro del Hemiciclo de la Asamblea Nacional solo buscan descalificarla, aplanarla, para que sus decisiones tengan menos peso y entonces se reduzca el logro opositor.

¿Hasta cuándo estarán allí? A su juicio, permanecerán en el lugar en la medida de que las cosas se pongan más enconadas, porque cree que lo que para algunos sea provechoso, para otro será perjudicial. De allí que sea difícil hacer pronósticos.

“Tienes a un país preocupado por resolver la situación del día a día. Los más necesitados acudirán a la Feria del Pescado. Harán sus colas larguísimas pero obtendrán sus alimentos. Quienes tengan más recursos pagarán un precio no regulado. La idea es bandearse. El punto del desespero todavía no ha llegado”.

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