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Beatriz Ticali: “Estás aquí por un ratico”

Luchadoras, bien dispuestas y conscientes de lo que son: hermosas sin importar talla ni edad y exitosas en las metas profesionales que se han propuesto. Con la actriz Beatriz Ticali continuamos esta serie de entrevistas con mujeres que plantean el encanto de ser más que caras bonitas: te harán pensar

Beatriz Ticali: “Estás aquí por un ratico”

Le tocó ver una clase que se llama artes escénicas y tenía que montar una obra de teatro. Eso fue en el segundo año de la universidad, estaba con un grupo de amigos y quiso ser productora, ocultando el impulso que le frenaba la pena. Para ese trabajo una amiga adaptó una obra protagonizada por un hombre para que lo hiciera una mujer y le dijo: “Escribí esto para ti”. Ahí empezó todo.

Beatriz Ticali piensa que esa fue una actuación de principiante, pero le sirvió para entender que eso era lo suyo.
Empezó a actuar formalmente en el 2016, mientras estaba cursando cuarto año de Comunicación Social. Y se inició en el Gimnasio de Actores, la escuela de Matilda Corral.

“Es un taller de segundo nivel. Comienzas a crear un personaje de una vez. Para mí fue un reto por quitarme las inseguridades típicas del nerviosismo amateur y a la misma vez entrarle a un personaje”.

En la metodología del taller se organiza un show case cuando varios alumnos tienen sus escenas listas. La profesora, directora y actriz Matilda Corral, invita a gente del medio al casting. Y así Beatriz empezó a conocer a personas de su gremio. Estuvo dos años estudiando ahí.

Beatriz

Lo que le gusta del escenario es que se convierte en un terreno de juego, un lugar donde se puede desenvolver y nadie la va a juzgar. Ni ella misma.

“Toda la vida me he juzgado, el poder ahora sentir que estoy en lo mío y hacer lo que quiera dentro del personaje como uno hace en la vida real me da seguridad y siento que me puedo explorar, exploro mis talentos, mis miedos. Dreno”.

Así se encuentra actualmente, descubriéndose como actriz y persona y retándose como profesional constantemente, tratando de ser feliz haciendo lo que le gusta.

La “beíta” de Beatriz

Creció en una casa llena de amor y estudiaba en un colegio de niñas. Trabajaba todos los veranos en la librería de su mamá. Tanto que un verano se compró una moto y en otro se pagó un viaje. Su adolescencia la califica como una de rebeldía PG-13.

“En la niñez se originaron mis inseguridades a partir de que mis padres se divorciaron. Algo causó una ruptura en mí y a medida que fui creciendo empecé a llenar ese vacío con maneras de hacer las cosas, carácter, manías y eso definió mucho mi personalidad”.

Beatriz

Hubo, en su segundo año de bachillerato, un episodio de anorexia que Beatriz cree que fue “leve” porque la descubrieron a tiempo. Su madre, Patricia, se dio cuenta de todo al mes.

“Había una página que te daba los diez mandamientos de las anoréxicas. Que si te pusieras pasta dental en la lengua antes de comer para que no te diera hambre, cosas así. Pienso que ese episodio de mi vida estaba atado a un tema de atención y presión social”.

De pequeña era más segura, cree que por todas las batallas que tuvo que dar. Creciendo en un colegio de niñas y de monjas se sentía en una guerra fría. Era “chévere”, así lo describe, pero tenía que estar alerta. Como en una selva de niñas competitivas.

«En mi adolescencia también aprendí muchísimo. El valor de una amistad, la importancia de ser leal a ti misma y a los tuyos y me conecté con el amor que le tengo a mi familia».

Lo bueno, para Beatriz, de cualquier experiencia negativa es que te abre a lo que ella llama «un futuro positivo». Cree en las malas experiencias como herramientas conciliadoras del ser humano y bases para crecer aprendiendo.

Vivir con el teatro y en él

Beatriz es fundamentalmente teatrera, pero tiene buen currículo para una actriz en sus primeros años. Desde 2016 hasta 2020 ha hecho 5 obras de teatro, 2 cortometrajes, 3 videoclips y tiene actualmente propuestas para comenzar a trabajar en el cine.

“No te puedo negar que hay un ego de por medio, nos gusta la gratificación que da el reconocimiento. El aplauso, el spotlight. Cualquier actor que te diga lo contrario, mira, que ni me joda”.

Su abuela murió en 2019 justo cuando ella hacía, bajo la dirección de Jorge Roig, “Prohibido suicidarse en primavera” en el Trasnocho Cultural. El teatro la salvó en ese momento.

“Nunca había tenido una temporada tan larga y tuve que lidiar con mis problemas al mismo tiempo. Aunque le presté mi cuerpo al personaje, que es lo que hacemos, no dejé de ser yo. Ese reto me ayudó a crecer. Creo que soy parte de un gremio gigante, pero a la misma vez eso es parte de mí. Me ha ayudado demasiado”.

Y para Beatriz las inseguridades son un tema. Cuando tomó la decisión de ser actriz estaba cerca de graduarse de la universidad. Mientras sus amigos hacían pasantías ella estudiaba guiones y se preparaba. En el 2018 se sentía como población flotante.

“Me dio un ataque de pánico, que es una sensación de muerte inminente, pero en el momento yo no sabía qué era y pensaba que me iba a morir. Me llevaron a la clínica de emergencia y después de hacerme varios exámenes me recomendaron ir a un psiquiatra”.

Llegando a la doctora se tuvo que enfrentar al diagnóstico: trastorno de ansiedad generalizada. Y claro, es normal sentirse ansioso en algunos momentos. Pero un cuadro como este es repetitivo y se presenta casi todos los días de tu vida e interfiere con las actividades normales.

“La sensación de muerte inminente está ahí, hay pensamientos obsesivos, la ansiedad y los ataques de pánico van de la mano. Los que sufrimos de esto tenemos un tema generalmente, algo con lo que nos obsesionamos. El mío es la muerte. El miedo a la muerte”.

El simple y complejo hecho de existir y dejar de existir, lo llama Beatriz. Desde niña recuerda haber tenido preocupaciones existenciales.

“Esos meses me sentía horrible. Mi ritmo cambió completamente porque no es un problema pasajero, es algo con lo que tengo que lidiar siempre. En ese momento me tomaba un vaso de agua y pensaba ‘a lo mejor me puedo ahogar’”.

Dice que la ansiedad te engaña. Cree que la superó y “le sale por otro lado”. Su mayor miedo es que sienta que le está dando “algo” y no saber si es ansiedad o un infarto, por ejemplo. Eso tal vez es parte de su mismo miedo a la muerte.

“Te tienes que resignar, es lo sano. Es entender que estás aquí por un ratico”.

Para ella la muerte de los cercanos te enseña algo, pero es temporal. También natural, porque cree que no puedes presionarte a reflexionar siempre.

Beatriz sana por enseñanza

En casa siempre le inculcaron el tema de la salud mental, le hablaban de estar clara en el hecho de que eso es como sufrir del estómago e ir al gastroenterólogo y por eso piensa que hay que normalizar atenderse con un psiquiatra o un psicólogo.

Y gracias a la terapia se ha vuelto más segura, más activa con sus metas, más determinada. Admira a las personas seguras a su alrededor como Claudia Rojas, actriz contemporánea con ella, y a Julie Restifo y Diana Volpe, directora y profesora de Beatriz en algún momento.

“Hay seguridad y soberbia. La idea es aprender de la gente segura y desechar a la gente soberbia. Es difícil decir una vaina jodida viendo a una persona a la cara, con un fin determinado, con los pelos del burro en la mano. Me cuesta y lo trato de aprender”.

Admira a estas tres mujeres por la misma cuestión: trayectoria. Eso busca ella, más que todo en las tablas venezolanas, aunque la crisis afecte también a esa escena.

“Me parece que a la actuación venezolana le hace falta ambición económica. Hay mucho talento, soñadores y creadores. La gente se limita porque no se pueden conseguir ‘cosas’. Si quieres hacer una obra hay una narrativa de ‘hacer las cosas con las uñas’ que para mí no va”.

Actores ganando lo mínimo, algunos ni siquiera cobrando por actuar. Escuelas que misteriosamente mantienen sus instalaciones y funcionamiento con ingresos mínimos y el mantenimiento de los teatros es precario. Pero para Beatriz también hay problemas con la mentalidad de algunos artistas.

“No por querer que las cosas sean de buena calidad se te quita lo teatrero. Aquí relacionan al arte con limitaciones, con que se dificulte el trabajo. Mientras más lujoso más pretencioso, más alejado del arte. Eso no está bien”.

Pero los retos de Beatriz en el teatro van más allá de la situación país: su fenotipo también es un problema y no precisamente para ella.

“Tengo una fisionomía diferente, pregunto ¿diferente a qué? Bueno, a esa idea vieja del ‘típico’ venezolano. Para mí el venezolano es variopinto, viene de las mezclas de razas, de nacionalidades, un colombiano con un francés, una china con un tipo de Puerto Ordaz”

Beatriz se come su hallaca y sus tortellinis. Es una mezcla de italianos, españoles y venezolanos y se nota, en el mejor de los sentidos.

“El hecho de ser catira (con el pelo pintado), caucásica y de ojos claros me limita en el tema de la publicidad, no puedo hacer publicidad con productos nacionales porque lo que vende es la idea del venezolano original”.

Aunque para alguien esto pueda parecer un problema mínimo, la verdad es que afecta a su carrera y lo siente discriminativo.

“Ya me pasó, iba a hacer una obra de teatro y el director me dijo que se iba a ir por algo ‘más latinoamericano’. Están eligiendo al fenotipo sobre el talento. Yo también soy nacional”.

Si la rubia venezolana está, según la actriz, representada de alguna manera actoralmente, lo hace siendo caricaturizada: la “sifrina”, la tonta, la que está buenísima y ya.

“Ah, es que ‘la catirita’ no puede ser una persona normal, clase media, con sus luchas internas. Así soy yo y también miles de mujeres en el país”.

El asco del deseo

La sexualización de la actriz venezolana también es un obstáculo en el camino de las jóvenes artistas y así lo ha discutido Beatriz con otras colegas.

“Si eres bonita tienes más oportunidades, a las mujeres las sexualizan todo el día. A veces me da ladilla que un director o un amigo actor me diga ‘es que tú eres muy bonita’. No me interesa. Prefiero que vean el talento. Vives con un miedo: ¿será que estoy aquí porque soy bonita?”.

Siente que uno de sus primeros trabajos fue así. Y sí, la acosaron. Necesitaba el papel, tenía el desespero y el impulso y un director se aprovechó de eso. Dice que nunca hubo contacto físico pero había puntas y comentarios inapropiados que la hicieron sentir incómoda.

“’Me Too’ lo arrancaron las mujeres más poderosas de Hollywood. La gente también debe tener en cuenta eso, muchas no se atreven a hablar por miedo a perjudicar su carrera. ¿Que hoy en día me hiciera la loca? No. He rechazado propuestas por sentirme incómoda”.

También dice que ha tenido la fortuna de trabajar, en su mayoría, con actores, actrices, directores y productores profesionales. Que abundan los que se dedican a su gremio y son unos pocos los que ensucian la ética del trabajo actoral.

Aunque siente miradas atravesándola cuando va a los castings, de vez en cuando. Piensa que el hombre, catire, normal, venezolano, que es actor, no tiene que pasar por esto.

“Es arrecho tener que entregarte a una escena sexual o un beso y pensar que en la mente del hombre puede estar una especie de ‘ganancia’ en su récord. Me da asco”.

Beatriz

“El movimiento” y otros mantras

Beatriz agarró todo lo que la incomodaba, toda esa furia y la transformó en algo positivo. Empezó un movimiento a principios del año 2019. Ha sumado miles de seguidores a su usuario @bea_usted en Instagram bajo un mantra: In The Middle (en el medio).

“In The Middle comenzó por no sentirme representada. Me apoyaron mucho las personas a mi alrededor. Quise representar a una mayoría que siento que no está representada a nivel mundial: las mujeres que estamos en el medio entre las gordas y las flacas”.

La actriz se declara de piernas bonitas y “un torso complicado”, donde dice acumular grasa. Dice que no tiene curvas y su espalda es ancha. Viendo el Miss Venezuela cuando era una niña y de adolescente las pasarelas de Victoria’s Secret, empezó con el tema de la comparación, porque aprendió que la belleza era eso para los demás.

A los 9 años se vio en un espejo y pensó: tengo que adelgazar. Más adelante lo aplicó y ahora se acepta como es y entiende su cuerpo, como miles de mujeres.

“Viendo Disney Channel me pasó algo distinto, aunque a veces la más cool era flaquita. Tenía dos ídolos: Lizzie McGuire y el personaje principal de “Es tan Raven”. La segunda fue un batacazo y rompió paradigmas”.

Y es eso lo que In The Middle pretende comunicar: ¿para qué perder el tiempo y la salud tratando de ser algo que no eres?

“Yo no entiendo. Si tú eres un empresario, en Venezuela, por ejemplo y quieres que tu marca sea un tiro al piso, ¿cómo no buscas las oportunidades que te da la globalización? Hace tiempo empezó la inclusión del plus size, pero aquí no. ¿Quieres tu publicidad igual que la de todo el mundo?”.

Si tuviera su propia marca de trajes de baño o cualquier tipo de ropa, haría lo mismo para gorditas, flaquitas y en el medio. No les agregaría más tela a prendas en específico para tapar más piel. Beatriz cree que puede haber marcas para sectores, pero siente que el mundo de la moda está perdiendo un nicho de mercado, igualmente el cine y la publicidad.

Está agradecida de todo lo que ha trabajado en tan poco tiempo, siente que es más un problema publicitario y que en general Venezuela con ese tema «se quedó en el aparato». Pero sí hay gente, como ella, haciendo al país reaccionar.

“Siento que la gente lo pudiera confundir con comodidad si no entienden lo que es In The Middle. Esto es un balance, no creo que se debería comer todo lo que a uno le da la gana ni creo en ir al gimnasio tres veces al día y no comer nada”.

Es un equilibrio, habla de ir al gimnasio tres veces a la semana, por ejemplo, comerse una hamburguesa un día y una ensalada el otro.

“Esto no es ‘ponte lo más gorda que puedas’ es ‘ámate, que es normal’. Si te salen estrías es normal y si te quieres poner ácido hialurónico dale, lo que te haga sentir cómoda dentro de lo sano y sin ponerte en riesgo”.

Ella quisiera que @bea_usted la llevara a ser una modelo In The Middle representativa para el país, demostrar que una mujer así puede ser sexy, chic, elegante. Que puedes ser bella sin necesidad de ser “un hueso”. Beatriz busca marcar un precedente.

 

“La única forma que baje de peso es que un papel lo amerite. Siempre quise modelar y las veces que fui a agencias me decían ‘que bella tu cara pero bájate entre 8 y 10 kilos’, cuando yo siempre he entrenado. Modelo igual, como soy”.

El sueño principal de Beatriz Ticali es poder elegir sus proyectos y trabajar constantemente. También tiene una vena de escritora que exploró especializándose en guionismo en la universidad. Como con muchos equilibrios, cree en la formación académica y “de calle” para ser un buen actor.

“La actuación es intuición, seguirte a ti mismo, pero hay que manejar cuestiones académicas para ser mejor actor. Métodos. Técnicas. Formarse nunca está de más. Todo lo que te sume es mejor”.

 

Ronda ping pong

Un disco: Circles, de Mac Miller.

Película: American Beauty.

Un libro: El último que leí que se llama “Nosotros todos”, de Manuel Sucre.

Lugar de Venezuela: Los Roques.

Lugar del mundo: Madrid (ahí está mi hermana).

¿A quién quieres más a tu mamá o a tu hermana?: A mi mamá.

Comida: Hamburguesa.

Músico: Jorge Drexler.

Vestuario: Geraldine Alarcón @geraldinne.alarcon

Hair Styling: José Rojas @soyrojas17

Maquillaje: Gabriela Policarpio @gabypolicarpio

Trajes de baño: Wave addict swimwear @waveaddict_swimwear