“Capitán América: un nuevo mundo”, el año no empieza bien para los superhéroes
Los últimos tiempos no han sido sencillos para el Universo Cinematográfico de Marvel y “Capitán América: un nuevo mundo” podría ser la suma de todos sus problemas. Con una trama que se complica de manera artificial, personajes olvidables y la intención de preparar el terreno para sucesos que ocurrirán más adelante, la cinta flaquea en todas partes
Más que un hombre, cualquiera que lleve el manto del héroe es un símbolo. Algo que “Capitán América: un nuevo mundo” (2025), cuarta parte de la subfranquicia de la saga marvelita, no deja de recordar. Dedica sus primeros minutos para enaltecer a Sam Wilson (un encantador Anthony Mackie), ahora responsable del emblemático escudo de barras y estrellas. Esta óptica podría ser suficiente para una película, pero la producción de Julius Onah debe hacer varias cosas a la vez. Eso, además de plantear su premisa.
Lo que abarca explicar un poco acerca del mundo posterior al blip, fenómeno que permitió a la mitad del universo renacer de las cenizas luego del chasquido de Thanos. También — ¡finalmente! — detallar qué ha ocurrido con el Celestial Tiamut de “Eternals” (2021), un detalle que Marvel ignoró de manera obstinada por casi dos años.
Y como si todo lo anterior no fuera suficiente, profundiza en las motivaciones de Thaddeus “Thunderbolt” Ross (Harrison Ford), nuevo presidente de Estados Unidos. Una figura ambigua y obsesionada por el adamantium, el mítico metal comiquero que hace su debut en la saga de manera oficial.
Por lo que “Capitán América: un nuevo mundo” intenta completar los cabos sueltos de la irregular fase cinco de Marvel. No obstante, el guion de Rob Edwards, Malcolm Spellman, Dalan Musson, Julius Onah y Peter Glanz tiene problemas al unir todas sus líneas para contar una sola historia. De modo que no lo hace y se esfuerza por ser un mapa de situaciones de tensión política desdibujado y casi siempre confuso.
La trama va de un lado a otro, añadiendo retazos de datos e información inservibles o, en el peor de los casos, ajenos a la historia central. Al mismo tiempo, reflexionando sobre los nuevos intereses que tendrán que enfrentar los héroes que Sam Wilson logre reunir, como parece ser una de sus misiones. Pero ninguno de esos puntos se desarrolla en toda su extensión. Así que la película combina un resumen de especulaciones sobre un mundo en crecimiento que no encuentra jamás su ritmo.
Un nuevo Capitán América toma las riendas
Lo lamentable es que la producción comienza de manera prometedora. El presidente Ross, es un tipo de cuidado. Como se recordará, en su anterior encarnación — primero con el rostro de Sam Elliot y después, William Hurt — el funcionario se opuso a los superhumanos de todas las formas posibles. La más contundente, al llevar adelante los acuerdos de Sokovia que convirtieron en criminales de facto a la mitad de Los Vengadores. Un tema que se expone de inmediato y sustenta el motivo por el que Sam tiene razonables dudas acerca de la capacidad de Ross para ser dirigente del país.
Pero apenas planteó el escenario, la trama lo olvida y corre a presentar a un nuevo villano. En el que tampoco indaga mucho, por lo que se concentra en describir la polaridad del poder bajo el puño de Ross. El Celestial petrificado en mitad del océano Índico resultó que era una masa sólida de adamantium, un metal ultra ligero, resistente y con una serie de propiedades enigmáticas que le convierten en el centro de la codicia de todos los países del globo. Por lo que el presidente deberá asegurarse que los estadounidenses tengan bajo su mano una buena tajada del botín.
Y otra vez, apenas se había profundizado en un tema, surge la siguiente amenaza: “alguien” -¿un grupo terrorista? ¿otro país?- que quiere un poco del mítico metal para sus malvadas intenciones. Por lo que se enfrentará a Ross, a Sam y a varios personajes más sobre los que no se profundiza ni merecen la atención del argumento.
El Red Hulk de «Capitán América: un nuevo mundo» (Fotos: Cortesía de Marvel Studios)
Para su primera mitad, la película es incapaz de unir sus intenciones de forma medianamente coherente. Se echa de menos cualquier hilo conductor que justifique las idas y venidas de Sam y Ross. Antes que cualquier otra cosa, “Capitán América: un nuevo mundo”, es una confusa y barata versión de “Capitán América y el Soldado del Invierno” (2014) y la complicada “Capitán América: Civil War”.
En contraste, la más reciente película de Marvel es desordenada, anticlimática y con tan poca solidez, que por momentos es autoparódica. De los diálogos acartonados, gracias a los cuales los personajes se explican unos a otros el universo en que viven, hasta las confusas escenas de acción. Todo tiene un aire prefabricado y mediocre.
¿Y Red Hulk?
Llegar a la versión más retorcida, violenta y extraña de los monstruos producidos por los rayos gamma le lleva a la película un insólito esfuerzo. Y cuando ocurre, es tan predecible, aburrido y mal actuado que no vale la pena la espera. El director es incapaz de brindar corazón a sus personajes. De modo que es complicado preocuparse por Sam Wilson y su enfrentamiento contra un enemigo que, evidentemente, le supera en muchas formas.
Pero claro está, al héroe le acompaña la esperanza del guion, incluso cuando no hay mucho margen de maniobra para explicar qué ocurre en realidad o el motivo por el que logra vencer la amenaza. Lo que termina por convertir a la trama en una larga interconexión de sucesos convenientes sin ningún fin ni fundamento.
Por supuesto, la cinta concluye con una escena final que — ¡oh, sorpresa! — deja la puerta abierta a lo que vendrá. También, tiene una escena poscréditos. Sin embargo, luego de esta aventura decepcionante, la gran pregunta es que si alguien tendrá interés en ese futuro, que tan afanosamente intenta construir Marvel.
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