Medio Ambiente

Todos pierden con el cierre forzado de Biocontacto en Mérida

Una exitosa iniciativa privada que dio refugio a especies amenazadas tuvo que cerrar por decisión de la ULA y el Minec. Y hoy no hay información oficial sobre el paradero de los animales que alguna vez estuvieron en Biocontacto

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Biocontacto fue una de las tantas iniciativas privadas exitosas que han mostrado la cara altruista y trabajadora de Mérida en medio de la crisis nacional. Fue fundado en el 2008 por el médico veterinario Felipe Pereira y en 2017, tras un convenio con la Universidad de Los Andes (ULA), se instaló en uno de los predios universitarios al norte de la ciudad, donde se popularizó como un santuario de fauna silvestre en la ciudad. Biocontacto es -o era- un bioparque que extrae animales de ambientes hostiles para reintroducirlos a su hábitat o, en su defecto, brindarles vidas saludables y longevas dentro de sus instalaciones cuando ya no es posible devolverlos a la naturaleza.

Biocontacto terminó convirtiéndose en algo más que una alameda segura para especies amenazadas. Al ubicarse al lado del Jardín Botánico de la ULA propició, en La Hechicera, la consolidación de un espacio de participación ciudadana, confort climático, educación ambiental, recreación sana, encuentro cívico y sostenibilidad socioambiental. El binomio Biocontacto-Jardín Botánico empezó a ser reconocido como uno de los lugares más accesibles, vanguardistas e inclusivos de Mérida y, tanto residentes como visitantes, empezaron a acercarse buscando conectar con la naturaleza y consigo mismos sin tener que salir de la ciudad.

Biocontacto devino en parada obligatoria en Mérida para turistas y, junto a otros espacios como el Museo de Ciencias, la Casa del Ángel del Sol, la Heladería Coromoto o la Venezuela de Antier, ayudó a definirle el itinerario y la bitácora a buena parte de los visitantes a la vez que generaba oportunidades de trabajo a los residentes, especialmente a muchos estudiantes de la propia ULA.

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Felipe Pereira, fundador de Biocontacto, en el programa de reintroducción de osos andinos a su hábitat natural. Foto: Biocontacto

Todo eso fue posible debido a la interacción guiada, directa y supervisada que se podía tener con las especies que allí se albergaban, pues el enfoque con que el parque fue fundado combina elementos de los jardines botánicos, zoológicos y museos. Poco a poco, Biocontacto hizo de la educación ambiental una bandera y era cada vez más común encontrar niños y jóvenes aprovechando los espacios del bioparque en sus excursiones escolares o planes vacacionales.

Pero eso se acabó.

El cierre de Biocontacto

Tras dos años de un conflicto -con muchos entretelones y poca transparencia- que enfrentó a Biocontacto con la Fundación Jardín Botánico y, por consiguiente, con la ULA, noviembre nos sorprendió con la noticia de que el parque cerraba sus puertas.

El 9 de noviembre de 2024, a través de un comunicado, el doctor Felipe Pereira, director de Biocontacto, informó que el parque había sido clausurado por la Dirección Nacional de Diversidad Biológica del Ministerio de Ecosocialismo (Minec), a través de una orden emitida por la Fiscalía de Defensa Nacional Ambiental.

La acción se tradujo en el desalojo y expropiación de las especies allí albergadas, entre las que se encontraban el cóndor andino (Vultur gryphus) Meta, el avestruz africano (Struthio camelus) Caliope, el águila real andina (Geranoaetus melanoleucus) Lía, la llama (Lama glama) Matteo y otros tantos “bioembajadores”.

La orden emitida por el Estado venezolano derivó de una solicitud de desalojo que hizo la propia Universidad de Los Andes, pues los predios donde estaban las instalaciones del parque le pertenecen. Para ampliar los detalles sobre las motivaciones que llevaron a la universidad a elevar dicha petición, El Estímulo intentó conversar con el profesor Mario Bonucci Rossini, rector de la ULA, sin obtener respuesta hasta el momento en que cerró esta edición. Sin embargo, quien sí mostró apertura fue la doctora Zuleima Molina, geógrafa ulandina y presidenta de la Fundación Jardín Botánico. Sobre la situación nos dijo:

“El conflicto que en algún momento existió entre Biocontacto y la Fundación Jardín Botánico concluyó hace dos años, cuando el doctor Felipe Pereira, director del bioparque, decidió cambiar la figura jurídica de éste a ‘compañía anónima’. Esta acción propició la intervención del consejo universitario y se decidió eliminar la alianza entre Biocontacto y el Jardín Botánico. En ese punto, el conflicto dejó de competernos a nosotros y escaló a instancias del rectorado”.

Hasta hace poco, la alianza entre ambas instituciones facilitaba a los usuarios la entrada a los dos espacios por el pago de uno. Pero en 2022 el conflicto se hizo público y notorio cuando la directiva del bioparque introdujo una demanda ante el Tribunal Civil, Mercantil y de Tránsito que exigía la separación de taquillas.

En aquella oportunidad, Biocontacto profundizó en las razones de dicha demanda a través de un comunicado publicado en su página web en el que –en resumen- alegó que la Fundación Jardín Botánico prácticamente obligaba a los visitantes a la compra del boleto para los dos espacios y que estaba disponiendo del porcentaje que debía entregar a Biocontacto. Además aclaró que la venta de tickets constituía el único sustento de la iniciativa.

La ULA hizo lo propio, alegando la violación por parte de Biocontacto de varias cláusulas establecidas en la alianza y señalando el incumplimiento de normas específicas, como la prohibición a la venta de bebidas alcohólicas dentro del recinto y el respeto al protocolo de seguridad ante el Covid-19.

El desenlace de este triste episodio fueron las imágenes filtradas y difundidas a través de las redes sociales, donde se ve a los animales siendo desalojados.

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Animales de Biocontacto siendo desalojados de los espacios del bioparque. Fuente: Mérida Al Día

Esto provocó incertidumbre y preocupación debido a la poca información suministrada. ¿Cuántas especies de fauna silvestre fueron decomisadas?, ¿en qué estado se encuentran?, ¿a dónde fueron trasladadas?, ¿quién las cuidará de hoy en adelante?

Todas esas preguntas surgen considerando que los animales estaban sujetos a programas internos muy estrictos de bienestar, capacitación y entrenamiento llevados a cabo por el talento humano de Biocontacto, conformado por hombres y mujeres de ciencia.

El Estado interventor, una vez más

Para esta crónica, El Estímulo intentó entrevistar al biólogo Juan Carlos Santander, director nacional de Diversidad Biológica del Minec, con el objetivo de obtener información institucional acerca del desalojo de los animales, pero no hubo respuesta. Tampoco ofreció comentarios el director regional de Minec-Mérida, Toro Belisario, quien se desmarcó del caso, alegando que “la actividad la llevó a cabo la Dirección Nacional de Diversidad Biológica”.

Felipe Pereira, director de Biocontacto, explicó que en este momento prefiere no dar más declaraciones porque a pesar de solicitarla de manera insistente, no ha recibido información oficial.

La opacidad que priva en torno al destino de los animales de Biocontacto luego del desalojo, preocupa a la ciudadanía merideña y a muchos visitantes externos. Más allá de algunos comentarios que aseguran el traslado a sitios específicos en el estado Mérida, no hay ninguna información oficial por parte de ninguno de los actores institucionales involucrados.

Ni el Minec, ni la ULA, ni el propio Biocontacto han informado con veracidad sobre el paradero real y el estado de salud actual de los animales a casi dos meses de ejecutado el desalojo. Parte de estas preocupaciones tienen que ver con las recientes acusaciones alrededor del tráfico y comercio de fauna silvestre que apuntan a instituciones del Estado.

Al igual que el rector Bonucci y que las autoridades ministeriales, la abogada oficial del Servicio Jurídico de la ULA, Mariebe Calderón, tampoco le respondió a El Estímulo al ser contactada con la intención de verificar sus declaraciones a la prensa universitaria, en las que acusa que “solo habían 62 de los 156 animales del inventario de Biocontacto de hace solo un año”.

Es decir, según Calderón, en el bioparque quedaban menos de la mitad de sus ejemplares originales. La abogada se pregunta qué pasó con el resto de ellos y alega que, presuntamente, 21 de las especies de fauna silvestre que permanecían en el parque fueron llevadas al Zoológico Chorros de Milla –administrado por el Estado– y el resto a “otro espacio acondicionado para tal fin en El Pedregal, Tabay”.

Sobre la supuesta reubicación solo se pudo confirmar el paradero de un avestruz, el cual fue fotografiado dentro del zoológico de Milla unos días antes de la publicación de esta nota por una fuente que pidió permanecer anónima.

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Caliope, el ejemplar de avestruz decomisado de Biocontacto, en cautiverio dentro del Zoológico Chorros de Milla

Que los animales de Biocontacto pasen a manos del Estado venezolano levanta matrices de opinión de distintos bemoles, especialmente por las dudas ante las capacidades gubernamentales para garantizar la calidad de vida y los estándares nutricionales que requieren algunas de las especies de fauna silvestre que dicen salvaguardar.

La imagen lamentable del avestruz Caliope, ahora limitado a un espacio de pocos metros cuadrados, es reveladora, especialmente por tratarse de un animal que requiere de un área adecuada para tener una buena calidad de vida.

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Animales sanos en los espacios de Biocontacto, en agosto de 2024. Fotos: Reybert Carrillo

Un antecedente que motiva y alimenta esas dudas es el deceso de Kashik Nareupa, un ejemplar de cóndor andino fallecido a finales de 2020 en el mismo zoológico donde, se presume, están hoy varios de los animales de Biocontacto.

Kashik Nareupa se fue a la temprana edad de 17 años, y se considera una muerte prematura debido a que los cóndores son denominados “estrategas K”, es decir, especies de vidas muy longevas y de baja tasa de natalidad, a diferencia de los “estrategas R”, que tienen vidas cortas y una alta fecundidad, como los conejos o los ratones.

La muerte de Kashik Nareupa fue divulgada a través de un comunicado escueto de la Corporación Merideña de Turismo (Cormetur), en el que se indicó una ictericia hepática como causa de muerte. Esta enfermedad está ligada a procesos de desnutrición y mala alimentación, lo cual no es nuevo entre los zoológicos venezolanos, considerando antecedentes como el de la elefanta Ruperta o el león desnutrido del zoológico de Maracaibo.

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León fallecido en el Zoológico de Maracaibo

El doble criterio sancionatorio

Los bioparques son espacios que salvaguardan especies de fauna silvestre rescatadas de ambientes hostiles y Biocontacto se manejaba bajo esa premisa. Sus “bioembajadores” fueron salvados de circos, zoológicos o cautiverio doméstico ilegal.

Una vez que llegaban al parque, Pereira y el personal de trabajo –algunos de ellos estudiantes de las escuelas de Biología y Geografía de la ULA– evaluaban sus condiciones y los sometían a un estricto programa interno de recuperación, bienestar, capacitación y entrenamiento, que incluía dietas supervisadas, desparasitación interna y externa, sesiones de ejercicio físico y conductual y chequeos veterinarios.

Lo más probable es que hoy ese programa haya sido interrumpido de tajo y que, tanto la dieta de los ejemplares como los demás tratamientos que recibían en el bioparque, sean cosa del pasado.

Algunos elementos que dan cabida a la legítima desconfianza sobre el nuevo cuidado que recibirán esas especies se hacen eco en la voz de expertos como el ecólogo Elides Sulbarán, quien fuera en el pasado superintendente del Parque Nacional Sierra de La Culata, en el Instituto Nacional de Parques (Inparques). Para Sulbarán, la puesta en escena de algunos “espectáculos bochornosos”, como el video difundido en redes sociales por el influencer estadounidense Mike Holston, ha dejado en evidencia una profunda negligencia institucional, no solo para manejar la fauna silvestre, sino también para proteger los espacios frágiles y prístinos, como es el caso del páramo de La Culata.

“El video que ha circulado en redes sociales del influencer y el cóndor es contradictorio con los criterios que debe tener el manejo de esta especie. El mensaje que transmiten esas imágenes es que un cóndor puede ser tratado como una mascota o un animal de circo. Permitieron un show con absoluta falta de respeto a su condición ecológica, social e histórica”, dice Sulbarán.

El experto también señala su preocupación ante el irrespeto a la normativa del Parque Nacional Sierra de La Culata, pues cree que el hecho de que no se conozca ningún proceso administrativo para sancionar este caso permite presumir que el video se grabó con autorización oficial de Inparques y el Minec.

Efectivamente, en el video aludido se puede ver a Holston acompañado por funcionarios de Inparques en lo que parece emular una sesión improvisada y arbitraria de adiestramiento de un ejemplar de cóndor andino en las adyacencias del Domo de Mifafí, uno de los espacios más emblemáticos y al mismo tiempo más frágiles del parque Sierra de La Culata.

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Humedales, líquenes y musgos en la inmediatez del Domo de Mifafí, área de ecosistemas muy frágiles en donde nace el río Chama. Fotos: Reybert Carrillo

En este espacio se ubican las nacientes del río Chama y se trata de un ecosistema que abunda en humedales, lagunas altiandinas, suelos de pocos estratos orgánicos, musgos y líquenes, frailejones y microorganismos que, en su conjunto, amalgaman una continuidad de ambientes y paisajes frágiles cuyo grado de sensibilidad ecosistémica amerita el cumplimiento irrestricto del Plan de Ordenamiento y Reglamento de Uso (PORU), documento que dibuja la permisología de actividades que pueden desarrollarse dentro de las Áreas Bajo Régimen de Administración Especial (ABRAE).

Cierra Biocontacto y abre un criadero de cóndores en Tabay

Las palabras de la abogada de la ULA, Mariebe Calderón, quien señala que algunos animales de Biocontacto fueron decomisados para ser llevados a un refugio ubicado en Tabay, municipio Santos Marquina, coinciden casualmente con el anuncio que el pasado 13 de diciembre hizo el Minec sobre la inauguración del “Centro Nacional de Rapaces y Megarapaces de Venezuela”, ubicado también en Tabay.

En el acto inaugural de ese centro estuvo el ministro de ecosocialismo, Josué Lorca, quien habló sobre una alianza entre el Minec y grupos privados internacionales de asesoría en materia de manejo de cóndores y dotación de ejemplares. Entre esos grupos se encuentra el venezolano “Team Furia” o Vida Furia”, conocido –entre otras cosas- por su enfoque en los deportes extremos y del cual forma parte el influencer Holston, quien se grabó jugando con un cóndor en Mifafí.

En palabras de Lorca, este centro funcionaría como una suerte de base de operaciones y criadero de cóndores para, supuestamente, retomar un programa inactivo desde hace más de 30 años, que consiste en la reintroducción de la especie en los páramos.

Según el profesor Elides Sulbarán, “este proyecto fue dirigido en un primer momento por Inparques y financiado por el Banco Mundial, y en su segunda etapa intervino la Fundación Bioandina”. En esa oportunidad –explica el experto– fueron liberados ejemplares machos y hembras donados por zoológicos norteamericanos y de otros países latinoamericanos. Meta, el cóndor de Biocontacto, fue traído a Venezuela desde el Zoológico de San Diego, Estados Unidos, a través de este programa.

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Meta, el cóndor andino de Biocontacto, en una jornada de educación ambiental en el bioparque. Fuente: Biocontacto

Pero el programa era inviable. Y por eso se paralizó. Los Andes venezolanos, extendidos desde el Tamá tachirense hasta las últimas estribaciones cordilleranas del Ramal de Calderas, así como su bifurcación hacia la Sierra de Perijá, son espacios que, comparados con los vastos Andes argentinos, bolivianos o peruanos, representan zonas de vida reducidas para el cóndor.

Si a esa realidad se suma el avance de la frontera agrícola y de la mancha urbana en el propio páramo, disminuye aún más la disponibilidad de hervíboros de talla grande de los que pueda alimentarse el cóndor cuando mueren y se convierten en carroña, así como la cantidad de espacios para que anide y empolle sus crías.

Sobre la nueva iniciativa lanzada por el Minec, Sulbarán expresa: “Desconozco si se ha consultado a quienes tuvieron responsabilidades técnicas y administrativas en el proyecto de la década de 1990. En cualquier caso, es necesario que se divulguen las bases científicas de este nuevo proyecto, para tener la certeza de que no estamos ante un episodio opaco de gestión ambiental como el de la plastificación del glaciar La Corona, en el Parque Nacional Sierra Nevada”.

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