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Un Ticket para padecer como inmigrante

Entrar a un país desconocido en un contenedor, casi sin aire, a merced de traficantes de personas es un suceso cotidiano en Europa. Los testimonios de los foráneos que huyen de sus fronteras con la esperanza de conseguir una vida mejor pueden leerse en cualquier tabloide. La experiencia puede vivirse en París. La obra teatral Ticket sienta al espectador en el lugar del migrante y reproduce las peripecias que sufren en su intento por llegar a Occidente

Un Ticket para padecer como inmigrante

Afuera del antiguo Museo de las Colonias de París, un contenedor de metal oxidado alberga todas las noches Ticket. Por 12 euros, una compañía ofrece un espectáculo en el que se mezcla lo documental con la ficción. Es una experiencia que embarca a los espectadores en un camión, muy cerca de las condiciones de viaje de los inmigrantes.

«No quiero oír ni una palabra más», dice a la audiencia un hombre menudo que se identifica como «King Phone». La propuesta de una tierra prometida se asoma en sus labios cuando exclama: «Lo que te propongo es El Dorado, es ir a Francia. Este camión es tu pasaporte hacia el paraíso. Allí todo es posible».  La quimera continúa cuando dice «En un día ganas lo mismo que en un mes en tu país. Allá tienen tanta comida que la botan. Los ricos están a dieta y los pobres son gordos”. Mediante esos diálogos, el público se sumerge en el miedo, la esperanza y desesperación; sensaciones que convergen para tomar la decisión de migrar a otro país.

El actor dirige a la audiencia con gritos mientras los hace correr por el jardín del museo hasta el contenedor y les explica que para subir tienen que entregarles su identificación. Entre miradas perplejas y risas nerviosas los espectadores ceden ante las demandas del anfitrión. El hombre pasa el mando a un actor ruso vestido con pantalón militar, cazadora y lentes oscuros. A gritos también organiza la entrada en el contenedor, zamarrea a algunos participantes y les lanza unas botellas con agua. Les apunta con una linterna y cierra la puerta. Se escucha el ronroneo de un motor y en medio de la oscuridad una grabación reproduce relatos reales de migrantes. La puesta en escena está a cargo del grupo Bonheur Intérieur Brut (BIB) que es una compañía de teatro callejero creada en 2001 por Isabelle Rivoal y Jacques Souvant. La agrupación BIB se caracteriza por el contenido político de sus creaciones y sus interpretaciones artísticas.

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Durante la función se dramatiza la travesía. Se enciende una luz y una actriz se encarama a una escalera, abre una ventana en el techo del contenedor para implorar por agua mientras balbucea entre una mezcla de inglés y de bantú. Llora, gime y se revuelca en las tablas. La puesta teatral sube la intensidad y pone a prueba la tolerancia emocional del público cuando de pronto entra el traficante y le da órdenes a la mujer, la golpea y abusa sexualmente de ella. Luego la deja tirada a su suerte. Se escuchan sollozos entre la audiencia y finalmente un altavoz anuncia «Hemos llegado, bienvenidos al paraíso».

La controversia del tema afecta a los asistentes. “Me da miedo que alguien en África pueda ver esto y pensar que es escandaloso que los blancos paguen el fin de semana por un juego de roles sobre la inmigración», plantea una mujer. No es la primera vez que las tragedias humanas sirven de abono para el mundo del espectáculo. En 2015, una cadena australiana difundió un polémico reality show en el que los participantes fueron llevados a Siria y sufrieron las condiciones de la guerra. Pero el director de Ticket, Jack Souvant, defiende otra postura. Comenta que el propósito de la obra es invitar a la reflexión. «En la obra hay 40 espectadores dentro del contenedor, pero en un viaje puede haber 200 migrantes agolpados, algunos arrodillados», señala Souvant para la agencia France-Presse.