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El naufragio de las viviendas de autogestión

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17/05/2018
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FOTOGRAFÍAS: DANIEL HERNÁNDEZ

El Campamento de Pioneros Francisco de Miranda, proyecto aprobado en 2011 y basado en la autogestión, pretendía ser una solución habitacional del Gobierno nacional. Pero el abandono, el tiempo y la hiperinflación lo convirtieron en inviable. Tras años sin recibir recursos para concluir las obras, los vecinos claman por materiales y ayuda para conseguir aquello que se convirtió en promesa del chavismo y ahora parece un ofrecimiento imposible: una vivienda digna

Yenderlin Smith jugaba sola en la inacabada torre dos del Campamento de Pioneros Francisco de Miranda. La niña de tres años se divertía entre pisos rústicos, escaleras sin barandas y pasillos con tramos a oscuras. Para ella, todo un entretenido parque de obstáculos. Su abuela Elsy Pacheco la dejó bajo los cuidados de su tía para irse a trabajar bien temprano. No pudo predecir que ese viernes se convertiría en tragedia: su nieta cayó al vacío desde un piso tres. La pequeña fue trasladada hasta el Hospital El Llanito con fractura de cráneo.

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Desde lo sucedido, tras pasar la entrada de la unidad habitacional ubicada en la avenida Francisco de Miranda en el municipio Sucre de Caracas, se encuentran varios carteles hechos por los propios vecinos para colaborar con la familia Pacheco con los gastos médicos. “Estamos viviendo en condiciones infrahumanas. Y lo que le pasó a mi nieta es parte de los peligros que se viven dentro de los edificios. Podríamos no estar contándolo”, expresa la abuela de la menor de edad.

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En la misma torre vive Mildred Rivera con su hijo de cuatro años. Para llegar a su apartamento debe pisar unas tablas de madera que sirven de puente hasta las escaleras que conducen al siguiente nivel. Arriba la dificultad es otra: se vuelve de noche, aunque sea de día. La poca luz que se cuela en las entrañas de la edificación es por las paredes sin finalizar de la obra. Sin embargo, ella camina con paso seguro. Sus pies ya se saben el camino de memoria.

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Su vivienda es puro armazón. El piso sigue siendo de cemento y las cuatro paredes son de bloque. El espacio principal es sala y cocina, todo al mismo tiempo, mientras que un rincón funciona como lavandero y tendedero. Sus pertenencias están desparramadas por el lugar, no tiene muebles o gabinetes, más allá de una mesa de madera y los electrodomésticos. Los rostros de Hugo Chávez y del ministro Elías Jaua dan cuenta de sus preferencias políticas, aunque confiesa que son parte del pasado: “Era chavista en su momento. Ya no”.

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Hace años se fue a vivir al lugar que le debía ser adjudicado, a pesar de no estar terminado. Quiso dejar de pagar alquiler en el barrio San Miguel de Petare y se mudó, pero su salario le alcanzó solo para acondicionar el baño y parte de las habitaciones de su nueva casa. Falta mucho por hacer, pero el bolsillo no da para más. “Lo poco que hice fue por los ahorros que tenía, los utilicé todos. Ya mi sueldo no me alcanza para seguir arreglando el apartamento. O le doy de comer a mi hijo o lo invierto aquí”, suelta la mujer de 45 años. El adorno clavado frente a la puerta principal que reza “Dios bendice mi hogar” parece ser una petición, más que un hecho.

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Un plan fallido

El Campamento de Pioneros Francisco de Miranda fue uno de los 11 planes urbanísticos aprobado por Chávez el 5 de mayo de 2011. El entonces alcalde Carlos Ocariz pretendía convertir el terreno de 19.300 metros cuadrados en un terminal de pasajeros. Pero el espacio ubicado cerca del centro comercial Unicentro El Marqués fue expropiado para construir seis edificios residenciales. Más de un lustro después, cinco torres han sido erigidas, aunque no completadas, y otra apenas hace el amago.

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El proyecto que forma parte del Movimiento de Pobladores y adscrito a la Gran Misión Vivienda Venezuela (GMVV) se basa en la autogestión: los propios inquilinos deben encargarse de la construcción de su vivienda, pero con recursos, maquinarias y mano de obra capacitada que fuese facilitada por el Gobierno.

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250 familias del barrio Campo Rico fueron seleccionadas como los futuros inquilinos de las viviendas. Hombres y mujeres tuvieron que aprender de forma autodidacta a trabajar la tierra, cargar sacos de cemento, colar arena y doblar vigas para levantar las edificaciones. Nada fue regalado. Los vecinos debieron invertir dinero, tiempo, esfuerzo y trabajo –acumulativo y obligatorio– para la adjudicación.

Pero los recursos no alcanzaron. Los 210 millones aprobados en cadena nacional para los 11 campamentos, de los cuales 60 se destinaron al Francisco de Miranda, no fueron suficientes. Tampoco los 9.000.000 bolívares inyectados por el despacho ministerial en 2015. Los vecinos denuncian que desde hace más de dos años, desde noviembre de 2015 aproximadamente, los materiales no llegan. En la Memoria y Cuenta del mismo año, el Ministerio de Vivienda y Hábitat explica que la empresa estatal Construpatria “se vio afectada en la adquisición, procura, logística, fabricación, almacenamiento y distribución del material de construcción, motivado a la guerra económica dirigida contra el gobierno revolucionario”.

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En siete años solo se logró construir y habitar un bloque, la torre seis. Las demás siguen en proceso de construcción. Una de ellas, la torre cinco, está solo hasta el piso 2. No hay rastros del Simoncito, el CDI, el Mercal y los establecimientos que fueron acordados en los planos. El tiempo trajo consigo el desánimo y las familias se redujeron a 200, de las cuales solo 45 se vieron beneficiadas. 155 siguen soñando con tener “una vivienda digna”.

Pioneroscita3El miedo que había hace dos años en denunciar la situación que se vive en el Campamento de Pioneros quedó atrás. A finales de abril, vecinos del complejo salieron de casas con pitos, cacerolas y pancartas para trancar la avenida Francisco de Miranda por más de cuatro horas en protesta. Exigían soluciones, pero sobre todo, querían ser tomados en cuenta. “Esto es un proyecto de autoconstrucción y el Gobierno nos debe apoyar, pero eso ya no está. ¿Cómo creen que vamos a hacer para construir si no tenemos ni para comprar un clavo? No nos han dado material ni nos han bajado recursos. Necesitamos los refuerzos para avanzar”, comentó Alejandro Ramírez, vocero del campamento.

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Señaló que han realizado cartas que fueron entregadas a la Vicepresidencia y en el Despacho Presidencial, pero no les han dado respuestas. “Tomamos acciones de calle porque no nos paran. Vienen a ponernos paños de agua”, dijo.

Apoyan el proceso rojo rojito, pero se sienten invisibles, a pesar de estar ubicados en plena avenida Francisco de Miranda, a la vista de todos. “Esto es un terreno que nos dio el comandante Chávez. Estamos exigiendo acto de presencia, que hagan una inspección. La mayoría somos del barrio y queremos la vivienda digna que nos prometieron. Somos revolucionarios, pero sabemos que hay corrupción”, afirmó Rodolfo Pineda, coordinador del sitio.

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Julia Cortissoz recibió su apartamento hace años, pero se unió al reclamo para apoyar a sus compañeros. “Queremos una vivienda digna, no le estamos haciendo una protesta al presidente por maldad. Es para que nos den recursos. A nosotros nos adjudicaron, pero esto está invivible. No sé por qué no nos han escuchado. No sé si no le dicen o no se entera, pero nadie nos da solución”.

Pioneroscita2La divulgación del descontento contrasta con 2016, cuando la publicación de un reportaje en Clímax a propósito de los retrasos en el proyecto desató una protesta de los “pioneros” frente al medio, exigiendo derecho a réplica para decir que todo iba viento en popa.

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Viviendo a medias

La frase “una vivienda digna” sigue siendo un término subjetivo incluso para los adjudicados. A Gle Pantoja le fue adjudicado hace cuatro años un apartamento de tres habitaciones y dos baños en la torre seis, la única que fue concluida. Aparte del esqueleto y la puerta principal, le dieron todo: cemento, pinturas, enchufes, bombillos y hasta el juego de baño. Ella solo pagó a los albañiles. En 2014, contaba con los recursos para arreglar la vivienda. Ahora, en una Venezuela hiperinflacionaria, las posibilidades son mínimas.

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“Hace cuatro años la situación no estaba como está ahora. Yo sí soy chavista, pero no con los ojos cerrados. Con un bono no vamos a solucionar nada. Tengo un ropero sucio que no tengo cómo lavarlo. Mira mi nevera, pura agua”, se queja. En un hogar integrado por cinco personas, en el que tres tienen un sueldo seguro, la plata no les rinde. Y las bolsas entregadas por el Comité Local de Abastecimiento y Producción (CLAP) son esporádicas. “Ha pasado mes y medio sin que llegue el CLAP. Y viene sin azúcar, sin atún, sin pasta. Aquí fuimos mal censados, lo hicieron como les dio la gana”, reclama.

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La torre seis no fue terminada. El hoyo del ascensor sin elevador, el suelo de cemento, paredes rotas o sin pintar y los cables de electricidad expuestos no le dan el toque de obra culminada. El pésimo estado de los servicios se une a las precarias condiciones en las que viven en el Campamento de Pioneros. Pasan más de ocho días sin agua, no tienen acceso a gas directo, a veces se va la luz y no tienen línea telefónica. “Vivimos en condiciones precarias. Ha habido accidentes, gente que se ha muerto sin haber visto lista su vivienda. Nosotros la pudimos arreglar, pero el país ya no da para eso”, asegura Gloria Duque, habitante del mismo edificio.

Aunque es un campamento erigido con ideales de revolución, desde su creación han sido pocas las oportunidades en que alguien del Gobierno ha visitado el conjunto urbanístico para supervisar el proyecto. “Elías Jaua venía, él nos ayudó. Pero desde que agarró otras responsabilidades, nos jodimos (…) Yo le echo la culpa a Maduro por no inspeccionar”, suelta la mujer de 55 años con su nieta cargada en brazos. “Nos quedó grande. En su momento lo vimos fácil y ya tenemos años en eso”.

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Muchos perdieron las esperanzas de dejar atrás el barrio para vivir en un apartamento. Sienten que las horas trabajadas fueron en vano. “Mi casa está en el aire”, se lamenta una vecina mientras señala al horizonte, donde debería estar levantada la torre cinco. La obra se estancó en el piso dos y su vivienda tendría que estar cuatro niveles más arriba. “Si Chávez estuviera vivo, esos apartamentos estarían listos”.

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