La Venezuela paralela de los bodegones

Se multiplican como ningún otro negocio en Venezuela. Ofrecen productos que desaparecieron de los anaqueles y de la capacidad de compra de la mayoría de los venezolanos. Exhiben mercancía proudly made in USA en un país con un supuesto "bloqueo" económico, según la narrativa oficial. Son el aliviadero de quienes tienen dólares para comprar, aunque la operación les salga bastante más cara

Detrás de una amplia vitrina con estampados alusivos a dulces, licores y embutidos, unas cuatro personas hacen fila en frente de la caja registradora para pagar por sus artículos en el Bodegón Bella Ciao Import del centro comercial San Ignacio, en Caracas. En sus manos llevan Hershey´s, envases de Nutella, cervezas Heineken, entre otros productos procedentes de Estados Unidos. El resto de la clientela recorre los estantes paseándose entre cereales dietéticos, de chocolate o con malvaviscos, café en granos, soluble e incluso líquido de la franquicia Starbucks, así como las diferentes marcas de detergentes. Afuera, frente al local, hay quienes ralentizan su paso y se impresionan con los precios marcados en dólares.

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Es el original, su nombre está estampado correctamente y su envase sellado. Ana María Velazco no lo puede creer. Suspira al ver la variedad en tipos y tamaños del champú Head & Shoulders. El más pequeño cuesta $10, unos 200 mil bolívares al cambio en el mercado negro al comenzar la segunda semana de septiembre de 2019; un monto imposible de pagar para ella que, como mucho, gana unos $6 mensuales según el mismo cálculo. Mañana la cuenta será distinta, porque en Venezuela el tipo de cambio siempre varía, usualmente para devaluar la moneda nacional. Ana María posa su mirada también en los Pantene y los Dove, o más allá en algún desodorante Degree o Axe, como indecisa de cuál escoger. Pero cuando una vendedora se acerca para atenderla, se limita a sonreírle y negar con su cabeza. “Solo estoy viendo”.

Está viendo, sí, pero también recordando cuando esos productos y tantos otros formaban parte de su cotidianidad. Ella, que nunca ha sido millonaria, comía queso crema y «facilistas», que ahora cuestan $10 y $12, respectivamente. Un lujo para su empobrecido bolsillo. “Era otra Venezuela. Ahora no tengo más remedio que ver. Mi marido trabaja por aquí cerca. A veces vengo y veo los precios de los productos, el champú, el jabón y la crema dental”, dice resignada.

Pero allí también se exhiben productos que nunca antes había ni conocido. Marcas que no tenían mercado en Venezuela, productos que solo se ven en la televisión de Estados Unidos. Todo a precios incomprables. Con un salario que se desvanece por la hiperinflación, esta pareja difícilmente puede darse el gusto siquiera de cepillar sus dientes con una pasta dental sabor a hierbabuena. O siquiera de marca reconocida.

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Los «bodegones» aparecieron con fuerza en el mercado caraqueño a mediados de 2018. Comenzaron en zonas de alto perfil y hasta en hoteles cinco estrella. Luego abrieron en centros comerciales y otros espacios. Ahora se les ve hasta ocupando alguna esquina de cualquier farmacia, panadería, heladería, abasto o comercio en general. Hasta hay areperas que tienen vitrinas con productos importados. Ana María aún se sorprende de cómo se han multiplicado.

El economista Aarón Olmos rescata el origen «pudiente» de este tipo de expendios. “Si son negocios formales, es decir, compañías anónimas constituidas, tan solo contando solo con la apertura y equipamiento, los capitales que están detrás de ellos son realmente elevados. Todo esto dejando a un lado el costo de la importación de productos para ponerlos en sus estantes”, dice. El monto de apertura de una sociedad mercantil, correspondiente a abastos y bodegas, equivale a Bs. 68.400.000,00, según el documento DG-Nº 00463 DSR-Nº028, emitido el 3 de julio 2019 por el Servicio Autónomo de Registros y Notarías (Saren).

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Pero el especialista deja colar otra observación: la reciente ola de sanciones del Departamento del Tesoro de Estados Unidos aplicadas a empresas, tesoreros, funcionarios públicos y particulares -así como las llamadas «sanciones secundarias», pueden estar también impulsando la proliferación de estos bodegones. “Una de las tesis que se maneja es que muchos de los capitales que salían del país por diferentes vías utilizando la banca tradicional, al mantenerse en divisas y verse impedidos de salir de Venezuela, se están utilizando para abrir, reinvertir y crear estos modelos de negocios orientados a cierto sector de la población”, comenta Olmos.

Por otra parte, en diciembre de 2018 se emitió el Decreto N° 3.733 en Gaceta Oficial Extraordinaria Nº 6.423 que establece una hasta el 31 de diciembre del 2019 de la exoneración de pagos de Impuestos de Importación y Tasa por determinación del régimen aduanero a importaciones definitivas de productos de la industria de alimentos, productos de higiene personal, limpieza del hogar y medicamentos realizadas por personas naturales y jurídicas con recursos propios así como por la Administración Pública Nacional. Es decir, se legaliza y facilita la importación de más de 8.000 artículos que ya no deben obtener otro tipo de registros ni permisos.

Se trata de una oportunidad de oro para Cristóbal Meléndez, quien hizo el registro mercantil del Bodegón Bella Ciao Import y convirtió en pocos meses un negocio de diseño de interiores en una venta de productos extranjeros.

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Lo mismo ha ocurrido en tantas otras partes. “Es una manera de creer en Venezuela”, comenta el dueño de una pequeña bodega en San Antonio de los Altos convertida en boyante expendio de las nuevas delicatessen, que pide resguardar su identidad. En la falta de alimentos procesados vio una oportunidad: traerlo y venderlo a quien no quisiera dejar de comerlo. Eso sí, aproximadamente el 98% de la población venezolana no puede acceder a sus productos, ni al de la mayoría de los bodegones, como confirma el presidente de Consecomercio, Felipe Capozzolo.

 “Aquí en Venezuela el problema de desabastecimiento persiste. Que en un anaquel, supermercado o un establecimiento de lujo vendan un cereal de Oreo que cuesta 500.000 bolívares no resuelve para nada la falta de cereal normal de las marcas que el usuario estaba acostumbrado a comprar a un precio adecuado”, afirma Copozzolo. De acuerdo a la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi) 2018, elaborada por las universidades Central, Católica Andrés Bello y Simón Bolívar, 87% de la población vive en pobreza y 67% en extrema pobreza.

Los dueños y gerentes de al menos diez bodegones de la capital prefieren no dar demasiados detalles en cuanto a la logística de importación, la mayoría se reserva todo comentario. En el caso de Bodegón Bella Ciao Import, se nutre de la importadora que el mismo Meléndez fundó. Se trata, dice el propietario, del resultado de un papeleo largo y tedioso. En su caso, afirma, cumple todos los pasos de la nacionalización, que implica cumplir con la tramitación pertinente a permisos sanitarios, licencia de importación, certificado de no producción, entre otros.“Tenemos un courier que hace el traslado de la mercancía que compramos en Estados Unidos. Pagamos fletes, es decir el precio de alquiler de embarcación, los impuestos y listo”. Desde que Bodegón Bella Ciao Import abrió sus puertas en mayo de este año solo han importado productos en dos oportunidades.

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Existe otra modalidad más sencilla para la importación de productos que no requiere de “tanto papeleo, ni tanto rollo”, afirman los encargados de estos negocios: los servicios de mensajería internacional conocidos como «puerta a puerta». Capozzolo confirma que usar ese método “cuenta con ciertas dispensas de permisología que les posibilita traer cualquier productos sin cumplir con los permisos”.

Los «puerta a puerta» no requieren, por ejemplo, del permiso sanitario indispensable para prevenir “los peligros para la inocuidad y salubridad que ocurren durante la elaboración, envasado, almacenamiento y transporte de los alimentos manufacturados para el consumo humano”, según el reglamento general de alimentos 1996 del Servicio Autónomo de Contraloría Sanitaria en Venezuela. Si la carga a importar no excede los dos mil dólares en productos, el documento es innecesario. Solo es una exigencia cuando el monto es superior y corresponde hacer trámites fiscales de importación de acuerdo a la resolución que regula los servicios de mensajería internacional courier publicada en la Gaceta Oficial Nº 36.127. “Las autoridades sanitarias son las que deben responder si se corre un riesgo o no. Se supone que si ellos están dando permiso y unas dispensas es porque no tiene ningún riesgo. Cabe destacar que estas leyes no amparan la importación de mercancía pirata, ni copias”, apunta Capozzolo.

José Luis Reyes ya acumula más de un año desde que comenzó a hacer compras en estos establecimientos. Ahora calcula que el 70% de los productos que tiene en la despensa de su hogar son importados y adquiridos en bodegones. Para su familia resulta un alivio encontrar productos que asume son de gran calidad y, sobre todo, no correr el riesgo de consumir mercancía pirata. Por suerte, tanto José Luis como su esposa tienen ingresos en moneda extranjera. Por eso pasean por el pasillo de uno de estos locales con un carrito repleto de cereales, galletas, atún y protectores femeninos.

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Yorbin Rondón los recibe en la caja registradora. Es el gerente de la Bodega Express ubicada en Las Mercedes. Para él trabajar en uno de los bodegones más surtidos de la capital es como vivir en otra Venezuela. Aunque no es un fenómeno diario, presencia cuando la clientela compra carnes y paga hasta 300 dólares, incluso en efectivo. “Eso es mentira que en este país hay crisis, lo veo todos los días. Traen billetes grandes y en algunas oportunidades nos quedamos cortos con el vuelto”, aclara Rondón. Aún hay quien paga en bolívares.

En cualquier caso, en los establecimientos se ven precios incluso más elevados que en economías más fuertes. Según TalCual, el envío de productos desde EEUU a Caracas puede aumentar hasta en cinco veces el costo de la mercancía. El economista Asdrúbal Oliveros, director de la firma Ecoanalítica, le dijo a ese diario que “hay unas fases antes de que ese producto llegue al consumidor final y en todas esas fases se van imputando costos y margen de ganancia”. Agregó que hay que entender la incidencia que la incertidumbre tiene en los precios, pues una persona que haga hoy una operación no tiene la certeza de que al día siguiente la pueda repetir. Por ello, los comerciantes deciden aplicar una prima de riesgo elevada. «El común de la gente lo confunde con especulación, cuando en realidad es un mecanismo de protección del vendedor. Por supuesto, el que termina perjudicado es el consumidor”, detalló.

Son pocos los bodegones que no reciben divisas extranjeras. Incluso alguno acepta tarjetas de bancos foráneos, con un punto de venta conectado a una línea con VPN -para que no detecte que la compra es en Venezuela-. Aunque un papel debajo de cada producto indica los precios en divisas americanas, los encargados niegan rotundamente vender en dólares. Meléndez, el propietario de Bodegón Bella Ciao Import, señala que estas etiquetas son solo una referencia de los costos.

Producto de la hiperinflación, la sociedad venezolana ha convenido tácitamente que la reserva de valor y riqueza del trabajo y empresas sea una moneda distinta al bolívar, particularmente el dólar estadounidense, afirma el economista Aaron Olmos. Aclara que, en definitiva, existe una dolarización de facto.

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En agosto de 2018 la Asamblea Nacional Constituyente, abrogándose competencias del parlamento nacional, derogó la Ley de Ilícitos Cambiarios, afirmando que el propósito era otorgar a las personas naturales y jurídicas “amplias garantías para el desempeño en el modelo de desarrollo socioeconómico productivo del país”. Semanas más tarde, en septiembre, el Banco Central de Venezuela publicó un convenio cambiario que establece la “libre convertibilidad de la moneda extranjera” así como “un tipo de cambio de referencia de mercado único”. Los bodegones de la capital se guían por la tasa de cambio que promedian indicadores informales en las redes sociales.