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Venezuela: rica pero muerta de hambre

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09/04/2016
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TEXTO: REYES THEIS | @REYESTHEIS | COMPOSICIÓN FOTOGRÁFICA: ANDREA TOSTA

Las riquezas naturales de Venezuela, incluyendo la fertilidad de su tierra, contrastan con la fragilidad nutricional de su gente. Mientras los indicadores del hambre aumentan, el gobierno no se alarma. Pero la gente come menos y se alimenta mal. Además, el robo y saqueo de comida van en aumento. El futuro del país se vislumbra con un músculo escuálido y flácido

Rodrigo es un niño de cinco años de un colegio privado ubicado en San Bernardino, Distrito Capital, y tiene tres días que no va a clases. Su maestra ha  hablado con su mamá y le ha planteado que  no quiere comer nada durante su estadía en la escuela. “Todos los días le manda pasta, esa debe ser la razón por la cual no come. Le dijimos a la mamá que no podíamos tener todo el día el niño sin alimentarse con la responsabilidad que eso implica”, argumenta la educadora.

Ese colegio antes brindaba como parte de su servicio la alimentación. Cuenta con la cocina, todos los utensilios y la cocinera, pero debió suspender el almuerzo por la falta de los productos alimenticios.

La situación de niños como Rodrigo parece ir en aumento en un país como Venezuela que recibió un billón de dólares en los últimos 10 años y que hoy vive cifras de escasez de 87% y una inflación que, según el Fondo Monetario Internacional, se proyecta en 720% para este año y 2.200% para el próximo.

Sobre el ausentismo escolar, el alcalde del municipio Sucre del estado Miranda, Carlos Ocariz, explica la situación en las escuelas de su jurisdicción. Dijo a El Universal que reporta actualmente cifras superiores al 50%. Entre las razones, destaca que los padres se llevan  a los niños para que los acompañen en las colas para comprar alimentos, pero otra hipótesis es que no pueden llevarlos a clases porque no tienen cómo alimentarlos, tal como le ocurre a Rodrigo.

Pero la crisis alimentaria no solo ha golpeado fuertemente a los niños. Ana Luisa, de 60 años, vive en los Valles del Tuy y trabaja como encargada del mantenimiento de una empresa que organiza diversos tipos de eventos en Caracas. Hace pocos días, lágrimas corrieron sobre sus mejillas cuando una compañera de trabajo le regaló un paquete de harina de maíz. “Es que no tenía nada que comer ni para mí, ni mi familia”, argumenta. cita-4 El caso de Ana Luisa explica los resultados de la encuesta de Venebarómetro de abril pasado. Según el estudio, para el cual se entrevistaron a 1.200 personas en el ámbito nacional y con un error muestral de 2,37%, el 86,3% de los entrevistados manifestó que actualmente compra mucho menos comida que antes. Además los encuestados que dijeron que comían solo dos veces al día aumentó de 24,3% a 30,3% entre marzo y abril, y los que comen una sola vez al día pasaron de 4,8% a 13,4%. En total, casi 44% de la población estaría haciendo menos de tres comidas al día.

Victoria, con sus 46 años y su trabajo como servicio doméstico en el Distrito Capital, explica cómo su familia de Charallave, estado Miranda, se ha adaptado a comer solo dos veces al día. “En mi casa tratamos de desayunarnos a las 11 de la mañana, y para eso lo ideal es pararnos tarde. Eso nos sirve como desayuno-almuerzo, y luego cenamos como a las 7 de la noche”.

La mal nutrición

La falta de alimentación no explica por completo la grave situación de la potencia energética suramericana; pues del 53,5% que dice comer tres veces al día, hay un alto porcentaje que no está ingiriendo una dieta apropiada.

La nutricionista Marianella Herrera, miembro de la junta directiva de la Fundación Bengoa y quien dirige el Observatorio Venezolano de la Salud (OVS), explicó para un documental de la BBC Mundo que en el país está ocurriendo “un exceso de consumo no necesariamente saludable” y, por otra lado, un “déficit en el consumo como en calorías y micronutrientes”. Herrera coló el concepto de “hambre oculta”, traducido en “personas que  antropométricamente están obesas, pero con un examen de hemoglobina vas a encontrarla con déficits de micronutrientes”.

En su último informe, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) reseñó que en 2014 los adultos con obesidad o sobrepeso en Venezuela representaban 67% de la población, a su vez divididos en 67,8% hombres y 66% mujeres. Otro estudio, la encuesta sobre Condiciones de Vida de los Venezolanos (Encovi) en su capítulo sobre alimentación, refleja cómo los hábitos alimenticios empeoraron entre 2014 y 2015. Los datos fueron registrados recientemente tras una consulta nacional, de 1.488 encuestas realizadas en 23 ciudades del país (entre principales, medianas, pequeñas y caseríos), y revelan que 12,1% de la población come dos veces al día o menos, cuando en 2014 ese porcentaje se ubicó en 11,3%.

Por otra parte, Herrera explicó, mediante una nota de prensa, que la mayoría de los alimentos que adquieren las familias venezolanas tienen un componente de carbohidratos, harinas y grasas tan alto que es preocupante. “En el caso de las proteínas básicas que solían alimentar a nuestra gente menos favorecida, vemos con preocupación cómo el huevo y las caraotas han desaparecido de la mesa de los más necesitados”, indicó.

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La encuesta refleja que 40% de los alimentos de la canasta alimentaria que adquieren los venezolanos están conformados por: harina de maíz, arroz, pastas y grasas. 87% aseguró que sus ingresos no le alcanzan para comprar alimentos y solo 13% dijo que sí. En 2014 estos porcentajes fueron 80,1% y 19,5%, respectivamente. Según el estudio, la proteína de origen animal es un alimento de lujo. La nutricionista explicó que la forma como se está alimentando el venezolano lo expone a enfermedades crónicas como la  diabetes tipo II, hipertensión y enfermedades cardiovasculares. “Todos los niveles están afectados. Estamos haciendo una dieta de sobrevivencia”, sentenció Herrera.

Los recién nacidos

La crisis alimentaria también tiene su impacto sobre los neonatos. Según el estudio de la FAO, que se basa en cifras oficiales, 8,9% de los niños nacidos en Venezuela en 2014 lo hicieron con bajo peso. El recrudecimiento de la escasez y la inflación han debido impactar en el empeoramiento de esa cifra. Dayana Orellana, gineco-obstetra de la Maternidad de Santa Ana, en el Distrito Capital, ha evidenciado que, en su gran mayoría, las madres que atiende están mal nutridas, ya sea por desnutrición u obesidad. Explica que hay niños que registran un peso y medidas acordes con los parámetros normales, pero que debido a la mala alimentación de la madre mientras está en estado y luego a la que reciben los bebés, pueden presentar enfermedades crónicas como diabetes o trastornos psicomotores que se evidencian con mayor claridad entre los cuatro y cinco años de edad.

La alimentación de los niños lactantes es también otro dolor de cabeza. Las fórmulas lácteas están prácticamente desaparecidas de los anaqueles y un comerciante informal en Petare puede cobrar hasta 5.000 bolívares (un tercio del sueldo mínimo recién ajustado por el presidente Nicolás Maduro este primero de mayo) por un kilo de leche.

Hampa y ceguera

La situación de hambre en el país ya registra un impacto sociológico. Cada vez se conocen más casos de gente que roba comida. Llevar unos cuantos paquetes de harina a la vista, puede ser tan peligroso como exhibir una cadena de oro en el cuello y los saqueos a establecimientos comerciales se están repitiendo con más frecuencia.

Según reporta el diario La Región, el fin de semana del 30 de abril y primero de mayo, tres planteles educativos de Los Teques, la capital mirandina, recibieron visitas de delincuentes que cargaron con la comida de los planes de alimentación escolar. En las unidades educativas “Colinas del Ángel”, en el sector del mismo nombre, Clavelito en Guaremal, y Taller Rafael Urdaneta en El Vigía, “se llevaron víveres, carne y pollo que eran para la comida de la semana”, dijo Mirta Hernández, directora del primero de los lugares, donde desaparecieron pacas de harina, arroz, caraotas, leche y azúcar que estaba el mismo salón repleto de Canaimitas. Ninguna de las computadoras fue sustraída.

Aún se recuerda el insólito robo de 50 pollos en brasa, ocurrido en San Martín, Caracas, en febrero pasado, cuando un grupo de 60 hombres encapuchados robaron los alimentos, bebidas y 70.000 bolívares en efectivo de la caja registradora.

cita-2 Según las cifras del Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS) tan solo en abril pasado se consumaron 25 saqueos en establecimientos comerciales más 8 intentos, y durante el año han sucedido 116 eventos entre saqueos e intentos. Según esos datos, en marzo y abril la tendencia histórica cambió: por primera vez los saqueos consumados superaron a los intentos.

Los comerciantes no solo tienen que protegerse del hampa y de los saqueos. Los hurtos de menor escala, gente que se lleva dos tomates o una papa, hacen que deban estar permanentemente en alerta. Además, en los vagones del Metro de Caracas es evidente el incremento de quienes se dedican a la mendicidad;  como ocurre en los restaurantes y en los mercados populares con quienes buscan entre los residuos algo que se pueda rescatar para el consumo. El alcalde de Chacao denunció en Twitter que en su municipio hay personas “cazando” perros, gatos o palomas en las plazas porque no tienen nada que comer.

Pero en el Ejecutivo nacional las alarmas aún no están encendidas, al menos no públicamente. Mientras niños como Rodrigo no van a la escuela,  señoras como Ana Luisa a veces no tienen nada que comer en el día o familias como la de Victoria han tenido que eliminar una de las comidas, el presidente de la República, Nicolás Maduro, aseguró el 9 de abril pasado que “en Venezuela no hay hambre, pasamos un momento difícil, pero el pueblo tiene acceso a sus bienes”.