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La Caja de Fósforos enciende ficciones

La Caja de Fósforos se enciende cada viernes, sábado y domingo en la Concha Acústica de Bello Monte. De día es escuela de karate y de noche sala de teatro. Después de guardar el tatami prenden las luces. Se abre el telón y los actores empiezan a hacer de la ficción-realidad

La Caja de Fósforos enciende ficciones

Al final de la Avenida Caurimare en Colinas de Bello Monte, entre árboles boscosos, se ubica uno de los patrimonios culturales de Caracas: La Concha Acústica. Paredes agrietadas y desgastadas que alguna vez vieron en acción a Silvio Rodríguez, Seguridad Nacional, Papashanty, Rubén Blades, La Billo’s, entre muchas otras bandas. Esos años de espectáculo y glorias quedaron en el olvido para ceder sus gradas a deportistas de calle —que no buscan más que esculpir su figura. A pesar de todo, el alma del lugar sigue hambriento de fanfarria y claque.

Pero la Concha Acústica no es la única que ansía aplausos. El director Orlando Arocha se cansó de rogar por espacios convencionales y fue en búsqueda de sus propias tablas. “Si no tenemos donde presentarnos nosotros haremos nuestro propio espacio”, menciona Arocha con el agasajo propio de quien sabe que pocos pueden con tanto guáramo.

El problema con los teatros que se encuentran por doquier en la ciudad es que suelen pedir como requisito indispensable a figuras de televisión dentro del elenco de la obra. Para el maestro Arocha los actores de la pantalla chica no son prioridad, para él lo son las buenas piezas que mueven a la reflexión. “Los clásicos que suelo montar van dirigidos a una audiencia que busque acercarse a nuevas realidades y, sobre todo, a salir conmovido después de ver la función”, comenta el director.

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Se llama La Caja de Fósforos porque es un espacio para albergar bien lo reducido. Tiene un público, como dice Orlando, que son: “cabecitas pensantes que se encienden cada vez que se dejan sorprender por lo que ven allí adentro”. Las chispas son encendidas por los integrantes del Grupo del Contrajuego, Orlando Arocha, Ricardo Nortier y la actriz Diana Volpe. Junto a ellos un equipo de producción y actores como Eulalia Siso, Haydee Faverola y Natallie Cortez —que se encargan cada viernes por la tarde de montar escenario, sillas, telón, luces, música y la escenografía para desmontarlo cada lunes al amanecer. El lugar se vuelve más versátil cada vez que nace un nuevo montaje, nunca parece el mismo lugar.

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Todo comenzó con algunos ensayos en la Concha Acústica. La dupla Arocha-Volpe y su tren de actores practicaban escenas de los famosos clásicos Anita la Huerfanita, La casa de Bernarda Alba, Un Tranvía llamado deseo —obras que luego montaban en las salas El Trasnocho, CELARG y El Teatro Teresa Carreño. Siempre hay algo más por hacer y ofrecer. La Concha Acústica no quedó como un simple lugar de estudio sino que se trasformó en lo que es hoy: salón del show. “No estamos pensando en la taquilla, apuntamos a un teatro comprometido con el arte y a la vez con los temas de las sociedad. Buscamos reflejar los cuestionamientos que se hacen los espectadores de hoy en día”asegura Arocha, la cabeza del proyecto.

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El ímpetu de este team se veía venir desde lejos. Los montajes de Orlando siempre han sido muy respetados por el gremio del histrión. No solo dirige sino que también tiene el tupé de realizar un espectáculo con toda la extensión que lo amerite. Si hay alguien que no escatime escenografía es el maestro.

A pesar de su ubicación, y el poco tiempo con las puertas abiertas, la Caja de Fósforos agota funciones y crea a un público fiel que la sigue. El ejemplo que dan a la sociedad venezolana le calza muy bien en estos momentos: un grupo de artistas que no encuentran límites en los espacios para difundir sus ideas.

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