Muselina borda un “Se Vende”

Una de las mercerías más antiguas de Venezuela, con más de 50 años en el mercado, busca nuevo dueño

—¡Twitter, necesitamos de tu magia! -decía el mensaje divulgado a comienzos de año por la tuitera Mima, @jmarzorati-. Una de las mercerías más antiguas de Venezuela, con más de 50 años en el mercado, busca nuevo dueño.

El tuit estaba ilustrado por una foto de la fachada de “Muselina”, mercería ubicada en la planta baja del centro comercial Macaracuay, local 6, cuyo aviso traza una M capitular dibujada como una cinta zalamera que va a enroscarse en torno a un botón hasta enhebrarlo con un tilín de triunfo. De la imagen no puede decirse que sea obra de un maestro de la fotografía, pero no lo necesita. Lo importante es que capta una vitrina repleta de mercadería, como un paraíso sobre el que no ha pasado la revolución con sus patas destructoras.

En la foto vemos los anaqueles repletos de esponjosos ovillos de lana, madejas de seda, cortes de tela, carretes de hilos multicolores, gaveticas llenas de tesoros: lentejuelas, canutillos, mostacilla, pedrería, cartones de broches de presión y de enganche, cierres…

En marzo de 2006, Hugo Chávez, en contubernio con un parlamento presuroso para atender sus caprichos, introdujo cambios en la bandera y el escudo de armas. En este último mandó cambiar de posición el caballo; pero apenas si tocó el resto de este símbolo patrio, que conservó, por timbre, dos cornucopias entrelazadas, de las que brotan frutos y flores, como símbolo de la abundancia. Una paradoja siniestra, puesto que todas sus acciones estarían dirigidas a saquear al país y a empobrecerlo hasta la miseria. Prueba de ello es este desierto de las vitrinas que evidencia lo que queda del comercio en Venezuela. Pero la idea de prodigalidad está en lo mas profundo de la imaginación de los venezolanos, quizá por eso es tan rico ver esa foto de “Muselina”, que nos muestra un reino encantado, que logró mantener a raya la peste del desabasto.

Tres generaciones de una familia

El hilo de @jmarzorati advertía que “Muselina” es conocida por todos en Macaracuay, en «especial por sus cursos gratuitos con la compra del material».

—Este fondo de comercio -seguía la locuaz tuitera, radicada en Lima, Perú- ha estado en la familia por tres generaciones. Pero ahora solo está mi mamá al frente. Lamentablemente, necesita retirarse por problemas de salud y le estamos buscando a #Muselina un nuevo dueño. No nos gustaría cerrar y dejar atrás a todos esos manualistas que se han formado con nosotros. De la tienda han salido cientos de emprendedores que lanzaron su línea de bisutería, accesorios, ropa íntima, etc. ¡incluso en el extranjero! Queremos encontrar el dueño perfecto.

La tienda “Muselina” fue fundada el 21 de noviembre de 1963 por Lía y Gabriela Babuso, madre e hija, italianas que habían venido a Venezuela desde Salerno. Las fundadoras se fueron del país hace 35 años, pero dejaron al frente de la mercería a Eliana y Franco Felli, miembros de la familia. Ellos la regentaron por 15 años, en los que mantuvieron la línea de la tienda desde su inauguración, que consistía no solo en prestar el mejor servicio, con un catálogo muy bien surtido, sino en darle al establecimiento un carácter de escuela. Todos los días de Dios, en todos estos años, ha habido una clase en “Muselina”.

—De corte y confección, tejido, bordado, pintura en tela y en madera, repujado, patchwork, bisutería, masa flexible, macramé, tarjetería -enumera María Elena Ramírez, propietaria y gerente de “Muselina” en los últimos 20 años.

«Por aquí han pasado centenares de personas, clientes y talleristas», dice, refiriéndose a la tienda con alma de aula. «Desde niños hasta Consuelo, quien, a sus 102 años, tiene 57 siendo clienta. ¡Todavía teje y borda!».

María Elena Ramírez, concuñada de la primera dueña, compró el almacén en 1999 y, como dictaba la tradición, no solo se puso tras el mostrador, sino que se hizo capitana de los cursos. «Yo coso y tejo, así que doy clases de tejido, de corte y confección. Me enseñó mi hermana, cuando yo tenía ocho años. Y a ella la enseñó nuestra abuela, en Caripe del Guácharo, estado Monagas. Mi abuela tejía hamacas, manteles, cubrecamas… Y yo hago ropa, suéteres, accesorios, línea de bisutería, sí, tejida».

La gran satisfacción de María Elena, quien se graduó de Administración en la UCV, es que muchos de los talleristas de “Muselina” han sobrevivido en la emigración gracias a lo que aprendieron en la vieja mercería de Macaracuay.

«Mi mamá decía que uno tiene que tener un título y un oficio. Pues bien, muchos profesionales vinieron a nuestros cursos porque necesitaban una actividad manual que les sirviera de terapia manual y resulta que luego tuvieron que irse al extranjero y se han defendido con el oficio que aprendieron aquí. Sabemos de abogados, contadores, ingenieros, que se están manteniendo con la costura. Un trabajo más que digno, por cierto».

Esta misma semana, apareció en twitter el siguiente aviso: Muselina anuncia Taller de corte y confección camisa. Nivel 1. Martes 4 de febrero. Hora 9:30am a 12:30 PM. Aprenderás: Tomar medidas. Realizar patrón. Montar y marcar en tela. Cortar y coser. Reserva tu cupo por whatsapp 04141406208 y telf 0212 2573172. María Elena Ramírez.

—No ha sido fácil para mí tomar la decisión de vender -dice María Elena-. Pero no me quedó otra opción. Tengo problemas de salud, una hernia entre la L4 y L5, que no me permite estar mucho tiempo de pie. Estoy tratando de vender el local y el fondo de comercio para que no se pierda el legado. El trato que propongo es que yo me quedo uno tres meses con los nuevos dueños para enseñarles a manejar el negocio. Es un buen negocio,sí. Además, es bonito y creativo.

Al preguntarle cómo sería el comprador ideal, María Elena se retrata a sí misma. «Debe ser una persona creativa, con visión de futuro, que sea atenta, que comprenda que esto no es una tienda y ya, que puede hacer una franquicia, tener su canal de youtube, grabar sus clases on line… Debe tener conciencia de que somos una de las tiendas de mayor antigüedad en el centro comercial, donde casi todas han cambiado de ramo y muchos se han ido. No exagero, pueden vernos en Instagram: @AMuselina».

—¿No se arrepentirá de haberla vendido?

—No. En fin, espero que no. Lo he pensado muy bien. Prefiero venderla que recoger todo y cerrar la puerta. Ya no puedo estar tanto tiempo parada, pero sí puedo dictar cursos, que es a lo que voy a dedicarme en exclusiva. No solo en “Muselina”, donde espero que los nuevos dueños me lo permitan, sino en la labor social que no quiero esperar más para emprender a tiempo completo.

—¿Cuál es la labor social que hará, cuando venda la tienda?

—Quiero ir al Hospital de Niños J. M. de los Ríos, a enseñar a tejer a las mujeres que tienen a sus hijos hospitalizados. La ciencia ha demostrado que tejer es una excelente terapia y, de paso, aprenden un oficio que les ayude a ganarse la vida.

—¿Será la primera vez que usted haga eso?

—Como programa organizado, con horarios y una estructura formal, sí. Pero ya he enseñado a tejer a pacientes con hidrocefalia, en Nefrología. Por falta de recursos, enseñé a los niños enfermos a tejer con los dedos. Y fue una experiencia maravillosa, para ellos y para mí. Fue poco tiempo, porque yo tenía que estar en la tienda. Por eso, también, debo vender, para ocuparme de esa labor social, que en este momento el país pide a gritos.

—¿Qué posibilidades ve usted de encontrar ese comprador perfecto?

—Todas. Ya han llamado algunos. Entre ellos estará el afortunado dueño de “Muselina”, que es una tela francesa, ¿te lo dije?