Cinemanía

“Scary Movie 6”: ya no es tan fácil hacer reír solo con ofensas

Regresar después de más de una década siempre implica riesgos.“Scary Movie 6” intenta dialogar con internet, la corrección política y el terror reciente, mientras busca conservar su identidad burlona. No siempre lo logra

scary movie
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Hay algo curioso en “Scary Movie 6”: gran parte de su existencia parece construirse alrededor de una pregunta incómoda. No se trata de quién es el asesino ni de qué película de terror será la siguiente víctima de la parodia. La cuestión central es otra: ¿cómo sobrevive una saga nacida en los años del humor más descarado dentro de una cultura que ha cambiado radicalmente? Esa tensión atraviesa la película de principio a fin, a pesar de que el director Michael Tiddes entiende bien que no está filmando para el mismo público que vio la quinta entrega en 2013.

A lo largo de diez años cambiaron las conversaciones públicas, las sensibilidades colectivas y hasta la forma en que se consumen las bromas. De modo que “Scary Movie 6” debe encontrar su lugar en una época que se ha vuelto crítica y reaccionaria con el humor, y donde las redes sociales producen contenido exagerado a una velocidad imposible de competir.

Por eso los primeros minutos son casi como una declaración de intenciones: aquí se viene a ofender y se ofenderá a todo el que se pueda y esté al alcance del chiste.

El guion de Rick Alvarez, Marlon Wayans, Shawn Wayans y Feeney Ivory Wayans intenta reorganizar la maquinaria habitual de la saga para que sea tanto una burla macabra, como un comentario político. Así que la película conserva el caos que la caracteriza, pero procura darle una estructura ligeramente más ordenada.

En esta ocasión existe una línea argumental que conecta los distintos episodios: un Ghostface homicida sirve como guía para recorrer una enorme colección de referencias cinematográficas y culturales. No es exactamente una trama sólida, aunque sí una excusa funcional para enlazar situaciones. El resultado se siente menos salvaje que en otras entregas, menos obsesionado con la provocación visual extrema y más interesado en disparar comentarios sobre cualquier asunto disponible.

El ritmo es frenético en la cantidad de chistes que se disparan por minuto. COVID, pandemia, #MeToo, los archivos Epstein, republicanos, racismo, la mala televisión, los prejuicios del Oscar. De todo hay que reírse y la película lo hace sin parar, hasta llegar a ser cansona. La trama de “Scary Movie 6” parece convencida de que detenerse durante unos segundos para tomar un respiro podría ser fatal. 

Por lo que no lo hace. La mezcolanza absurda de parodias de películas y chistes políticos locales estadunidenses hace que la película sea difícil de seguir y que haya la sensación general de que el comentario burlón se queda a la mitad.

Claro está que la saga jamás ha destacado por ser algo más que una provocación maliciosa para golpear con polémica. Pero en esta ocasión el exceso sin ideas realmente frescas termina por echar abajo la sensación de que el humor de la franquicia tiene algo importante que decir, más allá de repetir sus propios clichés.

«Scary Movie 6» le lanza a todo

El abanico temático es enorme. Quizá demasiado. “Scary Movie 6” salta del COVID y los confinamientos a la inteligencia artificial con la misma facilidad con la que cambia de escenario. Los guionistas convierten en material humorístico la fiebre de la masa madre, las celebridades cantando durante la pandemia, los debates digitales, OnlyFans, las redadas migratorias, hasta conflictos musicales recientes.

Por lo que el repertorio de risas se multiplica hasta volverse tan extenso como interminable. Es evidente que para el argumento lo importante es la avalancha de burlas, retóricas, dobles sentidos y sobre todo, no dejar títere con cabeza. El problema es que el humor escatológico, morboso y repetitivo que hizo reír en 2013, ahora mismo parece arcaico e infantil.

Aunque también esa estrategia tiene ventajas evidentes. “Scary Movie 6” rara vez resulta predecible. Cuando parece dirigirse hacia una dirección concreta, inmediatamente gira hacia otra completamente distinta. Sin embargo, muchas bromas dependen de un conocimiento muy específico del contexto estadounidense reciente. Algunas funcionan gracias a su inmediatez. Otras quedan suspendidas en el aire, esperando que el espectador posea información suficiente para completar el sentido. 

Se trata, claro, de un problema cuando el humor depende en gran medida del contexto al que hará reír. La saga siempre vivió de la metarreferencia y a eso regresa. De “LongLegs: coleccionista de almas”, la nueva trilogía “Halloween”, “La hora de la desaparición”, “Ma”, “Nope”, “M3GAN” (que tiene un memorable momento y que seguramente se volverá icónico), hasta la ganadora del Oscar “Pecadores”. Nada falta en este desfile interminable de guiños.

Pero el problema llega cuando intenta unir todo eso para contar algo que sea más que una mezcla de sketchs, cuya única intención es el efecto choque. Pedorretas, insinuaciones sobre la orientación sexual de personajes, burlas que ya eran viejas hace diez años. “Scary Movie 6” comete el pecado de parecer tremendamente desfasada. Algo más que evidente en la parodia sexual de “Las guerreras del K-pop”, que la película convierte en claro, una burla porno. Hace reír (es inevitable), pero como con la mayoría de los chistes de la película, la gran pregunta es si eso es lo mejor que se le ocurrió a un grupo de cuatro guionistas después de años de ausencia.

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