Opinión

¿Llegó el adiós para Capriles, Rosales y Falcón?

En procesos electorales cuyos resultados no son verificables y asumiendo las condiciones del CNE, que incluyen el compromiso de no cuestionar los resultados oficiales, Henrique Capriles, Manuel Rosales y Henri Falcón decidieron participar el 25M y el 27J

capriles
Publicidad

Manuel Rosales no resultó electo como gobernador del Zulia, ni Henri Falcón alcanzó la alcaldía de Barquisimeto. Henrique Capriles, en tanto, luego de tener el respaldo de millones de venezolanos en las elecciones presidenciales de 2012 y 2013, quedó reducido a una diputación simbólica con un magro número de votos si se le compara con lo que fue proyección nacional. ¿Acaso habrá llegado la hora de que estas tres figuras políticas digan adiós?.

El tema del momento en el cual un político debe retirarse es motivo de una discusión bizantina. Antes de que el chavismo cambiara las claves políticas y electorales de Venezuela manteniendo el poder por un cuarto de siglo, tenemos un buen ejemplo en el empecinamiento de Rafael Caldera, quien compitió siete veces por la presidencia, y protagonizó varias resurrecciones políticas cuando se creía que ya había pasado su hora. Eran otros tiempos, sin duda.

Sobre Capriles, Rosales y Falcón, ahora, pesa la sombra de la sospecha. Es obvio que en el contexto actual se necesita de una carta aval del poder ejecutivo para ser admitido como candidato, lo cual implica per se sentarse a negociar con el chavismo. No percibo que hayan sido comprados con plata, como se suele decir sin prueba alguna. Pero hacia lo que apuntamos es que parecen haber perdido la brújula o el olfato político.

Cada uno simboliza una apuesta distinta. Falcón, como se suele comentar entre los larenses, está dispuesto a lanzarse casi que a cualquier cargo. Ya ocupó la alcaldía de Barquisimeto y la gobernación de Lara, fue parte del chavismo y luego rompió. Decidió participar en las elecciones presidenciales de 2018, a contravía de lo que decidieron los principales factores de oposición, luego otra vez candidato a gobernador, y ahora a alcalde.

Rosales, según todos los señalamientos en su contra, habría sido “convencido” de participar bajo la promesa de que se le garantizaría la gobernación del Zulia. El viejo caudillo neoadeco comprendió, y no ayer, que es mejor ser cola de león que cabeza de ratón, con lo cual se concentró en su feudo natural. Las elecciones del 25 de mayo demostraron que no hay espacio para que un opositor dispuesto a negociar, como es el caso de Rosales, ocupe un alto cargo en Venezuela. Su no elección es un símbolo de este tiempo.

Capriles es tal vez el salto cuántico más dramático, a fin de cuentas, de estos tres es el que tenía más que perder en 2025. Y perdió, aunque haya ganado una diputación en una Asamblea Nacional que -a diferencia de alcaldías y gobernaciones, se va a juramentar en enero- en la cual posiblemente el tema central sea la reforma constitucional. Después de haber sido candidato presidencial dos veces, de ser la figura más conocida de la oposición en el país, hasta la irrupción de la María Corina Machado dispuesta a ir a elecciones de 2023-2024, pues quedar como diputado con un número comparativamente mínimo de votos y siendo parte de un proceso electoral teñido de irregularidades, no es en sí una ganancia.

¿Qué tienen en común estos tres otrora referentes políticos de primera línea? En primer lugar y es tal vez lo más llamativo, que decidieron callar ante los desmanes del poder tras las elecciones del 28 de julio de 2024. Decidieron pasar la página, como se dice, y lo hicieron olímpicamente.

Me temo que estos tres no entendieron a una parte importante del país que votó el año pasado y que vivió con horror la represión postelectoral y que sigue rechazando que no se respetara la voluntad popular. No percibieron que esos venezolanos siguen viviendo como una suerte de herida abierta lo ocurrido hace un año. Y esto sigue allí, aunque no puedan hablar abiertamente del tema.

Si la participación de Capriles, Rosales y Falcón en las dos elecciones celebradas este año fue producto de una negociación, no es un asunto de mala fe recordar que, si nos guiamos por la experiencia histórica, Miraflores no ha cumplido con lo acordado en diversas mesas de negociación, al menos de 2013 para acá.

Y lo que tal vez sea más significativo del ocaso de estas tres figuras, es su incapacidad de leer los nuevos tiempos de Venezuela. Después de una votación masiva y clara como la del 28J, con todo lo que siguió después, pone entredicho que una estrategia gradualista (de contar con algunos diputados, alcaldes o gobernadores), que tal vez fue válida en el pasado, tenga sentido o pertinencia hoy.

Si algo ha quedado claro del cambio político ocurrido tras las elecciones presidenciales es que quienes tienen el poder no están dispuestos a compartirlo y que harán todo lo que esté a su alcance para conservarlo.

Publicidad
Publicidad