Los 10 años de Voluntad Popular

En la formación y desarrollo del partido han participado líderes políticos regionales que pertenecieron a esas corrientes políticas de la reivindicación social, con un pensamiento de avanzada que quieren hacer de Venezuela un país de progreso en paz y democracia

El pasado 5 de diciembre se cumplieron 10 años de la fundación de Voluntad Popular, un partido liderado por Leopoldo López y fundado por un conjunto de factores sociales de diversas generaciones y con un ideal fundamental, lograr “todos los derechos para todas las personas”.

Quienes lo fundaron de una u otra manera, pertenecen a una corriente histórica que busca la reivindicación social de los venezolanos, que como dice Tamara Adrián, busca “el máximo desarrollo económico con la mayor inclusión social”; es lo que los estudiosos dan en llamar la centro izquierda. Un espacio político lamentablemente abandonado por Acción Democrática, y en el que también trataron de incursionar el MAS y Un Nuevo Tiempo. Es una concepción política, que representa lo que ha venido siendo la evolución político social de un país lleno de ingentes recursos naturales, y de una sociedad libertaria, sin castas, ni profundas diferencias sociales como en el caso del Perú, Colombia o Chile.

Los grandes partidos políticos como AD y Copei, lograron interpretar esa realidad y lograron transformar a Venezuela; uno desde la centro izquierda, y otro desde la centro derecha; uno con sentido revolucionario, y otro desde el humanismo cristiano, y ambos con un profundo sentido nacionalista, sin dogmas de fe, ni apego a doctrinas extranjeras.

Esto lo lograron en medio de presiones autocráticas, y consiguieron ponerse de acuerdo para concebir un modelo político que diera cabida al ideal democrático nacional, que desde los tiempos de la independencia busca protagonizar la transformación de un país rural y sometido a la voluntad del Taita, en una sociedad democrática, capaz de expresarse sin miedo frente al poder, regida no solo por la fuerza de la ley, sino por los valores ciudadanos que rijan la conducta de los gobernantes y del ciudadano común.

El abandono de esos ideales de transformación, el regreso al radicalismo político, el facilismo, y el hacernos los ciegos, los sordos y los mudos ante las señales del cambio, nos llevaron a entregarle, casi en bandeja de plata el país a las fuerzas antidemocráticas.

Cada uno de nosotros somos responsables de la desgracia que todos vivimos; ahora cada de uno de nosotros es responsable no solo del rescate del a democracia, sino de la construcción del nuevo modelo socio político, que asuma nuevamente la transformación del país en una sociedad solidaria, de progreso, libre, democrática.

Ninguna de las nuevas fuerzas políticas puede quedarse en medio del facilismo de no definir con responsabilidad sus tesis, su pensamiento filosófico y su visión de la sociedad. El régimen nos metió, otra vez, en la vieja trampa de dividirnos en categorías falsas, obligándonos a pensar que somos de derecha o izquierda, en función de si apoyamos al régimen militarista o no. En esa trampa caemos a diario y terminamos jugando el juego del régimen, radicalizándonos entre nosotros mismos, para la felicidad de quienes no quieren que se unan las fuerzas políticas y los diferentes factores de la sociedad democrática para enfrentar al régimen y lograr el cambio.

En la formación y desarrollo de Voluntad Popular han participado líderes políticos regionales que pertenecieron a esas corrientes políticas de la reivindicación social, con un pensamiento de avanzada que quieren hacer de Venezuela un país de progreso en paz y democracia.

La incorporación de los jóvenes dirigentes del movimiento universitario ha sido de gran importancia, pues el ímpetu de la juventud unido a experiencia de quienes militaron con convicción en los partidos fundadores de la democracia, que luchan contra la exclusión y las camarillas de cualquier tipo, le permitieron abrirse camino en las luchas por reconquistar la democracia y la libertad.

Hoy Juan Guaidó, uno de los jóvenes dirigentes de Voluntad Popular, que en medio de riesgos reales, asumió la circunstancia que le impuso un momento histórico, en busca del cambio político.

Guaidó es un reflejo de quienes forman el país, un hombre humilde, que nos es producto de las redes, y que por ser de la provincia y haberse formado con sacrificio propio y tesón, comprende bien las necesidades de la gente, un hombre que no se maneja con prepotencia y que escucha, y que necesita rodearse, no solo de los jefes de los partidos, sino del inmenso contingente de gente con experiencia que ya manejó el país y que se formó para ello. El compromiso es gigante y como él lo ha dicho, necesita de la fuerza y el consenso de todos los sectores del país, para no caer en el radicalismo político ante el que sucumbió la democracia en 1948 y 1998, este error no podemos repetirlo.

Esta época, ha representado un doctorado en política para todos los venezolanos. Un gran aprendizaje para todos los partidos políticos, los gremios y los empresarios. Mirar el país desde la vitrina no es la solución, nos toca a cada uno en su área, avanzar con un mismo propósito. No hay nadie indispensable, solo las ideas en manos de una sociedad y unos dirigentes conscientes y responsables, es que se logra el cambio.

Voluntad Popular nació para asumir un papel histórico en la transformación de la sociedad venezolana, pues como bien dice Leopoldo López que antes que ser un líder político, es necesario ser un líder social. Para rescatar la democracia es fundamental la reconstrucción de los partidos políticos, no como movimientos meramente electorales, sino como expresión de los ideales de transformación social y desarrollo, para hacer del país la mejor Venezuela.