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El movimiento MAP de pedófilos no es real, Pizzagate tampoco

¿Y cómo es eso de que existe un movimiento organizado de pedófilos? Entre las muchas mentiras que circulan en la web y en las redes sociales la del supuesto MAP ha calado entre los incautos: hasta banderita creen que tiene. Para que dejes la homofobia loca, Sifrizuela te lo explica todo

El movimiento MAP de pedófilos no es real, Pizzagate tampoco

El punto de quiebre fue un video de Caraota Digital, un medio con el nombre de nuestro plato menos agraciado y conformado por tweets semi-pornográficos y noticias recalentadas. La voz de Luis Olavarrieta (de locutor de Ciudad de Saltadilla) con música de suspenso. Ochocientos mil views en Instagram. Llueve el video sobre millones de grupos de Whatsapp y –en pánico– lo comparte el radical opositor de Doral, la tía adeca y la vecina chismosa. Mi mamá me lo menciona, un poco hastiada. Mi prima segunda le comenta a Olavarrieta en su cuenta, bendiciéndolo. Mi vecina me lo manda, dudando del contenido. Irrael, el handyman de las redes sociales de pelo platinado y tatuajes a color, hace el suyo: otro video sobre el mismo tema. Más pánico. ¡Los pedófilos vienen por tus hijos! ¡El movimiento MAP, específicamente, con su bandera amarilla, azul y rosa con una franja blanca en el medio! Los pedófilos empujarán, exigirán y legalizarán la pedofilia y tú no podrás hacer a nada.

Nuestro Insólito Universo.

O no.

La leyenda urbana se hace digital en el nuevo milenio. Todos la consumen. La teoría de conspiración, la narrativa infundada se vende como verídica. La flojera mental de la era del clickbait tampoco ayuda.

Lamento romper la burbuja del terror: no existe el movimiento MAP. Tampoco existe el Pizzagate. Una página más en nuestras invenciones satánicas-pop: los pitufos son demonios entregados a Satán. Shakira le vendió el alma al diablo. Aserejé es un canto infernal (nadie se le ocurrió que es solo una pronunciación hispana de Rapper’s Delight de 1979). Más de uno debe estar molesto: creerán que estoy pagado por la elite masónica. Que quiero ayudar al sacrificio de sus hijos a Moloch. Pero qué va, ojalá estuviese enchufado a los illuminati.

Y la verdad, no entiendo que a tantos les duela que estas teorías de conspiración no sean verdad: ¿les emociona que abusen niños?

MAP: un mito de internet

Empecemos con el movimiento MAP. Cuenta Olavarrieta -y cualquier post dudoso del Twitter boomer– que existe un movimiento de activistas en pro de la pedofilia llamado movimiento MAP: Minor Attracted Person (persona atraída a menores).

Afortunadamente, no es así: MAP no es un movimiento. Es un término clínico para designar a personas que sufren de diferentes patologías, entre ellas la pedofilia. ¿La bandera? Un experimento de burla de internet en 2018, ya olvidado en Estados Unidos, que empieza a sonar en Venezuela porque nosotros importamos todo tarde.

En junio de 2018, la bandera del falso movimiento MAP apareció por primera vez en una página de la red social Tumblr: era un aviso, alertando de una supuesta bandera pedófila de un tal movimiento MAP que buscaba juntarse a los movimientos LGBTQIA. El post pronto fue replicado en Facebook y en medios amarillistas conservadores de Estados Unidos.

La página original en Tumblr, eventualmente, reveló ser manejada por una víctima de abuso sexual que posteriormente cambió el mensaje para indicarle a los pedófilos que no buscasen una comunidad sino terapia. Un trolleo de internet, pero la bandera ya había a rodado y llegaría al ciberespacio venezolano dos años más tarde.

Ahora, más de un incauto, confunde la bandera trans (azul, rosado y blanco) con la supuesta bandera MAP. Una búsqueda en Google es gratis. Considéralo la próxima vez que acuses en tus stories a Instagram y Whatsapp de poner un sticker MAP cuando en realidad es la bandera trans.

movimiento MAP

El pánico ante el movimiento MAP ahonda en grupos anti-MAP en redes que pelean contra una organización inexistente y contra cuentas dudosas que aparecen un día y desaparecen prontamente.

Estamos viviendo un pánico moral (es decir, basado en una percepción falsa o exagerada de una amenaza moral) como lo vivió Estados Unidos en los ochenta con el Satanic Panic: cuando se expandió masivamente el miedo hacia el abuso ritual satánico. La policía, investigando por años, consiguió apenas unos pocos casos similares y no los miles que se creían. Revelado como una exageración, el pánico satánico murió en los noventa.

Como los gringos de clase media en 1985, los venezolanos estamos denunciando a un enemigo maligno e inexistente: el movimiento MAP.

La caída del Cabal imaginario

La pedofilia existe. Jeffrey Epstein, Ghislaine Maxwell y el príncipe Andrew también. Pero, a pesar de su nueva popularidad en las redes sociales venezolanas, la teoría de conspiración de Pizzagate no. Ha sido desmentida incontables veces.

Mi labor no es desmentirla aquí, pueden conseguir la información tanto en un medio anti-Trump como el New York Times como en un medio pro-Trump como Fox News. Hasta en Rolling Stone. Pero bueno, si usted ya está muy profundo en el hoyo paranoico probablemente considerará que los medios también forman parte de la élite oculta. Lamento informarle que Pizzagate tiene tantos huecos que, tras unos incidentes lamentables que la hicieron conocer, ya murió en las tierras donde se originó tras su popularidad en 2016 (otra importación tardía de Venezuela).

¿Tantos huecos? No hay un sótano en el local Ping Pong, los dos sketches policiales de la desaparición de Madeleine McCann son sobre un mismo sujeto, los Podesta eran conocidos por su cocina italiana, el supuesto lenguaje secreto en forma de comida es una invención interpretativa del foro 4chan, el arte conceptual de Marina Abramovich no es satánico –sólo raro-, no hay indicio alguno de pedofilia en el fondo de Haití de los Clinton y Hillary va a testificar en septiembre por usar correos personales para asuntos laborales como oficial público, no por pedofilia, etc., etc., etc.

Sorpresa: las víctimas de Epstein dicen jamás haber sido víctimas de Trump o los Clinton, ambos amigos de Epstein. De verdad, analícense: una gente hablando de comida en sus correos no es ningún indicio de una red satánica de pedofilia.

“¡Pero los símbolos usados por los pedófilos salieron de un documento de la FBI filtrado por Wikileaks!”, me dirá alguno. La veracidad del documento está en juego, pero digamos que es cierto: que los pedófilos se comunican con mariposas, espirales, pirámides en espiral y corazones en capas. ¿Están escuchando lo vaga y abierta a interpretaciones que es la simbología? Si seguimos la lógica paranoica, podríamos entonces decir que, por sus logos, Tío Rico, Unión Radio, el Ateneo de Caracas y hasta la tintorería Quick-Press son organizaciones pedófilas.

En el maravilloso mundo de la quinta pata al gato, más de uno advertía en el video de Olavarrieta que “ojo con los helados Tío Rico”. Sin comentarios.

QAnon y las teorías de conspiración en tiempos de crisis

Entonces, ¿de dónde salieron todas estas teorías y por qué se están popularizando hoy en Venezuela?

Acompáñeme a ver esta triste historia: en 2017, un usuario anónimo en el foro 4chan llamado “Q” publicó el primer post de lo que se conocería como la teoría de conspiración QAnon.

En resumidas cuentas, QAnon (promovido en Venezuela por personalidades de Twitter como Erik Del Búfalo y María Elisa Smith, la hermana de la cantante) habla de una supuesta conspiración de un supuesto «Estado Profundo» que planea derrocar a Donald Trump, una suerte de salvador en estos mitos.

El «Estado Profundo» estaría relacionado a una red de pedofilia internacional satánica liderada por Hollywood, el Partido Demócrata y George Soros (el pánico judío de la ultraderecha).

La épica culminará con una gran tormenta, cuando Trump y el ejército apliquen ley marcial, retomen Estados Unidos y destruyan al «Cabal» pedófilo.

A pesar de haber sido desmentida mil y un veces –y de no tener bases, evidencia ni apoyo directo de Trump y los dirigentes republicanos– la teoría se popularizó en ciertos sectores de extrema derecha en Estados Unidos hasta volverse una comunidad.

Esta comunidad, que el periodista americano Isaac Stanley-Becker llamó un “culto de conspiración depravado”, ha sido analizada por estudiosos de la religión por su vocabulario y conceptos milenaristas y apocalípticos: así, como cristianos de la antigüedad. Por algo ha resonado tanto en las comunidades evangélicas y ha prosperado en un tiempo donde, como bien describe la escritora Anne Applebaum, muchos oficiales de la administración Trump se ven en una misión bíblica por salvar al Estados Unidos evangélico y blanco de las amenazas de la cultura laica y sus inmigrantes mexicanos, del matrimonio gay y del feminismo.

La sensación paranoica de amenaza y la necesidad de un salvador, ha replicado estas teorías (como probablemente en ningún lado fuera de Estados Unidos) en las audiencias venezolanas: justificadamente desesperadas, agotadas y radicalizadas tras veinte años de atropellos chavistas.

Las teorías de conspiración de QAnon (y otras creadas por la pandemia) han caído en Venezuela como anillo al dedo: tanto por la reciente popularidad del trumpismo entre muchos venezolanos de clase media debido a las sanciones y la promesa de una intervención (haciendo de Trump un salvador) como por la necesidad de racionalizar el caos de la pandemia y del 2020: de creer que hay alguien intencionalmente detrás de todo este colapso inaudito y no que somos una civilización frágil a la deriva entre la recesión, el zaperoco social y el virus de Wuhan; que no somos invencibles.

Pero en fin, no vengo a desmentir cada falacia y afirmación infundada de Pizzagate y «La caída del Cabal», el documental favorito de quienes jamás aprendieron verificación de hechos. Eso daría para un artículo por sí solo. Y más con nuevas historias creadas todos los meses por páginas de noticias falsas que se esparcen por Facebook. Pero leer, adentrarse en el profundo mundo de desmentir al  Pizzagate y al Nuevo Orden Mundial (así como se adentran en el mundo underground de las conspiraciones), destruirá esas fantasías oscuras.

Los pedófilos no están en la Casa Blanca, en el Partido Demócrata, en Hollywood o en los Hamptons. Son un vecino, un padrastro, un tío, un sacerdote. Están escondidos en las familias, en la iglesias y en la intimidad. Ahí es donde los padres deben estar realmente atentos.

La verdadera amenaza pedófila

¿Cómo que están escondidos en la familia y en la intimidad? Aunque históricamente, desde el “Save Our Children” de Anita Bryant, se ha promovido la afirmación infundada de que los homosexuales tienen tendencias pedófilas, la ciencia dice lo contrario: no solo hay muchos más actos de pedofilia heterosexuales, sino que suelen ser cometidos por personas cercanas a la víctimas. Un estudio de 1994, de la Academia Americana de Pediatría, concluyó que –de los casos analizados– 82% de los abusos de pedofilia eran cometidos por la pareja heterosexual de algún familiar cercano del niño. Sólo entre 0% y 3,1% de las víctima podían identificar al pedófilo como homosexual.

De igual forma, un estudio de 1982 analizó cerca de 500 casos de pedofilia: no hubo indicio alguno de que los homosexuales, hombres o mujeres, estuviesen más inclinados a abusar sexualmente de niños.

Esta es la triste realidad: según la organización de los derechos de los niños RAACE, más de 90% de quienes cometen actos de pedofilia son personas a las que el niño conoce y en quienes confía. Es decir: no suelen ser las celebridades de Hollywood, los políticos, George Soros o un activista de los derechos de los gays.

“¡Pero yo leí que quieren unirse al movimiento LGBTQIA! ¡Que ahora se llamará LGBTQIAP!”, dirán algunos. La noticia, que existe desde diciembre de 2017, surgió en internet como una campaña homofóbica, alegando en un supuesto póster que el ciudadano promedio estaba siendo engañado. El póster había surgido con la alarma: era parte del engaño.

Entonces, ¿quién anda tan aburrido para estar creando estas cosas? ¿Por qué?

Por homofobia. Por odio. Por querer quitarle legitimidad a la lucha de los derechos civiles de las minorías sexuales, re-contextualizándolas falsamente como una apología a la pedofilia.

Las personas homosexuales, bisexuales y trans no están buscando privilegios ni incluir a los pedófilos en sus filas. Están buscando tener los mismos derechos legales que el Estado le da a los heterosexuales: poder formalizar el matrimonio civil, heredar de sus parejas al morir, adoptar, tener reconocimientos legales, no sufrir insultos y violencia en las calles por sus decisiones personales, no tener que escuchar comentarios prejuiciosos de otros padres del colegio o no recibir miradas metiches y maliciosas en restaurantes.

La campaña por relacionar los derechos civiles de los homosexuales con la pedofilia, que ahora prospera en el mar de desinformación que son las redes venezolanas, es ejecutada por grupos conservadores y radicalmente religiosos. Es maligno y cruel: es difamación, es odio y –aunque pretenda ser justo lo contrario– no va acorde con los principios que realmente enseña el cristianismo.

Los principios del movimiento LGBTQIA se sustentan en el liberalismo del cual dependen las democracias occidentales y del cual hemos desarrollado conceptos como los derechos humanos, la libertad de expresión y la propiedad privada: mis derechos terminan donde empiezan los de los demás.

Un acto homosexual es un acto consensuado entre dos personas y sus exigencias, matrimonio civil por ejemplo, no aplastan los derechos de otros ciudadanos. Un pedófilo sí: se abusa de un niño, quien no puede dar consentimiento –por eso no les permitimos beber, manejar, tomar decisiones legales o casarse.

No hay espacio en nuestras democracias y leyes para la pedofilia, que es un trastorno mental y que viola los derechos de otros ciudadanos. Pero sí lo hay para los homosexuales: que es una orientación sexual que no viola los derechos de nadie.

NAMBLA y el movimiento LGBTQIA

“Averigua de NAMBLA”, dirán otros entusiastas de estas teorías de conspiración.

NAMBLA (North American Man/Boy Love Association) es una organización de abogacía pedófila estadounidense creada en 1978. Pero, como bien expliqué, su activismo es tan incongruente con los principios liberales de nuestros países que realmente no ha logrado nada. Ni una enmienda, una ley o un debate en el Congreso.

Es más, el grupo ha quedado casi diezmado desde los años noventa: en 1995 el FBI descubrió que tenía apenas 1.100 miembros (en un país de más de 300 millones de habitantes). Hoy, NAMBLA ha quedado reducida a su página web y su correo electrónico.

En Francia, donde el sistema nunca ha puesto una edad de consentimiento definida, varios intelectuales prominentes (entre ellos Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir y Michele Foucalt) desarrollaron un movimiento a finales de los años setenta (hubo incluso peticiones en Le Monde y Liberation) a favor de legalizar la pedofilia como parte de la liberación sexual que empoderaría a los niños. Las peticiones y las discusiones no llegaron a nada. La liberación sexual es consensual, y los niños no tienen dicho discernimiento.

El matrimonio gay se aprobó en Francia en 2013, como también una ley en 2010 que especifica que puede haber coerción moral por la diferencia de edad. El tabú ha crecido, eliminando la discusión de la palestra pública, y la pérdida del estigma de ser abusado ha permitido que más víctimas denuncien.

Los años pasan y más se expanden los derechos de la gente LGBTQIA y menos se expande el poder de NAMBLA y los grupos de abogacía pedófila.

Pero, ¿por qué algunos relacionan a NAMBLA con el movimiento LGBT? Porque NAMBLA alguna vez formó parte de la Asociación Internacional de Gays y Lesbianas (IGLA) pues en aquel entonces las leyes de consentimiento para homosexuales y heterosexuales eran diferentes.

En 1994, IGLA expulsó a NAMBLA y a Vereniging Martijn (el grupo de abogacía pedófila de Holanda) alegando que, aunque querían venderse como grupos en pro de las relaciones entre personas del mismo sexo, realmente estaban luchando por la pedofilia. En 1997, Human Rights Campaign –el grupo más grande de abogacía de derechos LGBTQIA– rechazó en un comunicado a NAMBLA y a cualquier intento de querer asociar la pedofilia con los derechos LGBT.

Los choques entre las organizaciones LGBTQIA y NAMBLA suceden desde 1979 (el año de fundación de NAMBLA), cuando varios grupos de lesbianas amenazaron con no asistir a la marcha nacional en Washington para los derechos de los gays y las lesbianas si NAMBLA participaba.

En los años siguientes, grupos gays empezaron a luchar por bloquear a NAMBLA de participar en festivales LGBTQIA y en marchas del orgullo gay. Para mediados de los ochenta, NAMBLA había sido virtualmente aislada a medida que se desvanecía el apoyo dentro del movimiento LGBT a grupos percibidos como al margen del movimiento gay. La expulsión de los noventa y el rechazo de varias organizaciones darían la estocada final.

La semilla maldita

Entonces, ¿qué están logrando tu tía del Cafetal o el señor magazuelan de Doral al esparcir tan frenéticamente sus teorías de élites pedófilas y del siniestro movimiento MAP que viene a devorar a tus hijos? Homofobia, desconfianza en la democracia liberal (el sistema que, como bien demuestran Estados Unidos y Europa, ha permitido la mayor riqueza, libertad, felicidad y desarrollo humano en la historia humana) y narrativas contraproducentes y peligrosas.

Contraproducentes: porque, en en vez de hacernos entender el problema de la pedofilia y cómo realmente proteger a nuestros niños, nos hace aterrarnos de Chantal Baudaux comiendo pizza con un suéter arcoíris y de los carritos de Tío Rico.

Peligrosas: porque le hacen creer a algún pedófilo verdadero husmeando en internet que hay una comunidad para sus actos. Que hay posibilidad de legitimar y legalizar sus actos. Que su destino es dirigir los bancos, la presidencia, las Naciones Unidas y Hollywood.

Es más, hay una peligrosidad peor: quizás un día, alimentado por el pánico moral de Twitter y de la bandera MAP, un paranoico matará brutalmente a un homosexual bajo la premisa de que es un pedófilo.

Están sembrando la semilla maldita.

Claro que sí hay racismo en Venezuela

El venezolano bienpensante suele creer que no hay racismo en este país, que aquí nos decimos "negrito" y "negrita" por cariño y todo bien. Pero esa es apenas la capa superficial. Hay que raspar un poco más y encontraremos otras verdades desagradables. Sifrizuela lo hace en este texto