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La cara falsa de Bolívar

Nada novedoso ni relevante salió de la investigación para determinar la “verdadera” causa de la muerte de Simón Bolívar. El proceso demoró dos años, pero más allá de la imagen amulatada del Libertador y una inversión aún desconocida el rostro lo que hizo fue sumarse a la iconografía ya conocida

La cara falsa de Bolívar

Nariz menos aguileña y mentón más redondeado. Pómulos más pronunciados y color de piel más oscura. El rostro de Simón Bolívar, develado en 2012, dista de la imagen que resguarda la memoria colectiva y aún más de la iconografía clásica que se conoce del Libertador.
Los cambios persuadieron a pocos de que esa fuese su “verdadera” fisionomía. Las alteraciones, casi quirúrgicas, no se colaron ni en el billete de 100 bolívares, que en su anverso reproduce el rostro del “Bolívar diplomático” sacado de un cuadro pintado en 1860 por la artista Rita Matilde de la Peñuela, y que forma parte de la colección del Banco Central de Venezuela.
El rostro develado el 24 de julio de 2012 –a propósito del 229 aniversario del natalicio del padre de la patria–, no obstante, está presente en cuanta oficina pública hay y en cada cadena presidencial transmitida desde el Salón Ayacucho del Palacio de Miraflores. Así, todavía se cumple la orden del fallecido Hugo Chávez que, después de hacer pública la imagen, escribió en su cuenta de Twitter @chavezcandanga: “Bolívar, Bolívar, sigo mirando tu rostro, Padre infinito! Y parafraseo al gran Neruda: ‘Ahora todo llevará tu rostro, Padre, en nuestra morada!”
Con la muerte del expresidente, ese rostro quedó huérfano. Ni siquiera los científicos que formaron parte de la Comisión Presidencial para la Planificación y Activación del Proceso de Investigación Científica e Histórica de la muerte de Simón Bolívar se atribuyen total responsabilidad en el resultado. “Las críticas no me afectaron porque el arte final no fue nuestra responsabilidad, a nosotros nos correspondió hacer las mediciones, pero el acabado no fue decisión nuestra, sino del gobierno”, afirma una de las investigadoras. La perito prefiere conservar el anonimato debido a que tienen prohibido declarar sobre el tema, a menos que cuenten con la autorización de la Vicepresidencia de la República.
“Cada etapa del proceso tenía que ser validada por un comité histórico, pero si Chávez no lo aprobaba eso se devolvía”, ratifica. Sin embargo, agrega que “si bien algunos elementos se exageraron, en líneas generales ese es el rostro”.
Ni siquiera porque la reconstrucción se basa en esa tomografía axial computarizada (TAC), se fían antropólogos e historiadores. “Todo valor puede ser manipulado. El programa no piensa, hace lo que le pide el investigador. El TAC provee de los datos craneométricos, pero todo lo demás, como el cabello, la barba, las características y coloración de la piel son una interpretación”, cuestiona Carlos Alberto Martín, coordinador de la escuela de Antropología de la Universidad Central de Venezuela. “Esa imagen ha sido absolutamente criticada. Es evidente que el rostro planteado tiene ciertas similitudes con respecto a los rasgos de Hugo Chávez. Eso es innegable en cuanto a los labios, los pómulos y la nariz”, señala el antropólogo.
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“Tanto Páez como Guzmán Blanco buscaron asociar su nombre al de Bolívar, para representarse como continuadores de su obra. Lo mismo quiso hacer Chávez al decir que él era socialista y mestizo. Qué importa si era blanco o negro. Son sus obras las que lo califican o descalifican”, opina el doctor en Historia, Miguel Hurtado Leña.
Moldeado en arcilla
José Antonio Páez dijo alguna vez sobre Bolívar: “Sus ojos eran negros, vivos, penetrantes e inquietos, con mirar de águila”. La computación no logró darle esa expresión, lo retrató con ojos pequeños y mirada perdida. Separar la verdad histórica de la interpretación artística tampoco se logró por completo con la utilización de los cuatro softwares empleados en la reconstrucción, por parte de Phillippe Froesch, artista plástico especialista en representación de la anatomía humana en la oficina Visual Forensic.
“Supimos de él por Internet”, recuerda la investigadora venezolana.

En el informe gubernamental sobre la reconstrucción facial 3D del Libertador Simón Bolívar se lee: “El trabajo realizado no se basa en ningún automatismo informático, en el Laboratorio de Visual Forensic, en Barcelona, España, se posicionaron las imágenes obtenidas de la tomografía. Los tejidos blandos y marcadores de espesores se añaden manualmente dentro de un software 3D de marca Alemana (Maxon) que se llama Cinema4d”. El documento reconoce sin pudores que el programa no está especializado en este tipo de trabajos. Los detalles y acabados se esculpieron en otro software llamado Zbrush que permite moldear la imagen como si fuese “arcilla digital”.
Nada tiene que ver la imagen con el rostro de un hombre de 47 años corroído por la tuberculosis. Insistieron en representarlo con el atuendo del héroe romántico y sano, con nariz menos angulosa y más achatada, y con cabellos rizados.
Cada quien tiene el suyo
Versiones del padre de la patria hay muchas. Diego Bustillos Beiner, en la investigación El Rostro de Bolívar (2013), produjo una “escultura hiperrealista” del personaje. Su trabajo muestra a un Libertador con la piel incluso más cetrina que la presentada por Froesch, con la parte superior del cráneo más ancha. Además asegura haber determinado que fallas en la colocación de los huesos maxilares ocasionaron que la boca del “nuevo rostro” difiera de las descripciones hasta ahora conocidas.
Otras teorías sugieren que la representación más fidedigna sería una mascarilla mortuoria, hecha en yeso, por el doctor Alejandro Próspero Reverend, médico de Bolívar en Santa Marta. Esta escultura, ubicada en San Pedro Alejandrino, presenta a un hombre con el rostro ovalado; y de nariz recta y fina.
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“Hay muchas imágenes del rostro de Bolívar. Habrá quien se sienta identificado con la imagen de 2012 y habrá quien no. No podemos decir que ese sea el rostro verdadero. Simplemente es uno más. Todo lo que rodeó ese proceso es resultado de un debate estéril”, asegura la historiadora Inés Quintero.
A principios de año, el “nuevo rostro de Bolívar” volvió a ser noticia al ser sacado de la Asamblea Nacional. “Mientras yo sea el presidente de la Asamblea Nacional, el único retrato que va a haber de algún prócer es el retrato original de Simón Bolívar. No la copia falsificada hecha por una computadora“, afirmó Henry Ramos Allup el 7 de enero cuando recién asumía la Presidencia de la Asamblea Nacional. Esa iconografía se construyó en base a las obras de pintores como José María Espinosa, Pedro José Figueroa o José de Gil Castro. Este último, es el que se considera más confiable, pues el mismo Bolívar calificó su pintura, hecha por el peruano, como aquella con “más grande exactitud y semejanza”, y la que se tomó para decidir la vestimenta de la imagen contemporánea.
Entre gallos y medianoche
De memoria. Luis Rotundo Liendo recita su árbol genealógico hasta cinco generaciones atrás. Sus antepasados llegan en línea directa hasta María Antonia Bolívar, hermana mayor del Libertador. Se enorgullece, sin aspavientos, y asegura que él sabía que esos eran los restos de sus familiares sin necesidad de que abriesen las tumbas.
“A ninguno de nosotros nos preguntaron nada. Ni cuando el 30 de agosto de 2010 exhumaron también los cuerpos de María Antonia y Juana Bolívar, para comparar el ADN. Todo ese procedimiento fue innecesario”.
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La intempestiva exhumación de los restos de Bolívar ocurrió en la medianoche del 15 al 16 de julio de 2010. El procedimiento que duró 19 horas asaltó las pantallas de Venezolana de Televisión y Telesur. Quienes participaron en el proceso no hablan de exhumación pues los restos no se encontraban bajo tierra. Hablan del “abordaje de los restos del Libertador”, que se hizo, más que para darle un rostro, para descubrir la “verdadera” causa de muerte, pues Chávez dudaba de la tuberculosis como origen.
“Nos criticaron porque el procedimiento duró hasta medianoche y porque estábamos vestidos de blanco. Eso lo que demostró fue ignorancia. Se hizo así porque es el procedimiento establecido según protocolos internacionales. Por tratarse de una osamenta con tal significación todo se hizo con mucha delicadeza. Sin embargo, no se puede decir que hayamos hecho un hallazgo. Todo ya estaba reseñado por la historia. La presencia de una tela de damasco que envolvía el esqueleto, así como un pergamino escrito por José María Vargas donde explicaba el procedimiento para el traslado de los restos de Santa Marta a Caracas en 1842. Tampoco se encontró una causa de muerte distinta”, enumera la científico.
Los resultados no hacen más que confirmar lo dicho por la Academia Nacional de la Historia hace 53 años, cuando concluyó, junto con la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina, que la enfermedad principal que causó la muerte fue una “tuberculosis de reinfección del adulto de tipo fibroulcerocavernoso”.
La Academia calificó el procedimiento de 2010 como innecesario e injustificado: “El país se hubiera ahorrado de presenciar un espectáculo y retórica inauditos en la historia venezolana y que quedará para siempre inscrito en los anales de Venezuela como el irrespeto más grave que se le haya hecho al Libertador”.
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Cuatro años más tarde ni siquiera hay claridad sobre lo que le costó al Estado la tarea. La Memoria y Cuenta del Ministerio de Interior y Justicia apenas hace alusión a su participación en la exhumación al mencionar que les correspondió la sustitución de la bandera de siete estrellas por otra elaborada en lino y con ocho estrellas bordadas. Lo mismo sucede con el informe del Ministerio Público de ese año que menciona la inclusión de sus expertos en el proyecto.
Para el historiador Rafael Arráiz Lucca, la autopsia hecha por Alejandro Próspero Reverend en 1830 y las investigaciones del doctor Blas Bruni Celli en 1960 no dan lugar a la duda. Ni rostro, ni causa de muerte. La investigación que demoró dos años no tuvo ningún impacto en la historia patria, ni en la imagen, ya vilipendiada, de Bolívar.
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