Espectáculos

House of Cards y la política a dos tiempos

Frank Underwood sigue mandando, aunque los hilos del poder cada vez tengan más enredados los dedos de Claire. No tan callada como Cilia Flores, pero igual de decisiva, la Primera Dama de ficción conjura sus propias ambiciones, en solitario o en equipo. 

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House of Cards ya no quiere ser tan relevante. Tampoco busca paralelismos forzados con la realidad política norteamericana, sino que se deja llevar por la ficción, por el reencuentro de historias antiguas, por el pasticho de anécdotas de varios presidentes en la Casa Blanca y, claro, por ciertas analogías al actual y enloquecido escenario electoral de Estados Unidos. Por eso en la cuarta temporada hay algo de Ronald Reagan, algo de Richard Nixon, mucho de Bill Clinton (y Hillary), y más de Frank Underwood -visiblemente golpeado por las presiones del poder: las canas se apoderaron de él en tres años, mucho más rápido que a Barack Obama.

El mandatario interpretado por Kevin Spacey ha logrado convertirse en imagen del poder corroído, hambriento y despiadado. Así, el actor consiguió convertirse -también- en un meme de su propio personaje: desde su participación en el Oscar 2014, pasando por varios comerciales donde se asoma Underwood aunque nunca se mencionan, hasta la interpretación que hará en la próxima película Elvis & Nixon, una comedia. Entonces, Frank Underwood es el malvado poderoso que controla los hilos del poder, y a la vez el caricaturesco hombre que controla a una nación revelando sus inconsistencias. Como si Diosdado y Nicolás hicieran la «fusión» de Dragon Ball Z.

Pero en esta cuarta temporada, el asunto se pone serio. Spacey retoma la solemnidad de la tercera temporada mientras los escritores recuerdan el éxito del primer año. El histrión pone en juego toda la oscuridad que ha practicado en roles anteriores, como en Sospechosos habituales, Belleza americana o Se7en. Talento para ser villano, le concede The Verge.

Este nuevo ciclo está dividido en dos partes muy claras, los primeros seis episodios se enfocan en la historia que quedó colgada hace un año, cuando Claire (Robin Wright) anuncia su despedida. «I’m leaving you», la última frase dicha en 2014, es el punto de partida de este año. La pareja presidencial se presenta como enemigos y no como aliados, con estrategias para hacerse daño, para conseguir objetivos, para superar al otro. Las ambiciones tienen distinto rostro pero el mismo apellido.

Luego, se tata de recuperar el pasado. Retomar historias y personajes hace tiempo idos y conectarlos con el presente. Todos los políticos tienen esqueletos en el clóset, que a veces quieren salir. En este caso, en un sube y baja de emociones e historias, donde destacan las miradas a la dinámica de los Underwood y se castiga la inconsistencia de los diálogos, como dice el portal VOX.

Esta vez Claire Underwood toma el proscenio. La historia gravita más en torno a la mujer que a su esposo, a pesar de una campaña presidencial en desarrollo, un contrincante republicano alejadísimo de la realidad de ese partido, y un mundo amenazado por ICO (la versión televisiva del Estado Islámico) y los eternos conflictos con Rusia. Coincide tal decisión narrativa con que Hillary Clinton esté buscando votos en la realidad. Eso sí, en House of Cards no hay ideologías, no hay Bernie Sanders… ni Donald Trump (a pesar de ciertas complicaciones con el KKK).

Cada personaje, viejos, nuevos y recuperados (Neve Campbell, Cicely Tyson y Ellen Burstyn, de lo mejor), tiene su tiempo, su momentum, su impulso a la historia que, por momentos, puede poner a un lado al propio Frank Underwood, cuya cuarta pared parece más sólida que nunca, pues poco le habla a la audiencia. Pero el hombre de las muy ajustadas iniciales FU -léalo en inglés- muestra su verdadero legado: que los hombres (y mujeres) alrededor del poder saquen sus espuelas y no teman usarlas para no perderlo. ¿Les suena?

House of Cards pudiera terminar con el último episodio de esta temporada, pero no. Aunque fue renovada para una quinta, su creador Beau Willimon decidió no continuar al frente de ella. Le tocará a otros ya relacionados con la serie encargarse del 2017, cuando EEUU ya tenga nuevo Presidente y House of Cards muestre su propio resultado electoral.

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