Las disciplinas de la Haute Couture

Una de las exhibiciones más completas en el mundo de la Alta Costura se esconde en los espacios del Metropollitan Costume Institute de la Gran Manzana. El espacio neoyorquino alberga desde los majestuosos vestidos de novia de Chanel hasta los emblemáticos vestidos de plumas de Ives Saint Laurent. Con ojo crítico, Titina Penzini estudia y exalta las más grandes creaciones de la moda 

Las disciplinas de la Haute Couture

A lo largo de mi trayectoria en el mundo de la moda he podido disfrutar y trabajar en muchas pasarelas. Ahora bien, si me preguntasen cuál ha sido la más increíble, sin dudarlo contestaría que no se trata de un desfile sino de la exhibición Manus x Machina “La Moda en una era de tecnología” que acabo de visitar en el Metropollitan Costume Institute de Nueva York.

Su curador, el gran Andrew Bolton se vio confrontado a la ardua tarea de integrar los grandes nombres del Prêt à Porter y de la Alta Costura del mundo entero, desde Paul Poiret hasta Pronza Schouler, considerando los nuevos paradigmas del arte y el artesanado en la moda, sus realidades y mitos.

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Esta exposición es tan importante que incluso sirvió como punto de partida a Karl Lagerfeld para realizar un homenaje a sus ateliers flou y tailleur de la casa Chanel y desnudar cada una de las disciplinas que se esconden como un tesoro muy bien guardado detrás de cada creación Haute Couture.

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En la exposición nos da la bienvenida el majestuoso vestido de novia de Chanel con su larguísima cola totalmente bordada, con un diseño creado por computadora y realizado con material de submarinismo y neopreno ultraligeros y rebordados con microcristales de Swarovski. Esta creación es la esencia de lo que el artesanado y la tecnología han alcanzado a realizar en favor del laboratorio de la Alta Costura.

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Pasamos al área de los patrones originales que luego son convertidos en toiles, y hay fabulosos ejemplos en esta exposición, un verdadero deleite para quienes amamos el arte del patronaje y la costura clásica. Estudios de patrones originales de Charles James, Maison Margiela, Vionnet, Lanvin y fabulosas toiles de Dior con su vestido emblemático “Lucky”, Yojhi Yamamoto o Comme des Garçons.

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El paso obligado es a los ateliers flou y tailleur donde nos esperan varios ejemplos de talleres Chanel, uno de 1963 creado por Coco y otros de la colección 2015-2016, realizado con impresiones 3D y totalmente recubierto y acolchado en polyamida, una obra impresionante. También se encuentran ejemplos de la máxima expresión en drapeado, como un vestido en jersey de seda negro realizado por Mme Grés, o un soberbio vestido de noche en satén con broches de cristal diseñado por la inventora del biés Madeleine Vionnet, para cerrar con una escultural creación de Hussein Chalayan realizada en polyuretano y completamente pintada a mano y al airbrush. Unos ejemplares impactantes.

Siguiendo nuestro recorrido nos encontramos con el área del plisado, una técnica que comenzó en Egipto durante sus primeras dinastías pero no fue sino hasta 1760 que se reinventó como el “plissage au carton”, por Martin Petit, como se conoce en nuestros días. Mariano Fortuny desarrolló su propia técnica pero se fue a la tumba sin revelarla y todavía nadie ha podido imitarla a pesar de ser considerada la mejor y más delicada de todas las épocas.

En esta área de la exposición, disfrutamos de varios modelos fabulosos de Fortuny de 1920; creaciones del gran Issey Miyake, un maestro del plisado y patronaje; algunas de Raf Simons para Dior; otas de Helmut Lang y, para cerrar, un modelo impresionante de Iris van Herpen confeccionado en plástico, red de nylon y totalmente drapeado cual escultura.

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Los oficios de la Alta Costura producen diversas disciplinas (paruriers), como el trabajo de los plumassiers, como Lemarié, quienes se dedican a trabajar, teñir y esculpir las más exóticas plumas para dar vida a las más extravagantes creaciones en la Couture. Las plumas son lavadas con agua y jabón, luego son secadas y escogidas, se les da forma, se cortan y se tiñen. El resultado son creaciones emblemáticas como el vestido-capa de plumas de Yves Saint Laurent (1969-70), o la capa de plumas negras del mismo diseñador, pero a su vez modelos más vanguardistas como los diseñados por Iris van Herpen o Gareth Pugh.

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El bellísimo oficio de los maestros paruriers florals forma parte esencial de los embellecimientos en la Alta Costura. Crear una flor artificial toma mucho tiempo y cuidado, comenzando por preparar el material con harina o gelatina para poderlo trabajar con más precisión. El segundo paso es cortar los pétalos por orden de tamaño, en cantidades de 12 a 24 según la especie. Luego se les da forma con los métodos tradicionales a partir de pequeños moldes y se tiñen al frío en un baño de alcohol y pigmentos. Se finaliza el proceso pegando con goma o cosiendo cada flor.

En esta área de la exposición nos da la bienvenida uno de los vestidos más importantes de Mr Dior, el “Junon” (1949-1950), cuya falda posee 45 pétalos totalmente hechos a mano, con pequeñísimos petalitos y lentejuelas opalescentes. A su lado, un ícono de Alexander McQueen totalmente bordado en pétalos plateados realizados a mano y paillettes de gelatina; el legendario vestido sardina de Yves Saint Laurent (1983) completamente bordado por la casa Lesage; y otros de Norell, Halston y Prada para culminar con una magnífica creación de Karl Lagerfeld para Chanel: el vestido de novia totalmente bordado a mano con 2.500 camelias de seda blanca y plumas de avestruz. Un gran cierre para una gran exposición. ¡El mejor desfile del mundo!

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