Política

Paulina Gamus, su última entrevista

El viernes 11 de julio falleció Paulina Gamus, exministra de Cultura, exdiputada y una voz importante en la política nacional. Carolina Jaimes Branger sostuvo una entrevista intermitente con ella durante parte de su proceso de salud

Publicidad
paulina gamus
Archivo

El pasado 11 de enero, Paulina Gamus cumplió 88 años. Si hay alguien en Venezuela que podía hacer alarde de haber vivido una vida plena, era justamente ella. Si alguien pudo afirmar que pasó por la política y salió ilesa en todos los campos, era ella. Sus compañeros la admiraron, sus adversarios la respetaron. Era apasionada en su actuar, nunca tuvo miedo a decir lo que pensaba, era escrupulosamente honesta y trabajaba hasta necesitar más horas en el día. Como amiga, era leal y siempre presente.

Las nuevas generaciones que quieran incursionar en política tienen que saber que ella existió. Qué hizo y cuál fue su legado. Nació un día 11 y se fue un día 11. Yo hablaba con ella con frecuencia. A pesar de su enfermedad, sus tratamientos duros y agotadores, nunca se quejó. Era una “palo de mujer”, como decimos en Venezuela.

Paulina Gamus estudió Derecho en la UCV y egresó con la mención Magna Cum Laude. Desde estudiante ya trabajaba, de manera que lo que hizo al graduarse fue continuar a tiempo completo lo que ya había comenzado.

Se encargó de la Dirección de Menores de la extinta PTJ (hoy CICPC) durante 9 años. Atraída por la política, ingresó a las filas de Acción Democrática y fue diputada y senadora en el antiguo Congreso Nacional. Ocupó también los puestos de ministra de estado- presidente del CONAC. Fue articulista de importantes medios de comunicación, donde destacan El Nacional y Tal Cual. Su pluma fue incisiva y directa. En ocasiones, cáustica: era una maestra de la ironía. También se involucró en actividades directivas de las instituciones judías -ella lo era- como la CAIV, Confederación de Asociaciones Israelitas y la Fundación Conciencia Activa. En otros espacios civiles, para quienes formamos el Espacio Anna Frank, fue una maravillosa consejera y una compañera de junta directiva muy divertida.

Siempre tuve el deseo de hacerle una larga entrevista, pero ella siempre estaba ocupada (y yo también). Cuando finalmente coincidimos, ella ya estaba enferma. Sin embargo, tuvo la deferencia de ir respondiendo mis preguntas. Las últimas respuestas tienen fecha del 31 de marzo de este año.

¿Por qué escogieron tus padres emigrar a Venezuela?

– Nunca les pregunté, pero recuerdo a un personaje muy querido de la comunidad ashkenazi que dijo que había elegido Venezuela porque las visas eran las más baratas y él concluyó que un país que hiciera fácil la inmigración era un país amigable para el extranjero. Tanto para mi padre, que venía de Alepo, como para mi madre, que venía de Tesalónica, venir a un país amigable era fundamental.

– ¿Te sentiste distinta a tus amigos y compañeros en algún momento porque tus padres no eran venezolanos o porque eres judía?

-Distinta, pero sin complejos. Siempre hablé libremente de mi condición judía. Recuerdo un solo comentario antisemita en toda mi vida profesional.

– Y en qué contexto te lo dijeron, ¿político?…

-Lo recuerdo como hoy, fue en un debate en la Cámara de Diputados sobre el proyecto de una ley. Su promotor era XXX. El proyecto tenía artículos contra el cigarrillo, yo era fumadora y pedí un derecho de palabra para ironizar sobre la ley. Estaba haciendo mi intervención y lo oí (estaba sentado en primera fila), decir: “¿qué sabrá esa judía?” A más de uno se le sale un comentario de esos cuando se trata de polemizar con alguno judío.

– ¿Qué te llevó a entrar en política?

– Creo que fue innato. Desde la primaria comencé a colaborar con el periódico de mi escuela. Y aspiraba formar parte del gobierno escolar pero nunca me eligieron. Quizá eso me motivó.

– ¿Por qué escogiste Acción Democrática?

-Por mis padres y mi tío. La otra opción era ser socialcristiana y somos judíos. (Risas)

– ¡Buena razón! Aunque los valores del Cristianismo supuestamente son valores universales…

– Sí, pero no sonaba lógico: judía social cristiana.

– ¿Cómo fue tu experiencia cuando trabajaste en la Dirección de Menores de la Policía Técnico Judicial?

– Una escuela de vida sobre las miserias y las grandezas humanas.

-¿Cuál fue la lección mayor que te dejó ser parlamentaria?

-El respeto a las diferencias políticas.

– ¿Y tu obra más importante como parlamentaria?

-Cuando me tocó, como presidente de la Comisión de Política Interior de la Cámara de Diputados, lidiar con toda la demagogia en torno al “Caracazo” y lograr que el informe fuera aprobado por unanimidad.

-Tu labor en el Conac. La cultura es el motor de un país y me da la impresión de que ese fue tu lema. ¿Qué puedes contarme de esos años?

-Fueron dos años y una gran lección de vida. Al final de mi gestión, mi labor se ensombreció por el problema de la Orquesta Sinfónica. Cometí el error de tomar partido por el grupo de músicos disidentes. En esos días cuando el conflicto estaba en su momento más álgido, vino a Caracas la Filarmónica de Nueva York con su director Zubin Mehta.En una conversación con él, me dijo: “No pelee con los músicos, no son buenas personas”. (Risas).

-¿Te pusiste del lado de Morales Bance?

– Ya no recuerdo quién lideraba el grupo disidente, que por decisión presidencial ( Lusinchi- Carmelo Lauria), se transformó en la Filarmónica Nacional.

– Eso fue un zaperoco… Mejor háblame de tu relación con José Antonio Abreu

– Siempre muy cordial. Fue mi sucesor en el CONAC y se portó muy bien conmigo en todo. Respetuoso y amigable.

– Y tu cercanía a El Sistema… ¿convicción de que sí funciona?

– Es un éxito para sentirse orgulloso. De allí salieron Dudamel y otros brillantes músicos.

– ¿Cómo te autodefines?

– Prefiero que los demás me definan.

– ¿Cuál es tu peor defecto?

– La impaciencia.

Como cosa curiosa, lo último que me mandó fue un link a unas declaraciones del Cardenal Porras. Pueden ver el video aquí.

Lamento que esta entrevista tan íntima, cercana y sincera haya terminado inconclusa. Sé que responderla le costó lo suyo y le agradezco que lo haya hecho, porque sé que la respondió por cariño.

Es un testimonio más de una demócrata convencida, de un ejemplo para las mujeres de todas las generaciones y de una venezolana que con su actuar en la vida pública dejó una estela de honestidad y buen hacer.

Publicidad
Publicidad