Las hallacas de la diáspora: así son desde Colombia hasta Australia

Como sus creadores, venezolanos migrantes, la hallaca se adapta a los ingredientes locales, a la ausencia del ají dulce, a nuevas guarniciones y a otros comensales. Contamos cómo son (y dónde pueden disfrutar) el condumio navideño en Australia, Bélgica, Canadá, Costa Rica, República Dominicana, Uruguay, Estados Unidos, México, Chile, Suiza, España, Irlanda y Colombia

Las hallacas de la diáspora: así son desde Colombia hasta Australia

Las hallacas conservan su lugar en la mesa navideña fuera de Venezuela y también conquista las mesas tradicionales de los lugares más remotos. Como sus creadores, venezolanos migrantes, la hallaca se adapta a los ingredientes locales, a la ausencia del ají dulce, a nuevas guarniciones y a otros comensales.

Y es que es la obra maestra de la cocina criolla, el símbolo navideño de la venezolanidad que reúne familias pese a las distancias y, sobre todo, es lo que bien dice el teórico de la gastronomía venezolana Rafael Cartay: “La hallaca es símbolo de memoria gustativa, resistencia, resiliencia, esperanza y el recuerdo de la nacionalidad”.

Sazonando con nostalgia y el orgullo de presentar la tradición venezolana en un plato, nuestra diáspora se luce. Lo dice Cartay:

“Ya no se envían tantas hallacas al exterior como antes. En todas partes consigues ventas. La hallaca se ha difundido por el mundo y esa es la mejor propaganda para la cocina venezolana. Nuestra diáspora, que es uno de los acontecimientos más tristes que viven los venezolanos, también es un elemento muy importante y muy favorable para la difusión de nuestra cocina”.

Ellos son nuestros hallaqueros embajadores:

España

Carmen “Carmela” de Perera en Valencia: “Nuestra reina es la hallaca”

Desde que recuerda, las hace a la manera caraqueña y con yerbabuena en el guiso. Tiene cinco años vendiéndolas en su local de productos latinos Tierra de Gracia del Mercado de Jesús. Allí, además, tiene lo necesario para que cada quien haga su hallaca con su mismo entusiasmo.

La suya se ha servido hasta con pan de jamón serrano y a propósito de esto, se atreve a nuevas recetas: hallacas vegetarianas, de caraotas negras y de frutos del mar. /

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Instagram: @tdggracia / Facebook: Tierra de Gracia Tienda de Alimentos Especializada

Gisell “Gigi” Aljibes en Madrid: “Hago un corazón venezolano”

Tiene cinco años en Madrid y esta es su segunda Navidad preparando hallacas. Inició porque quiso comérselas como en su casa en Valencia y porque quiere seguir la tradición para cuando tenga hijos.

Escucha Guaco para la sazón y toma Ponche Crema para la razón. No cambia su receta, aunque tenga que pagar un poco más por cada uno de los ingredientes.

Sorprende a los españoles cuando explica la elaboración y más cuando cuenta que en su casa en Venezuela, salen quinientas en un día. Ya la conocen como “Gigi, la de las hallacas”.

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Instagram: @gigialjibes

Lorena Loreto en Barcelona: “Las hallacas son nuestra Navidad”

Las hallacas de Lorena saben a Valencia, la de Venezuela. Las hace desde hace 21 años y desde hace año y medio, en la ciudad catalana. Su venta inicia en septiembre y no solo convoca a sus amigos, sino al paisano que vende empanadas en la playa, al guatemalteco que le vende las hojas, a una tienda en el Raval que siempre tiene calçots (cebollín) y al catalán a quien le explica que la hallaca es un pastel cuya masa se tiñe con aceite de onoto, que no achiote.

Trató de pedir los ajíes dulces de las Islas Canarias por Amazon y qué va, así que le pone pimentón dulce español en polvo. Canta gaitas durante la preparación, cierra los ojos para probar el guiso y los abre bien para mirarlas desde las cuatro esquinas antes de envolverlas. Su meticulosidad asegura que nada falte ni sobre.  

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Instagram: @lorenaloretom

Estados Unidos

Pedro Boschetti y Jorge Rodríguez en Fort Lauderdale, Florida: “La nuestra es explosión de sabores”

Los esposos Pedro y Jorge comenzaron a vender comida hace más de cinco años. No solo para tener ingresos, sino para dar a conocer lo que les sobra: sazón caraqueña y de la más auténtica.

Hoy las hallacas de J&P Gourmet Bites están disponibles en distintos supermercados latinos y restaurantes venezolanos de la ciudad. Hay quienes dicen que son el poema de Aquiles Nazoa: “voy a comerme el alma de Caracas, encarnada esta vez en dos hallacas”.

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Instagram: @jpgourmetbites / Facebook: J&P Gourmet Bites

Irlanda

Niuska Sánchez en Dublín: “Hago lo que extrañamos los venezolanos”

Prepara hallacas desde los quince años. Entonces, las vendía en la pescadería de sus papás en Maturín. Desde que llegó a Dublín hace siete años arrancó la faena y hoy ese emprendimiento es Niuska Catering. Sustituyó el ají dulce, el adobo, la salsa inglesa venezolana y la salsa 57 por salsa de tomate y un toque de Tabasco, porque lo más vernáculo no está en ninguno de los cinco mercados en los cuales compra.

Complace todas las quisquillosidades hasta las ñapitas que le piden de garbanzo y huevo sancochado. Su temporada hallaquera inició en octubre y terminará en enero.

las hallacas de la diáspora

Instagram: @niuskacatering / Facebook: Niuska Catering

Colombia

Llegó hace seis años desde Caracas y desde hace tres, tiene su restaurante familiar Nuestra Sazón, con menú criollito y hallacas con recetas de la abuela y tías caraqueñísimas.

Tiene todo tal cual en Caracas menos la cocción en fogón de leña. Sin pretensiones ni engaños, lo que sirve es una hallaca grandota rellena de momentos benditos y dedicación venezolana.

diáspora

Instagram: @nuestrasazonmed / Facebook: Nuestra Sazón

Costa Rica

Ana Zambrano en San José: “Mi hallaca es familia”

Llegó desde Caracas hace 18 años sin trabajo ni papeles, pero con sus saberes: las recetas de su mamá. Para entonces, no se conseguía harina PAN, así que preparó sus primeras hallacas con harina de maíz molido y así se quedaron.

Todavía no consigue el vino Sagrada Familia, pero usa otro vino de cocina. Ni tocino ni encurtidos porque amarga. Papelón y picante porque sí. La señal de la cruz cuando arma la primera porque es ritual. La carrera universitaria de su hija se pagó con las ventas de sus hallacas.

Hoy, 65 le salen por tanda que, como su ya reconocido gusto en la zona, van de boca en boca.

hallaca viajera

Correo: anazambrano58@gmail.com

Suiza

Godiva Graterol en Montreux: “Lo mío es 100% sabor venezolano”

La caroreña tiene 31 años en tierras frías y hace 24 inició Catering Godiva. Lo que más costó entonces fue conseguir las hojas y siguen siendo lo más costoso para la elaboración. Si consiguiera ají dulce, pagaría lo que fuera, porque cuida cada detalle de su cocina, hasta los roncitos, las frías y el repertorio del Quinteto Contrapunto para la hechura de su arte.

Todavía los suizos se sorprenden de que en Venezuela exista un plato exclusivo para las fiestas decembrinas. Lo que pone en la mesa es intercambio cultural y todo en su santo lugar.

hallaca viajera

Instagram: @cateringgodiva

República Dominicana

Sinereth Torres y Williams Rodríguez en Punta Cana: “El cuerpo sabe que la necesita cuando se acerca diciembre”

Desde hace cuatro años, los esposos marabinos alborotan las nostalgias de los venezolanos y las curiosidades de los turistas. Aunque tienen con qué, no es tan sencillo: en la isla no hay bijao. Lo que hay son hojas de plátano que solo se consiguen en el campo y tienen que cortarlas y ahumarlas ellos mismos.

Siempre que pueden, dejan claro que no es el pastel en hoja dominicano, porque el guiso se prepara un día antes, la masa es finita y esa hallaca lleva guiso de punta a punta. Cuando un dominicano les dice “¡Esto es el final!”, saben que quedó clarita la diferencia.

hallaca viajera

Instagram: @sugarcitypc

Chile

Yolanda Loaiza en Santiago: “Diciembre no es diciembre sin una hallaca”

Nació en Chile. Hace 30 años viajó a Venezuela, se quedó en Margarita, tuvo a sus hijos y aprendió a hacer hallacas orientales. Hace dos años, regresó a su país y montó su local Pastelitos Ya! en el mercado de la Vega Central para que sus compatriotas probaran a qué sabe el amor venezolano que ella tanto recibió.

Los chilenos que no le porfíen: no es el tamal humita, empezando porque la hallaca se come en familia. Los venezolanos la piden para llevar y siempre vuelven.

hallaca viajera

Instagram: @pastelitosya

Bélgica

Virsaith Acevedo en Brujas: “Es la protagonista de nuestra gastronomía navideña”

La caraqueña llegó a Bélgica en el 2014. Un año después comenzó a vender hallacas. Participó en el VII Concurso “La Mejor Hallaca de Madrid 2017” quedando en el 6to lugar de la preselección.

Aunque consigue los ingredientes en tiendas latinas, africanas e indias, ha llegado a viajar a otra ciudad para buscarlos. Las hace de res y de cochino con res, y si se las piden con tiempo, consiente con ñapita de pasitas o lo que le pidan.

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Instagram: @virsaithacevedo

México

Nella Ayala y Anita Briceño Ayala en Ciudad de México: “Nuestras hallacas pasan el examen”

Llegaron hace tres años y desde el año pasado sirven las mesas de La Casa Nuestra. Empezaron con minihallacas para degustación y con tantos pedidos las hicieron más grandes.

En su huerto tienen ají dulce de origen yucateco y en sus manos la malcriadera: hallacas vegetarianas, bollitos y la masa siempre dulce. Lo seguirán diciendo: la hallaca no es un tamal y el guiso no es el chile en nogada.

Ya empezaron los encargos de este año y la cola es larga. Para la primera semana de diciembre entregaron más de ciento veinte.

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Instagram: @lacasanuestramx / Facebook: La Casa Nuestra

Canadá

Silvia Coronado en Mississauga: “La mejor parte es probar las primeras”

Prepara hallacas desde que tenía quince años. Antes, con su mamá en Caracas. Ahora y desde hace 12 años, con sus hijos.

Estas hallacas convocan hasta a las nacionalidades menos pensadas: japoneses y árabes. Ya no les pone ají dulce, porque dice que le salen picosos, pero a la masa no le falta caldo de gallina.

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Facebook: Silvia Coronado Ramírez

Australia

Tamara Rodríguez en Perth: “La hallaca habla de nuestra multiculturalidad”

La chef oriunda de Río Caribe llegó hace un año con su nombre bien puesto y sus 20 años de experiencia. Buscó y encontró: del sureste asiático todo, menos ají dulce. Onoto de Filipinas. Hojas de Vietnam. Res, cochino y gallina de los mercados chinos. Sustituyó el papelón de caña de azúcar por el papelón de azúcar de palma. Pero el roncito de la faena no lo cambia.

Sus hallacas favoritas: las de cochino y gallina. Las favoritas de sus comensales: las caraqueñas y las vegetarianas. Las mejores: las zulianas -con masa de plátano verde- que Australia aún no conoce. Quizás este año se anime a prepararlas. Pídanlas que ella consiente.

Instagram: @saboresdeparia

Uruguay

Karina Piña en Ciudad de la Costa: “Es la receta de las mujeres de mi clan”

Es de Carora, en Lara. Tiene tres años en Ciudad de la Costa y tres años haciendo las hallacas que ya son aceptadas entre los uruguayos.

La primera vez que una uruguaya vio la olla, preguntó qué eran esos paquetes con esas envolturas flotando. Karina explicó y todavía para hablar de la elaboración del guiso, cuenta que se trata de un salteado de tres carnes para que no se confunda con el ensopado.

Gracias a uno de sus clientes, consigue las hojas de banano. Nadie le ha podido conseguir la salsa inglesa criolla ni la salsa 57 que le da el toque que a ella le gusta. Le encargan por mensajito y de inmediato, se faja

José Guerra: "Este es un capitalismo de amigos"

El exparlamentario hace un recuento de las principales políticas económicas tomadas en el país durante los últimos 100 años: «Anatomía de una catástrofe», su nuevo libro publicado por Editorial Dahbar, es una invitación hacia el pasado económico de Venezuela. ¿Qué hicimos mal y cómo llegamos aquí?