Lo que sigue a continuación son una serie de estampas. No tengo acceso a cifras de encuestas sobre cómo el miedo ha penetrado entre los venezolanos en los últimos 12 meses, y esto no es posible básicamente porque los encuestadores también tienen miedo de dar a conocer sus cifras en este país. Hablar del miedo genera miedo.
No había tomado cabal conciencia del fenómeno, pese a que vivo en Venezuela y suelo conversar con personas diversas, hasta que un par de meses atrás en un mismo día una reconocida estudiosa de temas sociales y un reputado economista, ambos por separado y sin estar en contacto entre ellos, se negaron a atender una entrevista conmigo. Preferían guardarse sus opiniones por temor a represalias.
En esos mismos días un economista dedicado a la academia pidió que tumbara de mis redes sociales los extractos de una entrevista que se había animado a darme de muy buena gana. Tras ver publicado lo que me había dicho, nada de ello mentira y además afincado en las propias cifras oficiales, su propia familia y amigos le alentaron a que aquello desapareciera de las redes. Tenían miedo.
Luego de estos episodios se rebobinaron en mi cabeza una serie de hechos o situaciones de los últimos meses. Personas que antes del 28J recibían con agrado unos audios informativos diarios, una simple lectura de titulares que hago cada día para distribuir por WhatsApp, me pidieron que ya no les enviara nada más. Algunos optaron por bloquearme. Como se trata de personas con las que cada tanto mantengo contactos cara a cara, en persona me dijeron que tenían miedo de que en alguna alcabala revisaran sus teléfonos y se encontraran con noticias.
En determinados momentos en algún café, con tertulianos interesados en la política, se bajó la voz y se miró para todos lados antes de pronunciar la palabra que empieza por d.
No hace mucho, para un proyecto periodístico buena parte de los profesionales convocados, de forma privada, no en las sesiones grupales, pidieron que sus artículos se publicaran sin su nombre. Tienen miedo de que en los estados en los que habitan alguna autoridad municipal o regional arremeta contra ellos Después del 28J, diversos activistas de derechos humanos, y también varios periodistas, salieron del país, algunos de forma más permanente otros por temporadas. Los que volvieron lo hicieron de bajo perfil.
Han pasado muchas cosas, incluso omití hablar de las detenciones políticas a diestra y siniestra después de las elecciones presidenciales en las que Nicolás Maduro aún no ha podido mostrar públicamente que obtuvo la mayoría de votos. En enero la detención del periodista y activista de derechos humanos Carlos Correa, con quien había compartido largamente en mi vida universitaria y profesional, representó un remezón interno. Estuve atravesado también por el miedo.
Hace un año no sólo se desconoció la voluntad popular que de forma pacífica y masiva se expresó en las urnas electorales. Además de eso, la razzia represiva de entonces (julio-agosto de 2024) y el acecho selectivo a partir de septiembre de 2024, sin que haya cesado un año después, sembró al país de miedo.