<iframe src="//www.googletagmanager.com/ns.html?id=GTM-K8BB9HX&l=dataLayer" height="0" width="0" style="display:none;visibility:hidden"></iframe>

Cesarismo democrático del siglo XXI

El proyecto chavista resucitó la mitología militar, campante en nuestra historia como nación, para fundamentar una nueva hegemonía. El analista político Luis Fidhel aborda varios de los aspectos principales de este proceso, en el que una vez más la presencia castrense soslaya o desplaza a la institucionalidad civil

Cesarismo democrático del siglo XXI

La izquierda venezolana, después de la política de pacificación del primer gobierno de Rafael Caldera (1968-1973), nunca pudo acceder electoralmente al poder. Incluso, su tendencia fue a burocratizarse a través del presupuesto universitario. En su intento por destruir las bases de la democracia representativa civil, aprovechando la “continuidad conspirativa” militar siempre vigente en Venezuela, elaboraría una tesis en la que el protagonista político no sería la sociedad civil sino el estamento militar.

Marta Harnecker, socióloga, politóloga y activista chilena identificada con la izquierda, fue la encargada de construir la mitología militar con la finalidad de fundamentar la nueva hegemonía, vigente a partir del establecimiento de la revolución bolivariana. Esa tarea no es nueva. A principios del siglo XX, el positivismo venezolano, en el que destacaría Laureano Vallenilla Lanz, justificaría el régimen de Juan Vicente Gómez a partir de la tesis del “cesarismo democrático”. Concepto contradictorio, como destaca el propio Vallenilla al aseverar que en él se sintetizaban dos conceptos antagónicos: democracia y autocracia.

Una variante del caudillismo

El concepto de cesarismo democrático no era, como se podría entender en la doctrina liberal clásica, originado a partir de una base electoral. Es una manera de interpretar el fenómeno “caudillista”, que protagonizó el acontecer histórico decimonónico. Los rasgos de civilidad, es decir, las instituciones y leyes, no podrían ser viables en la Venezuela rural de la época, debido a la carga racial y geográfica. Por lo tanto, aboga por los gobiernos de “caudillos prestigiosos y más temibles”, como medio de preservación social para lograr el “orden y progreso”, proclamado la doctrina positivista, y la “unidad nacional”, a falta de “partidos ideológicos”.

La democracia, además de ser un concepto opuesto al de “oligarquía”, está atada a la posibilidad de que un personaje del pueblo o la “pardocracia” pudiera encumbrarse en el poder. El caudillismo permitía llegar al poder a “los hombres representativos, los exponentes genuinos de las masas populares sublevadas”.

Cesarismo democrático en la contemporaneidad

Harnecker, en su libro titulado “Militares junto al Pueblo”, editado en 2004, construye el mito militar bolivariano a partir de entrevistas biográficas de nueve militares venezolanos que participaron en el regreso de Hugo Chávez a la Presidencia, durante los sucesos de abril de 2002. Los identifica por su origen humilde –familia pobre, hijo de obrero petrolero, padre gerente bancario, padre profesor de secundaria, padre conductor de una ambulancia, hijo de un camionero y una enfermera auxiliar-.

Resalta en los testimonios de sus entrevistados que “la fuerza armada tiene un sentimiento de pueblo” padeciendo lo mismo que siente y padece; no viniendo de apellidos de familias de alta alcurnia o tradición ni constituyéndose en una casta, como sucede en otros países, haciendo Harnecker una referencia específica al ejército chileno.

Dilema marxista

Afirma Harnecker que en las fuerza armadas venezolanas 99,5% es de extracción humilde y popular. Los soldados pertenecen a los estratos medios y más bajos de la población. Realmente, los que «pagan» el servicio militar en Venezuela, a pesar de ser universal y obligatorio, son las clases bajas o las clases medias bajas. Y todas esas personas apoyan al presidente Chávez. Los oficiales, en su inmensa mayoría, vienen de estratos del pueblo: clase media, clase media baja.

Las Fuerzas Armadas populares. De esta forma introduce la noción de lucha de clases en la institución armada en una dilemática con las oligarquías que integran las clases media y alta.

FANB Ejército 2

Plan Bolívar 2000

Por intermedio de sus entrevistados, Harnecker caracteriza al denominado Plan Bolívar 2000 como un trabajo de acercamiento entre la fuerza armada y la población, pues anteriormente se había tratado de dividir a los militares en un submundo y a la parte civil por otro lado. Fue la continuación del dogma unión cívico-militar, el cual parece tener su origen en la década de 1960, en plena insurgencia militar, particularmente contra el gobierno de Rómulo Betancourt.

Según los entrevistados y de acuerdo con Chávez, el plan instruiría a los que no sabían o no entendían realmente el problema que estaban sufriendo: “los cerros”, la parte pobre. Se consustanciarían y verían “realmente” la problemática existente. Al iniciarse el “plan de emergencia”, se pusieron al servicio de la población los inmensos recursos humanos y materiales que estaban en los cuarteles, muchas veces sin uso. La proyección del Plan Bolívar fue estructural: pretendía utilizar activos intelectuales, personal, material, equipos de la fuerza armada para resolver problemas atinentes al Estado, como el problema alimentario y los problemas de salud y vivienda que afectan a los sectores más excluidos.

Crítica

El plan constituyó el primer intento militar proselitista de la revolución bolivariana. Tuvo como objetivo la conversión de la fuerza armada en un partido político promovido a través de fondos públicos, primeros indicios de burocratización y conquista de los espacios de la gerencia civil. La corrupción militar se promovía complacientemente como forma de captación de adeptos.

Se inicia la presencia de personal militar en distintas ramas de la administración pública –educación, obras civiles, salud- y como forma de restar recursos económicos a las autoridades civiles locales, mediante la ejecución de los fondos fuera la administración civil.

Un informe de la Contraloría General de la República del año 2002 señalaría que el plan gubernamental había incurrido en “serias fallas en el orden administrativo y financiero». Detectó «facturas y recibos defectuosos, emisión de cheques sin prohibición de endosos, cobro de estos por funcionarios de algunas guarniciones y pagos en efectivo por montos considerables». Pero determinó que «no se comprobaron daños al patrimonio público». El Ministerio Público acusó al general Víctor Antonio Cruz Weffer, jefe del programa, por enriquecimiento ilícito y ocultamiento de datos en su declaración jurada de patrimonio.

Estado cuartel

Fue el inicio de la institucionalidad del Estado-cuartel, pues se pretendió que la mayoría de los problemas sociales se resolvieran en esos recintos castrenses y se procuraría una organización social para que la gente “aprendiera a hacer sus propias cosas”. Harnecker, a través sus entrevistados, contrapone la superioridad de la “mística militar” frente a la civil, pues muchas de las acciones correspondientes a la sociedad civil no se hubieran hecho nunca. A través del plan, se daba a conocer “la calidad humana de los militares venezolanos”.

Destaca la autora que cuando Hugo Chávez gana las elecciones en 1998 e inicia su gestión, va a conseguir una estructura del Estado “muy mermada”. La parte de la administración central y de los ministerios “muy debilitada, muy rígida”. No había estructura que le permitiera llevar adelante un programa de atención a las poblaciones más necesitadas. La organización a la que pudo “echar mano” –y que en ese momento estaba subutilizada- no fue otra que la fuerza armada.

El soldado eficaz

El militar venezolano, por formación, tiende a ser más eficaz que eficiente, porque es formado para el cumplimiento de una misión. Al encomendársele una misión, tiene que apostar al éxito y no al fracaso. La eficacia es la capacidad de hacer efectiva una tarea, indiferentemente de los recursos que se tenga que emplear. No interesa el monto de los gastos, interesa lograr el fin. Pudiendo utilizarse cualquier tipo de recurso para cumplir la misión.

La eficiencia, en cambio, es utilizar los recursos racionalmente para cumplir la misión y hacer los procesos como se estipula. Es hacer las cosas como deben ser hechas. La eficacia es hacer lo que hay que hacer. El militar, cuando tiene una responsabilidad específica ligada al sector civil, se esmera en hacerlo lo mejor posible, sacrificando otros aspectos para que la institución quede bien representada.

El militarismo como base de la nacionalidad

La historia de Venezuela es la historia militar. Y la historia militar es la historia de Venezuela. El ideal bolivariano, que influye en los venezolanos de forma general, tiene su asiento más fuerte entre los militares. Estos se sienten genuinos herederos de las glorias de Bolívar. Una idolatría hacia Simón Bolívar y hacia su obra. Tácitamente, los militares apoyan el movimiento conspirativo de Hugo Chávez antes de los fracasos golpistas de 1992, pues el país estaba poseído por el morbo de la corrupción, de la negligencia, de la pobreza.

Repudio a la riqueza

La pobreza que evidenciaron entre los campesinos contrastaba con la opulencia y despilfarro de las ciudades, o reuniones con los gobernadores, o hasta con el presidente de la República. Las grandes cantidades de whisky que se bebían, el gran derroche. Cuando veían ese contraste, se preguntaban: “Bueno, ¿qué combatimos nosotros? ¿Podemos aceptar que continúe la pobreza, la miseria de estos campesinos y que este grupo que está aquí arriba siga ostentando, haciendo negocios?”.

Al militar bolivariano lo atrae, sencillamente, la búsqueda del bienestar del pueblo. Que madure y oriente en función de todo lo que sería su soberanía. La idea de hacer que el pueblo actúe, que deje de ser oprimido, que emerja del letargo en que está. Que tenga una conciencia clara en función de Venezuela, de amar al país, de ir adelante al son de las leyes, al son de que se cumpla todo.

Venezuela no podía ser toda una anarquía. Debe haber un orden constitucional, que las leyes se cumplan y no se pisoteen. Que las personas no hagan lo que les dé la gana, sino que cada quien trabaje en función del país.

El ícono Chávez

La identificación con el teniente coronel Hugo Chávez se basa en una serie de atributos: creer en lo que dice, porque se está seguro de que es honrado, de que no está engañando. Estar convencido de que está consagrado al bienestar del país. Se identifican con el proyecto de país porque consideran los militares que en ese momento, en el que hay tanta falencia ⎯sobre todo desde el punto del bienestar social para la mayoría⎯, no hay otra forma de actuar que ir hacia los sectores más excluidos y buscar que la gente pueda comer, que cubra las necesidades básicas, para después pensar en la idea de país plasmada en la nueva Constitución.

Es un sentimiento de la población: Chávez es un hombre muy humilde, bondadoso, ama al pueblo de forma infinita. No tiene bajas pasiones ni intereses egoístas. Entender a Chávez: su espíritu, su actitud. A pesar de ser presidente no se ha desligado de su formación militar ni de su vocación popular.

Chávez va para los barrios, se abraza con la gente del “pueblo”; es visto como “mi comandante, porque ha sido nuestro comandante siempre”. Sentir amor, cariño, fe en este proyecto. Él va a sacar a flote este país, sea como sea, y de paso al conjunto de toda América Latina. Deberían unirse “todos” tras ese proyecto.

El nuevo Libertador

Hugo Chávez siempre ha manejado todos los proyectos que El Libertador, en aquel tiempo, trató de poner en práctica, como el Congreso de Angostura, en el que se barajaron muchas ideas, muchas manifestaciones en función de que el pueblo pudiera manifestarse y organizarse para consolidar leyes. Es una idea. El 4 de febrero se hizo por la vía de las armas, pero la idea no era consolidarse militarmente, sino lograr un gobierno que pudiese organizar el país. Se inspiran mucho en el pensamiento de Bolívar y de Jesucristo. Se considera a ambos iguales: dos revolucionarios.

La nueva institucionalidad

El nuevo institucionalismo es la intervención militar activa en los ámbitos político, social y no necesariamente militar. El hombre de uniforme debe participar y adecuarse a los requerimientos que está necesitando el país. En teoría, el militar “tiene que ser más político que el político”. Político en el sentido de la política como ciencia, con un sentido de Estado y bienestar para los habitantes de la nación. El militar es una herramienta de política de Estado. Saber de política, sin ser partidista, es decir, militar (de militante) en un partido político.

Basados en la formación, con la especialización y las habilidades, los militares también podían gerenciar cargos públicos y hacerlo sin compromiso político. El compromiso es que los venezolanos estén bien, sean de la clase social baja o alta. Desde un principio, hubo el convencimiento de la importancia de lo que se estaba gestando en el país e indudablemente había que cambiar lo que se hacía tradicionalmente. Los militares se sienten identificados con lo que pregona el líder y eso llevó a Chávez a la Presidencia.

Ser institucionalista es ser capaz de interpretar cuál es el cliente principal, cuál es el negocio. El negocio del Ejército es la defensa terrestre, la soberanía; pero la soberanía es el pueblo, siendo el cliente principal el Estado. Como la estructura del Estado está cambiando, el ejército tiene que cambiar también, tiene que adaptarse. Ser institucionalista es participar, facilitar la adecuación de esta organización armada para adaptarse a ese nuevo Estado: el que está esbozado en la Constitución de 1999.

El antiimperialismo

Bolívar y “toda esa digna” generación de hace 200 años lograron expulsar un imperio que hacía una ocupación física del territorio. Disuelta la Gran Colombia, penetra otro imperio, pero ahora con otros métodos: la mano invisible del dominio económico que aún persiste. Ese imperio todavía está vigente: el imperio del norte. Las divisiones y diferencias explican por qué se ha mantenido en este estado de desculturización, de pobreza, de miseria. Porque desunidos es la única forma en que nos pueden dominar.

Estados Unidos

La ideología que difunde el imperio del norte usualmente es una ideología que trata de convencer de que nuestros países son pobres porque la gente no quiere trabajar, no tiene iniciativa, “porque son borrachos”. El sueño norteamericano fue construido sobre las bases de la pesadilla suramericana. Para lograr ese sueño, tuvieron que tener a alguien a quien “chuparle la sangre”. A diferencia del bloque soviético, que se sustentaba a sí mismo.

11 de abril de 2002: el ejército bolivariano

Después del 11 de abril de 2002, viene la etapa de consolidar las cosas, para evitar que la Constitución sea ultrajada nuevamente; y el que lo hizo más rápidamente dentro de la Fuerza Armada fue el Ejército. Se comenzó a ejecutar los cambios, a poner a gente que estuviera clara en lo que estaba ocurriendo en el país en los mandos naturales, con el control de tropas. Eso se fue haciendo en la Fuerza Armada, cosa que no se hizo en Pdvsa. Los hechos de abril de 2002 permitieron depurar y consolidar el proyecto constitucional bolivariano.

Ambigüedad de Pdvsa

La petrolera estatal manejaba recursos tres veces mayores que los del Estado. Era en realidad una especie de super⎯Estado. Otros gobiernos habían querido siempre “meterle la mano” a Pdvsa, auditarla, pero siempre ha sido inauditable. El “sabotaje” y la mala planificación que se hizo en la industria petrolera permitió intervenir y comenzar a dar cuenta de la realidad de la empresa. No es que estaba mal gerenciada: sí estaba bien gerenciada, pero para beneficiar intereses internacionales, no los intereses del país.

barriles de crudo

Las cuentas de Pdvsa estaban en el exterior. El Estado no percibía la prestación, pese a que la propiedad de ese recurso natural es del Estado venezolano y no de un sector ni de una transnacional. Así de sencillo.

El sabotaje petrolero

En diciembre de 2002, comenzó otra etapa en el denominado “sabotaje del petróleo”. Se produce esa integración cívico-militar que permite hacerse de la principal industria de la nación. Se configura una trilogía: Pdvsa, pueblo y fuerza armada. Los paros, en una democracia, tienen que ser legales, deben ser de tipo laboral y movidos por reivindicaciones específicas. Al paro se unió el sector empresarial, el sector obrero ⎯ no representativo⎯, y un sectorcito militar. Decidieron hacer un “paro” para obligar al presidente a renunciar. Eso no tiene asidero legal. Luego, como el paro fracasó, comenzaron a arreciar a través del saboteo petrolero.

La trilogía Pdvsa-pueblo-fuerza armada es nueva e importante, porque “nos metimos” en las interioridades y empezamos a entender lo que pasaba en la empresa petrolera y también en la sociedad. Como sentían las consecuencias en la vida cotidiana: tenían que hacer colas, no tenían gas, se preguntaban: “¿Cómo es posible que en este país, uno de los principales productores de petróleo del mundo, se haya dado esta situación?”.

Abogado UCAB- Internacionalista UCV