Palmazonia: la planta que procesa 1.200 kilos de açaí venezolano al mes
Manaca es el nombre local de este fruto morado de múltiples beneficios, pero como Brasil lo popularizó, el mundo lo conoce como açaí. Palmazonia, en Puerto Ayacucho, compra la cosecha de comunidades indígenas, procesa la pulpa y la vende en ciudades de toda Venezuela
En Venezuela sobra ese tesoro selvático morado que el mundo conoce como açaí. Lo llamamos manaca, y es un alimento ancestral de las etnias del Amazonas venezolano. Pero es poco lo que se conoce y, en su mayoría, se queda colgado de las palmas o en las cestas de los indígenas que lo cosechan.
Mientras tanto, países amazónicos como Colombia o Brasil, que lo han masificado mundialmente como açaí, lo aprovechan y lo exportan.
Sin embargo, algo puede cambiar. El joven caraqueño David Cabral inició en 2021 el proyecto Palmazonia, que hoy es una planta procesadora de pulpa de manaca, ubicada en Puerto Ayacucho, que le compra el fruto a 10 comunidades indígenas.
Esta es la segunda planta de Palmazonia. Está en Puerto Ayacucho. Foto cortesía
No es el primer esfuerzo que se hace para difundir los productos amazónicos, incluida la manaca. Hace casi 15 años que Lucy Quero, con su marca Sabores Aborígenes, viaja entre Caracas y Puerto Ayacucho siendo puente de ambas culturas venezolanas. También hay otras personas que lo hacen aunque con menos presencia. Sin embargo, el de David Cabral es probablemente el proyecto más tecnificado y enfocado hacia un solo producto, que espera poder exportar algún día, aunque para eso hay que vencer muchísimos desafíos.
Palmazonia es, hoy, una planta que procesa 1.200 kilos mensuales de pulpa de açaí, aunque tiene capacidad para 1.500 kilos al día. Está totalmente automatizada, con equipos traídos de Colombia y Brasil. La materia prima la compra tres veces por semana a varias comunidades, siempre y cuando sea tiempo de cosecha. Tiene 10 comunidades registradas como proveedores, pero actualmente solo cinco le surten.
El rendimiento es bajo: por cada kilo de fruta, se obtienen 350 gramos de pulpa. Foto cortesía
Para lograr esa asociación con comunidades indígenas, primero David tuvo que entender las reglas. Se acercó y conoció a los jefes de las etnias, y es con ellos con quienes negocia la compra. Los «manaqueros», como llaman a quienes cosechan esos frutos que crecen muy arriba de palmeras, pueden demorar unos dos o tres días en la recolección, e incluso duermen en el sitio. La manaca se va guardando en cestas forradas con palma y se lleva a la planta, o el mismo David la manda a buscar, tres veces por semana.
Los «manaqueros» son los especialistas en cosechar la manaca. Foto cortesía Palmazonia
En ocasiones, llega algún vendedor independiente con una cosecha de manaca hasta la fábrica. Y si la fruta está en buen estado, la compran.
La manaca llegando a Palmazonia. Foto cortesíaLas frutas se seleccionan. Foto cortesía
El rendimiento de la manaca es bajo. Por cada kilo de fruta solo se obtiene 350 gramos de pulpa.
La pulpa de açaí ya limpia con choque térmico y escaldado, refinada, homogeneizada y procesada se empaqueta y congela al vacío, cumpliendo con las normas sanitarias, en presentaciones desde 100 gramos hasta 2 kilos, y las vende en varias ciudades como Caracas, Puerto Ordaz (que es su principal mercado), Valencia, Puerto La Cruz, Maracaibo y hasta Porlamar. El proceso está a cargo del ingeniero William Briceño. Es un producto natural, que no tiene ningún componente químico.
Palmazonia, una razón para quedarse en Venezuela
David, como tantos jóvenes venezolanos, había emigrado a Madrid, donde trabajaba en una importante firma internacional de consultoría. Pero extrañaba a Venezuela y este sentimiento se afianzó más en la difícil época de pandemia. Así que, en cuanto pudo, con una excusa y un permiso laboral, se vino a Caracas a pasar un tiempo. No volvió.
«No quería regresar, quería encontrar una razón para quedarme en Caracas», admite. Y así, entre otros proyectos y casi sin quererlo, en 2021 nació Palmazonia.
Foto cortesía
Por supuesto, al principio no tenía nombre. Sólo era una idea que surgió de una conversación con un amigo que vendía bowls con açaí. «En una fiesta me habló de la manaca y esa noche me quedé pensando en eso. A la mañana siguiente le mandé un mensaje: ‘¿Quieres ir a Puerto Ayacucho?'».
La verdad es que ni sabía bien dónde quedaba Puerto Ayacucho. Puso el gps, se subió con su amigo a la camioneta, y empezó a manejar hacia el Sur de Venezuela.
Lo primero que hizo fue acercarse a Nelson Méndez, un respetado chef originario de la zona, que tiene una escuela de cocina en Amazonas. El enlace lo hizo el chef Egidio Rodríguez a quien David contactó gracias a una publicación en Bienmesabe. Tras presentarle la propuesta, el chef aceptó y la primera procesadora de açaí comenzó a funcionar en los espacios de la escuela de Nelson, con una despulpadora que se trajeron por río desde Brasil. Era muy artesanal.
«Hicimos centenas de pruebas, porque el açaí no es nada fácil. Finalmente creíamos que habíamos logrado un buen producto y… era horrible», ríe.
Para mejorar, David visitó importantes plantas exportadoras de açaí en Brasil. Así aprendió trucos y supo qué equipos comprar.
Un par de años más tarde, la demanda creció tanto que ya la planta artesanal no daba abasto. Se asoció con Jhovanny Rivas, quien ya maneja el comercio de la sarrapia, y en un galpón de su propiedad armaron la procesadora automatizada con equipos que se trajeron de Colombia.
¿Y la exportación para cuándo?
La mayor frustración de David, tal como admite él mismo, es no haber podido exportar manaca. Y lo ha intentado. Ha viajado a Japòn, Singapur, Estados Unidos y otros países hablando del açaí venezolano y mostrando fotos y videos de la fruta, la pulpa y la planta.
La primera reacción de los posibles compradores es de sorpresa: «¡Ah! ¿Ustedes también tienen açaí?», le dicen. Y lo segundo es: «¿Me puedes mandar una muestra?«.
Aquí viene el problema: no, no se puede.
Por tecnicismos, desde Venezuela solo se puede exportar cosas congeladas en containers. Ni siquiera se puede alquilar una parte del container, tiene que ser completo. No hay manera de mandar, de ninguna forma, una muestra de manaca congelada, que son 5 kilos, algo que sí hacen los demás países amazónicos, incluido Perú.
En los empaques, se identifica con los dos nombres. Foto cortesía
«Una vez, mi esposa logró sacar en una cavita dentro de la maleta de mano, una muestra para llevar a Miami. Pero es lo máximo que hemos podido hacer», cuenta.
La manaca tampoco se puede deshidratar, porque pierde su color, se vuelve marrón, algo que pasa también si no se mantiene la cadena de frío. Así que la única solución viable (y costosa) es liolifizarlo, la técnica que primero lo congela y luego lo deshidrata por el método de sublimación al vacío. «Pero eso no será este año», se resigna David.
Así que, por ahora, se queda en Venezuela y se transforma en helados y bowls. Es uno de los sabores más vendidos de una red de heladería en el estado Bolívar, donde muchos de sus habitantes conocen la manaca y sus beneficios. Esta marca de helados es el principal cliente de Palmazonia, pues adquiere cerca del 50% de la producción. También se puede disfrutar en jugos, mermeladas, postres, o de muchas otras maneras.
«Regresarme a Venezuela ha sido la mejor decisión que he tomado», dice David, que también maneja una exportadora de productos agrícolas como café, cacao y frijol chino. «Aquí hay mucho por hacer, y siempre se lo recuerdo a mis amigos de afuera que buscan dónde invertir. Yo les digo: vengan a Venezuela«.
Presentaciones. 500 gramos (en sachets de 100 gramos), 1 kilo y, para la producción industrial, incluso en cuñetes de 18 kilos y barriles de 180 kilos.
Dónde comprar. En Caracas: Entre otros en Excelsior Gama Plus, Frutería Los Pomelos, Unicasa, Automercado Santa Rosa de Lima, Frutería Santa Bárbara, Tu frutería, Livre en Le Grand Plaz, Río Supermarket, Vibra Verde, supermercado Ananás y Más x menos en San Antonio de Los Altos. También está disponible en Valencia, Barquisimeto, Isla de Margarita, Lechería, Anaco, El Tigre, Maturín, Maracaibo, Ciudad Bolívar.
Esta en la nevera de congelados. Foto cortesía
Precio. Depende de la presentación y la cantidad a comprar, pero es de aproximadamente $14 por kilo.
Es un pequeño fruto morado lleno de propiedades nutritivas. En Venezuela lo conocemos como manaca, aunque el resto del mundo lo llama como en Brasil, açaí, ya que el 90% de la producción proviene de ese país. Pero hay un problema: su monocultivo está poniendo en riesgo la biodiversidad de la selva