Cultura

Confluencias: diferentes visiones del arte en la Orinoquia

El encuentro de los caudalosos Orinoco y Caroní es el marco perfecto para presentar Confluencias, una de las exposiciones más importantes sobre la Orinoquia, inmensa región definida por las cuencas de esas arterias fluviales que alberga uno de los ecosistemas de mayor biodiversidad y más fascinantes de la Tierra, donde habitan los primigenios venezolanos, etnias indígenas que custodian la riqueza cultural ancestral del país

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Una mirada contemporánea
Foto cortesía |Alberto Veloz y Fundación Miragua.

La exposición Confluencias exhibe cuatro muestras artísticas que dialogan entre sí por la filosofía intrínseca que contiene el buen arte como la exhibición Memoria de la selva. Tallas y tejidos de la Amazonia venezolana, centrada en la riqueza material y simbólica de los pueblos originarios.

Nonatuma. Tejidos en el arte warao, donde destacan la técnica de la cestería del Delta con su propuesta tradicional y la hermosa innovación estética y técnicas nuevas en el arte del entrelazado, particularmente de factura femenina.

Hii hipe amoamu toaprarou watoriani (Los árboles cantan bellas canciones con el viento). Del artista Sheroanawe Hakihiiwe quien expresa desde su yo interior la idea de su cosmovisión yanomami.

Orinoquia. Territorio plural. Aproximaciones contemporáneas con la mirada de creadores del arte moderno y actual, vinculadas a este territorio.

Fundación MIragua, Colección C&FE y Galería Abra

Todo esto es posible por el empeño de la Fundación Miragua en mantener y acompañar el entorno donde se desenvuelve su labor, ahora desde el hotel La Llovizna frente a las eternas cascadas que le dan nombre al hotel de Puerto Ordaz.

Su salón de convenciones dio cabida a esta gran demostración de arte que alberga innumerables creadores plásticos contemporáneos relacionados con la Orinoquia y su significado de importancia capital para los venezolanos.

Como todo gran proyecto de esta envergadura en cuanto a espacio físico, movilización de obras, curaduría y todo lo que sea menester para lograr lo más cercano a la perfección, se unieron tres instituciones promotoras y sensibles al arte como son la Fundación Miragua, Colección C&FE (Carolina Vollmer y Fernando Eseverri) y la Galería Abra, así como el invaluable apoyo de la Fundación Museos Nacionales, importantes colecciones privadas y artistas cuya colaboración hizo posible este encuentro.

La exposición y dos visiones artísticas

Las confluencias se hacen presentes con un depurado arte contemporáneo que se aproxima con propuestas de obras realizadas en el tiempo de los más significativos artistas plásticos en un diálogo entre la cultura material de los pueblos originarios y los métodos y visiones del arte contemporáneo.

“Los objetos dejan de ser percibidos exclusivamente desde su condición funcional o documental para revelar también la sofisticación de sus formas, materiales y sistemas simbólicos -revela el catálogo– a su vez, las obras contemporáneas permiten volver sobre el territorio desde otras interrogantes como el paisaje y su representación, la identidad, la memoria, la biodiversidad, las cosmogonías ancestrales, las transformaciones económicas y el impacto de la explotación de los recursos naturales”.

Artistas de la talla de Alexander Apóstol, Milton Becerra, Sheroanawe Hakihiiwe, Feliciano Carvallo, Valerie Brathwaite, Corina Briceño, Ana María Mazzei, Gego, Rolando Peña, Adrián Pujol, Jesús Soto, Pedro Terán, Víctor Hugo Irazábal, Dawa, Carlos Zerpa, entre otros creadores, están representados con sus propuestas actuales en libre comunión con el arte patrimonial y han tratado el tema del indigenismo en un intercambio cultural de saberes, visiones y perspectivas que le dan a esta exposición un cariz de actualidad sin perder la esencia.

Casi 700 obras fueron creadas por los maestros de las etnias ye´kwna, yanomami, piaroa, panare, kurripako, hiwi y warao, el resto corresponden a la muestra de arte contemporáneo de más de 150 obras de la Colección C&FE, así como colecciones públicas y privadas y la exposición individual del artista yanomami Sheroanawe Hakihiiwe.

“Muy cerca de donde las aguas del Caroní se encuentran con las del Orinoco, esta exposición propone también un encuentro: entre tiempos distintos, entre creación contemporánea y memoria ancestral, entre instituciones públicas e iniciativas privadas, entre artistas, coleccionistas y ciudadanos”, expresa Rafael Oliveros, presidente de la Fundación Miragua.

Sheroanawe Hakihiiwe, creador yanomami

Nacido en Sheroana, Venezuela en 1971, Sheroanawe Hakihiiwe es un destacado artista indígena de la comunidad yanomami en el Alto Orinoco. En su trayectoria artística ha desarrollado un trabajo orientado al rescate de la memoria oral de su pueblo, de su cosmogonía y las tradiciones ancestrales.

“Un aspecto central de su visión del mundo es la profunda interconectividad que existe entre todos los seres, incluidas entidades inorgánicas. Los insectos, las orugas, las plantas que vemos en las obras de Sheroanawe no solo cumplen propósitos prácticos, sino que poseen una afinidad con los yanomami que se remonta a tiempos míticos”, señala el catálogo de la exposición.

Su obra fue exhibida en la Bienal de Venecia en 2022 así como en el Museo de Arte de Sao Paulo en 2023, el Museo de Arte Contemporáneo de Santiago de Chile en 2025 e innumerables galerías del mundo.

El trabajo de Sheroanawe Hakihiiwe forma parte de importantes colecciones como la del Museo de Arte Moderno de Nueva York, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Centro de Arte Pompidou, Museo Guggenheim de Nueva York, Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, Colección Patricia Phelps de Cisneros, Colección Mercantil de Caracas y Colección C&FE.

Tallas, tejidos, cestería y objetos ceremoniales

Destacan las piezas elaboradas por las distintas comunidades indígenas que habitan en esta gran zona geográfica del país como las cestas de los warao, objetos ceremoniales y adornos corporales de los ye´kwanas, bancos chamánicos y utensilios para trabajar la yuca y producir el casabe, alimento fundamental y cotidiano de estos pueblos.

La Colección C&FE (Carolina Vollmer y Fernando Eseverri) ostenta más de doscientos bancos chamánicos, esculpidos cada uno en una sola pieza de madera dura con una impecable técnica de talla y acabado.

En la exposición Nonatuma destacan innumerables piezas de cestería warao, tejidas y armadas con la planta herbácea llamada tirite. Sus tallos rectos, largos, cilíndricos y flexibles son materia prima para la cestería de la mayoría de las sociedades indígenas del Amazonas.

El warao no concibe el mundo sin la otra fibra, la de palma de moriche, que le proporciona casi todo para su subsistencia: harina para hacer pan y materia prima para construir viviendas, utensilios de cocina, chinchorros, cestas y alpargatas.

Confluencias: diferentes visiones del arte en la Orinoquia
Cestería warao

El tejido de la palma de moriche les permite elaborar productos para la venta, donde la sofisticación del diseño, la estética y el uso de colores vivos privan sobre la utilidad.

Esta innovación implicó el surgimiento de un oficio liderado por mujeres con fines comerciales que ha contribuido a su emancipación económica. Con el tiempo algunos hombres también se han destacado en la producción de cestas y otros utensilios utilitarios. La planta del moriche la consideran el “Árbol de la Vida”.

Una mirada contemporánea
Máscaras yanomami

Visitar Confluencias justifica un viaje a Puerto Ordaz y de esta manera reencontrarse con nuestros propios mitos y leyendas y con esa naturaleza que presagió a los conquistadores que estaban a las puertas de El Dorado.

Bibliografía

Catálogo Confluencias, Fundación Miragua, octubre 2026

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