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Con la salud sí se juega, las estafas del #ServicioPúblico

Pastilla
04/07/2018
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COMPOSICIÓN GRÁFICA: JUAN ANDRÉS PARRA

En redes sociales abundan las publicaciones en busca de ayudas para tratamientos médicos y fármacos. En medio de la crisis, y aprovechándose de la protección de identidad que brinda el mundo digital, algunos utilizan las plataformas para hacer su agosto a costa de las necesidades ajenas

Laura Chávez está acostumbrada a comprar a través de una pantalla, sin necesidad de verle la cara al vendedor o saber quién es. Conseguir productos por redes sociales no es una modalidad de adquisición nueva para la joven de 25 años. Dedicada al mundo digital y publicitario, se ha cansado de comprar por Internet. La segunda semana de febrero de 2018 comprobó que para todo hay una primera vez: la estafaron por unas pastillas.

Desde septiembre de 2017 no halla en ningún establecimiento el medicamento Quetiapina, un fármaco utilizado para el tratamiento de episodios maníacos y depresivos para el trastorno bipolar de su madre. “Más nunca pudimos volver a conseguir ese medicamento, ya no existe en el país”, cuenta. La situación le dejó pocas opciones: obtener el remedio en Locatel —no llega hace meses—, traerlo del exterior —son carísimos — o comprarlo en el mercado negro —bajo su propio riesgo —. En noviembre del año pasado la consiguió bachaqueada por 600 mil bolívares el blíster de 30 pastillas. “Yo soy capaz de pagar lo que sea por el tratamiento de mi mamá”, dice sin vacilar.

Un amigo de Laura funcionaba como intermediario entre ella y un vendedor de medicamentos que ofertaba por Whatsapp. “Le había comprado en varias oportunidades, como 10 veces, el Clonazepam en un millón de bolívares, también para mi mamá. Era alguien de confianza. Primero me daba la caja y luego le hacía la transferencia”. Explica que, entre el trabajo y demás responsabilidades, se le hace mucho más fácil ese método que recorrer farmacias, con la alta probabilidad de llegar a casa con las manos vacías. Por esa razón no dudó en decir sí cuando le ofrecieron la Quetiapina.

Estafascita5El riesgo le costó 2 millones y medio de bolívares a Laura. Dos cajas del medicamento antipsicótico con supuestamente 60 tabletas le vinieron sin nada. Unos blísteres con agujeros, sin rastro de las pastillas. “Me dijo que a él nunca le había sucedido nada así. Supuestamente fue un inconveniente, pero me bloqueó y no me devolvió el dinero”. Ni el proveedor ni su amigo se hicieron responsables, ni le regresaron lo invertido. Al poco tiempo dejaron de ofrecerle los comprimidos.

A pesar de tener la posibilidad económica, conseguir las tabletas que requiere su progenitora ha sido un suplicio. Hallar la Quetiapina ha sido todo menos un juego. “El cambio de pastillas y en el tratamiento ha sido bastante severo. Mi mamá tiene 15 años de su vida con esa condición. Se agravó y ahora está internada”, relata. Gracias a la ayuda de su padre, residenciado en Colombia, pudieron adquirir cuatro cajas del fármaco a 100 dólares cada una. Laura no guarda rencor por el fraude, pues su foco está en su madre. “Yo los hubiese podido llamar y reclamar, pero al parecer necesitaban la plata más que yo”. Lo dejó ir.

El grupo Ventas y compras de todo tipo en Caracas en Facebook llamó la atención de Beakers Carreño. En la red social de Mark Zuckerberg ofrecían Euthyrox (Levotiroxina sódica) de 100 mg, la pastilla que debe tomar regularmente su madre tras haber sufrido cáncer de tiroides hace tres años. Un tratamiento que debe mantener por toda la vida.

El año pasado habían comprado varias cajas para tenerlas como reserva, “por si acaso”. Desde entonces, se les ha hecho cuesta arriba conseguirlas y para principios de 2018 la cautela de tener provisiones no fue suficiente: “Ya se nos estaban acabando”. La última vez que la había adquirido en una farmacia fue en 2016 por 10 bolívares. “Sí, 10. El billete marrón”. Ahora solo se consigue en el mercado negro en 800 mil bolívares y hasta por 1 millón de bolívares la caja, una suma mayor a su precio inicial. “Comprarla a ese precio se nos dificulta, es excesivamente caro. Ella lo que gana es un sueldo mínimo y eso no cubre ni siquiera una caja, tendríamos que ayudarla entre mi papá y yo para costear ese consumo y eso afectaría todos los gastos”.

Confiesa que estaban desesperados por comprar el medicamento y cuando se presentó la oferta la necesidad pudo más, a pesar de las dudas. “Yo sabía desde el principio que era un riesgo, que comprar en esos grupos casi siempre es un rollo porque hay demasiada gente estafando”, asegura el caraqueño. Estafascita4Las cuentas fantasmas abundan, pero Beakers halló que ninguno de los comentarios del grupo era negativo o dejaban en evidencia una posible estafa. Así que escribió interesado por el Euthyrox y le dieron un contacto para hacer la negociación por Whatsapp. No hubo ningún movimiento misterioso, hasta que le dijeron que eran de la Península de Paraguaná, en el estado Falcón. Con la idea de una trampa entre ceja y ceja, pidió una foto como garantía. “Yo le dije que le iba a transferir para una sola caja y si todo salía bien, le compraba las demás. Para no enamorarlo. No iba a caer tampoco con un poco e’ plata”. Pero eso no sirvió de nada. El modus operandi se repitió: no le respondieron más, lo bloquearon hasta en Facebook y, al intentar llamar, el número salía como fuera de servicio.

El estudiante de Administración le pidió a un amigo que se comunicara con el vendedor. La explicación de que no había podido mandar el paquete sonó a mentira y la promesa de que haría el envío pronto se quedó en eso. “Eso fue pura charla por tres días hasta que no respondió más. Caí redondito”, indica. Perdió 150 mil bolívares. “No es tanto el dinero sino la arrechera de que jueguen así con uno”, agrega Beakers.

El joven solo volvería a pedir medicamentos a través de redes sociales si es por una compra personal. “Si están en Caracas y podemos concretar la entrega personalmente, lo haría”. La angustia de no cumplir con el tratamiento es más grande que caer en el engaño. Aunque quería hacer la denuncia, no quiso perder el tiempo. “Eso es un proceso, un papeleo. No valía la pena pasar por procesos burocráticos con este Gobierno para que al final igualito no resuelvan un carajo”.

Adriana Jaramillo* tampoco quiso ir a denunciar la estafa que le hicieron por 800 mil bolívares. Tras meses sin conseguir Alprazolam o Zaldiar, pidió a múltiples cuentas y personalidades en Twitter que publicaran un servicio público con el medicamento. Pensó que no había servido de nada hasta que recibió la llamada esperada: alguien le vendía los comprimidos que ella necesitaba. La noticia le nubló el juicio y borró todas sus precauciones, confiesa con vergüenza. No le importó que la llamaban desde Ciudad Bolívar, ni la cantidad que le pedían, 200 mil bolívares por cada cajita. Ella transfirió el dinero, más el envío por MRW, sin chistar. Después de eso, del otro lado de la línea no hubo más respuestas. “Apenas pasé el dinero caí en cuenta que era una estafa. Creo que lo que más me duele es la burla porque ni siquiera en MRW hacen envíos de medicinas”. “No, señora. Eso no está permitido”, le dijeron y le trancaron sin más explicaciones. Se quedó sin el chivo y sin el mecate.

Estafascita3Mucho dinero

Los ilícitos farmacéuticos representan 10% del mercado a nivel mundial y son de los negocios más lucrativos después de la venta de drogas, afirma Freddy Ceballos, presidente de la Federación Farmacéutica Venezolana (Fefarven). “La situación de desabastecimiento de medicinas en el país es el mejor caldo de cultivo y las redes sociales son el mejor canal de comunicación” para las estafas, sostiene.

Ceballos denuncia que por medio de estas plataformas se ofrecen fármacos que no cumplen con registros sanitarios y que no son eficientes, seguros y de calidad. “Cuando compras medicamentos por Internet no sabes qué estás solicitando, ni siquiera qué te están dando. Que se vendan fuera de los establecimientos ya es una irregularidad. ¿Cómo es posible que no están en las farmacias y los consigues en la calle sin ningún problema?”.

El representante de Fefarven añade que lo más importante de los medicamentos es su resguardo, algo que las personas no toman en cuenta. “Si los almacenas mal, pierden sus capacidades”, incluso si los sometes a grandes cambios de temperatura. “Es por eso que deben ser adquiridos en establecimientos permisados” y no en cualquier lugar o al primer vendedor.

Las cifras de desabastecimiento, asegura, son preocupantes. Alerta que en Venezuela hay 85% de escasez de medicamentos, sin contar la precaria situación en las farmacias del país. En el último año y medio han cerrado sus portones alrededor de 125 establecimientos en todo el territorio. Otras incluso han cambiado de ramo. Y el panorama no es muy esperanzador: en menos de seis meses el número se duplicará. “Las farmacias están sin inventario porque las droguerías y laboratorios establecieron una política de pago de contacto y prepagado. Piensan que nosotros vendemos harina pan. Los medicamentos van saliendo poco a poco y entendemos las circunstancias, pero no es para que destruyan el último eslabón de la cadena”, se lamenta. Estafascita2Ceballos agrega: “Lo que está pasando con los medicamentos es un delito, no sé por qué las autoridades no toman cartas en el asunto. Tiene que ser algo en conjunto, entre el Ministerio de Salud y funcionarios del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc)”.

Para el director general de la organización Convite, Luis Francisco Cabezas, existen dos grandes dificultades en el abastecimiento regular de medicinas: la merma de la oferta y el alto costo de las pocas que se encuentran en el mercado. “En las farmacias formales se dolarizaron algunas medicinas y pareciera que desde el Gobierno hicieron la vista gorda a que muchos trajeran medicamentos en divisas”.

Cabezas resalta que los chantajes con los fármacos son solo una consecuencia de la crisis de salud que azota al país. “El tema de la estafa está muy asociado al desabastecimiento. Si hubiera medicamentos, no tendrías que ir a la redoma de Petare o al mercado de las pulgas para comprarlos, sino a las farmacias. No hay nada más caro que lo que no existe y terminas creando un mercado negro. Ahí consigues de todo”. Los más vivos terminan burlando la buena fe y la necesidad de la gente, dice.

Una medición realizada por la ONG durante la segunda semana de febrero de 2018 advierte que existe 90,3% de desabastecimiento en medicamentos para las cuatro principales causas de morbilidad que afectan a la población: hipertensión, diabetes, diarrea e infecciones respiratorias agudas. “Para dos de las enfermedades de las que más se enferma el grueso de la población (hipertensión y diabetes), no hay con qué tratarlo”.

Según el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS) las protestas en Venezuela aumentaron 40% con respecto a las registradas en febrero de 2017. Y en el caso del sector salud, hasta febrero de este año se reportaron al menos 93 manifestaciones para exigir acceso al derecho humano, en su mayoría para pedir dotación de medicamentos. “Y desde el Gobierno la única respuesta es una línea telefónica, a la que hemos llamado varias veces y nunca he logrado que me contesten. Un día lo hice a las 3 pm y estaban fuera de horario. Para enfermarte no le puedes decir a tu organismo que tienes un horario”, menciona Cabezas. El presidente de Fefarven también califica el sistema 0800-SaludYa del Gobierno como un sin sentido: “Es una respuesta equivocada desde todo punto de vista. El problema es de desabastecimiento, no de distribución. ¿Qué vas a distribuir si no tienes que?”.

Estafascita1Desde Convite, Cabezas plantea al Gobierno permitir la ayuda humanitaria para proteger a los venezolanos, además de “honrar” la deuda que tiene con los laboratorios y revisar los controles absurdos sobre precios de las medicinas. “Ellos dicen que es culpa de las sanciones. Eso es falso porque venimos desde hace dos años con esta situación y ese marcador de escasez no baja del 80% en su mejor época. ¿Y acaso como entran los productos para los Clap (Comités Locales de Abastecimiento y Producción) de México y no las medicinas? La ayuda no es una invasión; en su afán de politizarla, se niega a aceptarla. El daño se hizo, ya hay personas muertas. Lo que nos queda es recoger el reguero y rescatar las vidas que faltan