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La izquierda sin etiquetas

De verdad, yo no entiendo, de verdad, yo no sé, qué carrizos es ser de izquierda, sobre todo, cuando a la izquierda, que se etiqueta de izquierda, no le gustan las etiquetas. O algo así.

La izquierda sin etiquetas

Hace unos días me preguntaba qué es ser de izquierda. Soy bastante ignorante, y en verdad no sé si ser de izquierda es ser marxista, leninista, estalinista, maoísta, castrista, revolucionario, chavista, evangélico, mormón, saibabista, zapatero, talabartero, conductor de autobús, obrero, minero, ucraniano, croata, cubano, feminista o vegano.

No lo sé. Me queda un tanto claro, o más o menos claro, que alguien de izquierda es alguien que se preocupa por los desprotegidos. Por lo que, supongo entonces, ser de izquierda es también ser cristiano. Ser de izquierda, por igual supongo, es indignarse ante la desigualdad social. Es ser humano, eso intuyo. Aunque humanos somos todos.

Pero humano, claro, con actitud piadosa, generosa y abierta a la humanidad de los humanos de la humanidad humana. Aunque supongo que usted puede ser liberal y también ser de izquierda, porque el liberal bien entendido cree en el bien común dentro de una economía del mercado (¡Oh pecado que acabo de decir!).

Pero si usted no quiere ser absolutamente liberal, porque tiene un problema muy grave con eso de la economía del mercado, pues entonces supongo que puede ser socioliberal o liberal demócrata. Allí, en esa rendija, o con esa etiqueta, usted puede conjugar justicia social, economía de mercado y democracia liberal. Digo, aunque una cosa así suene un tanto compleja de asimilar, pero imagino que puede ser. Todo pensamiento político es, al final, un sueño irrealizable, ¿no?

En fin, ser de izquierda, al parecer, es una cuestión de actitud, y acá no importa lo de las etiquetas, porque, según he visto en repetidas ocasiones, a la izquierda no le agrada mucho ser etiquetada, aunque ella misma se llame de izquierda. Y digo que a la izquierda no le gusta ser etiquetada, porque he notado que siempre, con gran facilidad, a la izquierda le gusta dejar de ser de izquierda en lo que las cosas comienzan a salir mal con los asuntos de la izquierda. ¿Qué quiero decir con esto?

Pues a ver. En primer lugar, me parece que con demasiada regularidad la izquierda es más entusiasta de lo que debería con los asuntos de la justicia social. Y no es por la justicia social en sí misma, no, es porque siempre que la palabra social o justicia social sale a relucir como bandera, la izquierda salta muy pronto a sentirse identificada.

Me ha parecido que a la izquierda poco le importa el vocero sino mucho más el mensaje. Pero no siempre el mensaje es honesto y verdadero o, por lo menos, congruente. ¿No suena extraño, por ejemplo, ese asunto de la izquierda en boca de un militar? En verdad, en serio, ¿no suena raro? ¿Cómo alguien puede irse detrás de un militar que ha sido educado en la jerarquía, en el mando absoluto y en la necesidad del obediencia absoluto y arbitraria tan sólo porque vocifera a los cuatros vientos que es de izquierda? ¿Ser de izquierda es un sentimiento, una sensiblería que anda buscando el cariño de cualquiera con ánimos de macho alpha? Aunque, quizás, el mejor ejemplo de izquierda, sea un militar. En pro del amor al pueblo y a la patria (en pro de la justicia social) el militar comete cualquier descalabro, cualquier exceso, cualquier abuso, y nadie puede decir ni hacer nada, porque las pistolotas las tiene él, compadre.

Pero no hablemos de militares, hablemos de cualquier mediocre guapo y apoyado (por militares) que diga ser humano profundamente humano; tan sólo pensemos un cualquier pelafustán que sale por ahí a decir que es de izquierda… ¿A ése hay que hacerle caso y rendirle honores y ponerlo de presidente?

Pues lucubro que así es. Porque si no, no se explica la ingente cantidad de errores políticos de este país en nuestros últimos tiempos. Ah, pero hay más, y digo que hay más, porque nos sigue quedando pendiente aquello de que a la izquierda que se etiqueta de izquierda no le gustan las etiquetas.

Cuando los asuntos del militar de izquierda o del pelafustán de izquierda en temas de gobierno nacional comienzan a salir mal, de lo peor, horriblemente mal, entonces muchos (muchos, mas no todos) de izquierda saltan de inmediato a decir que el gobierno nacional en cuestión, ¡no es de izquierda!

«Eso no es izquierda», van y te sueltan con toda autoridad e indignación, y entonces ya uno no sabe qué responder, porque, en primer lugar, en los inicios, ha visto un gran y radical apoyo de muchos de izquierda a ese gobierno que antes se suponía era de izquierda, y luego, porque cuando te dicen que el gobierno nacional que dice ser de izquierda no es de izquierda, entonces uno comprende, al fin de cuentas, que uno no entiende o realmente no sabe qué cosa es ésa de ser de izquierda y que se ha metido donde no debe y mejor se va tranquilito a la cama, se arropa bien arropadito y se pone a ver Cartoon Network.

No sé, ¿no resulta muy cómodo decir que un gobierno de izquierda (que al principio apoyaste) no es de izquierda sólo porque ese gobierno de izquierda no sirve para nada? Es decir, un gobierno de izquierda hace todo lo que toda la vida han hecho los gobiernos de izquierda, y los resultados son siempre los mismos: un fracaso absoluto.

Pero cuando este fracaso absoluto llega, muchos de izquierda que apoyaron al gobierno de izquierda ni siquiera llegan a las tres veces del apóstol Pedro para alejarse, despotricar y negar. «No, este gobierno no es de izquierda, este gobierno es una dictadura militar». ¡Coño! ¡Coño! Si lo que hiciste desde el principio fue apoyar a un militar que decía ser de izquierda… ¡Coño, mano, pero si los gobiernos de izquierda han hecho siempre las mismas cosas y todo siempre termina igual! Entonces, ¿qué es lo que debería realmente hacer un gobierno de izquierda que nunca ha sido hecho correctamente? Porque gobiernos de izquierda ha habido muchos, ¿no? Pero al final, según la izquierda, esos tales gobiernos de izquierda se desvían o, por supuesto, los tumba el imperialismo.

¿No terminan todos haciendo lo mismo? ¿No terminan todos los gobiernos de izquierda, en pro de una conveniente y perversamente utilizada justicia social, dándole poder omnímodo al Estado y por lo tanto a un reducido grupo que termina olvidándose por completo de los desprotegidos y, en todo caso, volviendo a los desprotegidos más bien absolutamente miserables? ¿No ha sido siempre así? ¿O todo es culpa del imperialismo? ¿O esos militares que dijeron ser de izquierda, ¡qué malvados!, jugaron con las buenas intenciones de la izquierda?

De verdad, yo no entiendo, de verdad, yo no sé, qué carrizos es ser de izquierda, sobre todo, cuando a la izquierda, que se etiqueta de izquierda, no le gustan las etiquetas. O algo así.

Y ya, para terminar haciendo que este artículo sea de lo peor, diré que a los llamados señores de la Cuarta República, a los adecos y los copeyanos, a los demócratas en general, nunca los he escuchado decir que éste o aquel gobierno de la mentada Cuarta no fue un democracia sino una dictadura militar o un gobierno absolutista o totalitarista u oligarca o de talabarteros perversos esoteristas… o algo así.

En fin, yo no sé lo que es ser de izquierda, posiblemente porque soy muy bruto. Esto, además, no va para todos los de izquierda, sino para aquellos de izquierda aquí descritos. Así que no se me ofendan todos, por favor. Gracias, y me voy con mi etiquetas para otro lado.

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