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Alejandro Romero

Alejandro Romero

La frase "es mejor vestirlo que comerlo" nunca había sido tan cierta.

Más allá de limitarse a retratar los hechos, disfruta de contar historias, conocer a los protagonistas y descubrir el porqué de lo que hacen. Aficionado de las películas y con una adicción incurable al chocolate y al picante (mejor si van juntos), la chicha y las cocadas. Ve el periodismo como una ventana para conocer el mundo y sus culturas.

¿ Y qué mejor manera de hacerlo que a través de la gastronomía?

Artículos Destacados

Piedras Blancas, un taller de conversación

Ya olvidé cuándo empezamos a encontrarnos.  También,  cuándo comprendimos que si queríamos  conversar estábamos a guardar silencio, dejar de ser competidores, asumir la paciencia y palpar nuestros umbrales de ignorancia. Empezamos a aprender a conversar. Nos fuimos convirtiendo en hacedores del respeto. Colaboradores de las palabras y sus significados.  El vaciarnos de algo por decir, nos permite atender lo que las palabras nos han querido decir.  Oímos lo que aún está a salvo. Y algo nos queda de esa broza que no hemos perturbado. 

Cerodosochoseis

Si pretendes nadar en los ríos Orinoco o Caroní, debes comprender y atender algunas realidades de los dominios de sus aguas.

El asombro, un hábito necesario

Cuando un país renuncia a pensar, meditar y dialogar sobre el refinamiento de su educación es porque está viviendo el esplendor de su decadencia. Su aspiración y respiración son el conformismo y la indiferencia. Eligió prescindir de proyectos sociales y espirituales para construir sus días. Carece de días propios, construidos, intuidos y diseñados; todos son ajenos, sujetos al capricho de lo mágico, de lo oscuro, de la contingencia y la ambigüedad. No hay preguntas, dudas, dilemas; solo certezas, seguridades dictadas por la superficialidad intelectiva y emocional. Ese país es una mujer o un hombre parados en una esquina, esperando la llegada del tiempo.

Escuela y familia

Abandonemos el engaño: la escuela no educa, escolariza. Pero en la sociedad venezolana hemos enraizado la creencia operativa de que aquélla asuma la función de educar.