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Elena Sánchez, capoteando entre toros y cine en TVE

Portada Elena Sanchez
30/10/2018
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TEXTO Y FOTOS: ANDREÍNA MUJICA

Graduada en Ciencias de la Información en la Complutense, el paso por Antena 3 casi ni lo recuerda, se considera un producto de Televisión Española y no se pierde un San Fermín. En el canal 24 Horas tuvo un programa de cultura y otro larguísimo donde hablaba de todo. También presentó Corazón, y programas de celebridades. Elena Sánchez se confiesa feliz. Clímax presenta la serie Hablemos de cine 

Elena Sánchez corre de un lado a otro por todo el País Vasco. Puede ser vista en el Hotel María Cristina y, casi en simultáneo en el estreno de una película. Se mueve como pez en el mar, no sólo por ser una asidua del Festival de San Sebastián sino porque ella nació para tener una vida de película. “Si no viviera en Madrid tendría que vivir en otra gran ciudad, necesito de la música, del cine, de la opera de todo”, arranca la presentadora de Días de cine e Historias de cine.

–Te has convertido en la cara de TVE.
–Después de la Complutense seguí mis estudios… bueno, no sé si lo debería decir pero hice un Master en la Rey Juan Carlos, (risas) sobre periodismo de televisión. TVE estaba ahí y eso me permitió hacer las prácticas. Al terminar me contrataron. Soy un producto de Televisión Española, que me ha permitido crecer y formarme como periodista.

–También eres el rostro de los sanfermines.
–Si tuviera que defender los toros desde la razón tal vez no lo haría, pero desde la pasión puedo ver el arte, lo siento, lo veo. En Francia lo defienden más que en España. Yo entiendo a los que están en contra. Nunca entraría en un debate, esto es algo que lo sientes o no lo sientes. Mi abuelo me llevaba desde los cuatro años a los toros. Mi segunda madre es una tía que no tuvo hijos y me llevaba al cine en Madrid, los Alphaville, cine de autor, películas japonesas, iraníes en versión original, lo que mamas es lo que sigues cultivando. Ellos me regalaron mis pasiones.

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–¿Y qué decir del cine de toros?
–Lamentablemente, la gran película de toros no está hecha. Es curioso porque una cinta de Pablo Berger, a quien admiro muchísimo, Blanca Nieves (2013), sin ser taurina está envuelta en la estética de la tauromaquia. Aun cuanto él es ajeno al mundo de los toros, se asesoró de tal manera que lo refleja. Puedo mencionarte Tarde de toros (1956) y Mi Tío Jacinto de Ladislao Vadja. También destacaría Yo he visto la muerte, de José María Forqué (1965); Juguetes rotos, de Manuel Summers (1966), que es un documental que en una de sus partes tiene que ver con los toros; El espontáneo de Jorge Grau; por supuesto Currito de la Cruz (1949), de Luis Lucia, porque Pepín Martín Vázquez da unos capotazos maravillosos, pero se pueden hacer cosas mejores. Quiero mencionarte una película especial, Nadie hablará de nosotros cuando hayamos muerto (1996), de Agustín Díaz Yanes que es un gran director y amante del mundo de los toros. El que está postrado en la cama es un torero, pero él aún no se ha atrevido a hacer una buena película de toros.

– Y de Almodóvar…
–La verdad que Matador no me interesó mucho, pero creo que Hable con ella es una gran película.

–Eres una excelente conocedora del cine. ¿Cómo se inserta en conflictos como dictaduras, guerras? ¿Se puede hacer cine en pleno conflicto?
–La perspectiva del tiempo ayuda mucho a dar otra visión. Hay que dejar cicatrizar las heridas. Tal vez con la comedia, como José Luis Cuerda, se puede hablar de política, de todo, hay que saber reírse, el humor nos permite eso. En Historia del cine cada día me doy cuenta de que somos mucho más puritanos que en los ochenta. Antes se celebraba la marcha, se hablaba con más libertad de la homosexualidad, las drogas, etc. Ahora vivimos una autocensura terrible. No se puede decir nada porque vas a herir a alguien, siempre habrá un sector que se moleste. Pero el cine comienza a tocar temas que nos incomodan. Rodrigo Sorogoyen ha hecho El Reino. Me parece importantísimo que haga un cine que hable de la corrupción. Hay que atreverse a decir lo que somos. Somos corruptos y el cine debe ser un vehículo de denuncia.

–¿Será que los raros son los de Dinamarca y Noruega que son los menos corruptos?
–(Risas) Verdad que es terrible que se robe en tantas partes. Lo triste es que son los propios políticos de un mismo partido los que sacan a la luz cosas porque les conviene que salgan de la contienda, pero bueno, está bien, la transparencia que empezamos a vivir está muy bien, saber que han hecho trampas para conocer sus títulos, ya luego decidiremos si les votamos o no.

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–¿Qué festival recuerda con especial cariño?
–He cubierto varios años el Festival Internacional de Cine del Sáhara (FiSahara) que se celebra en los campamentos de refugiados de los saharauis en Tinduf (Argelia), esa gente que está totalmente desterrada. Una vez al año se proyecta en una pantalla en la mitad del desierto, hay coloquios, encuentros, se pueden ver caminando a su lado a la gente que vio en la pantalla. Cuando voy, aprovecho y hago un montón de reportajes. La gente que va a ese festival tiene un espíritu de compromiso impresionante. También me gusta mucho el Festival de Cine Opera Prima “Ciudad de Tudela”.

–¿Cree que algún cineasta se interese por relatar lo que pasa en Venezuela?
–Lo ideal es que los cineastas venezolanos se atrevan a decir lo que pasa. El problema también es la financiación. Encontrarlo fuera será más difícil. Creo que la mirada de un cineasta de afuera será complicada, porque no lo está viviendo, tendría que asesorarse muy bien. Pero imagino que puede ser valioso.

–Se están sucediendo cambios, ¿cree que el cine ayuda a devolver el camino a los países que se han perdido?
–En el cine español hay una falsa creencia de que hay algún aburrimiento sobre películas que hablen de la guerra civil. A mí no me molesta mientras no sea de una manera maniquea, que no se tome partido, que se hable de ambos bandos. Ni hablar las películas que defienden el franquismo, porque el bando perdedor también tiene su historia. Ahora, la película Soldados de Salamina, de David Trueba, que te lleva a una conciliación, muestra que es posible que dos personas de bandos distintos se ayuden, es de la vida real y es bonito. Yo tengo una historia que están en las antípodas: mis abuelos son de la generación que ha vivido la guerra. Mi abuelo materno estuvo en el lago ganador, no tuvo que dar ni un tiro y contaba todo sin apasionamientos, era un hombre cabal. Mi abuelo paterno, que sufrió muchísimo, era oficial de la República, un poco la historia de Antonio en La lengua de las mariposas (1999) pues era un profesor que por ser republicano le impidieron seguir ejerciendo su profesión, estuvo en la cárcel, vio nacer a su primer hijo estando en la cárcel, le dieron tales palizas que perdió un riñón. Yo he tenido esas dos visiones de la guerra. Obviamente la pasó peor el abuelo republicano, pero el otro no era feliz, su hermano estaba en el otro bando. Al final en las guerras todos perdemos.

–¿Qué espera de su carrera, que retos vienen?
–Lo que más me gusta de mi carrera es que puede ser versátil. Hoy puedo hablar de cine, si tengo que presentar una gala en Eurovisión lo hago con todo gusto, llega el 6 de julio y me voy a Pamplona y es San Fermín, una fiesta que amo con toda mi pasión, que presento un informativo e intento hacerlo bien, me gusta ser capaz de afrontar cualquier reto. Claro que mi pasión por el cine es tal que mi idea es seguir aprendiendo, hasta el infinito. Cuando llegué a Días de cine, me dije “Ay madre mía, todo lo que tengo que aprender, porque esta gente con la que me relaciono son cinéfilos, auténticos”. Yo he visto mucho cine, pero es inabarcable. No tengo grandes ambiciones. Soy feliz. La felicidad está en hacer lo que uno quiere.