Delia Fiallo, la reina de las telenovelas, se despide sin lagrimones

Delia Fiallo deja un  amplio legado de telenovelas, gestadas casi todas para Venezuela desde Miami, en donde residía. Sus dramáticos “Cristal”, “Kassandra”, “Esmeralda”, “Topacio” y “Leonela” obtuvieron millonarias cifras de audiencia en todo el mundo. Carlos Mata y Coraima Torres, dos de sus actores fetiches, la describen como profesional y ser humano.

Delia Fiallo, la reina de las telenovelas, se despide sin lagrimones

En esta semblanza homenaje a la escritora Delia Fiallo también contamos cómo Marina Baura llegó a protagonizar su primera historia de TV en nuestro país; mientras el escritor Leonardo Padrón y las actrices Marisela Berti y Carolina Perpetuo narran la cualidad de mujer amistosa, afable y refinada de esta reina absoluta de los culebrones latinoamericanos.

A pocos días antes de cumplir 97 años, murió este 29 de junio en Miami la escritora cubana de telenovelas Delia Fiallo. Su  vasto legado de melodramas que comenzó a escribir para Venezuela en 1967, comenzó con “Lucecita”, protagonizada en Venevisión por Marina Baura y José Bardina.

La mayoría de sus obras originales, así como no pocos remakes de sus mayores éxitos, fueron realizados para nuestro país, desde donde se irradiaron hacia otros mercados mundiales. Esa era la época en que éramos el principal exportador de producciones de este género y la TV vivía su edad de oro.

Títulos como Esmeralda, Peregrina, Cristal, Kassandra, Rafaela, Leonela y muchos otros la catapultaron planetariamente como “La reina de las telenovelas”, un calificativo que para muchos es indiscutible.

Delia Fiallo en su estudio de Coral Gables, Florida, espacio donde concibió y escribió telenovelas que sacudieron el mundo del espectáculo.

Tramas rosas con toque social

Sus obras iniciales, teñidas de un rosa subido de tono, fueron incorporando progresivamente otros elementos, en donde su autora mostraba su preocupación por temas y asuntos de relevante actualidad, algunos de ellos no poco controvertidos, como la violación o el tráfico y consumo de drogas.

Todo ello sin abandonar lo fundamental del estilo que la hizo célebre. Su contrapartida entre los autores locales eran José Ignacio Cabrujas, Julio César Mármol, Leonardo Padrón e Ibsen Martínez, entre otros representantes de la corriente que algunos calificaron como de “ruptura” con el estilo romántico tradicional nacido en los folletines.

A través de las telenovelas de Fiallo, varios actores venezolanos conocieron el éxito internacional, la primera en hacerlo fue Lupita Ferrer por Esmeralda. A la zuliana le siguieron, en diferentes épocas, Carlos Mata y Jeanette Rodríguez por Cristal; Grecia Colmenares como protagonista de Topacio.

Mención aparte merece Coraima Torres, intérprete de Kassandra, cuyo éxito de dimensiones abrumadoras hizo por ejemplo que se suspendieran los combates entre serbios y croatas en la guerra civil de la antigua Yugoeslavia, al menos durante las horas de su transmisión, para que ambos bandos pudieran verla.

Lupita Ferrer en el papel de Esmeralda. Años después, el éxito de Delia Fiallo con esta historia se repetiría en «Topacio».

De Coral Gables para el mundo

De la recién fallecida Delia Fiallo ofrecemos un testimonio, en primera persona, de Carlos Mata, que es un acertado y lúcido análisis de sus atributos como escritora y ser humano. También recuerda el entorno social que le correspondió vivir durante los largos años desde su estudio mayamero en Coral Gables, donde creó la mayoría de los títulos que popularizó mundialmente, para acaparar la atención de una audiencia de cientos de millones de personas en decenas de países y culturas diferentes.

Por otro lado, Coraima Torres cuenta cómo Kassandra le cambió la vida e hizo indetenible su carrera. El periodista, poeta y escritor Leonardo Padrón escribió una breve semblanza donde le rinde un sentido homenaje a su colega, mientras las actrices Marisela Berti y Carolina Perpetuo recuerdan sus encuentros con ella y lo afable, amable y gentil que era.

Carlos Mata

“Gracias a Leonela llegué a Cristal”

«Hice Leonela y Cristal y luego tuve una relación muy cercana con ella, de enorme gratitud y de mucho cariño. Fue un ser humano realmente excepcional, una mujer culta, brillante. Hay quienes, por desconocimiento, la comparan con Corín Tellado y ni remotamente es el caso. Era muy bella persona, de una gran nobleza, de principios inamovibles, no solo desde el punto de vista político y democrático, sino como ser humano, un ejemplo de honestidad y lealtad. Hablé con ella hace un año y era una mujer de una lucidez absoluta. Más de una vez fui a su casa y conocía a sus hijos. Era una madre ejemplar, el pilar de ese hogar. En todos estos años nunca perdimos contacto.

Llegué a protagonizar Cristal porque a le encantó el papel que interpreté en Leonela, en una subtrama que hice con Jeanette Rodríguez. Ella siempre metía temas de compromiso social, rompiendo así el esquema cubano de la radionovela y de la novela mexicana. No fue un cambio radical ni violento, pero sí muy inteligente de su parte».

Historia de un final abierto

«En Leonela el personaje mío y el de Jeanette Rodríguez caen en problemas de drogas; de hecho, ambos sufren una sobredosis y él entra en coma. Ella, que hacía de hija de Cecilia Villarreal, se muere. Era un músico loco, medio rockero y viva la pepa. La madre de ella había tratado de sacarlos de las drogas, pero no de manera esquemática, pues se planteaba dentro de la trama que era una enfermedad y que debían buscar ayuda, pero primero tenían que aceptar que no podían controlar eso».

«Mi personaje, Willy, consolando en su duelo a la que iba a ser su suegra, terminan en una relación hermosísima de pareja. Y Delia tuvo la inteligencia de dejarlo en un final abierto. No cometió la tontería facilista de llevarlos a casarse ni muchísimo menos. Lo planteado era que este chamo le enseña a vivir, a mostrarle que la vida no se acababa con la pérdida que tuvo. Delia me decía que todo había quedado como ella había querido cuando lo escribió».

«Willy le decía “Mamuchi” a la que iba a ser su suegra. Después de eso, amigas de Delia Fiallo, como Celia Cruz y Olga Guillot, comenzaron a decirme “Papuchi” y le hacían bromas a ella con eso. Todas las mujeres mayores de 40 años se enamoraron de esa trama, que era muy bonita, muy fresca y auténtica. Además, cero tragedia griega, pues convierten esa relación en un amor de pareja circunstancial.

“No quería ser galán”

«Como al año y medio después ella le pide al canal que deseaba que yo protagonizara su próxima telenovela, que era nueva, inédita. Se trataba de Cristal. Cuando me llamaron los ejecutivos para planteármelo, yo les dije que me sentía muy honrado, pero que no quería ser galán, que no me interesaba, que ni siquiera tenía la pinta para eso. Ante esto, ella misma me llamó desde Miami y le reiteré que no me veía en rol de galán, ni protagonista, que me diera otro papel, que sabía que sería igualmente bueno pero no de galán».

Hizo una pausa y me dijo: “Carlos, hazme caso, tú no sabes lo que va a ser esto. Al pedirte a ti de protagonista es porque quiero que hagas lo que hiciste con el Willy de Leonela, que estaba escrito de la manera que lo hiciste y este va a ser igual. Yo no quiero que el protagonista de Cristal sea el galán clásico y así lo he escrito. Quiero a alguien convincente en ese rol, más nada. Y espero que lo hagas como tú quieras. La única condición que te pongo es que no le cambies nada a tus diálogos, que los hagas como están escritos, como si fuera Shakespeare”. De esta manera acepté.

Sin embargo, cuando empecé a hacer el personaje, que se llamaba Luis Alfredo Ascanio, era pesimista, me decía que no iba a funcionar. A las tres semanas entra Eladio Lares al estudio exclamando: “Entramos en el Libro Rojo”. Y yo no sabía ni siquiera lo que era el Libro Rojo, que reflejaba cuándo se baten los récords de audiencia. Yo me vine a enterar del fenómeno de Cristal como a los seis meses. Es que no hacía vida pública. Te metías a las 7 de la mañana a grabar y salías a las 11 de la noche o a la una de la madrugada y al día siguiente lo mismo, y así toda la semana, menos el domingo, cuando te quedabas exhausto en tu casa descansando.

No tendré suficiente vida para agradecerle a Delia que me haya convencido para hacer ese rol, que fue mi pasaporte para el éxito en España y otros países».

Entre la Fiallo y Cabrujas

«Luego vino La Dama de Rosa, que pegó muy duro también. Nunca fue lo que hizo Cristal, pero resultó otro suceso. Hubo un canal en Israel que pasaba Cristal en cuatro horarios distintos. El fenómeno se repitió en los países árabes, así como en  Rumania, Bulgaria, Grecia, Corea del Sur, Singapur, Rusia. En Italia fue una locura y en España ni te cuento. Todavía tenemos el récord de audiencia en la historia de la televisión en España. Y desde Canadá hasta abajo tuvo iguales resultados, así como en Brasil, donde pegó un año después.

Tuve la suerte de trabajar en telenovelas de Delia Fiallo y José Ignacio Cabrujas y siempre me preguntaban de qué manera eso me marcó histriónicamente. De las poquitas veces que hablamos Delia y yo de ese asunto, ella me decía que entendía que me identificase más con Cabrujas porque yo venía del teatro. El tema era que él se afincaba más en la masculinidad, aunque decía que no, mientras Delia era lo contrario, sus novelas las escribía desde el corazón. Llegó a confiarme que a veces, a las 3 o 4 de la mañana, escribiendo una escena se conmovía y lloraba sobre la máquina de escribir.

Otra diferencia es que Cabrujas era más shakesperiano, trabajaba sus obras desde la afrenta, evocando mucho a Dumas, desde la venganza del personaje vejado y maltratado por años que luego sale a imponerse. Las dos Dianas tiene esas cosas, Señora está inspirada en Los Miserables y La Dueña en El Conde de Montecristo. Delia no, ella creaba sus propias historias en serio. De mi parte había una identificación más masculina con Cabrujas, pero desde el profundo respeto y la gratitud que le tenía, y con todo lo que me gustaba trabajar con Cabrujas, mi afecto hacia ella no se compara. Era como una madre. Por eso me decía: “Me lo vas a agradecer”.

“Yo no sé negociar”

Si yo no le hubiera hecho caso, qué clase de pendejo hubiese sido. Me pasó igual con los temas. Cuando me pusieron a grabar Que porqué te quiero, decía: ¿Cómo voy a grabar esa vaina tan Hello Kitty? ¡Por el amor de Dios! Y después resulta que me tenía que callar la boca: Disco de Oro en todos lados, 16 semanas en primer lugar en el Billboard latino… Yo no sé del negocio, definitivamente, del show business no sé nada, no sé negociar, no sé lo que realmente es bueno. Gracias a Dios he tenido esos angelitos, que son casi los que me han llevado por la oreja a hacer lo que me conviene.

La muerte de ella me ha golpeado. Hoy he estado muy triste. Me llamaron de España para entrevistarme, de la radio de Miami, de Colombia. Me ven un poco como un doliente. Y sí, tanto yo, como muchos actores y actrices le deben todo a Delia. Y no solamente eso, son millones de personas también. Ella sí sabía cómo sentían las señoras, la mujer, la niña y el marido cuando estaban viendo la novela, lo sabían perfectamente. Apuntaba directo al corazón y no pelaba nunca. Era cabal su conocimiento de la psiquis de la audiencia, de las ilusiones, los sueños, las añoranzas, la familia y todas esas cosas. Nadie las conocía ni las radiografiaba tan bien».

“Cristal”, la clave del futuro

«Y no solamente el público hispano, sino de otras partes, como en Turquía. Los turcos que hacen esas series ahorita en Netflix, ya nosotros las presentamos en Cristal, que arrasó en Turquía. Todas esas cosas que se han venido haciendo ahora, mucho mejor producidas, por supuesto, con unos presupuestos impresionantes y con impecable dirección artística y toda la cinematografía del mundo, en el fondo tienen como raíz los cuentos de Delia. Títulos en España como Velvet, El tiempo entre costuras, La casa de papel y todas esas cosas, hicieron que en España las produjeran bañadas en polvo de oro y de allí su éxito.

Pero Netflix nunca va a tener el alcance que tenía la televisión abierta. Estamos hablando de muchos millones si uno reúne esos países. Hablamos de 300 millones de televisores encendidos viendo Cristal, Leonela, Topacio. Dígame Kassandra, cuando la guerra entre Serbia, Croacia y todo ese rollo de Yugoeslavia. A la hora de la novela paraban los dos bandos para verla. Es como cuando todo se detiene para ver la final mundial de fútbol.

En las plataformas digitales y el cable, que ya está muriendo, no se logran esos fenómenos de audiencia. Con la novela en México éramos felices porque llegábamos a casi cuatro millones de televisores encendidos. El último capítulo de Cristal en España llegó a casi 20 millones, solamente en ese país que es la décima parte de México.

De la Venezuela que perdimos

«Antes simplemente pegabas y no había competencia. Era como hacíamos las cosas en Venezuela, había mucha creatividad. Y así pasaba con los cantantes y los músicos. Yo tuve esa enorme suerte hermano, porque no nos vamos a caer a cotorra a estas alturas del partido. Yo nunca me creí el cuento y menos me lo voy a creer ahorita. El nuestro era un país pujante. De allí salieron los Franco de Vita, los Ricardo Montaner, los Daiquirí, ¡todos! Hasta Dudamel salió de allí, de ese motor de creatividad y de apoyo a la creatividad. Y de inteligencia y conocimiento del asunto, de tecnología».

«Nosotros no vinimos de las cavernas. Estamos ahora en las cavernas porque permitimos que se volviera a ellas, al hombre de Cromañón que le cae a garrotazos a los demás. Volvemos a la vaina primitiva del trueque y del pedazo de mamut. Cuando en Venezuela hacíamos esas telenovelas, automáticamente al mes estaban pegadas en Estados Unidos, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Colombia, donde todavía las vuelven a pasar, al igual que en Italia, Yo tengo fans de 18 años. Claro, cuando me ven en vivo dicen, ¡caray! (ríe)».

«La Dama de Rosa la han pasado 43 veces, y la vuelven a pasar no sé cuántas más. Y en formato análogo, donde tú le ves el pixelado. ¿Qué tienen esas novelas que siguen emitiéndose? En mis conciertos de hoy el promedio es de 25 años. Y me dicen: “Es que yo nací oyendo tu música y viendo tus novelas en las piernas de mi mamá”. Eso fue la gran fortuna de esto, cuando Venezuela era lo que era, en la que tuvimos la suerte de nacer y trabajar, en un país absolutamente privilegiado. Y no por el petróleo, sino por todo. Por eso es por lo que prácticamente a uno le llora el corazón todos los días.

Todo esto viene a lugar, porque tú no tienes idea de cómo amó Delia Fiallo a Venezuela, como a su patria, como su segunda Cuba. Ella no sintió eso por Miami nunca».

Coraima Torres

“Kassandra cambió mi vida”

Más de 180 países de todos los continentes vieron Kassandra, quizás el mayor suceso mundial de la entonces floreciente industria venezolana de la telenovela. Ese éxito de 1992 le cambió la vida a su joven protagonista, Coraima Torres, quien debutó en esta producción como cabeza de elenco, después de haber participado como actriz de reparto en otras dos producciones dramáticas de RCTV, Alondra (1989) y Gardenia (1990).

A partir de allí la carrera de la valenciana se hizo indetenible. Ha trabajado en países como México, España, Argentina, Italia, Estados Unidos y Colombia, entre otros. En la vecina nación se radicó en 1996, a raíz de su matrimonio con el actor colombiano Nicolás Montero, aunque jamás ha dejado de estar vinculada con Venezuela. En 2019, antes de la pandemia, trabajó en México, contratada por Telemundo Internacional para la séptima temporada de la narcoserie El señor de los cielos.

En la conversación que sostuvimos con la actriz a propósito de la muerte de Delia Fiallo, de quien hizo también las telenovela María Emilia y Soledad, nos comentó que actualmente está haciendo un personaje especial en Las Villamizar, la próxima telenovela de Caracol y un personaje en Enfermeras, una serie de RCN, una serie de hospital de muchos escritores.

“Hasta marzo de 2020 estuve ensayando Duda, una obra del Teatro Nacional de Bogotá, pero una semana antes de estrenar llegó el covid”.

Coraima Torres, eterna protagonista de Kassandra, uno de los mayores éxitos creativos de Delia Fiallo

Escritora y confidente

Ante el fallecimiento de Delia Fiallo expresa una gran tristeza.

-Hace poco estuve en Miami y nos vimos. Fuimos al café a conversar y disfrutar de su sentido del humor, era muy cariñosa, le llevé a mi hijo para que lo conociera.

-¿Cómo fue tu relación con ella?

«Primero fue conocerla como la escritora, después fue la confidente, la guía para poder interpretar los personajes que ella había escrito para mí. Siempre recurrir a ella era una tranquilidad, porque cuando le daba una mano a uno, lo hacía con una sapiencia absoluta. Con un gran conocimiento de esos personajes, todo el viaje de cada uno de esos personajes».

«Obviamente, yo lo que siento por ella es, primero agradecimiento, pero también una admiración infinita, no solamente por ser quien era y por su obra, sino también como mujer. Era un ser humano maravilloso, dulce, acogedor. Era cálida, amiga. Para mí fue una fortuna que ella se cruzara en mi camino desde todo punto de vista, profesional y personal. Creo que yo estaba bendecida solo por conocerla. La relación que tenía con su esposo Bernardo era maravillosa, eran dos novios todo el tiempo».

-¿Qué balance haces de tu carrera a partir de 1992, a raíz del suceso de Kassandra?

«He sido muy afortunada. Tengo más de 30 años en esto, me he detenido cuando lo he decidido por cuestiones personales, he sabido darle tiempo a lo que necesito, no trabajo sin parar, también lo dedico a mi vida familiar. Por otro lado, agradezco todos los proyectos en los que he participado».

-¿Ha sido Kassandra tu mejor telenovela?

«Siempre he dicho que todos los proyectos en los que uno se involucra tienen parte de uno y de todos he aprendido. Unos me han tocado más que otros en mi esencia femenina, pero a todos los quiero, sería injusto mencionar alguno, o algunos, en particular. Cada una de las mujeres que he interpretado tiene su propio poder y han dejado enseñanzas en mí.

– ¿Le hubiese gustado hacer otra obra o adaptación de Delia Fiallo?

-Me hubiese encantado, pero nunca me lo volvieron a plantear.

-¿Cómo te seleccionó Delia Fiallo para hacer “Kassandra”?

-No lo sé, pero cuando tomó la decisión fue porque me había visto solo por televisión y quería conocerme personalmente. Por eso RCTV me envió a su casa en Miami a reunirme con ella. Allí me anunció que sería yo y que estaba muy satisfecha de haberme elegido.

Leonardo Padrón

“Fue la gran maestra”

“Ha muerto una reina, un paradigma, un icono”, expresó el periodista, poeta y escritor de telenovelas Leonardo Padrón, en una declaración que nos hizo llegar:

“El fallecimiento de Delia Fiallo conmueve a toda la industria de la televisión latinoamericana. Si reconocemos que la telenovela forma parte de la educación sentimental del ser latinoamericano, entonces hay que subrayar que Delia Fiallo fue la gran maestra. Hay que reconocerla como la reina indiscutible del género. Es un sitial sin discusión. Delia supo manejar el lenguaje de las emociones -la materia prima de la telenovela- con una maestría insuperable. Todos los escritores de televisión -incluso sus más férreos detractores- tenemos en el ADN de nuestro oficio una deuda impagable con ella.

Recuerdo nítidamente el día que la conocí, su lugar de trabajo, su máquina de escribir, su generosidad para comentarme claves y secretos del oficio. Luego tuve la oportunidad de entrevistarla para mi programa ‘Los Imposibles’. Me parecía indispensable tenerla en la primera temporada, pues ella ha tenido una impronta muy fuerte en el imaginario colectivo de los latinoamericanos. Tenía la cabeza llena de historias de amor y las derramó por todo el continente, conquistando a la audiencia una y otra vez. Ha muerto una reina, un paradigma, un icono”.

Leonardo Padrón se confiesa como un deudor de Delia Fiallo

Marisela Berti

“Era agradecida con sus actrices”

“Era una gran escritora de telenovelas. Todas sus obras fueron reconocidas y muy aplaudidas. Tiene un lugar especial en este ámbito”, destaca la actriz Marisela Berti, quien luego de un retiro artístico de diez años de la televisión venezolana, regresó y su primer papel en ese retorno fue en el dramático de la escritora cubana Mi amada Beatriz.

«Era un mujer exquisita, afable y muy agradecida con todas las actrices que hicieron sus novelas, aunque debería ser al revés, porque todas las actrices que trabajaron con ella se hicieron famosas. La conocí en un almuerzo al que nos invitaron a Jean Carlo Simancas y a mí cuando estábamos en Radio Caracas y ella en Venevisión, canal interesado en contratarnos, aunque finalmente no nos fuimos porque Radio Caracas no nos dejó ir. En ese encuentro con ella me impresionó lo grata e inteligente que era».

«Cuando regresé en 1987 a Venezuela, después de diez años de vivir en Puerto Rico, la primera telenovela que hice al llegar fue Mi amada Beatriz. Hice el personaje de Maruja Castañeda y Marcelo Romo hacía de mi esposo. Yo era mamá de Catherine Fulop, la protagonista que interpretaba el rol de Beatriz. Allí trabajaron también Flavio Caballero, Nury Flores, Carlos Márquez, Rosario Prieto y Astrid Carolina Herrera, en lo que fue su debut como actriz.

Marisela Berti, otra primera actriz que expresa su gratitud por la reina de las telenovelas

Carolina Perpetuo

“La Shakespeare de las telenovelas”

La actriz Carolina Perpetuo nunca tuvo la oportunidad de trabajar en una novela de Delia, pero refiere que poco después de su llegada a Miami, en donde reside desde hace varios años, la conoció con motivo de entregarle una caricatura que a la escritora le hizo el dibujante zuliano Rixio Núñez.

«Me recibió en su casa y fue muy amable y gentil. Allí estuvimos entregándole la caricatura, nos tomamos un café y compartimos un buen rato con ella. La recuerdo distendida y hospitalaria. Me impactó su agradecimiento profundo por lo que había significado en su vida Venezuela. Nos dijo que el nuestro fue el país a través del cual ella se proyectó como escritora de telenovelas y la receptividad que tuvo el público venezolano, que a su juicio fue determinante para que repercutirá en el resto de América Latina».

«Los elogios que le daba a los actores venezolanos eran superlativos, pues decía que eran los mejores del mundo. Consideraba que teníamos una gran naturalidad y le gustaba la manera como hablábamos. Yo salí de allí gratamente impresionada con la calidez de esta señora, que a pesar de sus años tenía una lucidez impresionante. Siempre se mantuvo muy pendiente de la situación de Venezuela y estuvo muy tocada por ella».

«Su legado dejó huella. Puede parecer una exageración, pero para mí ella es como la Shakespeare de las telenovelas. Creó un estilo, tanto así que le vendió sus telenovelas a Televisa y esas obras siguen siendo la columna vertebral de muchas historias que las reciclan. Son historias que nos marcaron y también a la industria de la televisión venezolana de una forma contundente».

Delia Fiallo retratada por el caricaturista Rixio Núñez

Marina Baura, la primera heroína

Que el nombre de la casa de Marina Baura, en Colinas de Los Ruices, sea Lucecita, habla por sí mismo del significado que tuvo para la actriz su primer trabajo en rol protagónico en telenovelas, que también marcó el debut de la escritora cubana como libretista de melodramas televisivos en nuestro país.

Antes de eso, trabajaba como modelo. Luego de una pasantía como “Chica del Show” en el musical meridiano diario de Renny Ottolina por Radio Caracas Televisión y de haber hecho varios comerciales, uno de ellos muy famoso de Cerveza Caracas, donde –rubia como era entonces- la mostraban como “Color de oro”, aludiendo a la tonalidad de la famosa bebida espumante. A partir de allí su rostro se hizo más popular.

Esta gallega nacida en Orense en 1941, que llegó a Venezuela a los 15 años con sus padres y su hermano para afincarse definitivamente en nuestro país, utilizaba su nombre real de Julia Pérez, hasta que Román Chalbaud la seleccionó para su película de 1962 Cuentos para mayores y le asigna el que utilizaría desde entonces y hasta hoy: Marina Baura.

Pasaron varios años y con su nueva identidad artística llega a Venevisión y hace su debut en el género telenovela con un pequeño rol en Madres solteras, que estelarizaban Amelia Román y Jorge Félix. Allí compartiría con un muy joven actor llamado José Bardina, egresado de la escuela de arte escénico de Juana Sujo, el mismo que en el siguiente dramático de Venevisión, Lucecita (1967), de Delia Fiallo, encabezaría el elenco con ella.

La apuesta de Venevisión, el  Canal de La Colina, por Delia Fiallo, Marina Baura y José Bardina funcionó y les marcaría un camino de éxitos a este trío de triunfadores. El mismo equipo repetiría en dos dramáticos igualmente afortunados: La señorita Elena y Lisa, mi amor.

A partir de allí, cada uno de ellos desarrolló un notable recorrido televisivo, que los condujo a dejar huella profunda en la pequeña pantalla, en cuya historia ocupan capítulos relevantes.

Marina Baura, primera protagonista de un gran éxito de Delia Fiallo

 

Telenovelas venezolanas en revolución

La llamada telenovela “socialista” prometió reivindicaciones y éxito, pero el público consumidor de melodramas no disfrutó de la propuesta. Hoy, producciones estatales forman parte de las ruinas de lo que fue una de las industrias más importantes del país, con la que Venezuela era conocida más allá del petróleo y reinas de bellezas