Entre el éxito y el abismo: cuando liderar pasa factura
No es solo la cantidad de trabajo lo que desgasta, sino la incapacidad de desconectar. La mente sigue encendida incluso fuera del horario laboral. Es una forma de estar que se ha romantizado bajo etiquetas como “pasión”, “compromiso” o “alto rendimiento”. Parte del problema es que vivimos en una cultura que glorifica el agotamiento
Foto N. Voikevitch | Pexels | composición de portada Alejandro Cremades
En el mundo empresarial hiperconectado y exigente en el que vivimos, muchos líderes están pagando un precio que rara vez se menciona en los informes financieros: su salud. Me refiero a empresarios, fundadores, directores generales, socios de firmas, gerentes, personas que llevan sobre los hombros el peso de los resultados, los equipos, la estrategia, el crecimiento y, a menudo, las preocupaciones de todos menos las propias.
Lo he vivido de cerca, y lo he observado una y otra vez: detrás del éxito visible, del aplauso profesional y del cumplimiento de metas, hay un costo silencioso. Y no siempre es evidente. No se ve en la agenda, pero se siente en el cuerpo, en el ánimo y en esa desconexión interna que va creciendo sin hacer ruido.
Liderar sin descanso: una rutina peligrosa
No es solo la cantidad de trabajo lo que desgasta, sino la incapacidad de desconectar. La mente sigue encendida incluso fuera del horario laboral. Rumiar lo que falta, lo que salió mal o lo que podría fallar es parte del día a día de muchos líderes. Vivimos en alerta constante. Es una forma de estar que se ha romantizado bajo etiquetas como “pasión”, “compromiso” o “alto rendimiento”.
Las contracciones musculares, la falta de sueño y otras manifestaciones se relacionan con el hecho de estar conectados laboralmente todo el día. Foto Keenan Constante
Pero la realidad es que este modo de operar termina por pasar factura: problemas de sueño, contracturas musculares, alteraciones gastrointestinales, ansiedad, irritabilidad, dificultad para tomar decisiones, e incluso la pérdida de sentido en lo que se hace.
Una cultura que glorifica el agotamiento
Parte del problema es cultural. En muchos entornos empresariales, descansar es visto como debilidad. Se aplaude al que responde correos en la madrugada, al que no toma vacaciones, al que “no para nunca”. Esta glorificación del agotamiento ha deformado la idea de lo que significa liderar bien.
Hemos confundido estar ocupados con ser efectivos, estar disponibles con ser valiosos, sacrificar la vida personal con ser exitosos. Pero nada de esto es sostenible a largo plazo. La productividad no puede construirse sobre el desgaste de quienes la sostienen.
El impacto real: menos claridad, visión y humanidad
Cuando la salud empieza a deteriorarse, también lo hace la calidad del liderazgo. Un líder cansado toma peores decisiones. Un líder saturado pierde visión estratégica. Un líder emocionalmente agotado transmite tensión, no inspiración.
foto Olly / Pexels
Y lo más preocupante es que este deterioro no solo afecta a la persona, sino al equipo, a la cultura organizacional y al futuro del negocio. Porque una empresa no crece con líderes exhaustos, sino con líderes presentes, creativos, empáticos y enfocados.
¿Cómo revertir este modelo? Un nuevo enfoque
La buena noticia es que sí hay alternativas. No se trata de abandonar responsabilidades ni de renunciar a los desafíos corporativos. Se trata de incorporar hábitos y prácticas que nos devuelvan el equilibrio entre exigencia y bienestar.
Aquí algunas recomendaciones clave:
• Cerrar el día laboral también mentalmente. Establecer rituales de cierre, escribir lo pendiente para mañana y evitar llevar las preocupaciones a la cama o al comedor.
• Proteger el descanso como un activo estratégico. Dormir bien no es un lujo, es una inversión en claridad, productividad y estabilidad emocional.
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• Delegar con confianza. Querer hacerlo todo no es liderazgo, es miedo al soltar. Liderar bien es formar equipos capaces y confiar en ellos.
• Ejercitarse con regularidad. El movimiento físico no solo cuida el cuerpo, también regula las emociones, oxigena las ideas y reduce la ansiedad.
Salir a caminar un poco, ayuad a ejercitarse y también a desconectarse. Foto Madbyte / Pexels
• Recuperar espacios de desconexión real. Comidas sin celular, caminatas sin auriculares, fines de semana sin correo electrónico. Volver a estar presentes.
• Buscar apoyo y espacios de reflexión. Conversar con un terapeuta, coach o mentor ayuda a poner perspectiva y liberar carga emocional.
• Reconectar con el propósito. A veces no estamos agotados por hacer demasiado, sino por haber perdido el sentido de lo que hacemos.
Redefinir el éxito: de la exigencia al equilibrio
Es urgente repensar lo que entendemos por éxito. Ya no podemos seguir celebrando solo el crecimiento, la rentabilidad o la expansión, si detrás hay personas que se están vaciando para sostener esos logros.
El verdadero éxito incluye tener salud para disfrutar lo que se construye, energía para seguir creando y vínculos humanos que nos acompañen en el camino.
Un líder sano mantiene a su equipo sano. Foto A. Darmel / Pexels
Se necesita un nuevo modelo de liderazgo: uno donde el autocuidado no sea una excepción, sino una práctica habitual. Donde ser ejemplo no signifique inmolarse, sino vivir con coherencia.
Porque un líder sano no solo se beneficia a sí mismo. También inspira a su equipo, toma mejores decisiones y construye un futuro más humano para su organización.
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