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La historia de mis errores políticos (y mi aprendizaje)

El economista Felipe Pérez Martí, quien fuera ministro de Planificación durante el primer gobierno de Hugo Chávez, reconoce que en su paso por la política ha "cometido muchos errores". Pero añade que "ha ido aprendiendo" y se considera "en el camino correcto: el del nosotros". Desarrolla su idea de la "Vía Solidaria", una propuesta para refundar a Venezuela como una república nueva

En este artículo hago comentarios sobre el siguiente video, en el que digo que “el comunismo es imparable”:

https://www.aporrea.org/actualidad/n228282.html

1. Introducción

En un comentario al respecto, @InfoCont, me dice lo siguiente:

“Disculpa, Felipe, pero eso de que nunca fuiste chavista suena difícil de entender. Se consigue en Youtube un video de una intervención tuya en una reunión de un grupo llamado Patria Socialista en 2013. En ese video dices: «Nosotros nos hemos metido un autogol”.

También pregunta por qué digo “nosotros”:

Aquí respondo a todo eso. Y aprovecho para contestar a los miles de ciudadanos opositores que constantemente me echan en cara que soy o fui chavista, y que  no me creen o me piden que me disculpe.

Debo hacer un resumen de mi actividad política, desde mi posición de ministro de Chávez hasta ahora, para que se entienda bien. Mi conclusión es que he cometido muchos errores. Pero he ido aprendiendo y estoy en el camino correcto: el del “nosotros”, con el Movimiento Libertadores y la alianza de los del coraje, para salir de este régimen y para refundar a Venezuela con una nueva república.

Sobre mi participación en el gobierno, más bien me siento orgulloso de ella, como explicaré. Respondo entonces:

2. Soy de izquierda, pero no chavista. La Vía Solidaria

Hola,  @infoCont1.

Tienes razón en cuanto a que mucha gente deduciría de este video que, por lo menos hasta entonces, yo era chavista. Contrariamente a lo que he dicho: que nunca lo fui (aunque siempre he afirmado que soy de izquierda). Por ejemplo, aquí:

https://twitter.com/Sabiens/status/1242318839221604353

 

Sin embargo, esas personas de oposición no entienden bien el tema del chavismo. No se imaginan que haya gente que no es chavista y, sin embargo prefirieron apoyar, en muchos momentos, al gobierno de Chávez antes que a la oposición, por diversas razones.

Es mi caso: soy de izquierda. Siempre lo fui, y lo seré. Pero nunca fui chavista. Aclaro que lo de izquierda tiene que ver con el concepto histórico inicial, que también se usa en parte de la literatura especializada sobre la teoría de la decisión social: alguien de izquierda apoya a los que están peor en la sociedad, los desvalidos, injustamente tratados. Alguien de derecha, apoya a los que están mejor.

Es paradójica esta terminología originaria, pues el desgobierno de Maduro, como apoya a los que están mejor, a los corruptos enchufados, es de (¡extrema!) derecha. Los liberales, como apoyan a los que están peor (la gran mayoría del pueblo venezolano), son de izquierda.  Aquí pueden ver mi propuesta en ese sentido, para Venezuela y el mundo: La Vía Solidaria.

http://que-hacer.org.ve/wiki/La_V%C3%ADa_Solidaria

3. Mi «comandante supremo» y el mapa de conflicto verdadero

Fui quien acuñó la expresión “comandante supremo”, pero no para referirme a Chávez, como se ha tergiversado, sino a Dios. Se lo dije a él cuando me pidió aceptar el Ministerio de Planificación.

Personalmente, mi decepción mayor con Chávez ocurrió básicamente desde que se echó en manos de Fidel Castro en el año 2003, tras el paro petrolero. Como consecuencia de eso, mi “Plan de Consenso Nacional” fracasó. Fui apartado de mi cargo, y empezó el camino hacia el “socialismo”, el cuasi-estalinismo inspirado por Castro. Este convenció a Chávez de que los que lo querían tumbar con el paro petrolero eran “el imperialismo y la burguesía”. Y entonces Chávez, siguiendo ese falso mapa de conflicto, empezó la guerra contra el sector privado y contra EE UU, buscándose un sector privado a su medida y alineándose con Rusia y China, entre otros, bajo el liderazgo directo del gobierno cubano.

Por supuesto que, a estas alturas, ya sabemos que el verdadero conflicto era entonces, como lo fue con CAP II y también ahora, entre los cazarrenta y el resto de  los venezolanos. Independientemente del disfraz ideológico que tuvieran: blanco, verde, rojo. Los corruptos, del chavismo y de la oposición fueron los que sabotearon mi gestión, lo mismo que a CAP II. Y son los mismos que quieren llegar a un arreglo cohabitador ahora, con una junta gatopardiana: un acuerdo entre los corruptos de la cuarta y los corruptos de la quinta.

De hecho, durante mi estadía como ministro de Planificación tuve varios encontronazos fuertes con Chávez, y no seguí sus órdenes, sino las de mis principios. Por ejemplo, cuando se aprobó en Consejo de Ministros el presupuesto para el año 2003. Me opuse de forma vehemente a ese presupuesto, porque los gastos venían simplemente de sumar lo que cada ministerio y ente respectivo pedía para sí, y no de establecer prioridades ni tomar en cuenta el impacto macroeconómico: me parecían sumamente elevados los gastos y argumentaba que iban a producir inflación.

Pero además de dar la pelea internamente, como pude, luego de ser derrotado dije, incluso en público, que era un presupuesto basura, que como tal había que tratarlo y que no lo iba a acatar.

De hecho, yo había estado impulsando, como jefe del gabinete económico,  el “Plan de Consenso Nacional”, que elaboramos bajo mi liderazgo entre los gremios empresariales, la oposición, el BCV y con el público en general a través de mi programa semanal llamado “Hola Economía”. Allí predicaba -y prometía- responsabilidad fiscal, que era lo contrario de lo que se aprobó entonces.

El grupo de Giordani, liderado por Héctor Navarro mientras el primero no estaba en el gobierno (yo fui su sustituto), siempre estaba al acecho para sabotearme y me llamaba “neoliberal”. Para ellos, el presupuesto era bueno, pues era “keynesiano”. No importaba, según ellos, que los gastos fueran mayores que los ingresos, de manera tan abrupta y tan alta, “pues eso estimulaba el aumento de la producción interna”. Echando mano de un simplismo craso que ni el mismo Keynes (a quien he estudiado bien) hubiera aprobado.

Frente a mi insistencia personal ante Chávez, luego de la aprobación en Consejo de Ministros, él me dijo que si convencía a los demás integrantes él estaría de acuerdo conmigo. Les dije que iba a pasar como en la Nicaragua del primer gobierno de Ortega, en la que se produjo una inflación inmanejable, porque subieron los gastos tremendamente y emitieron dinero para financiar el gran déficit que resultó de eso. Héctor Navarro me contestó que la inflación se debió a la Contra, que había sido culpa de EE UU y no de una política económica errada (como aquí, donde el desgobierno culpa de todos sus males a la oposición y el imperialismo, y no a sus desacertadas políticas y sus errores).

Prácticamente me les humillé y los seguía por los pasillos. Pero no me hicieron el más mínimo caso y se burlaban de mí. Gente que no tenía idea de economía y se presentaban como expertos “conocedores de las malas intenciones del neoliberalismo”. El gran inspirador de ellos era, de nuevo, Giordani, que era el asesor en la sombra, ufanándose de ser un gran economista con una propuesta “heterodoxa, original y futurista”, “fuera de los manuales de la economía neoliberal”.

Luego de eso, seguí impulsando mi plan. Les decía a los sectores mencionados que una cosa era el presupuesto aprobado y otra, muy distinta, el que yo iba a impulsar: el que habíamos elaborado a partir de ese Plan de Consenso. Ni siquiera Tobías Nóbrega, siendo el responsable directo de la elaboración del Presupuesto, como ministro de Finanzas y presunto economista serio, me apoyo en mi lucha por hacer bien las cosas. Se había cuadrado con José Vicente Rangel, luego de que yo rechacé todos sus intentos de este por corromperme. En otros lados lo he relatado y he dicho que contra los manejos de los bonos de Nóbrega, formé una comisión de contraloría interna del Gabinete Económico, que yo presidía. Eso me trajo muchos enemigos además de él y del mismo Chávez.

También he dicho que no solo el chavismo trató de corromperme, especialmente de la mano de José Vicente Rangel, en ese entonces vicepresidente de la República. También trataron de hacerlo empresarios opositores, como Mezerhane, presidente del Banco Federal. Yo era el “zar anticorrupción”, al ser presidente de la Comisión de Transformación del Estado, que estaba elaborando el mecanismo de transparencia total en la administración pública en todos sus niveles. El objetivo de esa instancia era que cualquier ciudadano, no solo el presidente (que me lo pidió para él), pudiera hacer seguimiento de cada ingreso y cada gasto del sector público, en particular el otorgamiento de contratos a empresas privadas.

A pesar de que mi plan era muy básico: promercado, con igualdad de oportunidades, tampoco fue aceptado por la dirigencia opositora y empresarial. Yo me dirigí a Fedecámaras, Consecomercio, Conindustria, la Asociación Bancaria, el BCV, la oposición política, etcétera. Proponía un acuerdo en lo económico, ya que en lo político era natural el conflicto. Les hablaba de las profecías económicas autocumplidas, en el sentido de que si coordinábamos un equilibrio bueno entre los actores relevantes de la economía y la política, en materia económica y sobre la base de un plan básico aceptable para todos, entonces todos íbamos a ir bien en esa materia.

Pero, luego de un intento fuerte de mi parte, que implicó también una reunión en Miraflores entre el presidente de Fedecámaras, la presidenta de Consecomercio, Chávez y yo, y a pesar de las palabras de los líderes empresariales en ese momento, no aceptaron mi oferta de un acuerdo económico de mutua conveniencia. Por sus acciones posteriores, en particular el paro petrolero, querían también ganar políticamente, echando a Chávez del gobierno. Me di cuenta -de manera incipiente- de que no querían una economía de mercado, sino el cazarrentismo, el mismo que tumbó al dream team que integraron en su momento Miguel Rodríguez, Ricardo Hausmann, Carlos Blanco, Gerver Torres, Moisés Naím y Pedro Rosas Bravo.

Ese cazarrentismo tiene una rol crucial para explicar por qué Chávez se echó a las manos de Fidel, y pasó lo que pasó durante estos veinte años. Su gobierno fue rápidamente capturado por una mafia reestructurada del cartel de los cazarrentas, con la importante adición de la nomenklatura cubana. Esto ya venía de la cuarta república, sobre todo a partir del boom petrolero, con oportunidades como nunca las habían tenido. Buena parte del sector privado participó en todo eso. Y los políticos corruptos también, no solo chavistas.

Otro episodio importante de conflicto con Chávez fue cuando nombré a Per Kurowski como gobernador representante de Venezuela ante el Banco Mundial. Para eso, había convocado un concurso nacional, por las redes sociales que habíamos establecido, buscando la persona más idónea para el cargo y bajo los criterios de “Moral y Luces”. Una persona con base ética y conocimiento de la materia. De la  consulta salieron tres seleccionados. Per Kurowski resultó el ganador de esa terna, por ser la persona con más credenciales y más experiencia. Lo escogí por ser el más adecuado.

El cuento es largo. Intenté varias veces llevarle esa propuesta a Chávez, pero no me atendió a tiempo, dadas sus múltiples ocupaciones. Había que tomar una decisión, por los tiempos del Banco Mundial, y decidí, desatendiendo incluso el consejo de nuestro asesor jurídico, dar el paso de designarlo, pues si no hubieran puesto a otra persona, representando a otro país (creo que era España).

En esa oportunidad, luego de la designación, que no permitía echarnos para atrás ante el Banco Mundial, Chávez me armó un lío descomunal, con muchos gritos y golpes en la mesa, en su oficina privada en Miraflores. Solo estaba presente un teniente alto, Morales, creo que se llamaba. Como inferí, los militares como él (fue el del chisme, no me cabe duda) y los del PSUV querían ese cargo para ellos. El sueldo era altísimo, en dólares, como se podrán imaginar.

Después de que salí del gobierno, la gente de Giordani me persiguió por esa designación, acudiendo a la Fiscalía y a la Controlaría, argumentando que me había extralimitado en mis funciones y usurpado las prerrogativas del presidente. Yo no me quería defender, pues estaba hastiado de esas corruptelas e intrigas, pero al final lo hice: la Ley de Contraloría establece que, de no haber actuado en concordancia con los intereses de la nación, en imposibilidad de un lineamiento de mi jefe, hubiera incurrido en delito. Hasta ahí llegaron sus intentos legales contra mí.

4. Promoción del poder ciudadano: el chavismo no era democrático, sino hegemónico

Luego, me sabotearon muchos intentos de hacer algo en política, como ciudadano. De manera que no me consideraban parte del “nosotros”. Por ejemplo, cuando promoví el poder ciudadano desde la organización de la sociedad civil independiente, que llamamos Conexión Social. Giordani me mandó emisarios amenazándome para que no siguiera con eso, y lo paré en seco. El mismo Chávez puso una comisión de la Guardia Nacional y otros elementos a seguirme en las reuniones, asambleas, cuando seguimos adelante.

En el Congreso Nacional de Promotores del Poder Popular, que logramos organizar en Carora, ocurrió el enfrentamiento mayor. Nosotros decíamos que el poder había que dárselo de una vez a la gente, de manera democrática, en unos consejos ciudadanos que serían como asociaciones de vecinos, pero con más poder político. Los enviados de Chávez decían que al pueblo había que formarlo primero, que su ideología no garantizaba responsabilidad social.

En la asamblea general celebrada en esa ocasión, ellos proponían que Conexión Social debía declararse socialista. Yo les dije que no podía ser, pues si promovíamos el poder ciudadano, no podíamos tener ninguna ideología, ya que éramos una suerte de CNE fáctico, promoviendo la organización y la decisión ciudadana. Que el pueblo decidiera qué ideología adoptar y qué partido o candidato apoyar, cuando se organizara y tomara el poder, como le correspondía.

Al final se hizo una votación y ganó la propuesta de ellos. Habían traído a mucha gente, entre ella la que apoyaba al alcalde de Carora, Julio Chávez. Yo renuncié, una vez conocido el resultado, pues estaba totalmente contra mis principios. Luego, ellos abandonaron el proyecto de Conexión Social y siguieron con lo de los Consejos comunales, pero a su manera. Con esa orientación totalmente errónea, cooptados desde arriba, siendo usados centralizadamente para servirse de la gente, y no como un mecanismo para servirle y empoderarla con democracia verdadera (me he referido a esto en otros escritos, en los cuales demuestro que debilitaron el poder ciudadano, al balcanizarlo. También, con las múltiples misiones sociales totalmente descoordinadas entre sí y con el consejo comunal, un grupo más).

Por eso es que hablo en ese video de los consejos comunales. Y digo que había que modificar esa concepción radicalmente. Hoy seguimos impulsando eso desde el Movimiento Libertadores, y proponemos cambiarles de nombre y de carácter, creando los consejos ciudadanos.

En todo esto, he seguido lo que le dije a Chávez cuando me pidió que aceptara el ministerio. Seguiría a mi comandante supremo (mis principios, Dios) y no a él, como mi jefe inmediato, cuando hubiera contradicciones entre las órdenes por ejecutar. Aquí narro un poco lo que pasó en esa reunión crucial en la que Chávez, en Miraflores, me propuso ser ministro de Planificación, pues soy quien inventó esa expresión para referirme al jefe de una persona con creencias cristianas, como yo, en un cargo público. Por cierto, Chávez ya había nombrado a Armando León como ministro de Finanzas y me pidió trabajar con él, pero le dije que con esa persona no podía trabajar, pues no calzaba los puntos.

Luego les narraré la historia completa, que supuso una vergüenza para Chávez, pues tuvo que decirle a León que ya no lo quería como ministro. León es un oportunista político, corrupto, con un conocimiento muy superficial de la economía. Él tiene una gran responsabilidad por justificar la conversión del BCV en caja chica del gobierno de Chávez. Y con ello, en las hiperinflaciones y la sobrevaluación perniciosa que sufrimos con el control de cambio durante todo ese período.

Ahí cometí otro error: proponer a Tobías Nóbrega como ministro de Finanzas, pues yo creía que era una persona honesta. Nóbrega nos traicionó el mismo primer día de su gestión a Maximir Álvarez (excelente economista y persona, quien fungía como gerente de Instituciones Financieras del BCV) y a mí, pues habíamos acordado un excelente superintendente de bancos, y nombró a un hombre de la banca para ese puesto: zamuro cuidando carne. Es conocida su vorágine de corruptelas con la banca, nacional e internacional.

Felipe Pérez Martí: A los soldados venezolanos

 

5. La oposición tampoco era democrática

Respecto del “nosotros”, he pasado mucho trabajo tanto con los gobiernos de Chávez y Maduro como con la oposición. Nunca me consideraron parte del nosotros, ninguno de ellos. Cuando salí del gobierno, ni siquiera mi trabajo en el IESA me querían dar de vuelta, y padecí bastante por la estrechez económica, al no tener ingresos durante casi un año. Recuerdo que, cuando insistí en que quería volver a mi trabajo, pues legalmente estaba de permiso, el IESA mandó a María Helena Jaén y a Pedro Palma a persuadirme de no regresar, argumentando que, como era de izquierda, no cabía en esa institución. El mensaje era que debía buscarme una universidad europea que acogiera a intelectuales con mi orientación ideológica.

Les dije que no, y tuvieron que aceptarme, luego de un largo tiempo (dada mi urgencia) y a regañadientes, de vuelta. A partir de entonces hubo una guerra contra mí. Muchos profesores, con honrosas excepciones, me veían mal. Los mismos estudiantes pasaron a evaluarme de entre los mejores, más creativos y didácticos profesores antes de estar en el gobierno, a considerme entre los peores, como si hubiera perdido mi conocimiento y mi capacidad pedagógica.

Aunque hubo muchos otros episodios de rechazo, de un lado y del otro, concluyo en que era tratado como un paria de la política venezolana. A ver si en algún momento escribo esa historia completa.

Siempre critiqué la política económica de Chávez, con el nefasto Giordani a la cabeza, desde que me fui del gobierno. En particular el control de cambio, que fue la principal razón por la que me echaron. Me negué a aceptarlo cuando Armando León y Fidel Castro lo propusieron. A pesar del paro petrolero, el régimen cambiario que impulsé, de flotación limpia (de mercado puro y duro), con bandas anchas que nunca se tocaron, fue el mejor régimen cambiario que hemos tenido en la historia. Eso, a pesar de su corto tiempo, y del paro mismo, durante el cual se comportó con una robustez sorprendente. No quería que lo abandonáramos y me opuse al control de cambio.

Pero tuve que calármelo porque lo impusieron, sin derecho a pataleo. Y sin aceptar que, por lo menos, se esperara un par de días para que se demostrara que no iba a haber cesación de pagos, con la taquilla cerrada, como yo proponía. Lo acepté a regañadientes, y lo hice con la condición de que fuera diseñado por nosotros (con cuatro controles, etcétera, para neutralizar la corrupción), y solo durante tres meses. Fidel Castro y Armando León decían que debía seguir, que funcionaba bien en Cuba, entre otros argumentos. Y Chávez lo convirtió en un arma política de guerra económica, con lo cual me di cuenta de que mis días estaban contados, pues Giordani volvería a ser el instrumento de la nueva política económica estatizadora.

Así que nunca, en realidad, se me permitió usar el “nosotros” en ningún lado de la política. Siempre propuse la Vía Solidaria, como lo sigo haciendo hoy (en lo personal, no en el Movimiento Libertadores, que coordino, pues ahí hay diversidad ideológica, como debe ser).

6.Maduro y el camino al completo desastre

Cuando Maduro fue elegido, vi una gran oportunidad para que las cosas cambiaran. Lideré la elaboración de un plan económico titulado “Qué Hacer”. Ahí fue cuano activamos el grupo de googlegroups que lleva ese nombre, con notables economistas (Ricardo Hausmann entre ellos), politólogos (Michael Penfold entre ellos), sociólogos (Javier Biardeau entre ellos), hombres de negocios, sindicalistas, amas de casa, militares, etcétera. El objetivo: presentar un plan económico y social para el país.

De ahí surge la propuesta, aunque no siempre fue resultado de participación de todos. Pero reflejaba un proyecto de políticas públicas tan básico que todos estarían de acuerdo: promercado y con igualdad de oportunidades. Que requería, por supuesto, levantar el control de cambio para volver al esquema que impulsé, independencia del Banco Central, responsabilidad fiscal, fondo petrolero tipo Noruega. Y así.

Fue por entonces que convocaron a esa reunión en la que aparezco en el video y a la cual llevé la propuesta por escrito. Aunque no hablé de ella, sino del futuro de las redes sociales y el modo solidario de conocimiento libre, como vieron en el video, citando la propuesta escrita, que estaba bien elaborada, pero que era estándar. En muy poco tiempo, me di cuenta de que tampoco ahora Maduro nos hacía caso. Giordani siguió siendo el jefe del gabinete económico. Esa reunión fue convocada por un grupo amplio, llamado “Patria Socialista”, en general de izquierda, que quería hacer propuestas al gobierno naciente.

Así que ese “nosotros” del que hablo fue un intento de autoincluirme para que, por fin, me hicieran caso.

Pero no. Por supuesto que Maduro no solo siguió lo de Chávez, sino que lo empeoró ostensiblemente. Nunca formé parte de ese “nosotros”. En realidad, ni siquiera del grupo que convocó la reunión, que luego se transformó en Marea Socialista, de la cual nunca formé parte y critiqué fuertemente por los visos de estatismo de sus propuestas. A algunos de ellos los llamaba “izquierda radical de derecha corrupta”, pues no se daban cuenta de que el estatismo favorecía el cazarrentismo, a los corruptos que estaban mejor y no a los que estaban peor en la sociedad. Que es, básicamente, la gran mayoría de la población, incluyendo la clase media, trabajadores, empresarios, maestros, profesionales y militares de rangos bajos.

Maduro llegó a extremos muy graves, como todos sabemos. Que mostraban mucha ignorancia, por un lado, y su condición de títere directo de los cubanos, sus jefes junto con el resto de los cazarrentas y la cúpula militar corrupta.

7. Mi incursión y mi exclusión en la “oposición sin más”

Muy temprano me separé de ese “nosotros” del desgobierno de Maduro. Y entonces traté de incursionar en la oposición, a pesar de que le tenía tantas observaciones. En particular, sobre el tema de los corruptos que allí hay y de la falta de democracia interna.

Empecé a ir a las reuniones del grupo de análisis político de Lewis Pérez. Allí fue que propusimos la consulta para un referéndum revocatorio ciudadano. Fue rechazado por los políticos. Luego propusimos lo que terminó siendo la Consulta del 16-J.

Muy pronto, el “nosotros” de la oposición también me excluyó. Esta vez no solo a mí, sino a todo un pueblo, que se manifestó ese 16 de julio de 2017. La MUD nos traicionó, cuando yo creía que iba a liderar la pelea de facto, como propuse aquí:

https://www.lapatilla.com/site/2016/10/18/felipe-perez-marti-obediencia-constitucional/

8. Rescatar al hijo utilizado y abandonado: el Movimiento Libertadores

Me di cuenta entonces, con mucha claridad,  del fenómeno del cazarrentismo. Y de que quienes movían los hilos de la política y la economía, tenían como agentes tanto al desgobierno como a parte importante de la oposición.  Y escribí este artículo académico al respecto (página 17):

http://clubmacro.unimet.edu.ve/wp-content/uploads/2018/01/MM-vol.3-n.-1.pdf

Retomamos el Movimiento Libertadores luego de que la MUD lo abandonó, tras haberlo utilizado y no seguir el mandato popular. Trató de reinventarse, con engaño, en el Frente Amplio, que hoy sabemos que es más (peor) de lo mismo.

Y en ese “nosotros” del ML sí que me he mantenido. Hemos tratado de aumentarlo con una alianza más amplia, que incluya partidos, militares, resistencia civil, comunidad internacional, de los del coraje, como opuestos a los de la cohabitación con Maduro y/o con el sistema cazarrenta, que quieren un cambio gatopardiano.

Esta es la propuesta que hemos elaborado:

https://www.movimientolibertadores.com/doc/GPSresumenv13.pdf

En resumen, ahora por fin estoy en un “nosotros” adecuado, en el cual me siento incluido, con una diversidad ideológica muy grande que refleja a la Venezuela real, pero en la que nos une el rescate del país con base en tres principios: Moral, Luces y, sobre todo, Amor.

9. El “comunismo utópico” de las redes sociales y la Vía Solidaria pospandemia

Quiero aclarar que lo del “comunismo” del que hablo en el video que da pie a este artículo, es el comunismo utópico que menciono en La Vía Solidaria. Me refiero a la comunidad que hay en las redes sociales, donde hay intercambios solidarios de información, de opiniones, sin que se haga a cambio de dinero, por un precio, o por mandato del Estado. Se trata de una especie de anarquismo solidario, en el que no hay ni mercado ni Estado, que para mí tiene todo el futuro del mundo, con grandes impactos políticos, sociales y económicos.

Por supuesto, eso no quita lo imprescindible del mercado y del Estado, como explico en el artículo. Pero es verdad lo que digo ahí: esa parte de la organización social “comunista” es imparable. Y para bien, a pesar de que mucha gente no lo entienda aún. Ahí la propiedad es común: los activos intangibles del conocimiento como bien público y de los espacios compartidos de propiedad básica y prácticamente común.

Luego de la pandemia, le veo aún más futuro a la Vía Solidaria. En ella, por cierto, prevalece un “nosotros” que nadie nos podrá quitar. Ni el chavismo, ni la oposición corrupta. Será de todos los venezolanos, en especial de los honestos. Y de todos los ciudadanos del mundo. Sobre todo de los honestos. Y de todos los animales y plantas del mundo (que, claro está, son todos honestos).

10. Conclusión (y lo espiritual en mi vida)

Concluyo diciendo que, así como en mis predicciones sobre la caída del régimen he tenido errores y los he ido corrigiendo, en política también, como todos han visto en este relato. Creo que voy por buen camino, pues tenía “un grano de verdad” en lo que siempre creí: seguir los principios y defender al desvalido, buscando justicia e inclusión. Un “nosotros” para todos.

Siempre he seguido también el camino espiritual. Desde pequeño, estuve en un seminario y fui Carmelita Descalzo por cuatro años. Ahora puedo decir que, sobre todo en este momento, es lo que me mantiene firme buscando la verdad y la salvación para todos. La convicción de que el mundo espiritual, en el que hay que vivir desde ahora, es el que irradia su luz sobre el terrenal, para ordenar las cosas en su justo lugar.

Cordialmente, agradecido y pendientes, que ahora es cuando viene lo bueno…

 

Felipe