Empresas y Negocios

Economía de Venezuela se parece cada vez más a la de un arruinado país africano

El término “africanización” ha sido usado cada vez con mayor frecuencia para definir los derroteros por los que se hunde Venezuela, que en estos 20 años de la llamada revolución chavista se ha convertido en uno de los países más pobres y en peores condiciones económicas del mundo. Un nuevo ranking de competitividad confirma el deterioro colectivo ya conocido de forma empírica por  los habitantes de este país que dejó atrás su pasado de riqueza y modernidad.

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Fotografía: Fabiola Ferrero | Archivo

Mauritania, Burundi, Angola, Mozambique, el caribeño Haití, la República del Congo, Yemen y Chad acompañan a Venezuela, en ese orden, en los últimos 10 lugares del mundo entre los países con peor competitividad, de acuerdo al más reciente estudio del Foro Económico Mundial.

Entre los 141 países estudiados en este informe que mide la capacidad de un país para competir en la economía mundial, Venezuela ocupa el lugar promedio 133, después de haber caído otros seis escaños con respecto al ranking de 2018.

Por eso se compara con los países más pobres de Africa, complejo continente donde por cierto también hay muchas economías boyantes.

Este índice anual de Competitividad Global, iniciado en 1979, identifica y evalúa los factores que sustentan el proceso de crecimiento económico y desarrollo humano, señala este documento ampliamente seguido por inversionistas en todo el mundo.

“El GCI (Indice de Competitividad Global, por su siglas en inglés) fomenta la aplicación del pensamiento sistémico, un enfoque que los líderes deben adoptar para aprehender y abordar los complejos desafíos globales de hoy en día”, señala.

Según analistas, Venezuela enfrenta hoy una tragedia humanitaria y un colapso de infraestructura y servicios comparable a lo que hubiera dejado una guerra o un  desastre natural de gran escala.

Semi parálisis de la industria, serios daños en la infraestructura, escasez, mercado negro, precario sistema de salud y educación son parte del paisaje diario de este país que tenía 30 millones de habitantes y ha visto salir en los últimos años a unos 4,5 millones de ciudadanos huyendo de la crisis, principalmente hacia países vecinos.

Pero es un desastre producido por la acción humana, por políticos chavistas y funcionarios públicos que durante años han aplicado políticas y medidas probadamente equivocadas, en medio de una corrupción generalizada e ineficiencia en la administración de instituciones y empresas propiedad del Estado.

“En un momento en que la globalización y la gobernanza mundial se están poniendo a prueba, es especialmente importante comprender que la búsqueda de la competitividad nacional no socava la cooperación mundial, sino todo lo contrario”, dice por su parte el informe del foro con sede en Davos, Suiza.

El informe incluye estadísticas fidedignas internacionales, recolectadas por el Foro Económico Mundial y consultas a ejecutivos en cada uno de los países.

Es una medida anual útil para los responsables de la formulación de políticas públicas que puedan mirar más allá de las medidas a corto plazo.

El informe se basa en la evaluación de un conjunto de factores que determinan la productividad: Instituciones; Infraestructura; Adopción de las TIC (tecnologías de Información y Comunicación); Estabilidad macroeconómica; Salud; Habilidades; Mercado de productos; Mercado laboral; Sistema financiero; Tamaño del mercado; Dinamismo en los negocios y Capacidad Innovadora.

El índice, que cubre 141 economías, mide la competitividad nacional definida como el conjunto de instituciones, políticas y factores que determinan el nivel de productividad.

En Venezuela diversos analistas advierten que la institucionalidad del país se ha desfragmentado, que el gobierno central está dividido en al menos cuatro grupos de poder e influencia, mientras que regiones enteras en varios estados y en zonas de Caracas han quedado bajo control de grupos que incluyen desde bandas civiles armadas del chavismo (llamados localmente «colectivos») hasta paramilitares y guerrilleros colombianos en la frontera y bandas de militares y policías en zonas mineras.

Es precisamente en los indicadores de criminalidad donde Venezuela exhibe resultados comparables a los de países africanos en guerra.

Dentro del pilar “Instituciones” del índice del Foro Económico Mundial, el indicador “Seguridad” aparece en el lugar 141, el peor del mundo estudiado.

La presencia del crimen organizado está en el lugar 139, así como en la tasa de asesinatos por cada 100.000 habitantes, con 56,6 muertes (NR: esto representa en cifras absolutas unos 14.500 por año).

En el renglón «Confiabilidad de los servicios policiales», Venezuela ocupa el lugar 141, último en el mundo. Es el mismo del apartado “Independencia del sistema judicial” y también “Eficiencia del marco legal y regulaciones”.

En el índice de libertad de prensa ocupa el lugar 121.

El podio de pésimos resultados sigue con una serie de indicadores clave para medir la ineficiencia del sistema y el calor del infierno en que se ha convertido este país para muchos empresarios, profesionales y emprendedores.

El índice compuesto de comportamiento del sector público es el 140.

La carga de las regulaciones gubernamentales es casi la peor del mundo, con el lugar 140; mientras que la eficiencia del marco legal para la resolución de disputas es la peor, en el lugar 141.

El régimen chavista enfrenta una serie de demandas internacionales por varios miles de millones de dólares asociadas a expropiaciones y confiscaciones masivas ordenadas de manera sumarial por presidentes en ejercicio (H Chávez y N Maduro).

La incidencia de la corrupción es la 139 de 141.

En cuanto a la protección de los derechos de propiedad este es el peor país del mundo.

Este índice compuesto está agravado por el lugar 141 en “Derechos de propiedad” y 141 en “Protección a la propiedad intelectual”.

El estudio, con datos de 2018, ya permitía vislumbrar cómo las cosas no parecen mejorar sino todo lo contrario.

En el pilar “Orientación futura del gobierno” el país aparece en el lugar 140, determinado por la capacidad del gobierno para asegurar la estabilidad política (141), y “Responsabilidad del gobierno para el cambio” (141) y “Visión de largo plazo del gobierno” (140).

Otros indicadores de calidad de vida, servicios e infraestructura permiten ponerle números comparativos al drama de millones de venezolanos que padecen racionamientos de electricidad, agua, gas natural y gasolina.

La calidad del suministro eléctrico es la número 123, y la confiabilidad en el suministro de agua la 139. La infraestructura de transporte la 136.

En estabilidad de la macroeconomía este es el peor país del mundo, lugar 141, gracias en parte a una hiperinflación de 465.141%, la peor del mundo. El manejo de la deuda es el penúltimo global.

Si algún empecinado abre un negocio o insiste en seguir con uno abierto, debe tomar en cuenta que este es el país con casi el peor nivel en requerimientos administrativos (lugar 140).

El costo de comenzar un nuevo negocio equivale a 391 veces el ingreso nacional per cápita (lugar 141 en el mundo), y aquí está el peor indicador de días que hacen falta para comenzar un nuevo negocio formal, con 230 atardeceres.

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