Yo veía el Mazinger original: pregúntame cómo marcó mi vida

"Ahora que ya no es piloto, Koji Kabuto ha seguido el camino de su padre y su abuelo iniciando su carrera como científico. Y ahora encuentra una gigantesca estructura enterrada en las profundidades del Monte Fuji, junto con una misteriosa indicación de la vida... Nuevos encuentros, nuevas amenazas y un nuevo destino aguardan a la humanidad. El antiguo héroe Koji Kabuto debe tomar una decisión sobre el futuro: ser un dios o un demonio…", esto es parte de la nueva entrega de la película animada Mazinger Z: Infinity. A propósito de ello, Alexis Correia hace una reflexión sobre el icónico personaje.

Yo veía el Mazinger original: pregúntame cómo marcó mi vida

Te gustaba Mazinger Z porque era metálico, grande, fuerte y hermoso. No hay mucho más que explicar.

Si eres metálico, no te pican los zancudos. Ni te tienen que agarrar puntos y ponerte la antitetánica. Si eres grande, tus hermanos mayores no te someten; pero te sometan o no, son y serán tus hermanos. Si eres fuerte, no hay un niño que te quita todos los días un bolívar de los cinco que te da tu papá para la merienda (Palacios: nunca olvidaré tu apellido). Si eres hermoso, le gustas a la muchachita que te gusta del salón, aunque igual no sepas que hacer con eso después.

Mazinger tenía diferentes armas que usaba según las circunstancias. He aquí la galería más completa que he visto (tampoco es que me he tomado la molestia de averiguar si hay otras). A los niños les gustan las cositas que tienen múltiples funcionalidades. Nadie quiere ser un One Trick Pony.

Yo veía el Mazinger Z original en la TV venezolana. Es y será la comiquita más importante de mi vida. En realidad era una repetición, porque cuando yo estaba en la primaria, ya Mazinger tenía al menos 10 años de existencia. Era el tema de conversación en el recreo. Punto.

Supongo que si viera Mazinger Z hoy no me parecería gran cosa. O quizás sí. No hace mucho las repetían (con acento puertorriqueño) en el canal La Tele, que ahora es el canal chavista Vepaco. Su estándar de animación era muy básico: hay que entender algo que se llama la flojera del dibujante. Elaborar una comiquita de media hora es tedioso y hay que economizar energía.

En todo caso el valor de Mazinger Z es principalmente arquetípico. Es el padre de todo robot grande, al menos para mi generación. ¿O primero vino el robot de la portada del disco de Queen?

En el año 2000 se corrió el rumor de que James Cameron (el director de Titanic y Avatar) estaba detrás de un proyecto para llevar a Mazinger al cine y me entró un escalofrío. Sigo soñando con ver eso antes de morir. Todavía está por hacerse la gran película de robot monumental, al menos uno que sea elegante, majestuoso y algo parsimonioso, como debería ser Mazinger. La saga de Transformers me parece un desastre, es demasiado aparatosa. Pacific Rim se parece un poco más. Pero no. Todavía no.

Sólo tuve un juguete de Mazinger: un muñequito del tamaño de un Action Figure que disparaba los puñitos a no más de cinco centímetros. Después los puñitos se perdían. Mazinger era mejor quedándose en el televisor que como una onomatopeya de explosión de niño que escupe saliva.

Mazinger probablemente era una comiquita sexista y discriminatoria, aunque la palabra sexista creo que no se usaba a principios de los ochenta. Mi gran anhelo era que uno de los capítulos fuera resuelto por los robots secundarios: Afrodita y Boss. Afrodita, ya lo debes saber, era una robot hembra, si tal cosa existe: disparaba sus tetas, se quedaba sin tetas (lo que supongo tuvo un profundo impacto en mi inconsciente y el de otr@s niñ@s) e igual no le hacía daño a nadie, aquellas explosiones eran como triquitraques. Boss era un robot con retardo mental, un término que creo que ya no se debe usar. En realidad ambos eran buenos para nada. Lo único que hacían era retrasar la acción hasta que resolviera el viril e infalible Mazinger. Era el orden conservador de las cosas y nadie lo cuestionaba. Por cierto, había un villano trasgender. No lo impedía la Ley del Odio.

Todo gran programa de TV tiene algo de liturgia que se repite una y otra vez: Mazinger sale de la mitad de la piscina, a Mazinger se le acopla en la cabeza el Pilder. Koji Kabuto, el apuesto e inexpresivo piloto de Mazinger (no, Mazinger no tenía voluntad propia), usaba comandos de voz mucho antes de que existieran los Smartphone, o quizás sólo gritaba para que los niños de entonces (que éramos mucho menos pilas) entendiéramos.

El otro gran anhelo era que Mazinger fuera derrotado, porque en realidad ese es el anhelo que siempre ocultamos acerca de las entidades excepcionales, y por eso me parece tan perturbadora la más reciente entrega de Thor, que en realidad es la crónica de un despojo. Ocurría en el último capítulo, que seguro es el que debe tener más vistas en Youtube.com. Los japoneses sí matan a sus mitos para que vuelvan a nacer.

Parece que se acaba de estrenar Mazinger Z: Infinity, un nuevo largometraje animado a 45 años del primer Mazinger. Me acaban de pasar el link del tráiler: no me había enterado, siempre vivo en la luna. Soy de una generación que no se enteraba rápido de las cosas. Pensé que vería algo muy diferente. Pero en el tráiler todo es parecido al Mazinger original, con la diferencia de que se ve más bonito, más colorido y mejor animado. Están los mismos personajes, aunque Koji Kabuto ahora es una especie de cyborg todavía más retraído y amargado. Hasta la canción es la misma, pero la de mi época sonaba mejor con sus gloriosos timpani. En mi época todo era mejor, lero, lero. Lo único nuevo es un niño misterioso y en estado plasmático que dice “Karako” (o algo así). No me gusta la idea de Mazinger peleando simultáneamente con muchos monstruos malos como si fueran los Agentes Smith, deberían ser a lo sumo tres. Menos es más. Ojalá llegue a Venezuela. Ojalá llegue a parecerle algo fulgurante y poderoso a un niño de ahora, como a mí me pareció Mazinger Z.