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Reparaciones “a la cubana”, herencia de la escasez

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31/08/2015
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COMPOSICIÓN FOTOGRÁFICA: MERCEDES ROJAS PAÉZ-PUMAR | FOTOGRAFÍAS: VICTOR AMAYA

El 14 de octubre de 2007, Hugo Chávez dijo que Venezuela y Cuba “en el fondo somos un solo gobierno”. Exageración o no, lo que sí se ha unificado es la inventiva en tiempos de crisis. Las dificultades para tener repuestos, cuando reparar un carro o cualquier aparato doméstico manteniéndolo original se hace imposible, la habilidad para crear “frankensteines” sale a flote

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Cuando en Cuba inició el “período especial” —entre 1991 y 1996—, el título que se le puso al estado de postración económica de la isla por el desplome del bloque soviético que subsidiaba la revolución castrista, lo primero que comenzó a rodar entre sus ciudadanos como producto “para resolver” fue el jabón hecho en casa. La producción industrial del rubro era mínima y con la contracción económica, no pudo suplir a todos los hogares. Así que alguien comenzó a armar la receta doméstica, a construir las barras limpiadoras y maquillarlas con añil. Listo, a bañarse con jabón azul. Luego llegaría el trueque y el nacimiento de “la inventiva cubana”, suerte de orgullo obligado de cómo cada quien puede mantener a flote algún aparato electrodoméstico o un vehículo.

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En Venezuela, en vez de la teta soviética, se sigue mamando de la petrolera, y ahora más que nunca: 97% de los ingresos nacionales provienen de la exportación de crudo. Pero con la cotización del oro negro en caída, problemas fiscales y estricto control de cambio, la contracción económica nacional obliga, también, a buscar “resolverse”. Si conseguir medicinas o pollo es complicado, piezas de ferretería, mecánica y aparatos eléctricos lo es todavía más.

Tony es plomero, pero su trabajo en casas de la capital incluye reparaciones de cocinas, hornos y hasta lámparas. “Uno busca cómo hacer la reparación. Yo he tenido que comprar cosas chinas, que son de mala calidad. La parte de electricidad es la más afectada porque no se consigue ni cable nacional. Es que ya no se produce y lo que llega es chino. Yo recomiendo comprarlo por internet, pero normalmente lo que me toca es empatar pedazos, hacer extensiones”, cuenta el técnico. “Hemos tenido que pegar dos cables para poder administrar los 220 vatios que necesitan los hornos y equipos así”, añade.

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María Serrano recibe a los clientes de Syrce, un local en Chacao que vende piezas para electrodomésticos, siempre deseando no decir su frase más habitual en la actualidad: “no hay”. “Eso lo digo a cada rato porque cuando vienen a preguntar por algo, muchas veces no lo tenemos. No hay perillas, válvulas, platos para las cocinas, por tan solo nombrarte algo”, dice la vendedora. Ese local, lleno de pequeños accesorios, no importa mercancía sino que la compra a mayoristas en Venezuela. “Pero uno hace un pedido y lo que te llegan son dos piecitas, porque no tienen más”, apunta la mujer.

A su mostrador llega Carmen, una señora vecina de la misma cuadra que busca reemplazar la perilla de su cocina eléctrica. “De esa no tengo, pero a ese modelo le sirve de otra marca que sí tengo”, le dice María, antes de cobrarle 300 bolívares. “Uno busca resolverle a la persona y busca algo que pueda usar aunque sea de un fabricante distinto, o de un color diferente. Lo importante es que prenda y apague. Ya sabemos qué equipos son compatibles en algunas de sus partes”.

Así hace Tony cuando recorre media ciudad para encontrar repuestos. “Yo me puedo tirar toda una mañana para encontrar una tontería, en vez de tres trabajos diarios a veces solo termino uno. Y cuando consigo a veces es genérico o de otra marca buena, en el mejor de los casos”. En su rol de plomero, ya se acostumbró a adaptar llaves de fregaderos y duchas. “A la gente le queda una cosa rara porque se ve diferente y se nota que no es lo original, pero el agua sale”.

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Miriam es la regente de un local de reparaciones de equipos de audio y video domésticos, además de microondas y otros artefactos de uso casero. Afirma que “usted no puede adaptar o hacer un clon a lo loco porque cada equipo cumple una función y se diferencian en sus componentes, por cada marca”. La escasez de repuestos los ha tenido trabajando a media máquina y los lleva a advertir a los clientes que, probablemente, no podrán resolver ciertos asuntos. “Es una cuestión de ética. Yo le tengo que decir al usuario que un repuesto de la línea Sony o un magnetrón de microondas —aparato que genera el calor— está muy costoso. No puedo aceptarle el trabajo y después decirle que solo esa pieza cuesta 20 mil bolívares”. Hay componentes que sí consiguen en Caracas “pero cotizados a mercado negro” y otros optan por adquirirlos directamente por internet “pero advirtiéndolo al cliente”.

Miriam asegura que lo que más recibe es televisores LCD dañados “por la fuente de alimentación que se quema con los bajones de luz”. Muchas veces, ponerlos a funcionar sale tan costoso que van directamente al cementerio de aparatos. Pero en esta economía, más que camposanto lo que hay es chiveras, posibilidad de canibalizarlos para darle más vida útil a otro. “Nosotros nunca lo hacíamos porque ofrecemos garantía de al menos tres meses y no sabemos si una reparación así va a durar en el tiempo. Pero cuando llega alguien y lo pide, como una excepción, uno lo hace porque la gente lo que quiere es que su dispositivo funcione”.

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Si hay un sector de la mecánica que ha tenido que usar la imaginación y el ensayo y error ha sido la automotriz. Según la Cámara Nacional de Autopartes, la escasez de repuestos en Venezuela alcanza el 80%, su peor crisis de los últimos 50 años. “No hay repuestos para el mantenimiento preventivo ni para las reparaciones por daño o antigüedad. Lamentablemente, no podemos ofrecerles a los consumidores lo que necesitan “, confirmó su presidente José Cinirella.

El representante de la organización indica que solo en el último año las importaciones de autopartes y accesorios cayeron en 75 por ciento. “No tenemos la posibilidad de atender un parque automotor que está conformado por cuatro millones 800 mil vehículos, de mil 200 modelos y marcas diferentes”, advierte. Las razones son las conocidas: falta de asignación de dólares, deudas acumuladas con proveedores por falta de liquidación cambiaria y un mercado negro galopante.

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En los talleres el asunto se reduce a si un carro puede seguir rodando o no. “Hay tres tipos de clientes: los que quieren tener su carro original cueste lo que cueste, otros que buscan lo original económico y acepta repuestos genéricos, y otros que dan el sí para hacer reconstrucciones y adaptaciones”, puntualiza Alexander Matos, jefe de taller de Autocenter, en Santa Eduvigis, Caracas. Añade que hacer cambalache de accesorios entre distintos carros, incluso de diferente marca, “se puede hacer, si sirve y si el cliente lo aprueba”.

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Un Kia Río, por ejemplo, puede usar pastillas de frenos de un Mazda Demio. Algunas piezas de vehículos Daewoo le calzan a modelos Chevrolet: de motor de Nubira pueden ajustarse elementos a uno de Aveo; así como de una Tacuma a un Optra, pero del Limited y no del Design. Hay partes de Mitsubishi que pudieran adaptarse a algún modelo Hiunday. “Pero Ford es Ford y no va con nadie, así como Chrysler”, especifica Matos, quien aclara que de la marca que creó el histórico Modelo T “algunas cosas del Fiesta pueden usarse en la Ecosport, y del Fusion en una Escape, pero muy poco”.

El canje de entrañas entre carros no es la única opción. La necesidad tiene cara de perro, y de soldadura. Por eso hay quienes han advertido cómo hacer adaptaciones aún más exigentes. “Forzosamente, para reparar un evaporador de aire acondicionado, muchas veces tenemos que cortar las salidas de uno que se parezca y mandarle a soldar las tuberías viejas para que se pueda acoplar. Es la manera de que el cliente no se quede sin posibilidad de usarlo. También ocurre con los filtros de cabina, que nos ha tocado cortar uno de Aveo para ponérselo a un Optra”, especifica el uniformado de Autocenter.

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Chevrolet y Ford son marcas con plantas en Venezuela. Por eso, durante muchos años se les ha considerado las más respaldadas. Pero entre los referentes nacionales desgastados con la “revolución bolivariana” también está esa seguridad. “Si nosotros tenemos escasez y hay un planta en Valencia, imagínate el resto”, lanza Wilmer Montes. Alexander Matos lo secunda. “La marca con más problemas es Ford. No se consiguen bases de motor ni de cajas, por ejemplo. Para Ecosport no hay nada de nada. De repente hay que recurrir a internet, pero nosotros no compramos allí porque es riesgoso. Además los precios los tasan según DolarToday”. El jefe de taller aprovecha de detallar que entre lo más buscado —y desaparecido— están las bombas de agua, aunque algunas “se encuentran carísimas”, y las mangueras. “Para todo lo que es hidráulica es muy difícil de conseguir. Hablamos de dirección y frenos, por ejemplo. Nosotros hemos optado por mandarlas a hacer en Boleíta esas y las de aire acondicionado en un lugar por Los Dos Caminos”.

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William Rosario es taxista de la línea San Rafael de La Florida. Conocedor de motores, asegura que “yo no pago por mecánico” y opta por meterle mano a su propio carro, y sustento. “Cuando algo se daña, ahora uno busca reemplazar el componente específico que falla pero no necesariamente toda la pieza”. Matos lo ratifica: “Los compresores de aire, por ejemplo, se reparan cambiándole lo que haya que cambiar adentro. Así se resuelve, aunque no sea igual ni quede como nuevo”.

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