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Caracas tumba su patrimonio cultural

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12/12/2016
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COMPOSICIÓN: NATHALIE SAAD

Pequeños tesoros arquitectónicos de Caracas, declarados como Bienes de Interés de la Nación, han sido demolidos en el más sospechoso silencio. La presión inmobiliaria y la apatía gubernamental figuran como posibles responsables de este drama en el que pocos ganan y la ciudad pierde

I

Como nunca en los últimos dos años, Caracas ha perdido pequeñas joyas modernas escondidas en sus centros residenciales. El blog Caracas Perdida da cuenta de cómo decenas de casas han sido derribadas para la construcción de lujosos conjuntos residenciales, torres de oficinas o nuevos comercios.

En menos de una semana Caracas recibió el parte de guerra de dos inmuebles con valor patrimonial demolidos. Más pudieron los tractores que la nobleza de las edificaciones. Primero le tocó al Gastizar, ubicado en Las Mercedes, cuya importancia estaba plenamente reconocida. Primero, en 1983, el Instituto de Arquitectura Urbana publicó sus características y todos sus planos en La vivienda multifamiliar en Caracas 1940-1970. Más tarde fue preinventariado por la Fundación de la Memoria Urbana para el Instituto del Patrimonio Cultural (IPC), llegando a estar publicado en línea en 2008; mientras que en 2015, la obra formó parte de la exposición Suite IBERIA: la arquitectura de influencia española en Caracas, que contó con el aval de Docomomo Venezuela y la Embajada de España en Venezuela. La demolición ocurrió el 3 de diciembre.

La ciudad no había terminado de guardarle el luto, cuando de nuevo volvieron a tronar los ladrillos, esta vez en el municipio Chacao. Allá las mandarrias hicieron lo suyo el 8 de diciembre. La Quinta Yolanda, obra del arquitecto Federico Beckhoff, ubicada en Altamira, perdió la guerra aunque también se encontraba en la lista de bienes preinventariados de esa jurisdicción.

“La arquitectura venezolana ha perdido dos grandes obras que fueron dignas representantes de lo nuestro y que hoy ya no están por la desidia de nuestras autoridades, del IPC y de las alcaldías que poco les importa el patrimonio que hay dentro de sus instancias. Tantas casas, galpones y espacios que pueden demoler y utilizar sin que nadie las extrañe y van por aquellas que sí tienen un valor arquitectónico y un legado dentro de nuestra memoria urbana”, se pronunció el capítulo venezolano de Docomomo, una organización que hace vida en diversas partes del mundo para documentar y conservar edificios, sitios y vecindarios representativos de la arquitectura moderna.

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El Gastizar era un edificio de vivienda multifamiliar, obra del diseñador y constructor Miguel Salvador Cordón. La obra neovasca reflejaba el espíritu de Las Mercedes cuando comenzó su proceso de urbanización como una zona residencial. Su construcción empezó en 1948 y ya desde 2015 Docomomo alertaba sobre el peligro de demolición, pero nadie los escuchó: un amparo judicial pesó más que el interés por preservar el patrimonio construido de la ciudad.

Al ver lo que sucedió con ambas edificaciones Docomomo Venezuela declaró la “emergencia patrimonial” en Caracas. Sin embargo, el parte de guerra de los edificios capitalinos ha sido elaborado durante años.

2013 ya había aportado cuatro inmuebles a la lista: el Edificio Miami (1950-2013), en la urbanización El Rosal; la Quinta Elizabeth (1940-2013), en la urbanización Altamira y la Quinta El Rosal (1930-2013), en la urbanización Campo Alegre; fueron demolidas pese haber sido pre-inventariadas por la Fundación de la Memoria Urbana para el Instituto de Patrimonio Cultural (IPC) en 2005. También en 2013, La Casa de Tejas (1890 -2013) del Centro Histórico de Chacao, declarada como Bien de Interés Cultural de la Nación, se desplomó por su avanzado estado de deterioro.

Siguieron en la lamentable lista: en 2012, la Quinta Paraguaná (1940-2012), en la urbanización Campo Alegre; en 2011, la Quinta Topita (1940-2011), en la urbanización San Marino; la Quinta San Luis (1930-2011), en la urbanización Campo Alegre; en 2010, la Quinta Marina (1940-2010), del arquitecto Miguel Salvador Cordon, el mismo del Toki-Eder en Chacaito y otras edificaciones neovascas de Las Mercedes, fue demolida en 2010. Esta casa fue muy conocida porque por años funcionó un restaurante de cocina criolla en sus espacios. Irónicamente, los nuevos propietarios conservaron el portón, que hasta el momento es lo único en pie dentro del valioso terreno ubicado en la Avenida Tamanaco de El Rosal.

II La Ley de Protección y Defensa del Patrimonio Cultural data de 1994 y contempla en su Art. 14º la declaratoria de los bienes e inmuebles como Monumentos Nacionales en virtud de su valor para la historia nacional o por ser exponentes de cultura. Asimismo, el Art. 24º aclara que “quedan sometidos a la inspección y vigilancia del IPC, a los fines de su protección y conservación, las edificaciones de cualquier época perteneciente a nuestra arquitectura civil, militar o religiosa, con todo lo que contengan, en los cuales el IPC por declaración expresa, reconozca determinados valores históricos, artísticos o ambientales”. Estos últimos no poseen la declaratoria de monumentos. Sin embargo, queda protegida por la ley la mayoría de las casas mencionadas anteriormente. Entran dentro de esta categoría. El caso es particular porque no se trata de obras públicas que cuenten con un sentido de pertenencia entre los caraqueños. La mayoría de estas casas, alzadas a partir de los años 40, durante el proceso de expansión de la capital, fueron habitadas por las familias más pudientes de la época. Muchos de estos inmuebles se encuentran en zonas comerciales o residenciales apetecidas por nuevos inversionistas que, aunado a los cambios de usos de la ciudad, presionan para que estas construcciones transmuten o desaparezcan. Pasa aquí y en todos lados, pero urbes como París o Londres han creado marcos legales que impiden demoler o modificar cualquier edificio del centro histórico y una buena parte la ciudad para proteger su patrimonio arquitectónico, elemento central de su identidad.

“En Las Mercedes se construyen en este momento al menos unas quince torres para oficinas. Una zona con servicios colapsados y con un patrimonio arquitectónico de la primera mitad del siglo XX en extinción” Gracias ™@unartificio por la imagen. #EdificioGastizar #MiguelSalvadorCordon #1950 #ArquitecturaPerdida #Neovasco #SuiteIBERIA #DocomomoVE Esta demolición es la peor de todas cuantas hemos sufrido de nuestro #PatrimonioModerno: por ser en 2016, haber sido publicado en (1983) por el IAV, preinventariado en (2006) por @FUNDAMEMORIA para el #IPC y admirado en una exposición en (2015) por @docomomo_ve y la #EmbajadadeEspañaenVenezuela. La denuncia de #PatrimonioenPeligro la hicimos en todas las instancias desde 2015. Pero amparo mata informe de protección. Seguiremos luchando, pero vamos a cambiar la estrategia!

Una foto publicada por Docomomo Venezuela (@docomomo_ve) el

III

La arquitecto María Eugenia Bacci trabaja desde hace años en proyectos de conservación del patrimonio. Estuvo en el IPC y hasta hace muy poco se desempeñó como directora del Consejo de Preservación y Desarrollo de la UCV (Copred). Actualmente, es guía titular de los arquitours del municipio Chacao: un paseo cultural promovido por la alcaldía para difundir los valores de la zona. En los últimos recorridos ha sido testigo de varias demoliciones. “El edificio Miami quedaba al frente de un edificio revitalizado de origen neovasco. Era uno de los pocos puntos desde el cual podía apreciarse la antigua escala de la urbanización El Rosal. Recuerdo que la última vez que pasamos nos dimos cuenta de que la casa estaba en sentencia de muerte. A su lado ya había sido demolida otra. Esto facilita las cosas a los promotores inmobiliarios porque la ordenanza actual de construcción les permite unificar parcelas para el desarrollo de sus proyectos. Siento que Caracas se está construyendo sobre sí misma”, expresa.

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La debilidad institucional y la presión económica figuran como las principales causantes del problema. “Lo que ha habido es una debacle dada por la cantidad de dinero que hay en el país”, afirma Hannia Gómez, fundadora de la Fundación de la Memoria Urbana, quien trabajó como colaboradora del inventario patrimonial hecho en el IPC en 2005.

Gracias a los esfuerzos públicos y de distintas organizaciones de la sociedad civil, de 80 bienes declarados antes del año 2000, la ciudad de Caracas posee hoy más de 2 mil declarados patrimonios. El problema se suscita cuando las propias autoridades no hacen cumplir la ley. Para que cualquier promotor pueda demoler una vivienda debe recibir la autorización de la Oficina de Ingeniería Municipal, mientras que los propietarios de cualquiera de estos inmuebles deben recibir el aval del IPC para poder vender.

“Lo importante aquí es encontrar los incentivos para no demoler”, indica Francisco Yepes, director de la oficina de Ingeniería Municipal de la Alcaldía de Chacao durante la pasada gestión de Leopoldo López. “También es cierto que una de las peores cosas que le puede suceder a un propietario es que su casa sea declarada patrimonio o de interés patrimonial porque se deprecia un 90 por ciento”, agrega.

La Ley impide modificar estas propiedades o solicitar autorización para cualquier intervención. Ello conlleva a que muchas sean abandonadas o echadas al olvido por sus propios dueños. Ni la Alcaldía ni el IPC tienen responsabilidad en su mantenimiento.

Ciudades como Madrid se han asegurado de la conservación de sus fachadas porque su marco legal permite modificaciones internas de las edificaciones. Un buen ejemplo es la calle Serrano, famosa por sus tiendas y condominios de lujo, con el mismo look de hace siglos.

En 2014, Chacao anunciaba una ordenanza que sería incluida en el Plan de Desarrollo Urbano Local (PDUL). “Se llama Ordenanza por mejoras. Tiene que ver con la transferencia de derechos de construcción. El propietario de una casa patrimonial puede vender el aire de su terreno y con esa inversión rescatar el inmueble. El promotor puede construir en la misma parcela o en otra zona del municipio”, explicaba para entonces el director de la Oficina de Planificación Urbana de Chacao, Gonzalo Chifone, quien se inclinaba por el modelo europeo de respetar las fachadas y permitir el cambio de uso si el bien patrimonial está una zona comercial. En este sentido, el municipio posee en programa llamado Chacao Brilla para el rescate de las edificaciones del casco histórico. “Hay que considerar que tenemos una gobernabilidad dividida y ello afecta a la hora de trabajar en estos temas”, recalcó.

El patrimonio moderno —todas las construcciones que datan de mediados del s. XX—, ha sido el más vulnerable. Una fuente que no quiso ser identificada confesó lo que se dice entre muros en el IPC: “Esas son casas de ricos y no nos interesan”. Si en el viejo continente emplearan el mismo juicio, la mitad de los palacios hubieran sido demolidos para construir viviendas de interés social. “Lo que puede salvar al patrimonio es estar en una mesa de negociación con mecanismos creativos. Amarrarse al edificio ya no funciona”, añade María Eugenia Bacci.

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La mayoría de las organizaciones consultadas abogan porque exista una modificación de la Ley en pro de su mejoría y actualización. También la producción de campañas en apoyo y preservación del patrimonio que vengan acompañadas de la debida inspección y vigilancia por parte del IPC. Ambas son atribuciones legales del instituto que actualmente no se cumplen. Por otra parte, todos los bienes no están inventariados lo que implica una ampliación del listado hecho hace nueve años. Asimismo, el Art. 16 del reglamento especifica que los municipios podrán crear oficinas locales con competencia en materia de patrimonio cultural que no han sido abiertas.

IV

Un país que no respete su patrimonio cultural está condenado a perder su identidad. “Deben existir elementos que te permitan reconstruir tu historia. Es necesario establecer prioridades dirigidas a elaborar una estrategia. Nuestros instrumentos legales e institucionales no son adecuados. Me asusta mucho la pérdida del discurso que nos engrandece como país”, señaló María Eugenia Bacci.

Quizás el día en que funcionarios públicos y ciudadanos dejen de referirse a muchas casas patrimoniales como “esas casas viejas”, las cosas cambiarán. Cada demolición nos está revelando la falta de cultura de esta sociedad.