Cinemanía

Marvel recupera su magia con “Thunderbolts*”

“Thunderbolts*” tiene el raro honor de ser la película que el Universo Cinematográfico de Marvel necesitaba en un momento especialmente complicado. Para demostrar, entre otras cosas, que el género de superhéroes puede volver a lo básico siempre que lo haga con personalidad

Thunderbolts
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En “Thunderbolts*” todo lo que puede salir mal, lo hará y de las maneras más inesperadas. Pero a pesar de esa propensión al desastre y al fracaso, la película de Jake Schreier, logra también demostrar el valor de un grupo de héroes imperfectos y rotos. Por lo que la trama es el escenario ideal para explorar en una rareza en el ya agotado Universo Cinematográfico de Marvel. En la película, no hay héroes. O, al menos, ninguno impoluto y dispuesto a darlo todo por el bien común.

En lugar de eso, hay un grupo de personas con diversas y apreciables capacidades, preparadas a echar una mano a quien lo necesite. Pero no de buena gana, ni en medio del idealismo. “Thunderbolts*” es una historia de perdedores bien intencionados, de un equipo que nació defectuoso y que intenta en lo posible triunfar. Pero sabe que las posibilidades están en contra y que lo más probable es que todo termine mal.

El guion de Eric Pearson y Joanna Calo, se esmera por mostrar un escenario semejante sin exagerar. A diferencia de las versiones de “Suicide Squad” (con las que inevitablemente se le va a comparar), “Thunderbolts*” explora en las relaciones entre sus personajes con cuidado. Tanto, como para con rapidez, mostrar un delicado equilibrio entre todos y la posibilidad de que la complicidad recién nacida se convierta en amistad.

Este no es un equipo gallardo, con habilidades sobrehumanas y asombrosas. Son solo hombres y mujeres, llenos de heridas, duelos y mundanos problemas, que tendrán que hacer a un lado para sobrevivir.

Érase una vez un extraño grupo deamigos

Thunderbolts* comienza de manera sencilla y va de menos a más. Yelena Belova (Florence Pugh) está tratando de sobrellevar su vida mediocre como mercenaria a cargo de Valentina Allegra de Fontaine (Julia Louis-Dreyfus) y descubriendo que esta última no es solo una hábil política. A la vez, tiene una agenda personal que maneja con mano izquierda y en la que Yelena, una asesina entrenada, tiene un lugar destacado. Algo que la lleva a limpiar desastres y a ocuparse de los frecuentes errores de la funcionaria.

Pugh hace un trabajo excepcional al llevar a su Yelena a dos escenarios distintos. Por un lado, es una mujer experta e independiente. Por el otro, una víctima de las circunstancias que se recupera lentamente de una serie de situaciones complicadas y traumáticas. La peor: la muerte de su hermana Natasha (Scarlett Johansson), un evento sísmico que cambió su vida para siempre. Por lo que ahora, años después de lo ocurrido, intenta encontrar un punto de equilibrio entre la persona que es y la que desea ser.

Pero Valentina Allegra no está para poesías. Y aunque acepta que Yelena deserte, le encarga una última misión. Que resulta ser una trampa, en la que el personaje de Julia Louis-Dreyfus intenta arrasar con miembros de su equipo que comienzan a serle incómodos. Entre ellos, John Walker (Wyatt Russell), Taskmaster (Olga Kurylenko) y Ghost (Hannah John-Kamen). Todos tienen algo en común con Yelena: fueron reclutados por Allegra Valentina y quieren salir del ciclo interminable de obedecer sus movimientos políticos.

Por último, al grupo se une Bob (Lewis Pullman), un sujeto desmemoriado que nadie se explica el motivo por el cual se encuentra en ese lugar. Pero en medio de la certeza de que están a punto de ser asesinados, terminan por huir llevándose a Bob consigo. Eso, sin saber que se trata de una criatura infinitamente poderosa. Y en proporción, también peligrosa.

Thunderbolts más Bucky 

A partir de entonces, la cinta se vuelve frenética y vigorosa sin perder sustancia ni hacerse más simple para complacer piruetas súper heróicas. Al contrario, el guion se esfuerza por mostrar que en medio de una situación cada vez más compleja, el equipo tendrá que conciliar diferencias y unir habilidades para mantenerse con vida. Eso, mientras Bob termina por mostrar que el poder que guarda, además, tiene un lado oscuro. 

Thunderbolts
Bucky Barnes (Sebastian Stan)

Pero ese aspecto del peligro llega, los Thunderbolts luchan por intentar crear una red de seguridad que les permita vencer. Dejando atrás argumentos insípidos como el de “Capitán América: Brave New World”, la película logra equilibrar la complejidad de sus personajes con lo que pasa fuera de ellos.

Todo se vuelve un poco más complicado cuando se les une Bucky Barnes (Sebastian Stan), que desde su nuevo cargo político intenta entorpecer las maniobras de Valentina Allegra. Finalmente, Red Guardian (David Harbour) y la versión del supersoldado de Europa del este, se unen a la misión de salvar la vida y controlar un poder inimaginable.

En esta película sin villano — pero sí, un peligro que contener — la mayor parte de la sustancia del guion la sostiene la química entre su equipo. También, el mimo que los escritores dedicaron a lograr una profunda conexión entre cada miembro. Paso a paso, los Thunderbolts batallan para evitar ser asesinados y para encontrar su lugar en el mundo.

A diferencia de otra tantas películas de Marvel, “Thunderbolts*” no afloja la tensión al llegar a sus últimas escenas. Por lo que logra que su final sea de un impacto emocional que rara vez tienen las películas del estudio. También para la historia, las dos escenas poscréditos — en especial la segunda — que da la bienvenida a una nueva era y a lo grande. Un giro que demuestra que la esquiva magia de Marvel, está de vuelta.

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